04/06/2014

Repaso del primer día: Arcade Fire, St. Vincent, Future Islands, Chvrches, Neutral Milk Hotel...

Todavía con la voz agrietada y la nebulosa de las decenas de conciertos vistos durante unos cuantos días en el Parc del Fòrum y aledaños, empezamos nuestra habitual crónica del Primavera Sound, escrita a múltiples manos intentando llegar al máximo de lugares posibles. Nos guardamos la valoración global del festival para el final, y nos centramos de momento únicamente en la música, con estas más de 20 crónicas de los conciertos que vivimos durante la primera jornada del Primavera Sound 2014 (más dos conciertos del día anterior que merecían un comentario). Entre ellos, claro está, los grandes cabezas de cartel de este año (Arcade Fire), además de los cabezas de cartel encubiertos (Neutral Milk Hotel) y un montón de grupos apetecibles del momento (Chvrches, Future Islands, Metronomy, St. Vincent, Disclosure…). ¿Estuvieron todos a la altura? ¿Hubo sorpresas? ¿Quién acertó en sus decisiones ante los solapes? Todo, aquí debajo.

 

BRIAN JONESTOWN MASSACRE

Hay algo que he tenido siempre bastante claro desde que me topé con Brian Jonestown Massacre: si no han abrazado nunca al gran público es porque, sencillamente, no les ha dado la gana. Anton Newcombe lleva más de veinte años sacando discos con una periodicidad asombrosa. En 1996 publicó tres. Los tres contenían dieciocho canciones cada uno. Y salvo el impás entre 2003 y 2008, raro ha sido el año que no hemos tenido disco de los californianos. Ese exceso de productividad, obviando todas y cada una de las reglas de la industria, es lo que les hace únicos. Pero también absolutamente imperfectos. Si Brian Jonestown Massacre hubiesen sacado discos de diez canciones cada tres años estaríamos hablando de uno de los mejores grupos de todos los tiempos. Pero no de Brian Jonestown Massacre. El Primavera Sound nos dejó acercarnos al grupo el miércoles después del chaparrón, con la sensación de que aquella era una oportunidad seguramente irrepetible en un contexto similar, al menos dentro de nuestras fronteras. Y fue allí, en la sala Apolo, donde BJM reflejaron que son un grupo único. Fue en esa hora escasa donde terminamos por ser conscientes de lo maravillosa que es su discografía si sabes cribar. De la cantidad de canciones bárbaras que han firmado. Ellos lo hicieron y se presentaron con un set que lucía cargado de hits. Uno tras otro, tras otro, tras otro, tras otro, tras otro. Cayeron ‘Nevertheless‘, ‘Got My Eye On You‘, ‘Oh, Lord‘ o ‘Servo‘; cayó el fantástico tridente de su último nuevo disco (‘Food For Clouds‘, ‘What You Isn’t‘ y ‘Goodbye (Butterfly)‘; cayeron joyazas como ‘Who?‘ o ‘The Devil May Care‘. Y todo allí sonaba fantástico. Anton, impasible, clavaba las voces y hacía rugir las cuerdas cuando tocaba. Matt Hollywood, el eterno secundario, llevaba la voz cantante en las guitarras. Joel Gion, excéntrico como él solo, agitaba su pandereta y se reía cuando coreaban su nombre. El resto de la banda era una apisonadora de psicodelia atormentada y trasnochada que se lo pasaba bien allí arriba. Para cuando tocaron ‘Not If You Were The Last Dandy On Earth‘, la sala ya estaba entregadísima berreando ese «Take my money, take my time, take my sister, i don’t mind!» y haciendo suyos, nuestros, los coros del estribillo («pa pa papa pa, uh uh uh!»), quizá el más grande que hayan hecho nunca. No faltaría el cierre, cómo no, con ‘Anenome‘, pero casi ni lo recuerdo. Mi cabeza volaba ya altísima, extasiado y anestesiado por lo que había visto. Recital. (Sonida Collective)

SKY FERREIRA

Sky Ferreira

Foto: Dani Cantó

Lo de Sky Ferreira no merece demasiadas líneas. La nueva chica mala del pop alternativo dejó claro con su paso por la jornada inaugural del Primavera Sound 2014 (de noche y lloviendo a cántaros, ella salió luciendo gafas de sol) que por ahora hay poco donde rascar. Puede que llegara algo perjudicada a nivel físico (que si alergias, esguinces e infecciones), pero la timidez de la chica y su poca presencia en el escenario no parece que fuera algo circunstancial, sino más bien permanente. Eso, sumado a que su voz en directo no da la talla y que el concierto estuvo plagado de problemas técnicos y de sonido (hasta el punto que detuvo una canción a la mitad por ello, eso cuando no entraba antes o después de lo que le tocaba), por no hablar de la molesta lluvia (vale, eso no fue culpa suya), logró que este fuera uno de los conciertos más flojos que recordamos haber visto en mucho tiempo. Ni siquiera canciones efectivísimas como ‘24 Hours‘, ‘You’re Not The One‘ o ‘Everything Is Embarrassing‘, interpretadas con algo de ímpetu y poco más, pudieron remediarlo. (Aleix)

