16/03/2014

Pono, la nueva apuesta de Young, te dará más calidad que un MP3, pero probablemente no lo distingas de un CD.

Tecnológicamente, esta ha sido sin duda la semana de Pono, la semana del nuevo artilugio con el que el músico Neil Young pretende poco menos que revolucionar el modo en que escuchamos las canciones. El viejo rockero, metido a empresario, ha reclutado a buena parte de los dioses del olimpo musical actual para un extasiado video de presentación en el que todos glosan, con términos bastante poco científicos, las virtudes del nuevo reproductor. Pono es sobre todo una noticia bastante lógica. Todos sabemos que los archivos mp3, incluso los de buena calidad, conllevan un cierto grado compresión, de pérdida de detalle. Lo bueno es que las canciones ocupan poco y en los tiempos del Napster, SoulSeek, Kazaa y compañía, cuando los ordenadores venían todavía con gigas en dos dígitos, nos sirvieron para contar los discos por centenares sin tener que gastarnos un dineral en espacio. Ahora que los teras se venden a precio de saldo, parece tener sentido que el peso por canción aumente: nuestro reproductor va a tener 500 gb en vez de 32 y no lo vamos a llenar jamás con mp3, bueno será entonces que las canciones que tengamos, en vez de cinco megas ocupan el doble, o el cuádruple, y que recuperemos así la calidad de audio que nos arrebataron esos perversos ingenieros de sonido del pasado. Que la calidad de la música vuelva a estar por encima de la cantidad, que los iPods se vendan por lo bien que suenan sus canciones, no porque caben 100.000. Totalmente a favor. Dicho lo cual.

https://vimeo.com/88705147

Nada nuevo 

En la página de Pono, Neil y los suyos se ponen a darnos respuestas sobre su aparato. Primera duda y principal, ¿es Pono un nuevo tipo de archivo? ¿Existirá HeartOfGold.pono? No. Pono es un reproductor que utilizará como estándar archivos FLAC (Free Lossless Audio Codec). Estos archivos, que comprimen menos que el mp3 sin que las canciones terminen ocupando como películas, son ya bastante conocidos por cualquiera que baje música de forma legal o alegal. Portales como Bandcamp ofrecen de hecho los discos en estos formatos. Para hacernos una idea, en el FLAC de más baja definición (equivalente a calidad CD), una canción de tres minutos ocupa aproximadamente 20mb. Y digo de más baja definición porque, como en el caso del mp3, los archivos FLAC también ofrecen diferentes grados de calidad de sonido, desde mencionado el estándar de CD (44.1 kHz/16 bit), que Neil Young considera caca, hasta el pajote mental (192 kHz/24 bit), que es un poco lo que él nos vende.

Resuelta esta duda, cabe decir pues que Pono no es nada nuevo. No abre un mercado diferente. Hoy en día existen aplicaciones para smartphone (Poweramp y tantas otras) que permiten reproducir desde tu movil archivos FLAC. Vale, los teléfonos no están pensados para reproducir música, pero ni por esas Pono es una revolución. Marcas como Fiio, Astell & Kern o hasta la propia Sony tienen en el mercado reproductores de FLAC portátiles que tienen además la ventaja de no parecer un Toblerone. ¿Nadie ha pensado en las implicaciones estéticas de esa cosa metida en el bolsillo de unos vaqueros? Llamadme loco.

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Audiofilia sí, ciencia también

Basta de estética, volvamos al titular. ¿Está Neil Young intentando colárnosla? Para acercarnos más a la respuesta, vamos a tener que hablar de numeritos, de los que acabamos de ver antes. ¿Qué significa eso de 44.1 kHz/16 bit? Esos parámetos reflejan la cantidad de información que nuestros aparatos (en general) invierten en representar las ondas sonoras por cada segundo de sonido. No se me pierdan, más fácil. Imagínense que esto es un ejercicio de puntillismo, pero en lugar de hacer un paisaje impresionista nuestro aparato tiene que dibujar un segundo de onda sonora. Esos 44.1 kHz/16 bit quiere decir que para hacerlo dibujará 44.100 puntitos utilizando una paleta de algo más de 65.000 colores (2 elevado a 16).

