30/11/2013

Crónica del deslumbrante concierto en Barcelona de uno de los grupos del año.

Elena Tonra ríe nerviosa mirando al suelo y alejándose del público. “Sois tantos… ¡y os sabéis las canciones!”, dice. No acaba de creérselo. En estas confesiones parece una adolescente adorable pero tremendamente insegura, incapaz de asimilar lo que sus canciones han conseguido. Pero entonces empiezan a sonar los primeros acordes de ‘Winter’, ‘Human’ o ‘Amsterdam’, y ella se transforma. Levanta la mirada del suelo y la fija en el infinito, esconde su sonrisa, expulsa sus miedos y se convierte en una intérpete excepcional para estas historias de abandono, desesperanza y tristeza que tanto han conectado con un numerosísimo público.

Solo han pasado seis meses desde aquel iluminador concierto en el Primavera Sound 2013, en el que Daughter certificaron su candidatura a grupo revelación del año y nos maravillaron con esa épica contenida que ejecutan con precisión, combinando en el momento justo la quietud de The xx con la catarsis de The Antlers. Aquel concierto, al lado del mar en una fría noche de mayo, construyó un momento mágico e irrepetible para la mayoría de los que estuvimos allí, incluido el propio grupo –que lo reivindica como uno de sus mejores conciertos–. Pero la mayor cualidad de Daughter es que logran impregnar de belleza cualquier escenario o recinto que pisen, y es algo que quedó totalmente demostrado en su paso por Barcelona.

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Eso es gracias a que son un grupo totalmente asentado, pese al hecho de haber publicado su primer disco oficial este mismo año. Su trayectoria se remonta a 2010, y sabrán los que les descubrieran en algún punto de estos tres años previos a su puesta de largo que lo de Elena Tonra, Igor Haefeli y Remi Aguilella ha sido siempre un trabajo de hormiguita, publicando EPs, conectando con el público, y avanzando poco a poco hasta que un debut excelente y redondo como es If You Leave ha acelerado el ascenso, logrando que llenen la sala grande de Apolo (y también la Joy Eslava de Madrid). Pero siempre siendo conscientes de que eso no hubiera sido posible sin lo que les ha precedido (los EPs His Young Heart y The Wild Youth).

Por eso en su concierto rescatan numerosos temas de sus EPs, caso de ‘Love’, ‘Landfill’, ‘Candles’, o esa ‘Home’ final en cuyos últimos minutos explotan con su mayor dosis de ruido y rabia, después de que Tonra entone lo de “I think I should be a little more confident / In myself” (y que la llevemos a casa). La explosión sonora final, perfectamente ejecutada gracias a la pericia del guitarra Igor Haefeli –segundo de abordo y líder en funciones cuando Elena parece demasiado superada por las circunstancias–, se complementa con los destellos luminosos, a modo de tormenta perfecta, que brotan del escenario. Todo viene a decir que Daughter son un grupo grande en las formas (sold outs, producción impecable, legión de fans) pero también en el fondo. Algo que pueden decir muy pocos grupos en la gira de presentación de su primer disco.

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El fondo es el que indica que Daughter saben exactamente cuándo acentuar los silencios (en ‘Smother’ uno debe contener la respiración) y cuándo engrandecer el ruido (portentosa ‘Human’, con unas épicas percusiones). Cuándo susurrar y cuándo arañar. Cierto es que encima del escenario rugen más que en disco, pero es siempre un rugido contenido, más cercano al shoegaze que al músculo rock. Pasajes como los de la inicial ‘Still’, el crescendo de ‘Amsterdam’ o esa transición exquisita de ‘Love’ –en la que pasan maravillosamente de los punteos de The xx a una explosión a lo ‘Spanish Sahara’ de Foals– se encargan de encarrilar el tramo inicial de un concierto en el que Daughter nos tienen siempre a su merced. Siempre con el nudo en la garganta. ‘Shallows‘ es sin duda la pieza central del concierto, canción bandera de If You Leave por su lamento, por su incertidumbre, porque cierra el álbum, y porque tiene esa progresión que define a Daughter, la del tema que va creciendo y creciendo hasta sobrecogerte por completo.

La voz de Elena Tonra brota como sin querer, siempre perfecta, siempre afinada, siempre incisiva, siempre a punto de romperse. Pero el acompañamiento es lo que llena el recinto, sean las trepidantes baterías de Remi Aguilella, los rasgueos con el arco (a lo Sigur Rós) de Haefeli, o los acompañamientos (a veces al teclado, otras a la guitarra o al bajo) del cuarto miembro, a veces prescindible pero que probablemente contribuya a que su sonido sea tan impoluto. Daughter se crecen encima del escenario, consiguen engrandecer sus propias canciones sin caer en la grandilocuencia ni en la sensiblería, y eso es algo solo al alcance de los grupos que saben exactamente qué son y lo que quieren ser.

Tonra consigue –sin querer, pero conscientemente– encandilar a todo el público con sus sonrisas, miradas furtivas, risitas y coqueteos constantes. Es indudablemente el centro de atención, aunque todo lo que escribe vaya en otra dirección. Parece alguien incapaz de plasmar frases como “setting fires to our insides for fun”, pero aquí la tenemos, cantando ‘Youth’ desde sus entrañas en la recta final del concierto. Y te la crees. Una ‘Youth’ que, aunque algo acelerada, suena a himno, a canción de cabecera para la desazón, en la que no son pocos los que levantan las manos, por no decir los puños, al cantar lo de “We are the reckless / We are the wild youth”). Como si de un pequeño ejército se tratara. Daughter despiertan ese tipo de sentimientos, esa comunión absoluta solo al alcance de grupos como The xx, Bon Iver o The Antlers, a los que Elena Tonra y compañía tienen cada vez menos cosas que envidiar. Para cuando vuelven a aparecer en el bis, el concierto ya está cerrado, tan redondo, emocionante y perfecto como su debut, pero ellos entregan la versión de ‘Get Lucky‘ de Daft Punk a modo de regalo, de tiempo de descuento, de guinda final. No es su mejor versión, a decir verdad, en parte porque la canción original es imbatible y porque les pega más ese descomunal medley entre ‘Perth‘ de Bon Iver y ‘Ready For The Floor‘ de Hot Chip.

Pero qué más da. La hora y poco que acaban de pasarse encima del escenario es de las que no se olvidan. Y uno se va a casa con la sensación de que lo de Daughter solo acaba de empezar.

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Fotos: Daniel Boluda (del concierto de Madrid)

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