13/11/2013

Gran concierto del autor de uno de los discos más disfrutables del año; con teloneros a la altura.

No hay mejor definición para Wondrous Bughouse, el segundo disco de Youth Lagoon, que aquella que apareció en los comentarios de este post de Stereogum: es como un carnaval celebrado bajo el agua. La imagen da absolutamente en el clavo porque recoge la densidad viscosa de estos sonidos y el colorido psicodélico de las canciones que construyen. Uno puede ver fácilmente a Bob Esponja sonriendo acidificado en estos temas. Llámenme loco. A Madrid llegó un par de días después de dejar a Barcelona boquiabierta, y lo hizo precedido por los mismos teloneros que en la ciudad condal. Los canadienses Absolutely Free, nacidos de las abundantes cenizas de DD/MM/YY, tienen un par de 12″ rondando por Internet y ya han llamado la atención de muchos con ‘UFO‘, su tema más célebre. Son técnicos, intensos y bastante impresionantes de cerca, la verdad. Tiene uno que tolerar esa voz desordenada a lo Cymbal Eat Guitars, con momentos en los que va muy al filo de las notas, pero superada esa incomodidad inicial convencen. Probablemente los cuatro son tan solventes con sus instrumentos como aparentan. El vocalista puede de pronto sentarse en la batería y el baterista hacerse cargo de un teclado. Destacan precisamente en las percusiones, con un delgadito tan creativo como preciso. En algunos temas, como la mencionada ‘UFO‘, el vocalista se suma a los golpes y de pronto las dos baterías se pegan como una sola. Algo bastante complicado de hacer, créanme. Más intensos y menos alambicados que en las grabaciones que les conocemos, nos ganaron totalmente. Tanto que luego nos acercamos al puesto de merchandising a saludarles. Nos dijeron que su primer disco sale en abril, así que estaremos atentos.

absofree

Tras ellos hubo una rápida reordenación de escenario y enseguida vimos por allí esa mata de pelo rizado que a la postre era la razón de nuestra visita. Trevor Powers consiguió una entrada más que decente para una sala de tamaño medio como es la But. No agotó, pero no debió de quedarse muy lejos, para felicidad del ciclo 981Heritage SON Estrella Galicia, del que somos fans incondicionales. Youth Lagoon llegaban para presentar un disco brillante que ha dejado alguno de los momentos cumbre del año. Más ventilado que su trabajo anterior, LP de habitación por antonomasia, Wondrous Bughouse es eso: un manicomio maravilloso. Sus canciones tienen un controlado punto de desquicie, un colorido casi infantil, una psicodelia esponjosa y subacuática. Powers abrió con ese vals sui generis que es ‘Attic Door’, dejando claro de entrada que la intensidad iba a ser uno de los pilares del directo. Ataviado con una suerte de poncho azteca y casi siempre escorzado entre unas teclas y otras, supo introducir a la perfección los temas de The Year of Hibernation. Tras la densidad sonora de ‘Sleep Paralysis’, el teclado mágico de ‘Cannons‘ fue una bendición. Y el momento en el que la canción rompe, tras ese verso definitivo («I have more dreams than you have posters of your favorite teams / You’ll never talk me out of this») nos hizo venirnos arriba definitivamente. Es sonrojante cómo con tan poco se le puede poner a uno una sonrisa tan grande. Imposible no caer en ella al escuchar esa guitarra que parece de juguete enredándose fácil con un teclado que podría tocar un niño de cuatro años apenas con los índices. Esa es una de las claves de estas canciones: las melodías son tan obviamente buenas, tan memorables, que uno las retiene sin dificultad. Aquí hay ristras de temas para ser silbados (¡faltó ‘Afternoon‘!), tarareados y canturreados. Pero no porque sean de un pegadizo industrial, sino porque son de una sencillez maravillosa.

youth1

Ahí tienen esas escalas de ‘Pelican Man‘, que nos tuvieron el resto de la noche con el tárara, tárara… Fue en esta donde el lado psicodélico de Youth Lagoon se hizo más obvio, acercándolos incluso a unos Tame Impala algo desacelerados. La asociación no es obvia escuchados en casa, pero cuando Trevor Powers le pie a su banda y el volumen acompaña, poco tiene que envidiarle al sonido de los australianos. Lo que es decir muchísimo. Ellos, eso sí, interactúan menos. Muy separados sobre el escenario, cada uno a lo suyo, son claramente el chamancito loco y su banda acompañante. Siguiendo con el juego de cambios de intensidad, enseguida cayó la inolvidable ‘17‘, que tiene uno de esos momentos que a uno le erizan el bello. Debería dejarlo ahí, pero me permitirán que abunde: es justo en la segunda estrofa, cuando canta «When I was seventeen, my mother said to me don’t stop imagining the day that you do is the day that you die». Es, más concretamente, esa forma que tiene de aterrizar monosílabos «the-day-that-you-do… is-the-day-that-you-die» en cada golpe de tresillo. Una cosa que suena técnica pero que se nota, que arrastra la letra y provoca una sensación para la que no hace falta saber qué coño es un tresillo. El final, de nuevo de un minimalismo y una belleza notables, dejó paso uno de los pelotazos de su segundo trabajo, ‘Mute‘. Un poco menos escorados que hasta entonces, pudimos comprobar el sonidazo que puede sacar la sala But. La escalada del tema, que hunde su mitad en un carnavalesco túnel instrumental, fue genial. Fue entonces, tras más de media hora de música, cuando el concierto decayó un poco con las contemplativas ‘Raspberry Tree’, ‘Daisyphobia‘ y ‘July‘, que aun así dejaron momentos de una anestesia cerebral bastante agradecida. La calma la rompería, cómo no, el otro pelotazo, ‘Dropla‘ que compitió con ‘17‘ por el momentazo de la noche con un final infinitamente más salvaje que en su versión grabada. Aunque a esa segunda subida no le hubiesen venido más un par de vueltas, por pedir. Tras aquello se fueron con ovación. Puesto que la sala tenía que reabrir para el ligoteo indie y el concierto ya había rozado la horita de rigor, pocos esperábamos bis. Pero lo hubo. Fue con una revitalizada ‘The Hunt‘ que nos mandó a casa muy, pero que muy contentos.

Fotos: Las de Youth Lagoon son de Ikram Bouloum, tomadas en Barcelona. La de Absolutely Free es de Daniel Boluda, tomada con un móvil que mencionaremos cuando la marca nos ponga un banner como a Pitchfork.

Publicidad
Publicidad