26/10/2014

Dime cómo es tu pogo y te diré quién eres.

Terminábamos de dejar lo no imprescindible a salvo en el ropero y ya en las tablas había desgañite. «Si quieres cotizar te has de devaluar / la esterilidad es la nueva identidad / Mírame, cuenta, elige bien la tuya / como dice la canción: todos…  / ¡¡somos putas, somos putas, somos putas, somos putas, / somos putas, somos putas, somos putas!!». Biznaga fueron los encargados de abrir una noche que terminaría por los aires y no se anduvieron con gilipolleces: empezaron a cien. ‘Fiebre‘ y ‘Máquinas Blandas‘, probablemente sus dos mejores canciones. La segunda, uno de los singles más certeros cantados en castellano de lo que va de año, como poco. Tenían el setlist, breve por imposición de horarios, escrito en rotulador y letras mayúsculas en un cacho de papel colocado en el centro del escenario. La sala a medio llenar no les paró ni media. Con mucho son mi banda favorita de esta nueva hornada de filopunkis castizos. Contenido, rabia y diversión. Distorsión, bofetadas y melodía. La mezcla fragua de lujo en un escenario, claro. Normal que después del bolo vendiesen todas las copias que tenían de su flamante Centro Dramático Nacional. No lo duden: uno de los mejores discos del año.

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Tras la marejada de Biznaga arreció tormenta con J.C. Satan, menos conocidos por este que escribe. La propuesta, más densa y dependiente de arrollar por decibelios, pecó por momentos de efectista, aunque es imposible no reconocerle a los franceses su buena mano. Le daremos otra vuelta a su discografía. Sí controlamos mejor la de Ty Segall y ya lo dijimos cuando loamos su Manipulator a principios de mes: está en un momento de forma delicioso. Eso se nota en sus canciones y se comprueba en sus taquillas: la de anoche agotada con días de antelación. Probablemente podría haber llenado la sala dos veces porque más de uno, nos consta, maldijo su falta de reflejos a la hora de hacerse con una entrada. Y es que el trabajo bien hecho, el ladrillo a ladrillo de esta carrera que va armando el rubio, da sus frutos. El último, decíamos, es uno de los mejores discos de rock del año. Extenso en conjunto y más irregular en su segunda mitad, pero con una primera media hora que es gloria pura.

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Ty parece saberlo y abrió el bolo calzándonos esa primera mitad del álbum casi sin respirar. Arrancando por una ‘Manipulator‘ vigorizada y descargando a la segunda ese pelotazo que es ‘It’s Over’, uno de los mejores temas del álbum, de su discografía y quién sabe si finalmente del año. Entra en solitario el Rickenbacker del flaco Cronin y en seguida irrumpen las guitarras como dos cuchillos. Música gorda, rock proteico, cremón con gain. La sala estaba ya entonces hasta arriba. Contra la primera fila, con el costillar hundido al borde del escenario, empezaban a arreciar las olas de carne empujadas por el pogo. Una marea extraña de chavales de primero de carrera, americanas de Chicago que tontean con el coma etílico desde las 21h y hombres fornidos que hacen lo propio con la deshidratación por sudoración excesiva. Desde ese punto, que queda por detrás de las peas, las voces apenas se escuchan. Sacar algo en foco, casi imposible. Y eso que todavía no ha empezado lo serio. El pogo es de momento espeso, viscoso. Pero llega ‘Feel‘ y la cosa cambia. La canción lleva meses en la calle y ya hace responder al público como si fuese una de las clásicas. Cuando a la mitad Ty se retuerce en un punteo sucio y sanguinolento, entonces sí el público termina de reventar. El pogo ocupa casi la mitad de la pista. Es una mezcla de empujones y saltos, de gente eufórica y gente jodida, de damnificados molestos por la tormenta y magullados que esperan que caiga todavía más fuerte.

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Y más fuerte cayó. Antes Ty, marcando barriguita embutido en una suerte de mono vaquero como de Mario Bros un domingo de resaca, tuvo a bien crear contraste con la magnífica ‘The Faker’ primero, que con menos lija hubiesen podido firmar los mismísimos Beatles, y con ‘The Singer’ después, que nos dio para berrear unos «louder, louder» todo lo bien que nos dejó nuestro infame falsete. Pasado el ecuador del bolo cayeron dos más de Manipulator, ‘The Feels’ y la demoledora ‘The Crawler’ (una puta hormigonera cuesta abajo y sin freno) y desde ahí la cosa se desbocó. Renunciamos a la primerísima primera fila y nos fuimos a mitad de sala. Allí, por fin, todo sonaba. Era como estar metido con ellos en el garaje, con los oídos zumbando. Ty, ya caliente, jugaba a provocar, abandonando su flanco derecho, dejándose de exquisiteces y yendo al grano. Cuando sonó ‘You Are The Doctor’ el pogo reventó y la gente empezó a volar por los aires. Cuerpos a la deriva que caían pronto al suelo. Gente subiendo al escenario, meneando las greñas y abandonándose de espaldas sobre las manos del público, unas veces con más éxito que otras. Mientras, Ty, desbocado, y Mikal, escondido, destrozaban todo. PUM-PUM-PUM-PUM. Puro galope. Al terminar, silencio, ‘Thank God for Sinners’ y de nuevo el éxtasis de una noche inmensa. «Thank God for the sinners / thank god for your love / in the morning… I’ll rise above!»

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A la vuelta, con el bis exigidísimo como corresponde, quedaba por vivir uno de esos momentos de adorable amateurismo que no se olvidan. A la derecha, en las primeras filas, un chico mostraba un papel. «Let me play ‘Girlfriend‘ on guitar«. El chaval se llama Mauricio. «Lo saqué en la quinta canción y me dijo que vale, que luego la tocaba», nos cuenta por mail. Y ustedes pensaran: el típico «sí, sí, chaval, guárdate el papelajo que luego subes», pero luego no subes ni de coña. Y cuál fue la sorpresa de todo el mundo cuando Ty vuelve al bis, sube al chaval al escenario, le cuelga la guitarra, le presenta –«se llama Mau y va a tocar ‘Girlfriend»‘– y le dice «contamos cuatro y empezamos».

Y ahí le tienen, quedando para la historia rara de Youtube. El gesto, además de bonito en si, convenció por natural. No fue una cosa populista de «mira qué enrollado soy«. Fue más bien un «¿y por qué no?, que suba«. Un, «este también es vuestro bolo«. Durante el tema, con el escenario invadido sin que la seguridad pudiese hacer ya nada por evitarlo, con la sala hasta la bandera de gente eufórica, Ty cantaba por abrazado por fans, con el maquillaje ya corrido y el mono ya arrugado. Abrumado por los invasores primero, lanzándose al público después, todo con una sonrisa grande en la cara, una sonrisa de felicidad plena, de me lo estoy pasando tan bien como vosotros o más, cabrones.

Con esa sonrisa salimos todos. Una de triunfo sin paliativos, de concierto pletórico. Y los que nos quedan.

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