06/04/2014

Crónica del primer concierto en sala en Madrid del dúo danés.

Como dice ‘JJ‘, el single que presenta su segundo trabajo, Reptile Youth parecen estar echándole un pulso a la inmortalidad. No solo han madurado artísticamente, sino que ayer demostraron ser capaces de llevar su sonido hacia nuevos senderos sin rebajar ni un ápice de la energía que desprenden sobre el escenario. Es la tercera vez que el quinteto nos visita (el verano pasado pasaron por el Santander Music y el Dcode) pero, como se encargó de recordar Mads Damsgaard Kristiansen (líder y mitad de la banda junto con Esben Valloe, bajista), ayer fue su primer concierto en solitario en España (la noche anterior tuvieron que cancelar su actuación en Barcelona por motivos ajenos a la banda).

Con una sala hasta la bandera y precedidos de los prometedores Kitai, la banda de Copenhague saltó al escenario de la madrileña sala Joy Eslava con un claro propósito: presentar su nuevo disco, el segundo disco de estudio tras su álbum de debut en 2012, arrancando con el tema que le da nombre, ‘Rivers That Run For A Sea That Is Gone‘, tan viral como todo a lo que nos tienen acostumbrados.

Reptile Youth

A pesar de que la banda comenzó tranquila, fue desenfundando su arsenal neófito con ‘All Of The Noise’, el sentimiento medido de  ‘Structures’ o los contagiosos riffs en la casi balada ‘Where You End I Begin’, siendo el nuevo hilo conductor solo interrumpido por el sonido insignia de ‘Dead End’. Pero fue la brillante ‘JJ’ (actual single de la banda) lo que realmente mostró la nueva cara de los daneses: más serios y guitarreros, con un guiño al sonido madchester y al rock de Kasabian, como demostraron con ‘We’re All In Here’ y más tarde con ‘Colours’.

Aunque si en algo no han cambiado en absoluto es la maestría con la que mimetizan poderosas melodías con letras llamadas a ser himnos en la pista de baile. Lo cierto es que es difícil ponerle pegas técnicas o estilísticas a esta banda, que demuestra un sonido formidable y una forma más que envidiable en directo, aderezada además con la estética übercool de sus cinco integrantes sobre el escenario. Si bien es cierto que Mads derrocha tanto karma que cuesta trabajo prestar atención al trabajo del resto; nada menos que tres veces hizo crowdsurfing sobre los “sexy moves” que llamaba a prodigar. Sin embargo, todos hacen un trabajo impecable y resultan últimamente imprescindibles en el engranaje de esta gran máquina de hacer bailar llamada Reptile Youth. Y eso es algo que el público, quizá poco acostumbrado a saborear esa entrega y esa conexión tan recíproca que tiene que ocurrir entre artista y audiencia, no dejó de agradecer.

Se puede objetar que faltaron himnos como ‘Yoko Ono’ o ‘Fear’, a pesar de que sí recurrieron a la efectividad de ‘Hear Blood Beat’ y ‘Black Swan Born White’, para terminar de desatar la locura con ‘Speeddance’, la única licencia que se permitió la banda tras algo más de una hora de concierto que, dado el nivel, supo a poco. Ojalá más como ellos en la escena actual. Mientras, toca esperar a septiembre para verles de nuevo.

Reptile Youth

Texto y fotos: Silvia Suárez

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