REAL ESTATE

Real Estate

Foto: Pablo Luna Chao

De Real Estate uno espera, básicamente, lo mismo que de una pareja sentimental de tiempo. Esto es, que te haga moverte en una zona de confort en la que perdure la ilusión (el reciente y magnífico Atlas la garantiza durante un buen tiempo) sin que haya grandes sobresaltos (su concierto empezó calcando el inicio del propio Atlas, encadenando ‘Had to Hear‘, ‘Past Lives‘ y ‘Talking Backwards‘). Un súbito cambio de perfume tras tantos años de convivencia, por ejemplo, puede hacer saltar las alarmas: ¿y si me la está pegando con otro? Los de New Jersey, por suerte para sus acérrimos, mantienen el mismo aroma desde que debutaron en 2009. Ese aroma a domingo soleado por la mañana, a tostadas recién hechas y a paseo con el periódico bajo el brazo, que tiene bastante que ver con las primeras horas de un festival… aunque sea jueves. Imposible imaginar hilo musical más apropiado para el comienzo oficial del Primavera Sound que las guitarras relucientes (a pesar de algún amplificador con ganas de dar la lata en la preciosa ‘Primitive‘) y los coros encantadores del trío. (Víctor)

RODRIGO AMARANTE

Sacrificar a Real Estate, que vienen de publicar un disco redondo, fue una decisión dura. Pero al final pudo más la excitación por la novedad, la repentina filia que nos ha entrado con el debut en solitario de este brasileño, y allí nos plantamos a verle, ante el sol agradecido del jueves post-diluvio. Rodrigo Amarante vino con banda, luciendo barba espesa, sonrisa grande y un castellano gracioso («¡grasia, tío!»«¡mi guitara estáh frita!») que le valió para caer bien rápido. La hora y el sitio, lo sabemos de otros años, es traicionero y triunfar es casi imposible. Amarante ejerció, en cierto modo, de muy anticipado telonero de Caetano Veloso y tuvo allí a muchos compatriotas fieles. Encandiló cuando se quedó sólo en piezas deliciosas como ‘Irene‘ y llegó a divertir en otras más movidas, ya al final, como ‘Hourglass‘ o la carnavalesca ‘Maná‘, que se amoldaban más al entorno y esas primeras cervecitas del festival. Bailamos flojito y nos conmovimos a ratos (‘The Ribbon‘, al cierre), aunque el bolo tuvo más de una meseta. Mejor el disco. (Daniel Boluda)

THE EX

Eran una de esas bandas desconocidas para muchos, una de esas propuestas que hacen del eclecticismo la mejor virtud del Primavera Sound. The Ex aparecían en el escenario ATP a media tarde, con público presente para ver qué podía deparar un grupo de punk holandés que lleva publicando discos desde 1979 y que, además, cuenta con colaboraciones con Steve Albini o algunos miembros de Sonic Youth. Si bien su música ha experimentado cambios a lo largo del tiempo, lo cierto es que la actitud del cuarteto parece no haber sufrido excesivas variaciones. Una base marca del género, repetitiva y contundente, desde luego más próxima a Sex Pistols que a las oscuras florituras de Mark E. Smith, y la entrega de los de Amsterdam hicieron de su aparición en el festival una agradable sorpresa. A lo que hay que añadir una batería sorprendente como Katherina Bornefeld, una mujer que podría pasar por la madre de cualquiera de los asistentes excepto cuando empuña las baquetas e interpreta algunos de los temas de su grupo. El de The Ex no competirá como uno de los mejores recitales de esta edición, pero tampoco dejó indiferentes a los que arriesgaron con una apuesta peculiar. (Carlos Marlasca)

