24/08/2014

Crónica del concierto-viaje por el que el artista británico nos guió en Barcelona.

James Blake es un artista en plena gestación. Aunque ya haya publicado dos aclamados discos y varios EPs, y sea considerado –con convincentes razones para ello– una de las voces más relevantes de toda su generación, el británico es todavía un músico en progresión, en constante movimiento. Y un concierto suyo, al menos uno como el que ofreció el pasado viernes en la sala Apolo de Barcelona, es la mejor prueba de ello. Llegaba el británico a la ciudad condal en medio de un verano en el que no está actuando apenas –y puede que el motivo de ello lo diera con una de sus frases finales–, acompañado como siempre por sus escuderos Rob McAndrews (teclados y guitarra) y Ben Assiter (batería), pero con las ideas de su concierto muy claras y perfectamente delimitadas.

Y esa idea consistía en separar la noche en dos mitades casi perfectas, arrancando de forma espectacular con ‘Air & Lack Thereof’, su primer lanzamiento, que se entrelazó con una celebrada ‘CMYK’, otro de sus hitos pre-debut, objeto de un tratamiento demoledor a nivel de sonido y de extensión, convirtiendo la inofensiva sala Apolo en un vendaval de bajos y de vibraciones espectrales. De esta forma se presentó y sentó las bases de una noche que pasaría por varios estados, siendo uno de los primeros esas reinterpretaciones en clave (más) electrónica de las canciones rescatadas de su primer disco (‘Unluck’, ‘Limit To Your Love’, ‘Lindesfarne I & II’), más oscuras y menos dóciles, como si las propias canciones también hubieran crecido y se hubieran enrevesado tres años después de haber sido publicadas. Blake, a veces recurriendo excesivamente al vocoder, las despachaba con la intensidad justa, construyéndolas pieza a pieza, muchas veces grabando sus propios loops –fueran vocales o instrumentales– con una precisión pasmosa y sin inmutarse en ningún momento.

James Blake Apolo

De hecho, tras interpretar esa demoledoraA Case Of You’ (la versión del tema de Joni Mitchell que incluyó en el EP Enough Thunder), se excusó por lo que iba a ser “la parte tranquila” del concierto. “Luego volverá a subir”, prometió. Y lo que siguió fueron las canciones de su segundo álbum, Overgrown, estas menos adulteradas con respecto a su forma original salvo, eso sí, una ‘Voyeur’ que se extendió hasta el infinito y convirtió su crescendo final en una suerte de rave sacada de la época del acid techno que muchos hubiéramos alargado durante unos cuantos minutos más. ‘Digital Lion’ también fue una de esas canciones que creció en vivo, con un acertadísimo uso de los silencios y de una base instrumental casi física.

Todo llevó a una recta final culminada por la preciosa ‘Our Love Comes Back’ –corte que cierra Overgrown– y que tuvo en otra versión, la de ‘Hope She’ll Be Happier’ de Bill Withers, el momento de calma antes de la tormenta desatada por ‘Retrograde’, y ese murmullo en bucle y esa maldita sirena que por poco acaba con los cimientos de la sala barcelonesa. Sin duda se trata de su canción más efectiva, más enorme en todos los sentidos, y también supone la mejor forma de terminar con el tramo central del viaje.

Y así, después de haber pasado por los distintos estados de ánimo y de evolución de James Blake, el chico prodigio de la electrónica con alma se despidió definitivamente con un bis de la mano de su célebre ‘The Wilhelm Scream’ («I’m falling, falling, falling, falling…«) y de una ‘Measurements’ que construyó en solitario a base de repeticiones sobre la misma melodía vocal entre un silencio sepulcral de admiración absoluta. Y dijo adiós con una interesante afirmación: “We’ll be back soon with a new album” (“volveremos pronto con un nuevo disco”). Contamos los días.

James Blake Apolo

Fotos: Pablo Luna Chao.

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