13/06/2014

Crónica del concierto de los neoyorkinos, dentro del ciclo Sound Isidro.

Poco más de diez minutos después de haber comenzado su actuación en la mítica sala Pachá, a Kip Berman se le rompe una cuerda. Pero el frontman de la banda neoyorquina ya no sufre. Es más, inaugura su enésima visita a la capital dentro del ciclo que organiza Sound Isidro solo a la guitarra y después se arranca a saludar en un fluido español. Al fin parece estar finalmente pasándoselo bien en uno de sus conciertos.
La banda suena y sabe diferente. Tras la marcha de la teclista y vocalista Peggy Wang a los dominios virtuales de BuzzFeed, la banda ha logrado depurar sus complejos para centrarse en llevar a cabo lo que, a juzgar por lo visto el jueves noche, parece una evolución lenta pero segura.

Tras sortear algunas dificultades técnicas, la banda fue asentando su presencia en el escenario gracias a temas como ‘Young Adult Friction‘, uno de sus primeros hits, que rescata el sabor de los temas que les catapultaron a la fama en forma de edulcoradas referencias a The Cure. Por un momento también fluctúan por el territorio más guitarrero de su anterior trabajo con la magnífica ‘Heaven’s Gonna Happen Now’. Pero no es hasta el asalto de su último trabajo, Days Of Abandon (2014), cuando los de Nueva York descubren que hay vida entre la melancolía del Higher Than The Stars y la urgencia del Belong de hace tres años que ya se movía entre esquemas rítmicos a los que no nos tenían acostumbrados. Y es que el bucólico entramado de su último trabajo ofreció joyitas como ‘Beautiful You‘, ‘Art Smoked‘ o la quizá infravalorada ‘Masokissed‘, sonando potentes todas ellas en directo.

En realidad son muchos los atractivos de los nuevos The Pains: una clara vuelta a los noventa y a las referencias más obvias de la banda, que esta vez parecen invocar a The Smiths en cada verso (“Everything good is gone” canta Berman, aunque más bien parece querer decir “heaven knows I’m miserable know”…). Los paralelismos también se dibujan con bandas que surgieron como producto de la escena de la década mítica, como Modest Mouse, e incluso Nada Surf. La voz de su nueva integrante femenina también se antoja como una mejora, ya que era uno de los puntos débiles en directo de Wang.

Pero el verdadero cambio pasa por una mayor exposición del sonido a los sintetizadores, a los que ya cogieron cariño en Belong, álbum que probablemente también supuso el punto de inflexión en su carrera. En consecuencia, el cuarteto exhibe ahora unas canciones que gritan sentimientos y no hablan de ellos, como contrapunto a una esencia inexorablemente pop. El hecho de contar con una base quizá más obvia y un esquema más lineal a la hora de componer hace que el nuevo material parezca menos rico y llamativo técnicamente, dejando una sensación de deja vu que quizá solo llenó la sinceridad desgarradora de ‘Eurydice‘ («I’ll never stop missing you”).

La efervescencia de ‘Simple And Sure‘, que dejaron para el final, fue la mejor prueba de que, más que revolucionar lo establecido, The Pains of Being Pure at Heart están ahora más centrados en mantener el compromiso que en su día adquirieron con esa inocencia tan presente en sus canciones, algo que probablemente nunca desaparezca. Permanecer fiel a uno mismo no es tarea fácil.

Texto y foto: Sílvia Suárez

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