MIDLAKE

midlake

Foto: Pablo Luna Chao

Visto lo visto y llovido lo llovido el miércoles, que el Sol apretara a eso de las siete y media del jueves alegró a todos. Bueno, a todos no: al folk cósmico-pastoral (¿eing?) de Midlake le vino regular tirando a mal. Ya se sabe, su propuesta es carne de camisa de leñador, no de raybans. O era así hasta la marcha de su líder, un Tim Smith que parece haberse llevado consigo gran parte de la magia y el encanto que tenían los texanos. El asunto resulta bastante más evidente en directo que en estudio, sirva el más que decente Antiphon como prueba. Un álbum que marca el nuevo lenguaje de estos Midlake post-Smith: mayor protagonismo para las guitarras en detrimento de los juegos vocales, menos matiz y más músculo, menos floritura y más formalismo. Ahora raspan más y embelesan bastante menos, incluso cuando recuperan joyas de The Trials of Van Occupanther como ‘Young Bride‘ o ‘Roscoe‘. Toca aceptar que son otro grupo a pesar de mantener el nombre y aprender a valorarles. O, simplemente, perderles la pista: bandas como la que vimos sobre el Escenario Sony hay a patadas. (Víctor)

POND

pondmariana

Foto: Mariana Borau.

Hasta la fecha, la del jueves era la primera y única cita de los australianos Pond en nuestro país. Un lujito de este Primavera porque quién sabe hasta cuándo será la próxima, teniendo en cuenta la ajetreadísima agenda de Tame Impala, la distancia que nos separa y la multitud de proyectos personales de sus miembros. Así que lo que los fans esperábamos era un karaoke lisérgico de ese éxtasis de pop caleidoscópico que es Beard, Wives, Denim, su disco más celebrado. Nada más lejos de la realidad. Pond vinieron a Barcelona con un set cortísimo que no llegó a los tres cuartos de hora y sólo tuvieron una concesión con BWD en la coreadísima ‘You Broke My Cool‘. Lo demás, material nuevo, con el repaso pertinente a Hobo Rocket, el EP más reciente en su discografía. Y es ahí donde la banda capitaneada por el esquizofrénico Nick Allbrook puede perderse. Los aussies salieron con ‘Whatever Happened To TheMillion Head Collide‘, que marcó el camino de lo que vendría después. Allbrook, diminuto y con la cara pintada de azul, se contoneaba en el micro, pero su voz no brillaba. Por detrás, batería, sinte y guitarras explotaban en dosis de rock rabioso cuando tocaba y se enfrascaban en jams espaciales con menos esmero y gracia que cuando lo hacen con Tame Impala. Y, si bien es cierto que hubo momentos brillantes (los trallazos de ‘Giant Tortoise‘ o ‘Midnight Mass‘) y que técnicamente son inmejorables, el poso que dejaron Pond es que no terminaron de aprovechar sus virtudes. Bien, pero esperábamos más. (Sonida Collective)

ANTIBALAS

Hay varios motivos por los que me decanté por Antibalas el jueves a las 20:30h en el Ray-Ban. Uno de ellos, y puede que el más importante, es que es mi escenario favorito. Cerca de barras, comida y de otros tres escenarios de programación afín como como Pitchfork, Vice y ATP. Siempre me gusta estrenarlo cuando aún hay luz del día y el “anfiteatro romano”, así es como le llamamos en grupos de WhatsApp o cuando no tenemos ganas de pensar, brilla majestuoso. Que la brama acerca de su concierto la noche anterior en Apolo fueran comentarios positivos y con la categoría de “fiesta” también sumó puntos, y, qué demonios, el frescor de una orquesta con alma sudamericana afincada en Brooklyn y de inspiración en el afrobeat solo puede significar algo que apetece mucho cuando se empieza un Primavera Sound: baile. Hasta el más cuelloabotonado se destapa cuando Antibalas se ponen a trabajar. Percusiones tribales de todo tipo, guitarras, bajo funky, saxos, trombones, coros selváticos… Ritmos herederos de Fela Kuti que cogen de la cintura el jazz más turbio y, como decíamos, siempre mantiene esa pequeña brisa latina que lo suaviza todo. La verbena callejera ideal. Que luego solo supiéramos distinguir ‘Che Che Cole‘ y ‘Elephant‘ no resta que fuera un excelente inicio de jornada y de festival. (Jordi Isern)

