22/12/2014

Los 30 mejores discos del año.

20. Flying Lotus – You’re Dead!

FLYING LOTUS

Lo que le corre a Steve Ellison por las venas debe ser un coctel peculiar. Sabido es que el apellido Coltrane le toca por lo político, así que no extraña su querencia por el jazz. Claro que lo suyo, en principio, es la electrónica. O eso creíamos algunos. Pero además el chaval, que ahora tiene 31, es hijo de su tiempo y de sus circunstancias y en su Los Ángeles natal es difícil resistirse a los efluvios del r’n’b o del hip-hop. Así, claro, te queda la Wikipedia echa un cristo. “Productor musical experimental multigénero, músico electrónico y rapero (…) sobrino-nieto de Alice Coltrane, esposa del saxofonista John Coltrane”. Pues ahora cojan todo eso, métanlo en un disco de 38 minutos divididos en 19 cortes y lo que les saldrá por los altavoces será You’re Dead!: un pasarse las fronteras musicales por los lotos voladores. Es este un álbum de esos en los que olvidarse del libreto. La mayoría de sus títulos son paréntesis, ideas, apuntes, pequeñas locurillas de desviado musical, de insolente promiscuo que lo mismo se mete en la cama con un trío de free jazz (‘Tesla’, dos minutos de calambre) que se lo monta con unos primos blanquitos de Portishead (‘Turtles’). En toda esta urgencia ecléctica cabe fusión radical con academia hiphopera (‘Never Catch Me’, starring Kendrick Lamar, la más larga y no llega a los cuatro minutos); insolentes guiños desde la vanguardia a Herbie Hancock (‘Turkey Dog Coma’) o Miles Davies (‘Moment of Hesitation’) y experimentos der’n’b enrevesado con invitadas de excepción (‘Siren Song [ft. Angel Deradoorian]’). También algún tropiezo, como esa basurilla con Snoop Dogg, pero entre tanta osadía y tanto genio bien se perdona un borrón. Como cabe intuir de la descripción no es este un disco de patatas fritas. Espérense sabores nuevos, amargores raros y algún tropezón, pero créanos: el menú-degustación merece la escucha. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

19. Spoon – They Want My Soul

SPOON

Con bandas como Spoon, fieles esposos del notable y amantes ocasionales del sobresaliente, uno puedo sentir el estúpido impulso de acoger con indiferencia la llegada de un nuevo álbum. Lo razonable, en cambio, es hacerlo con confiada tranquilidad: sentarse y esperar a que llegue el enésimo clásico instantáneo. Y llega. Hasta Britt Daniel y compañía parecen transmitir esa positiva relajación en They Want My Soul, el disco de un grupo que, a estas alturas, se sabe casi infalible. Prueban, pulen, mezclan, se lo pasan en grande. La versión 8.0 de los texanos incluye los mismos ganchos de siempre (sencillez en las formas, gusto por los sonidos negroides, producción disimulada, esa dicción como resacosa de Daniel), pero también alguna actualización que sólo suma: los elementos sintéticos nunca habían tenido tanto peso en sus anteriores entregas. Son estos, además, los Spoon más luminosos y directos. Siguen muy alejados de lo obvio, pero no se esconden si el cuerpo les pide dejarse de rodeos y ser instantáneos. ¿O acaso el súper single ‘Do You‘ no es un estribillo en sí mismo desde el primer segundo? Y lo mismo podría decirse de ‘Rainy Taxi‘ o ‘New York Kiss‘, el glorioso cierre de un trabajo que para muchos sería un milagro y para ellos es poco menos que rutina. (Víctor) Escúchalo en Deezer.

18. Damon Albarn – Everyday Robots

DAMON ALBARN

Para un músico pop envejecer con dignidad suele ser poco menos que una quimera. Son decenas los casos que o bien se aferran a la juventud a base de liftings, dosis de viagra e indignidad, o bien se empeñan en hacerse cada vez más plomizos e intrascendentes. El caso de Damon Albarn es una auténtica rareza. Santo patrón del ecleticismo, llegando en sus peores momentos a sufrir síntomas del «síndrome Jose María Cano» (como en aquella inescrutable ópera china que sacó sobre 2008) parece haber reconducido una carrera estimulante pero dispersa hacia una suerte de melancolía lúcida que se ha convertido en su seña de identidad. En Everyday Robots no hay nada que un fan no haya podido ver antes: las melodías y cadencias son reconocibles, parece, de hecho, una versión de aquel soberbio The Good, the Bad and the Queen sin la parafernalia decimonónica ni la voluntad psicogeográfica. Abundan en el disco las reflexiones de mesa-camilla de un señor con la vida más que solucionada. Pero Albarn también es capaz de echar la vista atrás con ternura y vergüenza, como en ‘Hollow Ponds’, de darse a lo trascendental, rozando el gospel, como en ‘Heavy Seas of Love’, y, en general, de encarar su carrera con dignidad, autocrítica, y dando pasos adelante. (Santi) Escúchalo en Deezer.

