15/10/2014

Entrevista con James Vincent McMorrow, el superviviente del nuevo folk electrónico.

James Vincent McMorrow es un superviviente. Detrás de este cantautor irlandés que debutó en 2010 con un disco de folk mágico en la estela de Bon Iver como era Early In The Morning, y que a principios de este mismo año ha ejecutado un salto mortal con tirabuzón incluido llamado Post-Tropical en el que se adentra en parajes más electrónicos, encontramos un hombre que ya ha pasado por varias vidas y ha descubierto en el pragmatismo la mejor filosofía de vida. A los 24 años, y sin haber publicado siquiera un álbum, James firmó un acuerdo con EMI/Universal, y se mudó a Londres en busca de ese contrato que le iba a convertir en la nueva joya de la multinacional de turno. Allí se plantó, dio algunos conciertos, tuvo unas cuantas reuniones… Y no ocurrió nada. Seis meses después se tuvo que volver a Dublin, con menos de lo que se fue y el ánimo por los suelos. Sin embargo, McMorrow vio el lado positivo del asunto, y se encerró en un pequeño estudio en la localidad costera de Drogheda (no por misticismo ni en busca de paz espiritual; simplemente porque no tenía dinero) y de allí salió Early In the Morning, que se llama así porque fue el momento en el que terminó de grabarlo (a primera hora de la mañana) y que tuvo la suerte de cómo una de sus canciones (‘From The Woods‘) fuera escogida por la serie Anatomía de Grey. Allí empezó a despegar todo, y una gira de presentación que se alargó hasta 2012.

Pero había más. Y es que, como confesó más tarde, aquella gira de presentación de dos años fue una suerte de nebulosa extraña para el irlandés. Su afición al alcohol era, digamos, algo mayor de la deseada, y por eso fue el 15 de febrero de 2012, después de un concierto de fin de gira en el Royal Festival Hall de Londres cuando, tras apenas recordar lo que había sucedido minutos antes, decidió que también era el momento de dejar la bebida.

Allí empezó Post-Tropical, y el James Vincent McMorrow que ahora conocemos.

Un tipo afable, sincero y sin pelos en la lengua, tremendamente directo a la hora de hablar de cualquier cosa. Dos años después de aquella decisión, McMorrow publicó Post-Tropical, un disco en el que da dos pasos adelante de golpe, abrazando la épica del segundo álbum de Bon Iver y mezclándola con la intensidad lírica de James Blake. Es un disco-viaje que nos ha dejado dos de las mejores canciones del año: la ‘Cavalier‘ que abre el trayecto, y una ‘Gold‘ que es esperanza hecha música. James Vincent McMorrow vendrá a presentarlo en directo el próximo 22 de octubre en Barcelona (Apolo) y el 24 en Madrid (Joy Eslava) de la mano de Cooncert, y pudimos compartir unos minutos de charla con él, que empezaron con una felicitación… por su parte: nos reconoce que ha estado echando un vistazo a Indiespot y nos felicita por el diseño que (él no lo sabe) acabamos de presentar. Ya nos caía bien, pero ahora un poco mejor. Aquí el resultado de la conversación.

 

Este segundo disco ha sido muy importante para ti. ¿Cómo has vivido estos últimos meses, desde que se publicó en enero?
JAMES VINCENT MCMORROW: “Sí, realmente ha sido muy importante. Obviamente tenía mucha confianza en el disco que había hecho, pero nunca sabes cómo lo recibirá la gente. Todo lo que puedo hacer es esperar a los conciertos. Si la gente viene es que tiene ganas de escuchar las canciones del nuevo disco, así que supongo que les habrá gustado. Y desde esta perspectiva, ha sido un año alucinante: he vivido los mejores conciertos de mi carrera, tocando para más gente que nunca y en muchos más sitios. Y a medida que ha ido pasando el año, el disco ha ido creciendo en la gente; no lo están olvidando, y eso es lo que quería que pasara. No es un disco fácil de escuchar, es un poco denso a nivel sonoro, y tiene momentos muy distintos, así que me gusta la idea de que vaya creciendo con la gente”.