WARPAINT

warpaint

Foto: Pablo Luna Chao

Su disco ha sido, probablemente, una de las decepciones del año. Y no porque sea malo, ojo, sino porque las expectativas estaban tan altas y el adelanto nos gustó tanto que al no calar el resto nos quedamos un poco con el morro torcido. A pesar de todo, y en aras de la pluralidad de esta crónica que leen, pusimos rumbo al Heineken a ver cómo les sentaba a estos temas la luz del ocaso. Y nos fuimos con una sensación extraña. Warpaint son impecables en directo. Dirigidas por una tremenda Stella Mozgawa a la batería, las angelinas afinan casi siempre y clavan prácticamente a la perfección las canciones de sus dos álbumes. Pero ya. Uno estaba allí mirando el show y pensando: «qué bien hecho… y qué aburrido». Todo controlado, todo medido, todo previsible. La banda no se concedió apenas espacios para salirse del guión salvo algún arranque poco convincente y el homenaje a Bowie, ya hacia el final. El escenario acabó quedándoseles algo grande, muy a nuestro pesar. No les vendría mal ver lo que hicieron HAIM allí mismo sólo 24 horas más tarde. No siempre tocar bien es sinónimo de dar un buen bolo. Eso es así. (Daniel Boluda)

MAJICAL CLOUDZ

Por aquí hemos defendido en innumerables ocasiones los talentos del canadiense Devon Welsh. Impersonator, su segundo largo como Majical Cloudz, era un disco hasta necesario en un mundo en que la imposta y lo superfluo avanzan disfrazados hasta lo más alto en infinidad de ocasiones. Era, y es, un disco magnífico, desgarradoramente sincero, poderosamente perturbador, cruelmente visceral en cada sílaba que sale de la gutural voz de Welsh. Y con eso, unos sintes tímidos y unas percusiones anecdóticas pero muy bien colocadas, su fórmula funciona y sobra para que tuviésemos ganas de comprobarla en directo. Y, curiosamente, por cliché que suene, fue precisamente su mayor y casi única virtud en el estudio la peor aliada de su set en vivo. Cabe plantearse si un proyecto así es compatible con un show a la altura. Si funcionaría en el contexto adecuado. Pero la realidad es que en el escenario portuario no lo hizo. Aquello fue un tostón. Sobraron poco más de veinte minutos para comprobar el naufragio. Majical Cloudz apostaron todo a la voz y personalidad de su líder, que abrasa con su mirada y se retuerce como un robot con el micro, y dejaron los teclados, flojos y sin gracia, y los beats, inexistentes, en un segundo plano. Insuficiente para llenar y convencer, ni siquiera con la celebrada ‘Childhood’s End‘ o ‘Turns Turns Turns‘, que sonaron planas y monótonas, carentes de los picos de intensidad y la fuerza que recorren el disco. (Sonida Collective)

NEUTRAL MILK HOTEL

El mero hecho de que un Jeff Mangum barbudo se subiera a un escenario acompañado de los amigos que le ayudaron a firmar los dos discos de Neutral Milk Hotel ya convertía su concierto en el Primavera Sound 2014 en algo histórico. Cierto es que vivimos un emocionante aperitivo hace dos años, con la presencia de Mangum en solitario en aquellos dos memorables bolos en el Auditori, pero esto era el pack completo, la experiencia total, el concierto que cualquiera que haya quedado prendado de In The Aeroplane Ove The Sea llevaba años esperando. De hecho, Jeff salió al escenario en solitario, como enlazando con su anterior visita, para interpretar una comunal ‘The King of Carrot Flowers Pt. 1’ que obviamente desembocó en las partes 2 y 3, con la consiguiente incorporación del resto de la banda y el escenario ATP al completo cantando al unísono eso de “I love you Jesus Christ”. Y así, en un clima de devoción absoluta a ese individuo al que apenas se le veía la cara, que sin embargo rasgaba la guitarra y se desgañitaba exactamente igual que lo hacía en disco hace 15 años, sucedió el histórico concierto de Neutral Milk Hotel. Lástima que ‘Holland, 1945’ sonara demasiado destartalada (incluso para ser ellos), y que finalmente no hubiera sitio para ‘Oh Comely’, porque hubieran significado la sublimación absoluta de un concierto que tuvo en su parte central su momento de épica con puño en el aire al son de las encadenadas ‘Two-Headed Boy’, ‘The Fool’ e ‘In The Aeroplane Over The Sea’, que incluso se permitió el lujo de rescatar composiciones anteriores como ‘Naomi’ o ‘Song Against Sex’ que no desmerecieron en absoluto, y que concluyó de la misma manera que su seminal álbum, con una ‘Two-Headed Boy Pt. 2’ que ojalá durara para siempre, y que esta vez vino acompañada en su parte final por ‘Engine’, cara B emotiva y sentida que refleja bien ese carácter oculto (y de culto) de Neutral Milk Hotel. Histórico, y probablemente irrepetible. (Aleix)

