26/12/2014

Un año de música resumido en 100 canciones.

30. Dotore – ‘Deprisa’

Hay algo mágico en las canción que cierra un disco. Y la que concluye el precioso viaje de Dotore en Variaciones es una joya paradigmática: evocadora, celestial y con sentido final acústico sorpresa.

29. Movement – ‘Ivory’

Pura sensualidad. Herederos del sonido de The xx, cercanos a Darkside pero con el punto de vista de James Blake en cuanto a ambientación e intensidad, el trío Movement ha firmado con ‘Ivory‘ una carta de presentación inmejorable. R&b de ultratumba con un halo de renovación y un directo a prueba de bombas.

28. Run the Jewels – ‘Close Your Eyes (And Count To Fuck)’

Los autores de uno de los discos de hip hop del año, Run The Jewels 2, se alían en este caso con Zach de la Rocha de Rage Against The Machine para facturar una canción de marcado aroma old school, una de aquellas que reciben la catalogación de clásico desde la primera escucha. Una apisonadora de cuatro minutos con la firma de Zach de la Rocha, Killer Mike y El-P. El ‘Black Skinhead‘ de 2014.

27. Beck – ‘Morning Light’

Una canción tan preciosa como triste, pieza básica del resurgimiento de Beck con Morning Phase, uno de los mejores discos del año. ‘Blue Moon‘ rezuma clasicismo pop, delicadeza instrumental y arreglos maravillosos, y al mismo tiempo implora que no le dejemos solo, que le cortemos en trocitos si hace falta y nos lo llevemos a donde sea que vayamos. Que así sea.

26. Woods – ‘With Light And With Love’

La canción definitiva de Woods. Aquella en la que conjugan la perfección pop de sus mejores composiciones con el desenfreno instrumental que llevan dentro. El resultado son nueve minutos que se hacen cortos donde hay coros deliciosos, solos rabiosos de guitarra, momentos casi psicodélicos y en general una especie de liberación para los de Jeremy Earl.

25. Avey Tare ‘s Slasher Flicks – ‘Little Fang’

La nueva aventura de Avey Tare, uno de los miembros de Animal Collective, llegaba de la mano de ‘Litte Fang‘, una pequeña maravilla adictiva y colorida que conecta en muchos aspectos con el repertorio del grupo madre, aunque resulta infinitamente menos escurridizo y marciano que los últimos movimientos de la banda. Es, por decirlo de alguna manera, una canción en el sentido más tradicional de la palabra: cuenta con una estructura reconocible a la que agarrarse y una melodía hasta tarareable, gira alrededor de un estribillo instantáneo e incluso nos da la oportunidad de escuchar la voz de Tare sin que parezca que le está dando un ataque epiléptico.

24. St. Vincent – ‘Digital Witness’

Plástico, plástico, plástico. St. Vincent, además de firmar el que probablemente sea su mejor disco con St. Vincent, ha consagrado definitivamente un sonido que nunca ha optado por el camino fácil y que siempre ha tenido en la estética uno de los pilares fundamentales. ‘Digital Witness‘ es uno de los mejores ejemplos de ello, con la influencia evidente de su proyecto a medias con David Byrne en la sonoridad trufada de vientos y a trompicones, y sus ya habituales escarceos guitarro-melódicos que, eso sí, acaban convergiendo en un estribillo difícilmente olvidable que, además, contiene la puyita al mundo digital actual: «If I can’t show it, if you can’t see me / What’s the point of doing anything?«. Reina.

23. Cloud Nothings – ‘I’m Not A Part Of Me’

Cloud Nothings raspan y golpean hasta en la que es, posiblemente, su versión más accesible y domesticada. En ‘I’m Not Part of Me‘ apuestan por la melodía como pocas veces y, sin embargo, vuelven a pasar por encima de cualquier valiente que se ponga por delante. Uno no sabe si el tema que cierra Here and Nowhere Else en todo lo alto pretende dulcificar el punk o enfurruñar el pop. Hasta Dylan Baldi parece preguntárselo: «how to focus on what I can do myself?«, suelta casi con la lengua fuera, a lomos de una batería agotadora. Bendita inconcreción.

22. Nacho Vegas – ‘Runrun’

Construida a base de un ukelele, ‘Runrún’ va desgranando poco a poco su instrumentación fronteriza, que desemboca en una épica íntima y emotiva, donde el coro de Ladinamo y el Patio Maravillas lleva la batuta expresiva. Hay más invitados: la guitarra acústica de Javier Mas, imperceptible, sutil, bella. La letra es una dosis justa de política abstracta, logrando una canción equilibrada en todos los aspectos: sentido, sonido y duración. Puro genio de Nacho Vegas. Himno de revoluciones que empiezan desde el corazón de los hogares, es una de las canciones del año, sin duda.

21. Metronomy – ‘Love Letters’

Los coros sesenteros y el pop explosivo de los 2000’s con la firma de Metronomy. Con un sonido cada vez más personal, en esta ‘Love Letters‘ estallan de jolgorio y sellan uno de los mejores temas de su ya dilatada carrera, con bien de euforia, estribillo coreable y sonido analógico.

20. Lykke Li – ‘No Rest For The Wicked’

Si algo tiene este I Never Learn de Lykke Li es uniformidad. Todas las canciones empujan en la misma dirección, todas se lamentan por lo mismo, todas podrían ser tu canción favorita del álbum. Pero ‘No Rest For The Wicked‘ es algo así como el punto medio, entre intimidad e intensidad, entre sinceridad y desespero. Un corte oscuro y dramático como el resto, en el que la sueca Lykke repite «Lonely I, I’m so alone now» envuelta en un mar de instrumentación brumosa.

