02/09/2014

Interesantísima charla con Hayden Thorpe, cantante del grupo británico, que acaba de publicar su mejor disco.

Durante años, Wild Beasts fueron vistos como un grupo más bien excéntrico, casi destinado únicamente al público británico. El falsete a menudo histriónico de su cantante Hayden Thorpe en las primeras canciones de la banda creó esa suerte de división que solo los grandes grupos generan: o los amabas, o los odiabas. Pero disco a disco, paso a paso, el cuarteto originario de Kendal (una población pequeña del norte de Inglaterra) ha ido limando su propuesta y ampliando su espectro, de tal forma que la pomposidad –a veces excesiva– de su debut Limbo, Panto, publicado en el año 2008, queda ya muy lejos. Por el camino quedan Two Dancers (en 2009, con el hit ‘All The King’s Men‘) y Smother (en 2011), dos pasos hacia esta oscura elegancia que han plasmado de forma magistral en Present Tense, su cuarto álbum y uno de los mejores trabajos de lo que llevamos de año. Un trabajo en el que escupen bilis (‘Wanderlust‘) y seducen dulcemente (‘A Simple Beautiful Truth‘) a partes iguales, en el que se nota que se han volcado pese a sonar más pulidos y certeros que nunca. Indudablemente se trata de su mejor disco y, lo que es mejor, una clara muestra de que estamos ante una banda que ahora mismo no parece tener techo.

Con su líder Hayden Thorpe hemos mantenido una interesantísima charla acerca de sus expectativas y funcionamiento como grupo, de su relación particular con el arte, y de filias y fobias personales. Escuchándole (en su caso, leyéndole), uno se da cuenta de que las muchas capas que hay en Present Tense no son fruto de la casualidad, ni de un momento de inspiración: estamos ante un grupo trabajador y creativo a partes iguales, incansable en su búsqueda de aquel momento mágico que consigue capturar una buena canción, y que no renuncia a buscarle un sentido a todo lo que hacen. Nunca han sido el grupo de moda, pero seguramente acaben siendo un grupo increíble durante toda su trayectoria.

Parece que la crítica está bastante de acuerdo en considerar este Present Tense como vuestro mejor disco. ¿Esperabais una respuesta tan positiva?
HAYDEN THORPE: “Cuando publicas un disco es porque realmente crees en él, porque puedes defenderlo y crees que es lo mejor que puedes hacer. Es raro cuando recibes elogios, porque no puedes esperarlos pero al mismo tiempo te debes sentir merecedor de ellos. Creo que nuestros discos siempre se ganan el beneficio de la duda: suelen ser lo bastante raros como para requerir algo de reflexión. Así que no creo que el elogio llegue de forma automática. Hubo momentos cuando estábamos preparando este disco en los que pensé que nos iban a tumbar; hay cosas en los límites de lo que es aceptable o de buen gusto, hay canciones en las que nos arriesgamos a ser demasiado sentimentales o emotivos. Y eso me hizo sentirme un poco desprotegido, temía que la gente pudiera pensar que nos hemos convertido en una banda ñoña de estadios. Pero creo que es en estos límites donde suelen ocurrir las mejores cosas”.

De hecho, todos vuestros álbumes han sido muy elogiados por la crítica. ¿Cómo os afecta eso a la hora de afrontar uno nuevo, es algo que os añada presión?
“Yo diría que no, no creo que nos sintamos así internamente. Nunca hemos sido una banda que estuviera de moda, ni hemos sido tan ‘cools’. Cuando empezamos, en realidad, éramos todo lo contrario (risas). Y creo que en muchos sentidos hemos seguido así. Por naturaleza siempre nos quedamos fuera de lo que está de moda a cada momento. Y eso por un lado puede generar frustración, pero al mismo tiempo también te da la oportunidad de no ser arrastrado por la multitud”.

Con Present Tense habéis tomado más tiempo que nunca a componer y grabar, concretamente tres años. ¿Ha sido vuestro álbum más difícil de hacer?
“Sí, sin duda. Tres años son mucho tiempo para ir desarrollando ideas de canciones. Al principio, una idea para una canción es algo muy frágil y delicado. Se puede corromper muy fácilmente, y modificar hasta convertirse en algo menos poderoso y auténtico. En cierto sentido, las canciones son recuerdos convertidos en realidad, son maneras de documentar nuestra memoria. Y lo que es difícil es recordar exactamente qué parte de ese recuerdo quieres capturar durante tres años. Ha sido difícil, porque con los anteriores discos habíamos trabajado de forma mucho más instintiva: escribíamos la canción y literalmente la estábamos grabando la semana siguiente. Así que ha sido una nueva manera de hacerlo, pero estoy orgulloso de ello”.