ST. VINCENT

St Vincent

Foto: Pablo Luna Chao

Si algo no se le puede negar a St Vincent es que es una artista, en el sentido amplio y positivamente pretencioso del término. Annie crea ‘obras’ más que discos. Idea conceptos sobre los que hace girar su música, pero también su estética y sus conciertos. Con su penúltimo álbum, Stange Mercy, nos convenció hasta coronarlo como el mejor de su año y desde entonces hemos seguido sus pasos con más fervor si cabe. Su homónimo de este año, tan bien recibido por la crítica como el anterior, ha creado en cambio más división en nuestra redacción. A este que escribe, concretamente, le resulta un disco tan interesante en el detalle como frío en el conjunto, sin frases asesinas que llevarse al hígado. Y ahora, al escribirlo, se me ocurre que esa no es mala forma de describir también el directo que lo presenta. Hace unos meses vimos este show en una visita fugaz a París y no escribimos de él porque nos pareció poco más que suficiente. El jueves, Annie Clark lo hizo notablemente mejor que entonces y consiguió convencer a bastantes teniendo en cuenta la competencia del momento (el merecido tardohype de Future Islands y el ejercicio de nostalgia curativa de Neutral Milk Hotel). Arrancó salvaje, con ese pelo blanco cortando su atuendo negro. Cantando perfecto, poseída como sólo ella sabe por su instrumento, dando calambrazos por al escenario como una manguera desbocada, sentando cátedra como guitarrista. En el primer arranque, soleando en ‘Rattlesnake‘, demostró más personalidad a las seis cuerdas que el 90% de los guitarristas del festival. Granduciel, Segall, Harrington, os queremos. Y, aún así, les seré sincero: no sufrí el éxtasis esperado. Era la tercera vez que la veía en directo y la primera que tuve la sensación de verla sobreactuar. Me costó creerme la parafernalia robótica, las coreografías engranadas y ese dejarse caer cual diva malherida por el podium/pastel que presidía el escenario. Todo el rato con la cabeza entre el «qué loca adorable» y el «es un poco de vergüenza ajena». Como su álbum, su directo tiene momentos brutales (casi siempre que solea, ese momento en que entra el riff tsunámico de ‘Huey Newton‘, cuando rescata ‘Cruel‘ o ‘Year of The Tiger‘ (qué temazo), pero al conjunto le faltó algo, no sé qué. Calor, verdad. Fu,e con todo, uno de los mejores conciertos del día y la confirmación de lo dicho: Annie es una artista, de las que arriesga y cree en lo que hace. Esta vez a mi no me matas Annie, pero olé tú. (Daniel Boluda)

FUTURE ISLANDS

Ya han pasado cuatro décadas desde que el gran Gil Scott-Heron soltara aquello de que «the revolution will not be televised» y aún desconocemos si llevaba razón. Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que raro es el salto a la fama que no llega a través de una pantalla. Porque no hay que engañarse: Future Islands son algo así como el grupo de moda por culpa de su sonadísima aparición en el plató de David Letterman. Algo que es tan verdad como que los de Baltimore no hubieran podido abarrotar el Escenario Pitchfork (mientras St. Vincent y Neutral Milk Hotel actuaban a la misma hora, recuerden) si tras esa performance no hubiera chicha musical. La hay, y de sobra, en su último trabajo, un estupendo Singles que sobre las tablas suena hipervitaminado, propulsado por un coraza electrónica que corre a cargo de un cuarto miembro añadido para la ocasión. Citius altius fortius, que dirían aquellos. ¿Y qué hay de Samuel Herring, el frontman del año? Doce líneas y aún no ha aparecido por aquí, tiene mérito. Especialmente porque este hombre con pinta de stripper jubilado y voz cambiante lo es to-do en el directo de Future Islands. Baila, se menea, señala al cielo al borde de la lágrima, lanza besos, se golpea la cabeza y el pecho y, sobre todo, suda durante un ratito en el que ‘A Song for Grandfathers‘ funciona, hacia el ecuador del setlist, como único momento para recuperar resuello. Antes, ‘A Dream of You and Me‘ o ‘Balance‘; después, una jaleadísima ‘Seasons (Waiting On You)‘ y ‘Spirit‘, pero también ‘Tin Man‘ y ‘Long Flight‘. Dos pruebas fehacientes de que aquí ya había vida antes de Letterman, de que el trío llevaba años reclamando un reconocimiento similar al que ha obtenido ahora. Más vale tarde. (Víctor)