El salto que has dado con Post-Tropical respecto al sonido de tu primer disco ha sido inmenso. Este es un álbum que suena mucho más intenso y épico. ¿Era tu principal objetivo para el disco?
“El objetivo es siempre hacer lo mejor que sea posible. Creo que con el primer disco hice lo mejor que me era posible en esas circunstancias: tenía tiempo, pero tampoco me servía de mucho porque no tenía dinero (risas). Con este disco, tenía el dinero para hacer el disco que quería hacer, y tomé la decisión de ir a un gran estudio y grabar yo solo. Siempre hay retos y compromisos que debes mantener, y en este caso el mío era intentar no fastidiar lo que tenía en mente. Intentar plasmar la idea que tenía en mi cabeza, saliera como saliera”.

Para mí, las nuevas canciones crean imágenes visuales muy potentes. ¿De alguna forma querías hacer una banda sonora a las imágenes que tenías en tu cabeza?
“Sí, eso es exactamente lo que quería que fuese. Para mí el disco tenía que proyectar imágenes, y en este sentido no he incluido las letras en el libreto del álbum, y de hecho ni siquiera las he escrito en ninguna parte, porque me gusta cuando la gente malinterpreta la letra de una canción. Es algo divertido, en realidad, porque significa que esa persona coge la canción y se la hace suya. Yo mismo no sé las letras de algunas de mis canciones favoritas, y me encanta. Para mí no es algo tan importante: las letras son necesarias, claro, pero no es imprescindible que te las sepas de memoria. Tampoco saben todas las notas que tocas con la guitarra, o los golpes que da la batería; todo forma parte de un conjunto que es la alquimia de una buena canción. Creo que este disco es mucho más intenso y emocional, y me gusta que la gente lo vea como un todo”.

Sorprende que algunas canciones tengan arreglos electrónicos. ¿Cómo diste el paso del folk del primer disco al toque más electrónico del segundo?
“Fue muy fácil para mí, porque tenía todo el sentido del mundo. El primer disco tenía un sonido más analógico, aunque lo grabé con el ordenador igualmente, pero era lo que podía hacer bien en ese momento. Para este, simplemente me resultaba más fácil manipular instrumentos electrónicos en comparación con los acústicos. Si hubiera querido hacer un disco como este con instrumentos acústicos, hubiera tenido que pasarme un año en el estudio de grabación… y me hubiera costado un millón de dólares (risas). De esta forma, puedo trabajar en cualquier parte con el ordenador. Además, siempre me ha fascinado el soul, y me resultado más fácil cantar encima de texturas electrónicas que hacerlo encima de una guitarra acústica”.

Para mí, el disco tiene un sonido invernal, creo que encaja mejor en esa época. Sin embargo por su título, Post-Tropical, podría parecer lo contrario. ¿Cómo lo defines tú?
“Bueno, ¡es que Post-Tropical no significa nada! Post es ‘después’, y tropical significa ‘calor’, así que básicamente vendría a significar ‘después del calor’. Así que si a ti te parece un disco de invierno es perfecto. Eso es lo que me gusta de este título, que puede estar abierto a interpretaciones diversas. Post-Tropical no significa nada, pero cuando ves esas palabras juntas les das un significado. Me gusta la idea de que la música tenga su propio mundo en el que vivir”.

Pese a que es un disco de tono invernal, te fuiste a Texas a grabarlo. ¿Por qué?
“Porque es alucinante. Era un estudio en el que siempre había querido grabar, así que me fui hasta allí. Ese fue el motivo. Quería salir de mi zona de confort, hacer el disco en otro sitio, y no se me ocurre nada más alejado de mi zona de confort que Texas (risas). El mundo de la música no es un trabajo para toda la vida, y si esto termina mañana tienes que poder mirar atrás y decir: “joder, sí, hice cosas increíbles”. Así veo mi carrera”.