17. Mac DeMarco – Salad Days

MAC DEMARCO

Nuestro macarra preferido sigue evolucionando su sonido. Es el último diamante en bruto reclutado por el sello Captured Records, y pese a las ligeras variaciones de su fórmula musical en su segundo trabajo, sigue conservando toda la autenticidad y la pureza de su identidad como artista. En Salad DaysMac DeMarco refuerza o pulimenta mejor el acabado de sus canciones, sin renunciar al aire lo-fi y descaradamente indie de sus melodías y entonaciones, sugiriendo estructuras más ordenadas donde su habilidad como guitarrista luce de manera algo distinta; medio puntito más seria. El canadiense parece volcar toda su paz y su sosiego en la música, reservando siempre espacios para vuelos de guitarra, que bien podrían simbolizar su total y absoluta libertad creativa y compositiva. DeMarco sigue sus propias reglas; juega en su propia liga; y aunque la tranquilidad que emana su trabajo de estudio no se vea del todo fielmente reflejada en los escenarios que pisa, se nota que no ve rivales a su alrededor y que no compite con nadie. En Salad Days no se respira casi ningún ritmo, textura o tono conflictivo, por no decir ninguno; pero si notamos a un DeMarco más completo y evolucionado. (Pablo) Escúchalo en Deezer.

16. TV On The Radio – Seeds

TV ON THE RADIO

En Seeds se dibuja el esfuerzo y lo difícil que ha debido ser para TV On The Radio seguir adelante tras el fallecimiento de su bajista Gerard Smith, apenas diez días después de publicar su anterior álbum Nine Types Of Lights (Interscope, 2011). Pero con este nuevo trabajo ponen en valor todo aquello que tienen/tenemos, antes de perderlo, en lugar de soñar con la eterna aspiración de lograr algo mejor. Su sonido es cada vez más accesible, ganando cierta emoción y pasión humana, frente a la fórmula de antaño, más áspera y provocadora; una piel más sensible, de este anfibio musical que es TV On The Radio. Los de Brooklyn nos regalan pasajes y momentos únicos casi en cada tema, aspectos nunca vistos de su sonido, y, en general, una definición más ancha y rica de su música. Además de una actitud mucho más suave y conciliada con el mundo. Al margen de temazos como ‘Careful You‘ –ese rock espacial–, ‘Happy Idiot‘, ‘Right Now‘, ‘Lazerray‘ o ‘Trouble‘, que abren el disco en abanico, resulta admirable cómo TV On The Radio han sabido reconstruirse y reformularse, plenamente conscientes de quiénes son, qué tienen y a dónde van, construyendo un trabajo adaptado a sus posibilidades, y sacando el máximo partido a sus condiciones. Puro ‘cholismo ilustrado’. (Pablo) Escúchalo en Deezer.

15. Cloud Nothings – Here And Nowhere Else

CLOUD NOTHINGS

Cloud Nothings han hecho el Post-Nothing de 2014. Aquel debut de los canadienses Japandroids es un disco que parte de esta redacción tiene en altares mitológicos, casi como un disco fundacional. Esas apreciaciones son, claro está, totalmente subjetivas, pero este que escribe se lo pone y se le llenan las venas de rabia y ganas de reventar. Dylan Baldi y compañía nos dieron un sucedáneo de esa onda con su espectacular Attack On Memory, que acabó como nuestro segundo mejor disco de 2012 no sólo por estar lleno de canciones impresionantes, como ‘Stay Useless’, sino por asomarse a esa condición generacional en otras como ‘No Future/ No Past’ o ‘No Sentiment’. Tras el volantazo en el estilo, las expectativas sobre el sucesor estaban por las nubes. No nos gustó saber que a los mandos del sonido no estaría Steve Albini, pero hay que reconocer que John Congleton tiene aquí otro motivo para convertirse en el productor del año (el tipo está también tras los discos de St. Vincent y Angel Olsen, ambos en esta lista). El texano ha desafilado el sonido de Baldi y compañía cambiando expansión por pegada. Todas las canciones de este Here And Nowhere Else suenan como un puto tiro. En parte por la producción, pero gracias sobre todo a unas baterías casi sobrehumanas que convierten a Jason Gerycz en el auténtico motor de la ira. Desde ‘Now Here In’ (“I can fell your pain / and I fell alright about it!”) a la descomunal ‘I’m Not Part of Me’, Here And Nowhere Else es un despliegue de músculo y cojonazos que se te va metiendo bajo la piel a cada escucha. El que no vuelque en el corazón de ‘Just See Fear’ o en el final de ‘No Thoughts’ (“You don’t really see me caring!!!! / Don’t even talk about it!!!”), que nos lo cuente. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