QUEENS OF THE STONE AGE

Queens of the Stone Age

Foto: Pablo Luna Chao

Este año el enorme crecimiento del festival podía intuirse analizando los cabezas de cartel. Dos de ellos, Queens of the Stone Age y Nine Inch Nails pertenecían a ese selecto grupo de bandas que trascienden géneros, pero que pocos festivales se pueden permitir. Quizá por eso el concierto de Queens of the Stone Age, más contundente y masivo de lo que el público medio del Primavera Sound está acostumbrado a escuchar (grupos de metal y post-metal a un lado), pudo suponer un vendaval sonoro para muchos, al mismo tiempo que fans habituales de la banda detectaban una cierta tendencia a la relajación de la formación estadounidense. Y es que los de Josh Homme se amoldaron al contexto, y aparte de sus hits más rotundos (‘No One Knows’, ‘Little Sister’ o ‘Go With The Flow’, bien administrados en momentos clave de su repertorio) optaron por mostrar su vertiente más moderna, la que les entronca más con los Arctic Monkeys actuales, por decirlo de alguna manera (no por casualidad son amigos Alex Turner y Homme). Aún así, aunque según muchos estuviera a medio gas, Homme es un auténtico animal en el escenario, desbordando intensidad pero aún así siempre infalible, y liderando a un grupo con una salud de hierro que ya querrían muchos otros. (Aleix)

CHVRCHES

Chvrches

Foto: Santi Periel

Lauren Mayberry alucinaba con la cantidad de gente que había escogido a su banda en lugar de Queens of the Stone Age y lanzaba una súplica: »Please, don’t go. Stay». Y es que Chvrches, que hace unos meses telonearon a Depeche Mode en unas cuantas fechas, saben bien el reclamo que supone un grupo XXL como puede ser el comandado por Josh Homme. Contra eso, hype más que merecido y hits a cascoporro. Antes de los diez minutos de actuación, ‘We Sink‘ y ‘Lies‘. Como para largarse de allí. Para entonces, la adorable Mayberry y sus dos escuderos ya habían rematado lo que dejaron a medias en el sí-pero-no que fue su paso por el FIB 2013. «Aún deben refinar» lo que tienen entre manos, decíamos tras aquel primer cara a cara con los londinenses. Pues bien, han refinado que da gusto. Han vencido la tentación de hinchar en exceso los graves y, como consecuencia, su lujoso synthpop puede respirar y Mayberry puede demostrar que es mucho mejor cantante de lo que dicen algunos youtubes furtivos. La muchacha no es una virtuosa, pero no tiene problema ninguno en reproducir todo lo que encontramos en The Bones of What You Believe. No es la única: Martin Doherty no patina precisamente en una ‘Under the Tide‘ que llegó antes del doblete final. ‘By the Throat‘, ‘The Mother We Share‘, ovación cerrada y la certeza de que estos tres habrían triunfado igualmente en un escenario mayor que el Pitchfork. (Víctor)

ARCADE FIRE

Arcade Fire

Foto: Pablo Luna Chao

Los canadienses, principal reclamo del día para muchos, han llegado ya a ese punto de su carrera en el que a cualquiera que les siga desde Funeral, y les venere de paso, le cuesta escribir una crítica mínimamente objetiva. Saben de sobra que son favoritos de esta casa y que incluso nos subimos al carro de su último y algo polémico trabajo, cuarto mejor disco del año pasado sin ir más lejos. Por eso quizás, estábamos con bastante antelación ante el escenario Sony, todavía con las últimas notas de Queens Of The Stone Age retumbando en la otra punta de Mordor. Y también por eso quizás no sufrimos los problemas de sonido y volumen que tanto se comentaron después: en las 20 primeras filas, en línea con la torre de sonido de la izquierda, el sonido fue aceptable al principio e incluso bastante bueno al final. Claro que, costando lo que cuesta el abono y dadas las aspiraciones melómanas del festival, ese debería ser el caso en buena parte de la pista. Parece que no lo fue. Dicho queda.

