01/11/2014

Notable presentación en directo de uno de los discos del año.

Strand of Oaks estarían sin duda alguna en la lista corta de bandas revelación de lo que va de año. Es uno de esos casos antlerianos en los que una banda, de pronto, pega el gran salto ya bien entrada su carrera. En el caso de The Antlers llegó con su tercer largo, Hospice, y en este que nos ocupa ha llegado con el cuarto. HEAL es una extraña sobredosis de honestidad musical y lírica, un disco diverso y profundo escrito por un chaval, autodefinido como «paletillo, no muy culturizado«, que pone las miserias vitales blanco sobre negro con una sencillez preciosa. Antes de ver cómo les quedaba la cosa en directo pasamos un ratito en compañía de Lost Tapes. El dúo, formado por dos conocidos del indie patrio y arropado por una hinchada de colegas respetable, hace un pop a lo The Pains of Being Pure at Heart que ya anda bastante manido y al que personalmente creo que no aportan absolutamente nada. En cierto momento, Pau Roca presumió de tener al bajista y al batería «metidos» en el iPad. Una innegable ventaja logística y monetaria que se paga con un sonido plano de continuo y hasta cutre cuando las canciones remontan en intensidad y papá caja de ritmos no tiene a bien emocionarse y acompañar al dúo en su escalada guitarrera. Que, por cierto, si en ese capítulo hubiesen hecho un alarde… todavía, pero los interludios instrumentales a dos guitarras también resultaron tirando a ramplones. Como el apartado vocal. Remontaron la actuación un par de temas de innegable encanto pop pero que en ningún caso llegaron a compensar todo lo dicho.

strand_of_oaks

Bien pasadas las 11 salieron los protagonistas de esta noche de American Autumn. Timothy Showalter, como le ven: tatuadísimo, desmelenado y vestido como un profeta del thrash metal antes que como un nuevo ídolo del shoegaze guitarrero. Sonriente y aparentemente ebrio, agradecidísimo de tener la sala medio llena en su primera visita a Madrid, saludó efusivo, insistiendo casi a cada pausa lo bonita que es la ciudad, las ganas que tiene de volver con más tiempo y poder comer jamón sin las prisas de esta gira con la que probablemente no hubiese soñado hace apenas un año. Y es que a Tim esto le ha pillado un poco de sopetón, parece. De hacer discos folkies más bien majos a que un programador de la KEXP te diga que firmas el mejor álbum del año. Claro, te da la risa: de pronto estás en primera y luchando arriba. Acaban de sacarte de Mutriku y tienes que dar la talla.

Pedirles a Strand of Oaks que su directo estuviese a la altura de su último álbum hubiese sido pedirles uno de los conciertos del año y no, no lo dieron, en parte por el diseño del setlist. Teniendo lo que tenían, abrieron regular con ‘Satelite Moon’, de su anterior trabajo, Dark Shores, aunque enseguida entraron en materia con la tremenda ‘Goshen ’97’, que a todas luces debió abrir el bolo. Por primera vez en toda la noche el escenario se llenó de fuerza, de música, de algo por lo que merecía la pena pagar dinero y sufrir sueño el viernes por la mañana. Stand of Oaks suplieron como pudieron la falta de manos: a ‘Goshen ’97’ le faltaba una guitarra, subieron el volumen; a ‘HEAL‘ le faltaba una batería y otro teclado, así que cambiaron la dinámica. Convertida casi en spoken work, Tim se pegaba al micrófono como si fuese a morderlo, descargando las palabras a trompicones. Alejándose cada heal… .

«I was better than I felt in years / Then i looked to the streets and I looked to my fears / I know something was going round these tears / I was hurting people so close to me / I spent ten long years feeling so fucking bad / I know you cheated on me but I cheated on myself / I was falling way out when she sent those pictures off / And I knew it wasn’t me and I knew it wasn’t her / And I knew it wasn’t me and I knew it wasn’t her / You gotta give up, give out, give in, give up, give out, / give in, give up, give out, give in, give in / You gotta heal, you gotta heal…».

Strand_of_Oaks_Tim

HEAL‘ bautiza el álbum y da muchas claves sobre el personaje y las circunstancias de mierda que le han hecho crear todos estos temas. «La vida a veces te arrastra, pero todo mejora, las cosas mejoran», razonaba el barbudo entre tema y tema. Por alguna razón inexplicable, Tim también varió las formas en la descomunal ‘JM’, una canción que en el disco empieza delicadísima -voz, eléctrica, piano-, y de pronto revienta en una obesa bola de sonido. En directo, con la batería y el bajo acompañando desde el principio, el contraste quedó descafeinado, aunque el solo se clavó dentro igual.

Acabada, el bolo entró en una fase pretérita de la carrera de Tim, que se quedó solo en el escenario, taciturno e inofensivo, y nos cantó bajito la bonita ‘Sister Evangeline’ y la bajonera ‘Diamond Drill‘. Un parón central con cierto encanto pero que puso a hablar al personal y rompió la progresión ascendente de la noche. Toda la maniobra (el líder sólo cantando, la banda que vuelve en medio de un tema…) quedó de lo más amateur. Afortunadamente, la segunda parte del bolo iba a estar a la altura de la primera. ‘Shut In’ recuperó las pulsaciones y ‘Plymouth‘, con ese aire clásico y esa letra asesina, volvió a sumar puntos para convertirse en uno de los temas más cabrones del año.

«I met you when your hair was short / and my ego had barely formed / It took a jug of wine just to ask you home / We took black and white pictures, / with your hooded sweatshirt on / We were beautiful, broken, and young / Let me roll, let me go / Let me roll, let me go / I’m bound to lose control…».

strand_of_oaks_survive

Tim volvió a agradecer los aplausos, tímido, entre borracho y eufórico. Con una sonrisa y una actitud que negaba a cada instante el tatuaje fiero de su hombro derecho y la calavera poliédrica del que tenía más abajo. La sonrisa llena de un rescatado, mucho más consecuente con esa otra marca de reciente adquisición que le recorre por completo el antebrazo derecho: SURVIVE. De eso va lo suyo, de sobrevivir, de agradecer, de aprovechar.

La banda se fue tras una fantástica ‘Wait For Love’ y volvió literalmente en segundos para cerrar definitivamente con ‘Mirage Year’, de nuevo entregada a un cortavenismo impenitente. Dos temas que hacen de HEAL un álbum de digestión lenta. Un disco que habrá que ver si es el punto de inflexión que parece o sólo un paréntesis glorioso en una carrera de notable.

Lo tienen esta misma noche en la Sala Apolo de Barcelona desde las 22:20 como parte de la programación del Primavera Club 2014.

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Foto. Daniel Boluda   Conciertos
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