15/12/2013

Unos cuantos discos que no han entrado en nuestras listas de lo mejor del año y merecen una recomendación.

Ha sido una batalla titánica, como ya hemos dejado dicho. En los próximos días publicaremos la lista de los vivos, los 60 discos que por consenso, política o despiste han entrado en la lista de lo mejor del año (y después las mejores 100 canciones, otra lista que tal, y algunas otras más). Atrás quedan cadáveres que han ocupado posts en esta casa, caso de Torres, Volcano Choir, Sleigh Bells, o Ty Segall, y esta es la última oportunidad para que cada uno recupere de la morgue sus dos cuerpos favoritos. En el fondo, ustedes son aquí un personaje secundario. Los protagonistas de este post somos nosotros, los que escribimos. Este es un un lugar para el narcisismo puro y duro, para el ego, para el revanchismo, para dar cabida a ese disco rechazado por el resto, ninguneado por el mundo y que sin duda –mundo cruel, abre los ojos– es cojonudo. Parece mentira, pero el menú es amplio: de la épica de Woodkid a la sensualidad de Jessy Lanza, con parada en el soul de Charles Bradley o el pop destartalado de Mariam The Believer. Cada uno tiene sus muertos, y quedarse sólo con dos a los que aupar a ese limbo de las menciones de honor vuelve a ser una batalla titánica, pero esta vez con uno mismo. Así que aquí están, nuestras menciones de honor 2013, lista con la que empieza nuestra semana de las listas. Adelante.

 

CALIFONE – STITCHES

Califone

(Dead Oceans)

Esto de la música es siempre transitar por territorios de subjetividad manifiesta. Un disco, dirá el consenso, puede ser bueno malo o regular, pero existen en la valoración una serie de intangibles, a veces estúpidos, que lo cambian todo de tímpanos para dentro. A mí me pasa con la voz de Tim Rutili (el Jeff Tweedy de los pobres), la voz barbuda de un hombre afeitado. Es empezar a sonar ‘Movie Music Kill A Kiss’ y querer tener una chimenea, una manta y un perro tonto con la cabeza grande. Califone pasaba hasta ahora por ser una banda bandera de Chicago, siempre con un puntito experimental, pero sin desvaríos. Tras el notable All My Friends Are Funeral Singers (de 2009, glorioso título), Rutili decidió abrir paréntesis. La banda aprovechó para reeditar el LP que recoge sus dos primeros EPs el año pasado, pero sin apenas material nuevo. Hasta este año. Rutili decidió pasar de Chicago y poner rumbo al sur de Estados Unidos, donde ha compuesto y grabado la mayoría de estos temas. En algunos, como ‘Stitches‘, continúan asomando ciertas dosis de maquinaria, pero destacan aquí las clásicas. Vamos, si ‘Moonbath.Brainsalt.A.Holy.Fool’ no es una de las canciones más jodidamente bonitas del año («the shopping mall vampires avoid your eyes / please hang on, you suicidal bitch»), dimito. No se pierdan tampoco ‘Frosted Tips‘ o ‘We Are Payphone‘. Atentos fans huérfanos de Centro-Matic, padres primerizos y amigos del steel pedal. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

 

CHARLES BRADLEY – VICTIM OF LOVE

Charles Bradley

(Daptone)

La asociación perfecta para un disco sublime. Las mieles del éxito han llegado tarde para Charles Bradley, pero la dicha ha sido sobresaliente. El  devoto de James Brown ha encontrado en la elegancia de la Menahan Street Band el acompañamiento idóneo para sus desgarradas cuerdas vocales. Como Lee Fields, su cometido no es de renovar el R&B o el soul, sino el de darle vigencia. Victim of Love recoge el mejor legado de sellos imprescindibles del género como Stax, con ecos instrumentales de Booker T. & The MG’s y una voz tan prodigiosa como la de Rufus Thomas o Eddie Floyd. ‘You Put The Flame On It’, ‘Confusion’ o ‘Crying In The Chapel’ son argumentos más que suficientes de un trabajo sin fisuras. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