Arcade Fire toman el escenario como un ejército y afrontan esta guerra del directo como la batalla de Stalingrado. La escenografía, los visuales, el vestuario, la música. Todo a tope. Arrancaron con ‘Reflektor‘, engrasados como si llevasen ya 50 minutos de bolo, musculosos y precisos, especialmente para esa maraña de manos ejecutoras. Win Butler sigue mandando, cantando impecable, interpretando las letras, acolchado por la voz de su mujer cuando se suma. Ella, en cambio, cada día canta peor, la pobre. Cuando se queda sola ante el micrófono, se le ven las costuras como a un balón de rugby. Pero a esto iba en la primera frase: visión objetiva, «Regine, cantas mal»; visión subjetiva: «¡¡joder, ‘Sprawl II‘, me da algo!!». Y es que una banda que sale y en el primer cuarto de hora te enlaza sin respirar dos himnos como ‘Neighborhood #3 (Power Out)‘ y ‘Rebellion (Lies)‘ no es una banda más, no es un grupo que viene a tocar su set de gira y a casa. Es una banda que tiene ya un sitio en la historia y que va por el mundo casi en la cresta de la ola regalando oportunidades de comunión generacional, chance para el berrido colectivo, la orgía melódica y la alegría. «Take it from your heart, put it in your hand!», ya saben. Puesto así, encima de un escenario, su repertorio es acojonante. Uno piensa constantemente que están quemando todo lo bueno demasiado rápido, ‘Joan of Arc‘, ‘Rococo‘, ‘Ready To Start‘, ¡’No Cars Go‘!, ¡¡’Keep The Car Running‘!!… Pero en hora y media apenas hay lugar para la medianía. Cuando uno piensa que llega el declive, te enlazan ‘We Exist‘ y ‘Afterlife‘ y vuelves a creer. Es cierto que esta vez no vimos el derroche de energía total que sí nos dieron hace años en el Palau Sant Jordi. El show estuvo más centrado en la pareja Win – Regine (con colofón en la preciosa ‘It’s Never Over (Oh Orpheus) con ella cantando en un pedestal sobre la pista, la realización fundiendo sus caras en las pantallas) y la banda participó menos de la fiesta. Con todo, siguen en otra liga. Hacer sonar así a un grupo que parece la lista de Del Bosque es tremendo. Y nosotros, desde la subjetividad fan, volvimos a poner rodilla en tierra. Gracias, Arcade Fire. (Daniel Boluda)

Charles Bradley

Charles Bradley

Foto: Èric Pàmies

Que un tipo en la sesentena alcance el éxito a esa edad podría generar uno de esos llamados nuevos ricos. Pero la soberbia no entra dentro en el diccionario de Charles Bradley, y sí otras virtudes como la honestidad y la entrega. Renunciar a Arcade Fire era un lujo, desde luego, pero aquellos que optaron por el actual padrino del soul tuvieron una merecida recompensa. Ataviado con un traje blanco, al más puro estilo James Brown, Bradley salió al escenario con la voluntad de no dejar nada en la reserva. Y no lo hizo con una actitud desafiante, como lo hace de forma exquisita Nick Cave, sino en señal de agradecimiento a los presentes, a los que han hecho realidad su sueño, a aquellos gracias a los que ha alcanzado su tardío éxito. Un éxito del que disfruta a cada momento sobre el escenario, imprimiendo toda su pasión a cada una de las canciones que interpreta con una banda de lujo que le comprende tanto en su vertiente más soul de ‘You Put The Flame On It’ como en la más funk de ‘Confusion’ o ‘Love Bug Blues’. Bradley bajó a saludar en la dulce ‘Why Is It So Hard’, Bradley rugió arropado por su sublime sección de vientos y Bradley derramó lágrimas. Y, por supuesto, el hombre que vive su particular cuento de hadas apareció en este Primavera Sound para escribir una página con letras de oro. (Carlos Marlasca)

DISCLOSURE

Disclosure

Foto: Dani Cantó

Solo un año después, Disclosure repetían en el festival, una escena prácticamente insólita en el Primavera Sound, y que solo se explica con el inmenso salto de popularidad que han dado. Hace 12 meses, Disclosure actuaron en el escenario Pitchfork prácticamente estrenando live y todavía en plena emergencia, y ahora los hermanos Lawrence han regresado casi en ‘prime time’ (justo después de Arcade Fire) y en uno de los dos escenarios principales. Su show ha mejorado también en fluidez y contundencia, manteniendo ese interés por lo orgánico y evidenciando que estos chavales están aprendiendo con cada paso que dan, pero también es cierto que un concierto que empieza con la monumental ‘When A Fire Starts To Burn’, y que inmediatamente después arremete con ‘You & Me’ (algo mermada por el descomunal remix de Flume) y su gran hit ‘White Noise’, difícilmente puede mantener el ritmo. Y así sucedió, algo que ni siquiera la final ‘Latch’, con la voz (grabada) del casi-consolidado Sam Smith, puedo evitar. (Aleix)

