16/10/2013

Crónica del nuevo (y exitoso) paso del excéntrico cantautor canadiense por Barcelona.

El canadiense Sean Nicholas Savage regresaba a Barcelona apenas unos meses después de su última visita, que tuvo lugar dentro del Primavera Sound 2013, y que a tenor de lo visto dejó muy buenas sensaciones entre el público barcelonés. Y es que el concierto de este atípico y prolífico cantautor, esta vez en la sala Sidecar, colgó el cartel de entradas agotadas con unos días de antelación, y todos sabemos lo difícil que es conseguir algo así hoy en día en esta ciudad. La velada del jueves 10 de octubre, pues, era altamente esperada, y podemos decir que cumplió las expectativas con creces. Más de doscientas personas apretujadas en la sala-sótano presenciamos lo que vendría a ser una de las noches más peculiares de los últimos meses.

La noche no solo iba de cantantes rubios con ojos azules, camisas estampadas y estética marcadamente ochentera. Tras esa cortina de ropajes estridentes y visualmente agradables, teníamos algo más que melodías sintetizadas y notas de teclado. Elsa de Alfonso y Los Prestigios, como era de esperar, cumplieron con su papel de teloneros indicados para Sean Nicholas Savage. La formación compuesta por la ex cantante de Villaroel y dos componentes de Extraperlo y dos de Doble Pletina nos montaron un primer festín de esencia new wave que recordaba a Franco Battiato. ¿Conclusión?  La cantante supo demostrar algo que pocos tienen, y eso es actitud y desparpajo encima del escenario. Veremos si el proyecto tiene continuidad.

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Lo que vino después fue todo un espectáculo de puesta en escena excéntrica y sin complejos. Sean Nicholas llegó, se quito primero los zapatos y luego los calcetines y como si estuviese en su casa empezó su show. Cual poeta bucólico, recitó su repertorio musical con seductores bailes y enfáticos gestos faciales, esos que tanto le caracterizan. El público, hipnotizado por la ya conocida e insólita personalidad del cantante, no podía apartar la vista ni dejar de escuchar. Y es que como era de esperar el cantante transportó a su audiencia a la más pura experiencia sensitiva de lo romántico: no solo por sus temas (rescatados de su ya extensa discografía, con ¡nueve! discos en los últimos cinco años), sino también por los poemas que recitó hacia la segunda mitad del concierto. Los hits fueron tarareados por el público y Sean lo agradecía con besos sonoros al final de las canciones. El espectáculo terminó con una atmósfera más pintoresca aún: los componentes del grupo fumando, sonrisas de Sean y muchos versos líricos de temática romántica intimista. En definitiva, y en pocas palabras, una noche para recordar. Y es que pocas veces te encuentras con espectáculos así, tan particulares y distintivos.

Texto y fotos: Ikram Bouloum

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