Aplicando aquí unas matemáticas de primaria, descubriremos que 44.100 puntitos en un segundo equivalen a 4.410 puntitos en una décima de segundo, a 441 puntitos en una centésima de segundo y a 44,1 puntitos en una milésima de segundo. Para dibujar la onda que recorre una milésima de segundo, la calidad CD dibuja 44 puntitos y los une. La calidad que propone Pono cambia los 44 puntitos por 192, y en vez de 65.000 colores, utiliza más de 16 millones. ¿Sí?

Ahí tienen una milésima y sus 44 puntitos.

Ahí tienen una milésima y sus 44 puntitos.

¿Han escuchado alguna vez una milésima de segundo de audio en loop? Pues sea de lo que sea suena igual: un pitido infernal. El pitido de Neil tiene una definición de la hostia, pero suena igual de infernal que el otro. En teoría, el oído humano no es capaz de distinguir entre reproducciones de 44.1 kHz y 192 kHz igual que nuestros ojos no pueden distinguir entre 30 fotogramas por segundo y 10.000 fotogramas por segundo. Reproducidos a tiempo real, vemos lo mismo. En el mundo del video más fotogramas por segundo tienen sentido para conseguir el efecto de cámara lenta, pero en el audio, que siempre vamos a escuchar a la velocidad correcta, parece no tener mucho sentido.

Nuestros oídos no son Dios  

Por desgracia nuestro organismo tiene límites. Nuestro espectro auditivo va de los 20Hz a 20.000Hz, y eso, en realidad, sólo en un mundo ideal: no todos escuchan todo el espectro y en cualquier caso sólo se hace durante unos años de juventud en los que tenemos los tímpanos a tope. A partir de ciertos parámetros, nos da lo mismo ocho que 80. Asúmamoslo and let’s move on. Se imaginarán ustedes que cuando se inventó el CD y los científicos de turno se pusieron a establecer la calidad que tendrían no acabaron con eso de 44.1kHz/16bits por casualidad. Hincaron codos, hicieron experimentos y dijeron: hasta aquí merece la pena. [EDIT: La razón fundamental es que para reproducir el espectro audible por el ser humano se necesita, para entendernos, una frecuencia de muestreo de al menos el doble del ancho de banda de la frecuencia más problemática, que son los 20.000hz. Es decir, se necesitan al menos 40.000hz, así que 44.100 es suficientemente bueno. Por debajo de eso, perderíamos frecuencias potencialmente audibles]. Es largo de explicar, pero en este artículo, un señor que se llama Chris Montgomery y sabe algo de esto, lo hace bastante bien. Son 18 folios si le quitamos las gráficas, pero la clave para mi es la siguiente.

La experiencia empírica respalda la teoría de que 44.1 kHz/16 bit da la máxima calidad posible a la hora de reproducir música [insiste en reproducir porque explica anteriormente como grabar el 24 bits tiene ventajas]. Numerosos experimentos controlados lo corroboran. El autor cita uno en el que se pidió a los sujetos que escuchasen dos canciones, una en alta definición y esa misma convertida en calidad CD. Evidentemente todo con equipos de calidad extrema en salas insonorizadas al efecto y demás. De 554 intentos, los sujetos del experimento acertaron cuál era la canción en alta definición un 49,8% de las veces. Es decir: no tenían ni puta idea.

Preguntas interesantes

1. ¿Quiere esto decir que la alta definición no tiene más definición? No. La alta definición tiene más definición, pero a tus oídos les da igual de la misma forma que a tus ojos se la suda la luz infrarroja porque no la ven. Más. ¿Es posible que aunque no escuche esas frecuencias de alguna manera consigan enriquecer mi experiencia acústica en algún misterioso plano subconsciente? Vete a saber.

2. ¿Cómo es posible que tanta gente tan famosa, audiófila y respetable afirme pues notar la diferencia entre la calidad CD y la alta definición? La cuestión es muy interesante. Si quieren ser honestos, lo que les sugiero es que se pongan a prueba ustedes mismos. En este link tienen una carpeta con dos canciones bajadas de forma gratuita de la página de Nine Inch Nails, que ofrece su álbum The Slip en diferentes calidades. El archivo que ocupa 136mb es un WAV de 96kHz/24bits, el de 33mb es ese mismo archivo convertido en un FLAC de 44.1kHz/16 bits. Metan ambos en un reproductor, tomen su mejores altavoces o cascos, dense la vuelta y pidan a alguien que las reproduzca alternativamente, a ver si saben distinguir la “buena” de la “mala”.

