29/11/2014

DeMarco acabó el concierto de anoche en Barcelona subido en volandas sobre un público al que se ganó con creces.

A veces la fama precede al hombre. Escuchando los dos álbumes del canadiense Mac DeMarco uno espera encontrarse sobre el escenario a un tío tranquilo; quizá no tanto como el frontman de Lotus Plaza o los Real Estate, pero a alguien sosegado sí. Su nombre, por el contrario, está ya bastante asociado a un tipo de actitud que podríamos esperar de un Bart Simpson de 24 años. No es maldad en estado puro; ni mucho menos: es más bien un amor natural e intrínsecamente juvenil por el jaleo bien armado, por la ruptura de las normas por mera experimentación, y por la búsqueda de sensaciones que provoquen su sonrisa pícara. Ayer se presentó en la sala Apolo de Barcelona, y aunque en todo momento se le vio comodísimo chapoteando en su propia salsa, por momentos sí que pareció que era el público quien le animaba o empujaba a sacar su lado más macarra. Como el típico gamberro de clase abocado a serlo, en parte porque le jalea una audiencia a la que teme defraudar.

Mac DeMarco

En cualquier caso, sería injusto tacharle de inmaduro sobre el escenario: lo cierto es que anoche DeMarco demostró seriedad y desenvoltura con la guitarra y un dominio de los tempos solo comparables a su notable capacidad compositiva, plasmada en sus dos álbumes de estudio. Su versión estrictamente musical, por decirlo de alguna manera, mostró signos de una extraordinaria madurez, aunque su actitud personal fuese todo un monumento a la informalidad. En ese sentido, el resto del cuarteto no desentonaba: sobre todo el nuevo guitarrista, Andy White, que parecía sacado del estereotipo básico de grungeta de película universitaria, y el bajista, Pierce McGarry, con un atuendo bastante playero para ser noviembre. Lo-fi estético. Pero con un historial de escándalos, desnudos y hasta detenciones en directo, el público requería de DeMarco algo más que mera informalidad, tentándole continuamente a la desobediencia, e incluso al incumplimiento de alguna que otra norma.

Empezó la velada con ‘Salad Days‘, el tema que abre y titula su trabajo más reciente –Salad Days (Captured Tracks, 2014)–, y durante la siguiente hora y veinte desplegó lo que podemos considerar como una de las nuevas propuestas más auténtica y conceptualmente indie del panorama pop-rock actual. Al menos es una de las que más ha calado si atendemos a la fantástica entrada que registró anoche Apolo, tal vez por la evocadora llamada a la espontaneidad que esconden sus partituras. Lo curioso es que aunque DeMarco fue soltando hits como ‘Brother‘, ‘Blue Boy‘, ‘Cooking Up Something Good‘ o ‘Chamber Of Reflection‘ sin pisar demasiado el acelerador ni desmelenarse, el gentío protagonizó por su cuenta una auténtica escalada de sobreexcitación. Le ofrecieron un tiro de cigarro mientras ajustaba sus pedales, le tentaron tirándole decenas de ellos (apagados, menos mal) a continuación, y pasado un punto del concierto el escenario se convirtió en un lugar abierto al público, apto para bailes subidos de tono, abrazos efusivos, selfies de grupo (con el grupo) y, cómo no, para servir de trampolín para innumerables baños de masas.

Mac DeMarco

El bueno de DeMarco respondió a todo con su sonrisa picaresca, buscando siempre la complicidad del resto de la banda y ganándose el afecto de los espectadores por su despreocupada cercanía y afabilidad. Acabó cantando ‘Still Together‘ a hombros de un tipo que había subido al escenario junto a un montón de chicas, para luego pasearse en volandas sobre el público como había hecho Annie Clark apenas tres días antes. Mención aparte para ese largo bis con el cover de ‘Enter Sandman‘ de Metallica: demostración más que sobrada de las dotes de buen guitarrista que tiene este chico nacido en abril de 1990. Porque detrás de su fresca –pero al fin y al cabo clásica– pose de insubordinado, se halla un artista puro, sincero y natural, que no tiene miedo a mostrarse tal y como es porque su brillante trabajo es su mejor credencial. Tal vez ayer, en lo referente al desfase, se dejase arrastrar por la gente en vez de adoptar la actitud instigadora que sí ha mostrado otras veces; pero lo que quedó clarísimo es que un concierto de Mac DeMarco siempre nos deparará bulliciosas sorpresas.

Mac DeMarco

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
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