26/12/2014

Un año de música resumido en 100 canciones.

10. Jamie xx – ‘Sleep Sound’

Todo se vuelve trascendental cuando suenan las primeras campanas de ‘Sleep Sound‘, todo se hace grande. Pelos de punta, nudo en la garganta. Es el single clubber del año, para los clubers de corte “indie” y no underground, entendámonos. Un tema que lo tiene todo. Jamie xx primero nos envuelve de nostalgia y ese halo de “momento único”, para luego con los primeros “Oh, oh” hacernos abrir de brazos y absorbernos en la pista de baile con la pegada de unos bajos intensos, incansables… únicos. Cuando se acerca el final, se entreoyen giros, sonidos rugosos, un medio-volver a la realidad que no queremos afrontar, y de nuevo esos “Oh, oh”. Solo podemos volverla a poner y sumergirnos en un momento trascendental.

9. FKA Twigs – ‘Two Weeks’

Esta canción tiene algo. Será la ambientación, su base punzante e hiriente, la forma que tiene Tahliah Debrett Barnett de escupir sus líneas, de decir «higher than a motherfucker«. Algo, no sabemos lo que es. Pero lo tiene. Puede que su LP1 en conjunto resultara demasiado disperso como para convencer a todos, pero en esta ‘Two Weeks‘, FKA Twigs roza la perfección. En ella resume la sonoridad de este año y lo hace desde el mismo pedestal en el que su videoclip la muestra, con soberbia, rotundidad y un puntode mala leche. Quizá por eso nos acaba subyugando.

8. Sun Kil Moon – ‘Carissa’

Puto Mark Kozelek. El tipo más maleducado y hasta violento que hemos visto encima de un escenario (y fuera de él a través de sus declaraciones), y luego uno de los pocos que nos pueden hacer saltar las lágrimas hablando de lo mucho que quiere a su madre o de su prima segunda Carissa, que murió quemada en un incendio extraño cuando tenía 35 años. Kozelek te dice que no la conocía demasiado, que la había visto en el funeral de algún familiar, pero que eso no le impide intentar buscar un significado a su muerte, porque tiene preguntas que le gustaría que fuera respondidas. Para cuando entra la segunda voz y dice lo de «Carissa was 35, you don’t just raise two kids and take out your trash and die» ya nos ha desarmado por completo, ya conocemos a Carissa y también sentimos su muerte y queremos respuestas, y para cuando dice que era su prima segunda, que no la conocía apenas pero que eso no le impide intentar encontrar la poesía en esta tragedia sin sentido, la identificación es absoluta. «O Carissa, I’ll sing your name across every sea«. Puto Mark Kozelek.

7. Timber Timbre – ‘Hot Dreams’

No hay mejor cumplido para una canción que reconocerle su capacidad para evocar. Para recrear sensaciones, para mutar en imágenes, para dibujar una película en la mente del oyente. Un bien preciado y esquivo que, cuando se da, se reconoce al instante. A esta joya de Timber Timbre, trazada a cámara lenta y coronada por un solo de saxofón delicioso, le bastan unos pocos segundos para transportarnos hasta un club de bailarinas que ya no tiene la luz de antaño. A pesar de los neones, hace tiempo que no brilla como una vez llegó a hacerlo. Lo que no ha cambiado desde su apertura es el tapizado de los sofás y banquetas, roído y lleno de quemaduras de cigarrillos. Porque aquí se fuma, se fuma mucho. Tanto como para que, a ratos, cueste reconocer a las chicas contoneándose entre el humo, pero no importa: lo que se escucha es bastante mejor que lo que se ve.

6. Ty Segall – Feel

Tiene que ser muy jodido para alquien que intente hacer lo que hace Ty Segall escuchar lo que hace Ty Segall. Me imagino a la típica banda de rock garajero comiéndose la cabeza con ese tema que no pinta mal pero no dando con la tecla. Termina el ensayo, sube a la furgo y enchufan ‘Feel‘. Clásica escalada de caja y goliat, un riff de los de «¿cómo coño no se me ha ocurrido a mi?«, una letra de andar por casa y una descarga de dos minutos largos para llevar la Vito a 190km/h. Ty soleando a contorsiones, quemando puá con las vantanillas bajadas. De pronto batucada inoponinada, sin alardes, solo una pausa, y de nuevo la tormenta. Descarado, descarnado. Rock de entraña, sin miramientos. Tan fácil como parece. Y tan difícil.