Es curioso que comentes esto porque si algo he percibido, especialmente en este disco, es que cuidáis las canciones hasta el último detalle, tanto a nivel sonoro como lírico. ¿Os obsesiona conseguir ese nivel de detallismo?
“Sí, es algo se convierte en un monstruo horrible que te engulle completamente. Y hace que sea muy difícil estar en el estudio y al mismo tiempo intentar ser buena persona (risas). Este es el motivo por el que solemos irnos fuera para hacer discos, porque no puedes corresponder a tus seres queridos en estos estados. Porque te consume totalmente; suena raro, pero es que debe ser así”.

¿Y cómo lo haces para no volverte loco?
“Mmm… teniendo algún lugar en la cabeza al que puedas ir para descansar. Yo personalmente salgo a correr, así es como me relajo a nivel físico. Suena raro, pero para protegerte a ti mismo de obsesionarte con algo, lo mejor es tener otras obsesiones”.

Los músicos soléis decir que lo difícil de grabar un disco es decidir cuándo está terminado. Supongo que también es vuestro caso…
“Para nosotros esta vez fue sencillo: nos quedamos sin dinero (risas). Hemos tenido la inmensa suerte de poder ganar suficiente dinero para vivir de nuestra música durante algunos años, y sentíamos la responsabilidad artística de reinvertirlo todo en este disco. El dinero no tiene sentido si no te permite hacer lo que realmente quieres. Y lo que queríamos era hacer un disco, y dedicarle tanto tiempo como pudiéramos. Así que estuvo acabado cuando miramos nuestras cuentas bancarias y vimos que era hora de terminarlo (risas)”.

Me resulta difícil definir el disco, porque creo que tiene algunas de las canciones más épicas y memorables que habéis escrito, pero al mismo tiempo también algunos de los pasajes más oscuros e intensos. De alguna forma suena ligero pero profundo al mismo tiempo. ¿Dirías que resume la esencia de vuestros trabajos anteriores en uno solo?
“Sí, creo que es algo interesante, yo veo la transición entre nuestros discos como si de la televisión en blanco y negro pasáramos a la televisión en color, luego a la alta definición y luego al 3D. Nuestra paleta sonora se ha ampliado y es mucho más rica ahora, y nos sentimos muy cómodos en ella. Porque la verdad es que empezamos como una banda rara de rock & roll extravagante, y creo que la belleza de hacer discos es reinventarse y romper reglas que nunca pensaste que ibas a romper. Creo que este disco va de eso: yo nunca pensé que íbamos a escribir una canción como ‘A Simple Beautiful Truth’, un tema suave de dos minutos y medio. Igual que nunca pensé que escribiríamos algo como ‘Wanderlust’, una especie de corte post-metal y punk”.

En la nota de prensa se explica que este fue un disco en el que intercambiasteis los instrumentos. ¿Hasta qué punto fue así?
“Sí, así fue. Como grupos somos un poco atípico: nuestro batería, Chris (Talbot –ndr.), es el único con formación musical clásica, es pianista de hecho, aunque es el que toca las percusiones; yo, en cambio, no tengo formación musical alguna y soy el que canta y toca el piano (risas). Somos un grupo a la vieja usanza en el sentido de que vemos la banda como una colaboración, en la que el caos de ideas es esencial para lo que hacemos. Así que siempre estamos abiertos a que alguien salte al piano, o al bajo, o a lo que sea, e intente algo. Del caos es de donde surge lo interesante”.

En ese sentido, creo que en el transcurso de los discos has aprendido a utilizar tu voz como un instrumento más allá de como simple melodía vocal. ¿Cuál ha sido tu enfoque esta vez como cantante?
“Para empezar, la voz es el instrumento más expresivo para plasmar lo que tienes en la cabeza. Una voz no miente. Y a nivel sonoro, a medida que nos hemos ido expandiendo, y la narrativa de nuestras canciones ha ido mejorando, la voz cada vez tiene que hacer menos. En los inicios, la voz tenía gran parte de la responsabilidad para que el grupo no sonara tradicional, que era lo que queríamos evitar. Y eso es lo que hemos ido puliendo con los años. Siempre he pensado que una gran canción es aquella que entiendes sin que tengas que comprender su letra. Se trata de sentir la música en su lado físico, no tiene por qué seducirte intelectualmente siempre”.

El disco ha sido descrito como político, pero también trata temas más personales como las relaciones o la muerte. ¿Diríais que es más bien un disco generacional, en el sentido de que solo se podría haber escrito en el siglo XXI?
“Totalmente. Ese es precisamente el sentido de llamarlo Present Tense. En realidad, yo quería que sonara horriblemente al año 2014. Quería que envejeciera mal (risas). Parece tonto, pero quería que sonara a este año porque está pensado como un disco que recuerde este periodo de tiempo. No se trata de sonar políticos e intentar convencer a la gente, odio la idea de que nuestras canciones sean entendidas como políticas. Pero hemos llegado a un punto en nuestras vidas en el que sentimos cosas que nunca hubiéramos imaginado. El optimismo de la gente joven está realmente dañado, y eso es doloroso a nivel personal. Así que ese dolor acaba saliendo por algún lado”.