19. Nick Mulvey – ‘Fever to the Form’

Debieron de ser sus años de formación en La Habana, Cuba, los que terminaron de redondearle a Nick Mulvey las aristas. Por este tema de tresillo acelerado corre sin duda una brisa costera y caribeña. Olor a malecón, atardecer entre caricias. El tema arranca con un bamboleo acústico, pero los compases lo engordan y despliegan. Cuando uno se despierta, Mulvey casi grita. Limpia, infecciosa y sencilla cabría esperar que marchitase con el tiempo, pero no. Ni ella ni su álbum. Comodín de 2014 para este que escribe. No se lo pierdan.

18. Damien Jurado – ‘Silver Timothy’

¿Sigue siendo ese hombre tras un flequillo y una sola guitarra el que nos hace bailar una samba aquí? Sí, es Damien Jurado, haciéndonos mover las caderas y simulando que tocamos unas maracas. Un oasis de ligereza y dispersión dentro del torbellino psicodélico de cantautor folk que nunca falla. ‘Silver Timothy‘, todo un regalo.

17. Sharon Van Etten – ‘Afraid Of Nothing’

Todo contrastes. Abrazable ella, mordientes sus canciones. Teclas y percusiones épicas, letras introspectivas. Melodía de victoria, letra de temor. ‘Afraid of Nothing‘ es el querer a alguien sobrepasando la relación de dependencia, sobre un desarollo tan conseguido que da miedo hasta donde puede calarle a uno. Épica sentimental en estado puro.

16. Swans – ‘Oxygen’

Una de las canciones más soportables del repertorio de la renacida banda, pese a su agobiante atmósfera. El riff principal de bajo es adictivo y pegajoso, simple pero cortante y preciso. Otro tanto sucede con la batería, que va incluyendo pequeñas variaciones aunque se desarrolla en un compas claustrofóbico y reducido. Al micrófono, un Michael Gira en constante estado paroxístico, clamando contra la ausencia de oxígeno y lanzando plegarias. Para cuando entra el batiburrillo de metales y guitarras disonantes, en plena mitad de la canción, sentirás que estás atrapado. Una vez termina la canción, el alivio es inenarrable.

15. James Vincent McMorrow – ‘Cavalier’

Todos recordaremos de James Vincent McMorrow ese ‘Glacier‘ de la Lotería (o no, quién sabe), pero su primer single –y posiblemente su mejor canción hasta la fecha– fue ‘Cavelier‘. En este, resume su esencia a la perfección, ese tránsito del del susurro íntimo en un rincón del garito al gritar desde un acantilado con tropecientos camaradas un mensaje tan romántico como hiriente: “I remember my first love”. Celestial.

14. Los Punsetes – ‘Me gusta que me pegues’

Han pasado ya seis años de aquel debut y Los Punsetes siguen aferrados a una idea. Una sola. El pop más punzante,  el más tocahuevos y el más clarividente. Tienen una fórmula, como la tuvieron los Ramones. Han pulido el lenguaje, dominado las formas, pero es lo de siempre, una sesión de psicoanálisis colectiva, resumida en veinte frases certeras y con electricidad a raudales, con guitarras que suenan a «indie-de-toda-la-vida» y sin embargo catapultan la simplona melodía a temón. Si todo sigue según lo planeado llegará el año 2040, habrán sacado 20 LPs y seguirán teniendo razón en sus canciones.

13. The Antlers – ‘Palace’

Posiblemente la canción más llanamente bonita del año. Una que conecta a The Antlers con su pasado y su futuro al mismo tiempo: la languidez del tema, su sosiego, su sonido contemplativo puede recordar a algunos momentos de su memorable Hospice, pero al mismo tiempo hay una madurez, una profundidad y una calma que solo pueden haber obtenido con el paso del años. ‘Palace‘ habla de sitios mágicos, de rincones secretos y de relaciones especiales, y lo hace con una sensibilidad extraordinaria: sus cinco minutos y medio son como un oleaje tranquilo, como una dulce deriva, y representan el único camino que se abre ante The Antlers.

12. Cymbals Eat Guitars – ‘Jackson’

«You’re taking two Klonopin / So you can quit flipping / And face our friends«. Son las primeras líneas de ‘Jackson‘ y las primeras de Lose. Y no, Klonopin no es un sitio, pero quizás se lo den en la farmacia. Se trata de un fármaco altamente adictivo utilizado por ejemplo para neutralizar ataques de pánico. «Disminuye la actividad eléctrica anormal del cerebro«. Joseph D’Agostino no se anda con gilipolleces en sus letras. Aquí la narración, sin estribillos, crece a tresillazos combinando retórica existencial («Are we more than meat?«) con armonía nostálgica («Got the space sickness / While we wait on the weightlessness / A delirious kiss / And the feeling of falling in«). Los vientos en el 4:07, el punteo de academia felina tras el «come the fuck on!!» y los coros poperos que lo siguen acaban desembocando en uno de los momentos musicales del año. Ese «I DON’T WANNA DIE!!!» casi vale un disco.

11. Sia – ‘Chandelier’

Cuando seamos viejos, viejos de verdad, de no controlar nuestros esfínteres, de tener pelos en las orejas y hablar de la muerte como quien habla del tiempo, nuestros hijos y nuestros nietos nos encerrarán en asilos del futuro. Y entre robots, o entre residuos postapocalípticos, o lo que sea que nos toque, nos juntaremos para cantar. Cantar las canciones de nuestra generación y concentrarnos en los viejos tiempos. Y llegará el momento de Chandelier‘, y todos, incluso los más cerriles indies, no podrán evitar chillar ese agudo del estribillo que es más grande que la puta vida (ni dejar de recordar el monumental videoclip). Un agudo que tira abajo paredes y derriba drones. Y podremos morir en paz.

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