 

Jessy Lanza – Pull My Hair Back

Jessy Lanza

(Hyperdub)

El debut de esta muchacha canadiense, protegida de la mitad rechoncha de Junior Boys, ha sido a 2013 lo que el de Jessie Ware, Devotion, fue a 2012. También el estreno (¡ya era hora!) de Hyperdub en un terreno r’n’b de innegable ascendencia pop. No es casualidad: Pull My Hair Back es uno de esos discos con capacidad para saltarse a la torera clichés y dinamitar targets sin generar trauma alguno. Se editó en septiembre a través de un sello de contrastada tradición clubber, pero no sirve para una noche de fiesta. Sí para las copas de tranquis de antes y el polvete de después. Sobre todo, para esto último. Y es que pocas cosas más sensuales, sugerentes y gustosas que este álbum habrán podido llevarse a los oídos durante estos doce meses que ya dejamos atrás. Entonces, ¿por qué no ha conseguido algo más que una propinilla en forma de mención de honor? Porque el mundo es injusto y, sobre todo, porque los cuatro últimos cortes palidecen un poco en comparación con los cinco primeros (maravillosa horquilla que va desde el magma de ‘Giddy‘ hasta las lentejuelas de ‘Keep Moving‘). Si el cuarteto final mantuviera el nivel, a mis compañeros no les habría quedado más remedio que aceptar a Jessy en la lista de verdad, la de la semana que viene. (Víctor) Escúchalo en Deezer.

 

MARIAM THE BELIEVER – BLOOD DONATION

mariam

(Moshi Moshi)

Mariam The Believer es una de esas debutantes que no lo parecen y en realidad no lo son. Ella se llama Mariam Wallentin y a algún enterado le sonará de la (muy recomendable) banda sueca Wildbirds & Peacedrums, donde comparte escenario con su marido. Blood Donation, publicado por Moshi Moshi, es su debut en solitario y es uno de esos discos a los que he ido volviendo cada cierto tiempo desde que lo descubrí. A cada escucha con más gusto. Mariam tiene una voz profunda, grave y dramática que tiende en estas canciones a ser el centro de todo, en torno a ella giran pianos, cuerdas, baterías, vientos, segundas y terceras voces. La primera mitad del álbum es casi inmediata. De ‘Blood Donation‘ a la trepidante ‘Invisible Giving‘ todo es caviar. La segunda es más jazzera y exigente, pero las escuchan acaban puliendo joyas como ‘To Belong o To Let Go‘, ‘First Haiku‘, o la maravillosa ‘Love is Taking Me Over‘, que no entran a la primera, pero calan hasta los huesos. No se lo pierdan. (Daniel) Escúchalo en Deezer.

 

Maya Jane Coles – Comfort

Maya Jane Coles

(I Am Me)

Este disco podría ser perfectamente lo que ƒIN, el debut de John Talabot, fue el año pasado: un álbum de electrónica ideal para un público no experto en electrónica. Si acaso, el debut de la británica de ascendencia japonesa Maya Jane Coles es un paso más allá en el escalón, quizá menos accesible a primera vista (salvo pildorazos irresistibles como ‘Burning Bright’, ‘Everything’ o ‘Comfort’). Después de un auge meteórico entre 2010 y 2013, esta productora y DJ ha logrado entregar con Comfort, su primer largo, un compendio de house en formato pop, para escuchar en casa con auriculares más que en la pista de baile a las tres de la mañana. Trufado de jugosas colaboraciones (la de Tricky en ‘Wait For You’ es especialmente colosal; también están Miss Kittin o Kim Ann Foxman de Hercules and Love Affair), uno de los mayores logros de Coles, más allá de una producción exquisita, es la facilidad con la que fluyen sus temas, con una sintonía más cercana a la de una sesión que a la de un disco al uso. Desde las guitarras a lo The xx de ‘Blame’ hasta la elegancia de ‘Take a Ride’ pasando por la explosiva ‘Easier To Hide’, todo en Comfort suena, pues eso, sorprendentemente familiar. (Aleix) Escúchalo en Deezer.