De hecho, con la frase “Don’t confuse me with someone who gives a fuck”, de ‘Wanderlust’, creo que resumes de forma muy gráfica la manera de pensar y de actuar de mucha gente hoy en día. ¿Crees que hay motivos para seguir siendo optimista?
“Absolutamente, por supuesto. La conclusión del disco es que el optimismo tiene que acabar imponiéndose a la destrucción de nuestras ideas, ideales y esperanzas. Porque eso reside en nuestra naturaleza humana, somos animales que miramos al frente, siempre estamos enfocados al futuro. Creo que es muy humano pensar ‘esto está muy jodido, pero aquí está lo que podemos hacer’”.

Wild Beasts

Wild Beasts nació en Kendal (un pueblo de menos de 30.000 habitantes del norte de Inglaterra), luego os mudasteis a Leeds, y más tarde terminasteis instalados en Londres. ¿Fueron estos cambios siempre debidos al grupo? ¿Qué dirías que os ha aportado cada uno de estos lugares?
“Sí, siempre nos hemos ido moviendo debido al grupo. Nuestra meta siempre había sido ser un grupo en Kendal, porque éramos jóvenes e idealistas, y pensamos que podíamos conquistar el mundo desde nuestro pueblo diminuto. Y al cabo de unos años nos dimos cuenta de que nos estábamos ahogando allí, y que nadie nos escucharía jamás. Así que nos fuimos a Leeds, un terreno muy fértil para bandas jóvenes; ¡de hecho es la población con mayor proporción de gente joven de toda Europa! Es una ciudad increíblemente vibrante y llena de vida, y hay un sentido de excitación colectiva constante. Lo que pasó allí fue que llegó el momento en el que dejamos de ser adultos jóvenes, y entonces Londres se convirtió en el lugar perfecto, porque en realidad nos habíamos pasado media vida yendo y volviendo de Londres, así que en ese momento era lo que debíamos hacer. Y también suponía un reto, porque en las grandes ciudades un artista puede sentir cierta claustrofobia, porque todo el mundo es un jodido artista, todo el mundo está en una maldita banda, todo el mundo crea algo. Y a veces escuece un poco pensar que eres simplemente uno más de ellos. Pero eso te lleva a intentar ser mejor en lo que haces, para justificar el hecho de estar allí”.

También sois uno de esos grupos que gira sin parar. ¿Es porque realmente os apasiona este trabajo o porque es la única manera de vivir de la música hoy en día?
“Si no dependiéramos económicamente tanto de las giras, creo que tocaríamos menos, si te soy sincero. Dicho esto, durante muchos años el directo ha sido una batalla personal para mí, porque no soy un intérprete nato, no es algo que surja de forma natural en mí. Pero puedes adaptarte, el cerebro es plástico, y acabas aprendiendo. Y ahora las giras son una experiencia increíblemente alegre y privilegiada: en el último mes he estado en Estados Unidos y Australia, luego Japón, ahora nos vamos a Sicilia… La sensación de existir fuera de la sociedad y tener la oportunidad de mirar desde el otro lado es realmente alucinante. Y que haya gente que venga a vernos y que se emocione con nuestras canciones en estos sitios remotos es innegablemente afortunado. Es algo que nace de la necesidad económica, pero que ha terminado siendo, al menos a nivel personal, una necesidad vital”.

En noviembre tocáis con The National en Londres, y veo similitudes en vuestras trayectorias, ya que ellos han alcanzado un éxito masivo tardío yendo paso a paso, sin comprometer nunca su discurso musical. ¿Os gustaría seguir pasos similares?
“Oh, ¡absolutamente! (risas). Creo que The National son un grupo único y muy especial. Y para un grupo como el nuestro, que ya está en su cuarto disco y nunca ha estado en el camino rápido hacia el éxito, ellos son auténticos héroes de la artesanía musical. Sus canciones han ido mejorando con los años, y su humanidad e inteligencia como grupo es una inspiración enorme para nosotros. Sin duda alguna”.

Wild Beasts presentarán Present Tense en el Dcode 2014 que tendrá lugar en Madrid el 13 de septiembre, y un día antes harán lo propio en la sala Apolo de Barcelona, en la primera cita del festival 981 Heritage en la ciudad condal. Ambos conciertos son prácticamente obligatorios, si nos preguntan.

Fotos: Klaus Thymann

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