MODERAT

Moderat

Fotos: Pablo Luna Chao

Primera aparición de Moderat con su nuevo disco en tierras españolas y mucha expectación por ver lo que iban a dar de sí los alemanes. Su electrónica está predestinada a atraer al gran público y a llenar grandes superficies. Después de la actuación de Justice en el certamen hace dos años, se podría pensar en un chasco similar. Nada más alejado de la realidad. La fusión de Modeselektor y Apparat superó con creces las expectativas. Su concierto se abría con ‘A New Error’ y se agradecía esa contundencia con la que comenzaron con un sonido impoluto. Las visuales que Sascha Ring, Gernot Bronset y Sebastian Szary proyectaban a sus espaldas incidían en el subconsciente y recreaban la sensación onírica de muchos de los temas de la banda. Sonó deliciosa ‘Bad Kingdom’ y el crescendo de esa joya que es ‘Rusty Nails’ fue una auténtica maravilla. El final de su actuación colmó a los más intranquilos con un cierre explosivo y memorable. Dentro de pocas semanas volverán a Barcelona para actuar como uno de los grandes nombres del Sónar 2014. Su paso por la ciudad condal confirmó que lo de sus dos primeros discos no ha sido ninguna casualidad. (Carlos Marlasca)

METRONOMY

Dicen las malas lenguas que Metronomy en directo son los Ozil de esto: capaces de ser los mejores cuando quieren, con una clase que emboba y despierta pasiones, pero también irregulares, coleccionistas de luces y sombras. Servidor sólo había visto a Joseph Mount y los suyos una vez: en aquel Optimus Alive de hace dos años. En una carpa pequeña, cerrando el festival a las tres de la mañana y con The English Riviera reciente, Metronomy fueron un auténtico torbellino y salieron con una ovación tremenda que les dignificaba, en las últimas, como merecidos ganadores del festival. Dos años y un disco después, los ingleses son más completos y versátiles en directo, con su último Love Letters mediante, lo que no significa que sea algo bueno per se. A Barcelona salieron, no obstante, con el material más lejano y destartalado de la ya mítica Radio Ladio con ganas de empezar en lo alto. Pero pocos guiños más a ese punk de sintes que vestían en el pasado llegarían después. Los actuales Metronomy se deben a sus dos últimos trabajos, y por ellos cabalgaron durante una hora en la que las luces y sombras aparecieron en el mismo concierto. Arrancaron infalibles con la citada ‘Radio Ladio‘, ‘Love Letters‘ y ‘The Look‘. Pum, tres singles del tirón, uno de cada disco. Lo que tiene ir haciendo años. A partir de ahí, la acumulación de medios tiempos no ayudó. Sonaron preciosistas en ‘I’m Aquarius‘ o ‘Everything Goes My Way‘, con los coros femeninos de la radiante batería Anna Prior, poderosamente oscuros en ‘She Wants‘ y divertidamente friquis en ‘Reservoir‘, pero entre tanto hubo momentos insulsos y una sensación general de sí pero no hasta que se arrancaron, ya en el cierre, con ese hit atemporal que es ‘The Bay‘. Al final, una cosa tan tonta como esta es de lo más significativo: en Lisboa recuerdo abrir la boca exclusivamente para exclamar algún «buah» y acabar con agujetas en los pies; en Barcelona nos tiramos de cháchara todo el concierto y nunca más volvió a ser mentado. (Sonida Collective)

JAMIE XX

Tras apurar las últimas fuerzas que nos quedaban en el muy sentido live de los locales Lasers –cerraron con su remix de la homónima de Desert–, nos acercamos al escenario número uno del Primavera, el anfiteatro. Jamie xx tenía la casi imposible misión de no dejar marchar a los que van al festival sin pedirse fiesta el viernes, los que quieren dosificarse, y los que dudaban entre él y Julio Bashmore. Lo consiguió un poco a medias, y no por no saber buscar en su maleta. Con camisa blanca (es de destacar, siempre lo hemos visualizado de negro impoluto) y encima de una pequeña tarima, se fue soltando, y parecía estar ya a gusto del todo cuando decidió lanzar uno de sus mejores cartuchos, ‘Sleep Sound‘, ya en el Top 5 de los mejores temas de club de 2014 y uno de los caramelos que más ganas teníamos de disfrutar en directo, al aire libre, sin fisuras. Pero no. Un fallo técnico de sonido. Y otro, y otro, y otro. El volumen al dos, luego al once y de repente todo cripeteava, Jamie que saltaba de alegría (debería de oírse por los monitores) y un técnico en la torre de sonido que trataba de hablar por teléfono y walkie talkie al mismo tiempo. La pompa de jabón estalló, y lo intentamos de nuevo, Jamie no quería rendirse y tiró de otro clásico como es el remix para el ‘You’ve Got The Love‘ de Florence and The Machine, y aunque nada llegaría a la altura de ‘Sleep Sound’, poder bailar con los primeros rayos de sol al son de ‘Far Nearer‘ fue un buen cierre. Buena sesión que iba para excelente. Esperemos verlo de nuevo. (Jordi Isern)

Foto de portada: Dani Cantó

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