 

Mazes – Ores & Minerals

Mazes

(Fat Cat)

Mazes eran un grupo resultón. Cacharrosillos, algo punkis, haciendo canciones desde el mismo garaje que Pavement o Yo La Tengo. Pero ya. A Thousand Heys era suficientemente divertido como para pasarlo bien en un par de citas de minuto y medio pero, también, suficientemente intrascendente como para olvidar su nombre a la mañana siguiente. Un 6.4 de toda la vida de Dios, vaya. Dos años después, les ha cogido por vereda MJ (que, ya que estamos en terreno hostil, su disco debut con Hookworms es la catarsis ruidista y alucinada del año) y les ha hecho hombres de provecho. En Ores & Minerals, Mazes afinan la puntería y suenan a lo que siempre han querido ser: un grupo conciso, adictivo, alucinógeno, agresivo, contundente, original. Que no se aleja del indie rock americano pero que se deja querer más por el kraut y la psicodelia a base de melodías lucidísimas y ritmos repetitivos que explotan en kilos de petardeo fuzz y guitarras metálicas y placenteramente chirriantes (‘Skulking’ tiene el mejor outro del año, joder). Ahora sí: Mazes, nos vamos a la cama con vosotros. (Marco Lobera/Sónida CollectiveEscúchalo en Deezer.

 

Mood Rings – VPI Harmony

Mood Rings

(Mexican Summer)

¿Saben ese disco comodín que uno guarda todos los años para esos momentos en que no se sabe qué escuchar? El año pasado lo definía de maravilla el compi Víctor en sus también menciones de honor. ”El último de The Raveonettes”, he respondido yo prácticamente todas las veces que me he auto-preguntando ”¿Qué disco me pongo?”, decía él. «El debut de Mood Rings», digo yo. Y si es cierto eso de que el roce hace el cariño, que nos casen. Porque el primer trabajo de Mood Rings es un ejercicio tan ecléctico y variado que es imposible que alguien que se cruce con él no se quede para siempre. Los de Atlanta (ahí es nada, apadrinados por Bradford Cox) parten de un punto escapista y melancólico que eleva a sus guitarras y sintes a una maraña de nebulosa dreamy–jangle y las funde con voces afeminadas y etéreas. A partir de ahí, ellos se lo guisan como quieren. Suenan deliciosamente pop en ‘Promise Me Eternity‘ (y título más precioso del año) o ‘Get Lost‘, aprietan los puños e hinchan la vena en la DIIVeraMinor Slaloms‘, se bañan en aguas baleáricas en la pistera ‘The Line‘ y hasta son capaces de firmar la mejor canción de 1 minuto y 33 segundos del año, una destartalada y poderosa ‘Exorcised Painting‘. En serio, VPI Harmony es el disco de vuestros domingos y aún no lo sabéis. (Marco Lobera/Sónida Collective) Escúchalo en Deezer.

Overseas – Overseas

Overseas

(Undertow)

Will JohnsonDavid BazanMatt Bubba Kadane (The New Year). Basta saber que estos cuatro monstruos del indie norteamericano se esconden detrás de Overseas para dejar atrás los prejuicios hacia los supergrupos y convencerse de que estamos ante un álbum no sólo de garantías, sino de muchos quilates. Esto es así por maravillas como la voz de Will Johnson, áspera cual barba de cuatro días y que emociona con descarnada honestidad. O por la capacidad de turbar de Bazan, cuyo lamento remueve entrañas y arrastra sin piedad al más abisal de los infiernos. Todo ello al son de los hermanos Kadane, dos genios cuando de esculpir memorables líneas de guitarra se trata. Su cadencia slowcore es la brújula tanto de los temas contundentes (‘Redback Strike’‘Old Love’ o ‘Down Below’, monumental ésta última) como de los más sosegados (‘Here (Wish You Were)’, ‘All Your Own’) y cohesiona un trabajo inexplicablemente ignorado pero que es sólido como el granito. (Arnau)

