21/11/2013

El concierto de anoche se divide entre quienes tocaron a Matt y quienes hubiesen matado por hacerlo. Fue el bis de nuestras vidas.

Matt Berninger se aferra al micrófono como si este quisiese salir volando. Por el gesto parece que quisiera hundirlo en las tablas, clavarlo en la tierra. Es un vocalista desprovisto de instrumento. Las cuerdas que rasga son las suyas, es su anatomía entera la que vibra cuando se pone al frente de The National, una de las máquinas más engrasadas del rock actual. Cuando no está soldado al micrófono, besándolo o dándole hostias, camina por el escenario como un perro enjaulado. Mira a su baterista y coordina con él sus gestos. Pum, manotazo al aire. Giro brusco, trago de vino. Se acerca la estrofa, vuelta al abrazo. Suena ‘Mistaken for Strangers’ y Matt, como en la imagen, saca los dientes y muerde. «You get mistaken by your own friends when you pass them at night under the silvery silvery Citybank lights, arm in arm in arm and eyes and eyes, glazing under».

tn27

Es la tercera de una noche fría. Estamos en una mole de hormigón situada en el castizo barrio de Carabanchel. El triste Palacio de Vistalegre. El recinto ha conseguido, con un sonido que cualquier experto calificaría como «de mierda», arruinar buena parte de los conciertos que ha acogido históricamente. Es algo así como el Palacio de los Deportes de los pobres. Quizás el techo madrileño de esas bandas excelsas (aquí tocaron Bon Iver hace sólo un año) por las que ningún ejército de hormonas hará noche en la puerta el día anterior. La pista está llena, sold out. Las gradas casi. Es el único concierto de The National en España. Hace un par de días estaban en París, al día siguiente cierran en Lisboa una gira que empezó en Salt Lake City el 1 de agosto. No pisan la capital desde hace ocho años. Aaron Dressner bromea: «Luego nos vemos en la Moby Dick». El guiño va dedicado al medio centenar de fieles que les vieron entonces. Muchos de ellos, probablemente, repitieron anoche. Pagando, eso sí, 40€ del ala. La excusa de la gira es presentar el magnífico Trouble Will Find Me, pero con una banda cuya discografía está entre lo más admirable de la última década un concierto así es más un acto de comunión que de promoción.

tn34

Habían empezado con lo nuevo, con ‘Don’t Swallow The Cap’ y ‘I Should Live in Salt‘, sorprendiendo con un sonido redondo y potente. Lo esperábamos de ellos, pero temíamos el recinto. Unas enormes telas blanquecinas colgadas ante los graderíos vacíos acolchaban el eco, y los benditos técnicos debieron de hacer el resto. A mitad de pista, ante una de las torres de sonido, aquello sonaba de cojones. Bryan Devendorf nos atizó enseguida con la batería de ‘Bloodbuzz Ohio’, y en ‘Demons’ reparamos agradecidos en los acompañantes que convertían el quintento de The National en una banda de siete, con vientos, capaz de trasladar al directo la clase infinita de su último LP. Trouble Will Find Me es con seguridad su disco más reposado, pero aun caben en él coletazos de una furia que esperemos nunca pierdan. ‘Sea of Love’, con esa batería in crescendo desde el inicio, fue el primer aviso de tormenta. En directo mantienen los coros fantasmales y la contención, pero Matt Berninger, con la voz audiblemente tocada por la gira, deja la escuela de canto para otro día. Los «I see you rushing out» los desgarra, los rompe. Se pliega sobre si mismo y grita «I SEE YOU RUSHING OUT!! / TELL ME HOW TO REACH YOU!!».

tn11

La canción termina y The National empiezan a jugar con las intensidades. Cae ‘Slipped‘, que a un servidor le sigue pareciendo lo más prescindible de su último trabajo, y tras ella ‘Afraid of Everyone‘, uno de los temas más burros de High Violet. Marca de la casa en todos los sentidos, resumen de todas las virtudes: elegancia, contundencia, belleza, contenido y capacidad para la rabia. De nuevo Matt termina vacío de aire y berreando. «Your voice is swallowing my soul, soul, soul, soul, Your voice is swallowing my soul, soul, soul, soul, soul…..». Final y ovación cerrada. Pero no de las de rutina. Ovación de las de «me cago en mi puta madre qué tema«. Y es que, de pronto, resultaba muy obvio que estábamos en uno de los conciertos del año. Allí, en un mamotreto de aire taurino, irónicamente bautizado como «palacio», encerrados con siete novillos que más que dispuestos a morir estaban listos para matar. Y no sólo a base de intensidad, sino de violencia emocional. Si ‘Slipped’ había mejorado su versión fonográfica, cuando empezaron a sonar los arpegios de ‘I Need My Girl‘, de nuevo por contraste tras el intenso final de ‘Squalor Victoria’, más de uno tuvimos que coger aire. The National brillaron siempre, pero lo hicieron sobre todo ahí, en los extremos. Y con esta nos hipnotizaron. El escenario azul, Berninger sin abrir los ojos, y esa letra…

