22/12/2014

Los 30 mejores discos del año.

1. The War On Drugs – Lost In The Dream

THE WAR ON DRUGS

En la música de Adam Granduciel hay una cierta compulsión por el orden. Sea en torno a corcheas o a semicorcheas, prácticamente todas sus mejores canciones se organizan cuidadosamente en motores rítmicos bastante obvios. Chá-ca-cha-ca, chis-chis-chis-chis. ‘Best Night’, ‘Baby Missiles’, ‘Brothers’, ’Taking The Farm’. Los ejemplos son abundantes, marca de fábrica. Por eso no sorprende que lo primero que se escuche nada más entrar en Lost in the Dream sea esa firma en forma de corchea descompuesta. No tarda en volver a su ser el eco, recuperando el pulso de un riego por aspersión. A eso suena. A aspersor de jardín de piscina municipal, de esos hacen media vuelta lentos y el regreso esquizofrénicos. Pero no son los cimientos los que convierten a este en un álbum excepcional, sino lo que Granduciel hace con ellos. Sobre esa base, ‘Under The Preassure’ construye una mansión de sonido decorada con gusto excelso. ¿Saben por qué no les cansa? Porque esconde mucho más de lo que aparenta. Quizás crean estar en una suerte de estancia austera, 5-piece-rock-band, Tom Petty, Dire Straits, pero se equivocan. Lleguen al minuto cuatro y presten atención en adelante: esto no es bajo, guitarra, piano, batería. Sobre el aspersor descansan ahora un bombo y una caja poderosos. El bajo no es una línea clásica de no complicarse la vida y en la labor de las bajas frecuencias no está solo. Reparen en los vientos, esos saxos gordos. Suban hercios y encuentren una primera capa de sintes, casi indistinguible de esa otra que brilla más arriba, en el límite de lo audible. Esto no es ‘Free Fallin’, esto es El Jardín de las Delicias. No importa donde mires, algo ocurre. Todo rebosa. Por eso cuando pasado el minuto cinco entra el piano y el ovillo se deshace dejando el colchón armónico al desnudo uno tiene una cierta sensación de descompresión, de espacio. Un tercio de esta maravilla es eso: espacio, alarde de control, un ligero viaje cósmico pera terminar de abrir un disco memorable.

Y no, no es el disco que defina el sonido del año (¿existe tal cosa? ¿ha sido FKA Twigs?), no es el disco que explique las esperanzas de una generación (¿se puede? ¿se quiere?), no es el disco que tenga la mejor canción del año, ni el que marque el comienzo de una carrera portentosa. Es quizás más que todo eso. Es un clásico. Un álbum nacido en almíbar, listo para deleitar tímpanos transgeneracionales y aguantar comestible para los restos. No habrá década en la que el whoo! de ’Red Eyes’ no levante del asiento, no habrá bajona futura que no admita un ‘Suffering’ o vehículo nocturno que no acomode en sus altavoces un ‘An Ocean In Between The Waves’ (tremendo tema). Lost In The Dream ocupa este puesto muy en parte porque ya tiene casi 12 meses de vida y nos ha dado tiempo a macerarlo, a gastarle el surco hasta caer rendidos, hasta a vencernos. Nadie esperaba de The War on Drugs este puesto y aquí está en cambio, coronando lista y cerrando una trilogía ascendente a la que rendimos pleitesía. Hay quien dice, criticando (¿?), que esto es Rod Steward o Bruce Springsteen, que no aporta, que bebe de fuentes rancias, que ya no es tiempo. Y se equivocan. Es innegable de dónde bebe Adam Granduciel, obviamente camina sobre hombros de gigantes, pero lo sobresaliente es que la digestión de esas influencias resulte en un álbum tan actual como deudor. No tiene uno la sensación de estar escuchando un revival de nada. Esto no es Eli Papperboy haciendo un disco de género para otra década, esto es Adam Granduciel sudando de lo que opines, metido en su estudio de Philadelphia con sus colegas, haciendo lo que le peta. Como siempre. Guitarra en mano, armónica en boca. ¿Qué importa a qué suene ‘Eyes to the Wind’ si te eriza en bello a cada vuelta? ¿Qué preocupan los padres de ‘Burning’ si es subir el volumen hasta que vibre el suelo y llenarse de vida?

Al revés que en la apertura, los tres minutos cósmicos están al comienzo de la canción que cierra el álbum. Suaves y fríos hasta que Adam canta. “You’ve been out in the streets / taking about the war with me”. Suena a final de película, de esas que casi te hacen llorar pero no llegan. Es casi inexplicable el soplo hacia la mitad, es una maravilla absoluta toda la segunda parte, de nuevo con su cháca-chaca, su almíbar y al final, la sentencia, casi un epitafio. “I’ll be here or I’ll fade away, never cared about moving, never cared about now, not the notes I’m playing, Is there room in the dark, in between the changes? Like a light that’s drifting in reverse, I’m moving”. Sólo dan ganas de volverlo a escuchar, adictos a la voz de un currante que se ha ganado, ahora sí, la posteridad. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

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