Esa y no otra es la forma de hacerlo, porque si un señor llega con su collar hawaiano, les mete en un Cadillac y les dice: “mira qué diferencia, mira qué bien suena esta en comparación con esta otra”, está claramente condicionando su respuesta. Yo he hecho la prueba a ciegas con esos archivos -y con otros- y no noto la diferencia. En cuanto miro cuál es cuál, sabiendo que uno ocupa 100mb más que el otro, empiezo a escuchar bombos más graves y agudos más definidos. Llámenlo efecto placebo, llámenlo sesgo de confirmación: el video de Pono no es ciencia, es márketing.  Y muy bueno. Hubiese molado ver a Bruce hacer una escucha controlada a ciegas, pero ¿se imaginan que no distingue una cosa de la otra? No venderíamos un Toblerone.

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Si se fijan, la mayoría de los invitados al video hablan en términos totalmente subjetivos: “calidez”, “amplitud”, “realismo”, “sonidos que no chocan contra un muro”. Ya, no se van a poner a hablar de hercios, pero estas impresiones subjetivas, esto de “devolverle el alma a la música”, no es suficiente para que, al menos yo, deseche los mencionados experimentos científicos y corra a gastarme 400€ en un reproductor de canciones de 200mb. Por otra parte, el video no desvela qué equipo utilizaba el coche (que suponemos sería la rehostia) ni si se probó primero la música en CD y luego en 192Khz/24. Lo que si parece de coña es esto del “underwater listening”, que da a entender que la diferencia entre la calidad CD y los 192k (ojo que el diagrama ya anticipa un Pono 2 con archivos de 384kHz que te harán volar) es como pasar de escuchar música a 60 metros de profundidad a salir a la superficie.

¿Qué hago pues, tiro con mi mp3 del Carrefour hasta 2021?

NO. Está dicho en el primer párrafo y lo repito ahora: el mp3 es mejorable y hoy en día tiene mucho sentido que cualquiera que tenga interés por la música pase de los mp3 a los FLAC de calidad CD, que están, dice la teoría, en el límite de lo que nuestros oídos pueden discernir. Los archivos son más grandes, pero no son mastodónticos y estando la memoria al precio que está parece bastante razonable como nuevo estándar.

Al final, el tipo de archivo y sus características son sólo una de las muchas variables que definen con qué calidad llega la música a nuestros oídos. Depende también de la calidad de la grabación, de la calidad del máster, de la calidad de nuestro reproductor y, quizás sobre todo en esto del audio portátil, la calidad de nuestros cascos. Desgraciadamente, y esto ya es una opinión más personal, los cascos más mainstream (pienso en los Beats o los Sony baratejos) son bastante poco impresionantes. Si les interesa el tema, les sugiero que busquen dónde probarse unos Grado, unos Audio-Technica, unos Hi-FiMAN, o unos Beyerdinamic, por nombrar algunas marcas menos conocidas que ofrecen, opino, mejor relación calidad precio y no funcionan bajo el teorema de “más graves = mejor sonido”. Apostaría a que el 90% de los que leen esto notarán infinitamente más diferencia cambiando sus cascos por unos sustancialmente mejores (inviertan 90€ o más en una marca de las mencionadas, por ejemplo) que manteniendo sus cascos de batalla y cambiando sus mp3s por FLACs gigantes.

headgrado

Piensen, por último, y poniéndonos conspiranoicos, a quién le interesa el uso más o menos generalizado de estos archivos. Por un lado, a los artistas y los sellos, que te revenderán todo su catálogo a esas calidades que ni siquiera el CD alcanza. Y por otro, a las empresas de hardware, que te vendrán (Sony ya lo hace) nuevos (y caros) equipos de reproducción diseñados para esta alta fidelidad. Y claro está, toneladas de gigabytes para que almacenes toda es música. Seamos cautos.

Conclusión: si te vas a comprar un Pono para pasarte del mp3 regulero a un FLAC inteligente y tienes unos cascos que te ayuden a apreciar la diferencia, fantástico. Si te lo vas a comprar para escuchar archivos gigantes en unos cascos de 20€ creyendo que va a venir Dios a verte en forma de música y de pronto vas a vivir una experiencia mística que nunca descubriste escuchando un CD, a lo mejor te la han colado.

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