14. Los Punsetes – LPIV

LOS PUNSETES

Es curioso lo de Los Punsetes. Desde sus inicios no se han movido un ápice en su posición de nihilismo agresivo, de inapetencia vitalista, de escupitajo antihedonista. Siguen en 2009. Con los mismos efectos de guitarra, con los mismos gallos en la voz de Ariadna. Pero siguen siendo una ineludible referencia por estos lares. ¿Qué ha cambiado, en lo esencial, desde aquel clásico LPI hasta hoy? En su anterior entrega llamaron la atención por una producción mucho más cuidada, cortesía de El Guincho, y que abonaba el terreno para algunos pasajes instrumentales disfrutables e inéditos. ¿Y ahora? Quizá no lo hayan hecho a propósito, pero LPIV es una gran cartografía de la melancolía más agresiva. No es pasotismo, es miedo. No es agresividad, es desesperación. Simple y a la vez complicado. Por una vez, lo mucho o poco que provoque el single (‘Me gusta que me pegues’, canción fenomenalmente gamberra, por otra parte) es del todo irrelevante. «¿Cómo saco de mi cuerpo/el odio y la frustración/ la certeza de que no hay/la manera de escaparse/de esta mierda de persona/que me dicen que soy yo?», se escucha en ‘Amanece más temprano’. Ya me dirán. Sería gratuito y ridículo decir que es letra para adolescentes angustiados. Todos estamos ahí. Piensen en esta otra: «No tengo valor para decirlo/de una forma abierta y concluyente/yo nunca he querido hacerte daño/ no quiero que pienses que te engaño/ no quiero que pienses que soy/lo que soy exactamente», de ‘Arsenal de excusas’. Vale, no es un prodigio lírico, pero no me negarán que el extracto impacta. Hay más ejemplos: la descorazonadora ‘Museo de historia natural’, la apocalíptica ‘Los últimos días de Sodoma’ (con un más que resultón trabajo de guitarras, por cierto), la socarrona ‘Opinión de mierda’… Sí, tienen la misma pose escénica y el mismo sonido, pero hacía tiempo que lo igual no sonaba tan diferente. (Álvaro) Escúchalo en Deezer.

13. Swans – To Be Kind

SWANS

Nuevo anticuerpo de Cristos. A la hora de escribir sobre Swans, es muy difícil hacerlo en términos de gustar/no gustar. Sin pretender inflar al monstruo, los discos que pergeña Michael Gira y compañía son algo así como experiencias brutas. Y brutales. Por ahí se dice que To Be Kind no es más que una continuación de The Seer, pero lo cierto es que a servidor el disco que nos ocupa le resulta más asequible (pongan al principio y final de la última palabra el número de comillas que deseen). La receta consiste en una indeterminada consecución de frases (cuando no directamente de galimatías incomprensibles), medio habladas-medio cantadas, ritmos complejos, variaciones estructurales, guitarras de laboratorio y baterías que oscilan entre el barroquismo y el minimalismo. La mayoría de ¿canciones? se basan en patrones repetitivos, mismas estructuras, drone a saco (por ejemplo, los primeros dos minutos y medio de ‘Bring the Sun/Toussaint L’Ouverture’), noise a saco. Los compases duran minutos enteros, las canciones cambian muuuy despacio. No hay estribillos. Tampoco hay melodías. Todo es agonía y catarsis. Mucha catarsis. Es imposible pasarlo bien escuchando ‘Oxygen’, pero uno la reproduce una y otra vez, porque hay algo (en su riff de bajo, en su perfecta batería, en el estruendo de trompetas de la segunda mitad, en la interminable perorata de Gira entonando «Oxygen! Amen! Oxygen! Amen!») que es necesario para encajar el caos y la nada. También hay momentos para la introspección. Por ejemplo, ‘Just A Little Boy (For Chester Burnett)’ es una canción más o menos tranquila, aunque no entenderás apenas nada de entre los balbuceos. Por su parte, ‘A Little God In My Hands’ sirve para sacar toda la mala hostia que tienes dentro gracias a los clímax que se reparten a lo largo de la canción. To Be Kind es eso, y mucho más. Un universo entero, un mar abisal de pura negrura, un pequeño dios en nuestras manos, más digerible y corto que su predecesor, pero igual de inclemente. (Álvaro) Escúchalo en Deezer.