 

Porcelain Raft – Permanent Signal

Porcelain Raft

(Secretly Canadian)

El cielo tendrá que esperar para Mauro Remiddi, más conocido como Porcelain Raft. Pese a haber teloneado a M83 en su gira más exitosa, rodearse de colaboradores de lujo como Jonny Rogoff (Yuck) o Darby Cicci (The Antlers) para su segundo disco, e incluso pese a la expectación generada por el maravilloso single ’Think Of The Ocean’, su Permanent Signal no ha cuajado como debería. Y es que a pesar de su pretendida apertura hacia sonoridades más espaciosas y expansivas, no tan densas como las que habitaban en su debut, todavía hay ocasiones en las que Remiddi suena mirando demasiado hacia sí mismo, uniforme y empalagos. Y son esas ocasiones (especialmente en la parte central del álbum, de la que se salva la bella ‘I Lost Connection’) las que lastran el concepto global. Pero dicho esto, en Permanent Signal hay signos de lucidez extrema, un buen número de canciones en las que todo encaja: la mencionada ‘Think Of The Ocean’ es de una delicadeza e intensidad abrumadoras, ‘Cluster’ define perfectamente ese sonido más orgánico que Remiddi buscaba para su segundo disco, ‘The Way Out’ es una exhibición de épica directa a la yugular, y la ‘Echo’ que cierra el álbum enamorará a cualquier fan de los The Antlers de Hospice. Quizá el disco no sea tan redondo como nos hubiera gustado, y en contadas ocasiones suene demasiado ensoñador, pero apunta hacia una dirección tremendamente prometedora. (Aleix) Escúchalo en Deezer.

Shout Out Louds – Optica

Shout Out Louds

(Merge)

Está comprobado: qué bien sienta llevarse un buen palmo de narices de vez en cuando. Como el que servidor se ha llevado este año con Shout Out Louds y su cuarto álbum, por ejemplo. Optica llegó, vio y venció a finales de febrero cuando, aún influenciado por el irregular Work, no esperaba nada de él. Si acaso, algún tema gracioso con mimbres para sonar en la película indie de la temporada. Poquito más. Pero que las nulas expectativas no manchen todo lo mucho y bueno que hay en su interior: 53 minutos de amables melodías, deliciosos coros, bonitos arreglos y algún que otro estribillo pegajoso que son capaces de encauzar cualquier jornada aparentemente irreparable, un pleno de grandes canciones POP con las que es muy fácil encariñarse. Un día es la onírica ‘Illusions‘. Otro, ‘Walking in Your Footsteps‘, que de forma incomprensible no ha convertido la flauta en tendencia en 2013. O ‘Chasing the Sinking Sun‘ y sus aires tropicales. O todas a la vez, porque de Optica, como del cerdo, se aprovechan hasta los andares. (Víctor) Escúchalo en Deezer.

STEVEN WILSON – THE RAVEN THAT REFUSED TO SING (AND OTHER STORIES)

Steven Wilson

(Kscope)

Uno de los más prolíficos culos inquietos del negocio, que tan pronto compone, como produce, como se enrola en bandas. ¡Y qué bandas! No-ManBlackfield, los enormes Porcupine Tree… Que no les despisten ni su pelo lacio ni sus gafas de empollón pajillero: tras ellas late un alma inmensamente productiva y sensible, capaz de aunar extremos musicales dispares, desde el ambient minimalista hasta el duro metal progresivo, de articularlos en bellas historias sonoras, de darles un sentido misceláneo y –a pesar de ello– puro. Eso es precisamente lo que ha hecho en su entrega de 2013, The Raven That Refused To Sing…, que tiene en las estructuras jazzísticas su columna vertebral. Vale, quizá los primeros treinta segundos sean un batiburrillo mareante de redobles dislocados y flautas centrifugadas, como si quisiera contar demasiado en poco rato. Pero luego la cosa se calma, la instrumentación se multiplica, aparecen las guitarras y las secciones de cuerda, los órganos y los saxofones… Y se muestra el disco como lo que es. Un prisma sonoro. No suena igual dos veces. Cada experiencia es única. Y cuando acaba (y eso que el disco roza la hora de duración), uno teme para sí que quizá Steven no ha contado lo suficiente. (Álvaro)

