09/10/2014

Repaso y opinión del valiente festival madrileño, comprometido con el riesgo y la experimentación musical.

Son malos tiempos para intentar organizar un festival en la capital española. Las dificultades que está poniendo la administración además de la falta de locales en Madrid hacen poco viable que la oferta musical sea amplia. Por eso hay que agradecer a los organizadores del Villamanuela que hayan arriesgado tanto: un certamen con pocos nombres multitudinarios y en dos locales contiguos en el centro de la ciudad para mayor comodidad de los asistentes. En el heterogéneo cartel tenían cabida tanto el guitarrista tuareg Bombino como la densidad oscura y metalera de Yob. Una propuesta que tiene la divulgación musical como premisa principal.

Los nombres españoles formaban una parte importante del Villamanuela. Betunizer gozó de un sonido limpio para exponer su rock paleolítico y experimental, guitarras y bajos directos, voz irreverente y una actuación que dejó clara que en esto de las rarezas patrias hay vida más allá de Za!. Otro de los españoles más esperados era Marc Piñol, nombre mítico de la noche barcelonesa, alabado por artistas de la talla de John Talabot y actualmente en plena época dorada que finalmente no pudo superar los problemas de la organización previos y ofreció una sesión entretenida pero sin aportar novedades.

Marc Piñol

Pasando a la escena internacional, el sueco Hannes Norbide sabe combinar a la perfección la electrónica indie de bandas como Cut Copy con una voz de reminiscencias al post punk de los ochenta que es acreedora de Robert Smith. El trío de imberbes de Lust for Youth destacó ofreciendo algunos de las mejores canciones de su último International, entre las que sobresale la excelente ‘New Boys’. Otros que nunca fallan, como ya demostraron en el pasado Primavera Sound, son The Ex. Son ya más de tres décadas las que llevan los holandeses proponiendo un punk directo y honesto con pocos ornamentos más que los que ofrece su excelente batería Ketherina Bernefeld cuando toma las riendas vocales. De nuevo sonaron algunos de los temas que ya son clásicos como ‘Four Billion Tulip Bulbs” y volvieron a dejar un poso importante esta vez como merecidos cabezas de cartel.

Hablábamos al principio de las dificultades que entraña un festival como el Villamanuela a las que hay que añadir las execrables condiciones de algunos locales madrileños que en teoría deben estar preparados para soportar un directo. La sala But es uno de esos lugares cuyos dueños tienen una fe ciega en que algunos gintonics de más, ahora que están a la última, puedan paliar las exageradas deficiencias sonoras que ya han padecido bandas como Mount Kimbie. Así que los conciertos que se celebraron allí partían con un hándicap importante. Pero el tirón de ‘Real Hero’ obligaba a pasarse a ver lo que hacía College sobre las tablas. Probablemente haya pocos músicos empeñados explotar un éxito como el francés David Frellier. Una hora haciendo vacuos amagos alrededor de la banda sonora de Drive para que cuando suene la estrella de la corona uno ya haya decidido dedicarse a otros menesteres. Las mismas dificultades sonoras tuvo Rebolledo pero el mexicano sí que logro superarlas con sus beats de tono bajo y sus atmósferas contenidas que desembocaron en una animada sesión.

También destacó el folk de tintes psicodélicos de Comus. Los británicos, activos desde finales de los sesenta pero con largos periodos en blanco, contentaron a una amplia audiencia con sus arabescos instrumentales y una elegancia y eficacia instrumental notable. A Clinic no le van tanto las florituras. Los cuatro cirujanos, mascarillas y batas incluidas, salen al escenario para imponer su rock directo con teclados progresivos y reivindicar algunos de sus mayores éxitos como ‘Walking With Thee’. En el doloroso capítulo de bajas, una fue mayúscula porque era uno de los más músicos más esperados. Según se rumoreaba, un familiar de Bobby Krlic estaba llegando al final de una larga enfermedad, así que The Haxan Cloak tuvo que dejar su sitio para que el noise oscuro y sintético de Cut Hands, el nuevo proyecto de William Bennet, consiguiera hacer olvidar la obligada ausencia.

Clinic

Si el de College se antoja como una de las mayores decepciones, tampoco se queda lejos Dean Blunt, con un absurdo escenario en la penumbra y una parsimonia que en lugar de alcanzar el éxtasis espiritual, como parecía pretender, acabó exasperando. Son puntos negros que quedaron ampliamente superados por actuaciones como la Woodsman, uno de los grandes desconocidos del cartel y que con un rock instrumental que por momentos recordaba a Explosions in the Sky se antojaron como una de las bandas para guardar en la memoria. El resultado de la segunda edición del Villamanuela ha sido ampliamente satisfactorio y, salvo algunos problemas coyunturales y organizativos, hay que esperar que la propuesta siga viva el próximo año.

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Foto. Carlos Gascón   Festivales
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