¿Grabaste tú solo, entonces?
“Sí, todo lo que suena en el disco, excepto alguna cosilla, ha sido interpretado por mí, y también he producido el disco. Tengo un ingeniero que estaba conmigo en las sesiones de grabación… Pero el resto es todo cosa mía, sí”.

¿Ha sido difícil trasladar al directo un sonido tan de estudio y con tantas capas?
“Bueno, tengo tres personas tocando conmigo en el escenario. Pero de nuevo, me gusta la idea de retarme a mí mismo también en el directo. Eso significa que intento que cada noche sea más difícil y tenga que esforzarme más. Porque si tienes mucha gente en el escenario, tu trabajo se hace cada vez es más fácil. Si tu trabajo es fácil, empiezas a dejar de pensar en la música y te desvías hacia otras cosas. Y eso es lo que no quiero. Así que este es el método que funciona para mí. Aparte de los tres músicos que me acompañan, además, el espectáculo cuenta con una iluminación especial que prácticamente es como si hubiera otro músico en el escenario con nosotros”.

Acabas de publicar dos nuevas canciones, que suponen otro paso hacia un sonido más electrónico. ¿Te ves como un músico de electrónica en un futuro a medio plazo?
“Yo me considero cantante… Nací cantante y moriré cantante. Pero me encanta la producción, crecí obsesionado con Prince, Pharrell… Quería hacer paisajes sonoros. Y creo que la electrónica hace eso, paisajes sonoros. Pero al final soy cantante, y lo que quiero es hacer canciones en las que pueda cantar y en las que me pueda adentrar. Pero estas dos canciones son nuevos pasos en esa dirección, sí. ¿Sabes la canción ‘Cavalier’ del disco? Pues esta vez intento ir todavía más allá. Y me encanta. Nunca había estado tan emocionado por crear nuevas canciones. Lo hago por el mero gusto de hacerlo: puedo grabarlo en mi ordenador, cantar en mi estudio, y tenerlo en tus oídos al día siguiente. De esta forma puedo controlar mi mensaje y mi mundo de una forma que nunca había imaginado”.

¿Te gustaría seguir trabajando de esta forma, publicando nuevas canciones cuando te apetezca, sin sellos o intermediarios de por medio?
“Bueno, los sellos con los que trabajo son increíbles, se adaptan mucho a mi forma de ser. Cuando les expliqué lo de estas canciones no pusieron ningún inconveniente ni me pidieron nada. Entienden que así es el mundo actual. Ellos venden un disco, y yo trabajo con ellos para hacer eso. Todo lo que haga más allá de eso es mío. Y lo entienden. Si quiero que alguien haga un remix, o escribir alguna canción con alguien y publicarla… Eso depende solo de mí”.

Supongo que en parte eso viene de tu propia vida, porque tuviste una mala experiencia con EMI/Universal en tus inicios. ¿Cómo recuerdas esa época?
“Ahora lo veo de forma positiva. En ese momento yo no estaba listo. No estaba preparado para entrar en ese mundo, porque me hubieran comido vivo. Así que me alegro de haber ido a esas reuniones y de haber salido de ellas sin el contrato discográfico que en ese momento pensaba que quería. Probablemente no hubiera ni llegado a hacer el primer disco, y vete a saber dónde estaría ahora. Esa experiencia me hizo ver la realidad de la industria de la música: no puedes confiar en nadie que no seas tú. Puedes contratar a managers, y agentes de contratación y lo que quieras, pero al final todo depende de ti. Tú tienes que hacer la música, pensar en los vídeos, en el arte del disco, tienes que subirte al escenario cada noche y no cagarla… Y en esa época de mi vida buscaba a gente que hiciera todo eso por mí, porque pensaba que era así cómo funcionaba. Pero me he dado cuenta de que no”.

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