Remember when you lost your shit and
Drove the car into the garden
And you got out and said I’m sorry
To the vines and no one saw it, 
I need my girl,
 I need my girl…

tn9

Lejos de bajar las pulsaciones, estos ejercicios de pausa casi total (pasó después con ‘Pink Rabbits’) las mantenían y hasta las aumentaban. En ese juego de contrastes entre el grito y el susurro los medios tiempos (caso de ‘Sorrow‘, o ‘Slow Show‘) perdían por comparación. Pero decíamos que esto tenía mucho de comunión. Algunos vamos ya camino de la década macerando sus primeras canciones, asociándolas a viajes, lugares, personas y diversas hostias de la vida. Así que claro, cuando empieza a sonar la guitarra de ‘All The Wine’ a uno pueden hasta flojearle las rodillas. Más si los muy hijos de Ohio te la enlazan con ese cañonzo inmortal que es ‘Abel‘. Aquello solo podía subir con ‘Available‘ y, aunque nos mojamos todo pensándolo, no ocurrió. The National no quisieron mirar tan atrás y optaron por volver a hacer alquimia con su repertorio ya infalible y enlazaron para el final la poderosísima ‘England‘, ese tirazo que es ‘Graceless‘, la delicadita ‘About Today‘ y uno de los himnos de los que son abajo firmantes: ‘Fake Empire’, con buena parte del público uniéndose extasiado en los «we’re half awake in a fake empire!». Había pasado ya más de hora y media y The National se despedían habiendo dado una lección magistral. Ese era ya uno de los conciertos del año, la mejor de las actuaciones que servidor les había visto hacer. Serios, intensos… y elegantes, siempre elegantes. Agradeciendo a los técnicos, al equipo de la gira («trabajan mucho más que nosotros y llevan también semanas lejos de sus familias») y a los teloneros. Podían haber vuelto, haber tocado alguno de los pelotazos que todavía les quedaban en el tintero y habrían cumplido con creces.

Pero no, The National querían darnos el bis de nuestras vidas. 

tn14

Quizás jugando con la situación, volvieron al escenario con LeanHard To Find‘, calentando motores para darnos 15 minutos de esos algunos recordarán durante un buen tiempo. No en vano el comentario más preciado de la noche fue «yo toqué a Matt». El concierto de anoche se divide entre quienes tocaron a Matt y quienes hubiesen matado por hacerlo. Fue en ‘Mr. November’, cuando el rubio de pronto desapareció del escenario. Con el rabillo del ojo le vimos bajar y dirigirse al lateral izquierdo, la gente empezó a correr hacia allá, nosotros incluidos, y de pronto, por arte de magia, allí estábamos, delante de esta bestia parda, prácticamente compartiendo micrófono, gritándonos a la cara «I’m the new blue blood, I’m the great white hope, I’m the new blue blood… I won’t fuck us over, I’m Mr November». Pudimos seguirle un poco, y cuando ya se nos escapaba irremediablemente lanzamos una foto infame que deja al menos testimonio de lo vivido.

tn26

La historia se repitió al otro lado con ‘Terrible Love’, que sonó vigorizada por esa comunión temeraria, ahora ya tangible, física, real, que ocurría en la pista. Más rápida, más aguda, más rota. Matt salió despeinado de aquella, pero vivo, y a nosotros nos dejó de rodillas. Incapaces de pedir más. Pero, otra vez, The National tenían más. Fue el cierre perfecto, la despedida soñada. Todos al borde del escenario cantando ‘Vanderlyle Crybaby Geeks’. Dos guitarras, dos trombones, un tambourine… y la voz. Todavía nos dura.

Texto y fotos: Daniel Boluda.
Video: Daniel Terán.

Publicidad
Publicidad