12. St. Vincent – St. Vincent

ST. VINCENT

Annie Clark está aquí para pasárselo bien. Podrá tratar temas más o menos sufridos, más o menos alocados, ubicados en las mismas coordenadas de siempre. O no. Sea como fuere, lo que es indudable es que se lo pasa teta toqueteando, retorciendo, sampleando, poniendo falsetto. Lo que sea con tal de dotar a su música con ese aire tan marciano, bailable y accesible, críptico pero desenfadado. Ya saben cómo las gasta: no paramos de hablar de ella. Poniéndonos serios y críticos, tendríamos que asumir que este St. Vincent no tiene tanto punch como Strange Mercy, al que subimos a los altares hace ya tres añitos. A pesar de ello, el divertimento no para. Sí, es cierto, no podemos aseverar que inicios como los de ‘Rattlesnake’ o ‘Bring Me Your Loves’ están producidos con bonitos arreglos de pop de cámara. Más bien suenan alocados, desenfrenados, poco contenidos. Las capas a veces pecan de ásperas. La distorsión de la voz de nuestra flaca favorita (su forma de cantar, en general), resulta un poco chirriante para lo bien que puede llegar a cantar. Algunos ritmos son demasiado pumpumpum, planos y carentes de volumen. Pero oigan, también tiene momentos muy conseguidos. Las guitarras siguen con Parkinson, culebreando, apareciendo intermitentemente, por aquí, allá y acullá, lo cual no deja de darnos alegrías sonoras a lo largo del disco. ¿Alguien se atrevería a decir algo malo del elegíaco estribillo en ‘Psycopath’? ¿O de ‘Prince Johnny’ en toda su extensión? ¿O de ‘I Prefer Your Love’, una de las letras de amor más bonitas de este año? Curiosamente, por muy bien que se lo pase cacharreando, cuando mejor suena St. Vincent es cuando más seria se pone. No sé si alguien se ha atrevido a etiquetar su estilo. Que me aspen si se le conoce. De momento, quédense con lo obvio: el disco se llama como ella. Ya saben por dónde van los tiros. Si a St. Vincent le parece bien, ¿nosotros qué vamos a decir? (Álvaro) Escúchalo en Deezer.

11. Alt-J – This Is All Yours

ALT-J

Alt-J vivieron con su primer disco un éxito tan implacable que Gwil Sainsbury convirtió a la formación británica en un trio con su abandono. Pero aquella extraordinaria rareza titulada An Awesome Wave no fue una casualidad. Alt-J habían llegado para quedarse y ni siquiera la partida de su bajista era óbice para continuar adelante editando otro estupendo álbum. Tan difíciles de calificar como de encontrarles comparativas en el actual universo musical, la formación británica ha vuelto a encajar todas las piezas de su mecano-pop de matices folk, electrónicos o monacales para dar un nuevo puñetazo sobre la mesa. Menos retorcidos que en su presentación, con un Mercury Prize a sus espaldas, pero igual de magnéticos y eficaces, este This Is All Yours es un trabajo mucho más ambicioso que su predecesor y supone la confirmación de la banda. Es cierto que con los estertores de ‘Tessellate’, ‘Breezeblocks’, ‘Matilda’ o ‘Dissolve Me’ aún demasiado presentes, la tarea se antojaba difícil. Pero, dejando comparativas aparte, la combinación de piezas de alta intensidad como ‘Arrival in Nara’, en forma de Alfonsina posmoderna, con la orientación hacia el hit rockero de los noventa de ‘Left Hand Free’ y el acierto sintético de ‘Hunger Of The Pine’, donde samplean el ‘4×4’ de Miley Cyrus, habla de un digno sucesor si además tenemos en cuenta la dificultad de emerger tras el pelotazo de su debut. Habrá que comprobar si Alt-J podrán continuar manteniendo el nivel que se han impuesto. Pero la idiosincrasia que se esconde tras ‘Warm Foothills’, que cuenta con la participación de Conor Oberst, es también una de las claves de la banda y uno de los motivos para mantener altas las expectativas: una capacidad única para crear algo indeleble. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

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