 

The Men – New Moon

The Men

(Sacred Bones Records)

Ya tenemos un nuevo adjetivo que añadir a la hasta ahora prolífica y ruidosa obra de The Men: imprevisible. Cuando muchos esperaban un nuevo arrebato de furia descontrolada, los neoyorquinos han sorprendido pisando el freno (sólo a ratos, pues los pelotazos punk siguen ahí como demuestran ‘The Brass’‘Electric’ y la tremenda ‘Supermoon’) en un álbum variopinto que saca a relucir instrumentos que, aparentemente, les son tan ajenos como el piano, la harmónica o el sintetizador. Así, descubrimos cortes como ‘Without a Face’‘The Seeds’ o el muy americana ‘Bird Song’, donde (lo juro) llega a vislumbrarse la sombra de Bob Dylan o de los últimos Band of Horses. Sin embargo, lo mejor de semejante giro hacia el rock más clásico quizás sea el término medio entre velocidad y melodía que la banda alcanza en ‘Freaky’ y ‘Half Angel Half Light’, canciones que por momentos evocan a los mismísimos Crazy Horse. Entretenido como pocos en 2013, New Moon es, en la humilde opinión del que escribe, la primera cúspide de The Men. Enhorabuena y que sigan galopando. (Arnau) Escúchalo en Deezer.

 

VERONICA FALLS – WAITING FOR SOMETHING TO HAPPEN

Veronica Falls

(Slumberland Records)

Si una banda saca un disco en diciembre, es muy probable que no caiga en ninguna lista de lo mejor del año… y si lo hace en enero, por olvido, también. Afortunadamente, las menciones de honor se crearon para recuperar aquellas cosas que, bien por olvidadas, bien por extrañas, se quedan fuera. Resulta que Veronica Falls publicaron disco en los primeros compases de 2013. Y seamos francos: un LP tan puramente jangle como Waiting For Something To Happen tenía que aparecer en las listas finales de indiespot, aunque sea aquí. Vale, es un disco que no aporta nada nuevo, que mira con descaro a los inicios y saca lo mejor de ellos (Smiths, Violent FemmesR.E.M.) sin citar fuentes originales. Pero, díganme, ¿no se les pone el espíritu de buen humor al oír melodías pegadizas como las de ‘Teenage’ –topicazo título, sí, pero hermosa canción– o el tema que da título al álbum? ¿No les hace partícipes de una imaginaria y eterna primavera? ¿No creen que los londinenses deberían sonar en más partes? ¿Y no esperan, como quien suscribe estas líneas, que en su tercer asalto lograrán finalmente acceder a los cielos y tomar lo que les corresponde? (Álvaro) Escúchalo en Deezer.

 

Woodkid – The Golden Age

Woodkid

(Green United Music)

El de Woodkid es un éxito esperable. El multifacético artista francés, que ha pasado por el vídeo musical, el cine y la publicidad, lanzó su primer EP en 2011, con el que obtuvo cierta repercusión. Pero este 2013 ha sido su año. Tras su segundo EP, vio la luz su primer largo, un The Golden Age con reminiscencias a Antony Hegarty, aunque sin resultar tan empalagoso. Un ejército de vientos, cuerdas y percusiones sirven para que Yoann Lemoine despliegue todo su talento en canciones como ‘The Great Escape’ o ‘The Shore’. Una ópera prima que, a falta de acompañar una película, bien podría quedar como la banda sonora del año. (Carlos) Escúchalo en Deezer.

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