5. The War On Drugs – ‘Burning’

Otra elección casi imposible. Podría ser ‘Red Eyes‘, podría ser ‘An Ocean In Between The Waves‘. Cada uno tiene su canción favorita dentro del mejor disco del año, pero por algún motivo aquí, ahora y en estos instantes, vamos con ‘Burning’. Probablemente la más accesible, épica y emocionante de todas cuanto aparecen por Lost In The Dream. Que ya es decir, créannos. La que suena más clásica, a todos los referentes que no vamos a mencionar otra vez. La que conjuga todo lo que nos ha enamorado de The War On Drugs: el aspersor, las capas de instrumentos que van entrando y se superponen, y ese ligero eco que retumba en la voz de Adam Granduciel y apunta a la eternidad. «I‘m just a burning man trying to keep the ship / From turning over again«.

4. Jungle – ‘Busy Earnin’

Sonido de bocina sostenido, los platos que explotan con purpurina y unos vientos majestuosos nos hacen de pasillo hacia la pista de baile. Una bola de cristal gigante, tipas sexys con pelo afro se contonean en la tarima y… “This easy burnin’ / You can’t get enough”. Jungle han hecho del funky más tradicional algo irresistible, divertido, bailable, adictivo y por ende… algo de lo que no podemos tener suficiente nunca. ‘Busy Earnin‘ son tres infalibles y redondos minutos de desenfreno absoluto.

3. Wild Beasts – ‘Wanderlust’

Post-metal y proto-punk. No se me ocurre mejor definición para describir ‘Wanderlust‘, la canción que abre majestuosamente Present Tense de Wild Beasts, que la que su propio cantante nos dio cuando le entrevistamos. Una canción perfecta. Malrollera. Que puede despertar instintos primarios en ti si te adentras demasiado en ella. Una canción jodida. Empieza diciendo «We’re decadent beyond our means«, y que luego pasa a definir a toda una generación bajo el lema «Don’t confuse me with someone who gives a fuck«. La puyita a Arctic Monkeys (con la frase «In your mother tongue, what’s the verb to suck«, en referencia al disco Suck It And See de los de Alex Turner, siendo la expresión americana cuando el grupo es británico) es casi anecdótica dentro del crescendo en la que se encuentra, uno de los más intensos y desgarradores que hemos escuchado jamás. Solo tiene un problema: ojalá durara cinco minutos más. Pero entonces las consecuencias serían imprevisibles. Tal es su poder.

2. Future Islands – ‘Seasons (Waiting On You)’

La canción-fenómeno del año. Un éxito del siglo XXI, en forma de vídeo viral primero, por los alucinantes movimientos que un tipo hizo en uno de los programas más vistos de la televisión norteamericana (bailes que, por cierto, llevaba años haciendo encima de un escenario), y de sustancia provechosa después, al darse cuenta el gran público de que detrás de la estética había una colección de hits rotundos. Podríamos decir que Future Islands han llegado al éxito casi por accidente, pero que tenían motivos de sobras para alcanzarlo. ‘Seasons (Waiting On You)‘ es el ejemplo paradigmático: intensidad, accesibilidad, y autenticidad, todo combinado en tres minutos gloriosos en los que Samuel T. Herring se desgañita sonando sincero y cercano. La bailaremos durante años. Monumental.

1. Caribou – ‘Can’t Do Without You’

A Dan Snaith no hay quien se lo crea en el tema que abre su maravilloso Our Love, el primer disco que firma como Caribou en cuatro años. «No puedo hacerlo sin ti, no puedo hacerlo sin ti«, repite una y otra vez. Como un mantra. El tío dramatiza, exagera, se hace la víctima. Venga, Dan, no fastidies ahora. Si tú solito has sido capaz de marcarte el himno absoluto de 2014, el resto es pan comido. Sólo una empresa se le resistirá por los siglos de los siglos: facturar una canción mejor que esta insuperable ‘Can’t Do Without You‘ en la que los dos alias vigentes del canadiense colisionan. La personalidad matemática de Caribou y la querencia clubber de Daphni, unidas en casi cuatro minutos que arrancan despistando. Difícil imaginar lo que terminará pasando al escuchar ese tímido inicio que, pese a lo repetitivo, no aburre. Intriga, mantiene alerta. Prepara el cuerpo para un crescendo maratoniano que amaga con estallar un millón de veces. Lo esperado, finalmente, no ocurre: no hay explosión, sino una especie de evaporación casi mágica que despierta tiernamente del sueño. Hasta la próxima escucha. La enésima.

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