22/02/2015

Incontestable actuación de Greg Dulli y compañía ante un público exultante que abarrotó Apolo.

The Afghan Whigs fue, en su día, la primera banda de fuera de Seattle en fichar por el entonces recién creado sello Sub Pop, plataforma de lanzamiento y bandera del grunge a finales de los 80 y principios de los 90. De esa relación nacieron tan solo un par de discos, y ni siquiera sus dos más significativos; pero también propició el arranque de una carrera que, en el caso de su líder Greg Dulli, ha pasado por varias etapas, y todas bastante exitosas. La primera duró diez años y dio como resultado un total de seis álbumes de estudio; la segunda fue un parón con The Afghan Whigs de otros diez, en el que Dulli aprovechó para montar The Twilight Singers y para colaborar en varios trabajos destacados; y la tercera empezó realmente el año pasado cuando, tras 16 sin material nuevo, publicaron Do The Beast (Sub Pop, 2014), volviendo de nuevo al sello que les vio nacer. Están protagonizando una especie de vuelta a casa, a sus orígenes, a sus años de juventud; como si después de varios lustros de aventura, independencia y madurez, hubieran regresado a su cuarto de adolescentes en casa de sus padres, y se divirtieran volviendo a ponerse de adultos la piel que habitaron hace ya 25 años.

The Afghan Whigs (155)Rp

Anoche se presentaron en la sala Apolo de Barcelona, y ante un público exultante y entregado, Greg Dulli y compañía pusieron absolutamente toda la carne en el asador. Es cierto que el peso de la guitarra no lo lleva él –recayó en un Jon Skibic brillante toda la noche–, que el suyo propio ha aumentado, y que tiene ademanes de llamadas de atención y de acaparamiento de los flashes, pero hay que reconocerle a Dulli que cree en lo que está haciendo. El suyo no es un regreso para pasar por caja, para recoger frutos de la siembra de hace años; ni tampoco aboga ya por ninguna de las etiqueta de antes, pero de alguna manera ha sabido reencontrarse con la rejuvenecida versión de sí mismo que todo seguidor de The Afghan Whigs hubiera deseado durante sus años de silencio. Ayer montaron un espectáculo irrebatible, enérgico y brutal; con temas clave de toda su discografía bien distribuidos por un setlist kilométrico. Con una batería feroz e implacable, tres guitarras devastadoras cuando tenían que serlo, y una voz que se siente más cómoda cuando Dulli la exhala en forma de grito; de esos tan suyos que parecen desgastarse.

Abrieron el concierto con ‘Parked Outside‘ y ‘Matamoros‘, el mismo arranque de un Do The Beast que interpretaron casi entero. Y pronto empezaron a tirar de memoria: ‘Fountain and Fairfax‘, ‘Somethin’ Hot‘, ‘Step Into The Light‘, que fue la primera pausa para respirar tras un inicio arrollador; y más adelante una tremenda ‘Debonair‘, que sonó a bombazo, ‘Algiers‘, a melancolía de cemento, y una desbocada ‘Royal Cream‘, justo antes de la mítica ‘Gentleman‘, que no podía faltar y llegó en el mejor momento. Sonaron también especialmente bien ‘It Kills‘, con Dulli al teclado, y las guitarras sentando cátedra, la rareza del final epic-pop de ‘Can Rova‘, y, cómo no, ‘My Enemy‘, el hitazo que tampoco podía faltar. Y ya en la recta final ‘Lost in the Woods‘, ‘Summer’s Kiss‘ y ‘Teenage Wristband‘. Todo sin bajar los brazos; flaqueando solo a veces como hacen los campeones, pero creyendo 100% en sí mismo. Hablamos de Dulli, naturalmente, pero porque el nivel del resto queda fuera de toda duda.

The Afghan Whigs (183)Rp+(320)Rp+(235)Rp

Integradas en un concierto tan largo y conmemorativo de toda una carrera, resulta sorprendente y ejemplar lo bien que se adaptaron las nuevas canciones. Do The Beast ha sido un disco bastante celebrado, no excesivamente alabado, pero su puesta en escena es de diez en ese aspecto. Los años no perdonan a nadie, pero puede que con Dulli estén haciendo una excepción, al menos interpretativamente hablando. El regreso de The Afghan Whigs a la acción es el reencuentro consigo mismo, con el Dulli de Gentleman (Elektra, 1993), de Black Love (Elektra, 1996), y de 1965 (Columbia, 1998), y como público merece que lo celebremos. Ayer el espectador sudó, saltó, gritó temazos con los que creció; y de alguna forma también se reencontró con una versión de sí mismo con unos cuantos años y vivencias menos. No fue la esencia enfrascada de una época pasada: fue el recuerdo hecho realidad, un homenaje vivo al rock alternativo de antaño. Gracias por todo eso, Greg.

The Afghan Whigs (225)Rp

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
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