13/10/2013

Toda una celebración del pop sencillo y bonito con el quinteto sueco.

Ay, las minorías silenciosas. Esas que tan de moda están. Esas a las que se les encasquetan opiniones que, a veces, no han reclamado. Esas que, visto lo visto, existen. Ya lo creo que existen. Hace un par de noches quedó más que demostrado. Me explico: en mi vida he visto por la calle una camiseta de Shout Out Louds. Tampoco a ninguno de sus discos acaparando piropos ni puestos de honor en las listas de final de año. Ni siquiera es demasiado habitual toparse con alguna canción suya en ese universo paralelo de muros y likes. Y, sin embargo, cuentan sus visitas a nuestro país en general y a Madrid en particular por rotundos éxitos. En 2011 metieron a todas las personas que se pueden meter en la Sala Arena; el viernes no estuvieron muy lejos de repetir jugada en una Sala But a la que Adam Olenius, frontman de los suecos, sacó cierto parecido con el mítico Studio 54. La comparación parece exagerada a todas luces, aunque Shout Out Louds salieron de allí ovacionados como auténticas estrellas de Broadway.

Pero no adelantemos acontecimientos. Bastante antes de eso, cuando aún no se habían cumplido las 20:30, los que estaban sobre el escenario de la But eran Belako, dos chicos y dos chicas venidos desde Euskadi que el pasado mes de marzo publicaron su primer LP, el ruidoso y oscuro Eurie. Se les brindó una buena oportunidad para presentarlo en la capital, sí, pero también una difícil papeleta. Principalmente porque es casi imposible extender lazos de unión entre su propuesta, que bebe del post-punk más afilado y el noise y que en vivo muestra su mejor cara, y la de los protagonistas de la noche, mucho más amable e inocente. Claramente desubicados, dispararon un discurso rabioso, angustioso y algo nihilista que te lo crees o no te lo crees. Sin más. Habrá quien piense que son demasiado jóvenes para estar tan cabreados, pero, desde luego, motivos tienen de sobra. Conviene no perderles la pista.

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Y, después, llegó el momento de que la minoría silenciosa de la que hablábamos al principio se dejara oír durante prácticamente 90 minutos. Eso fue lo que duró el paso de Shout Out Louds por Madrid, toda una celebración del pop sencillo (que no simple) y bonito que nos sumió a todos en esa agradable y dulce sensación de melancolía que recubre la discografía de los de Olenius. Tristeza codeinizada, podríamos decir. Con ellos nunca se sabe si brincar o desplegar el kleenex, pero, por alguna extraña razón, suele ocurrir lo primero. Aunque en sus estribillos se hable de relaciones resquebrajadas y recuerdos algo tormentosos. O quizás precisamente por eso: si hay que espantar demonios, mejor hacerlo a grito pelado y meneando cabeza y pies.

El sonriente y azucarado exorcismo arrancó como arranca su estupendo e infravalorado Optica, con esa ‘Sugar‘ que hace honor a su título. Un comienzo que pudo confundir a los que esperaban/esperábamos un repaso exhaustivo a su más reciente trabajo. Optica era la excusa que justificaba el nuevo cara a cara con el quinteto, pero no fue el eje sobre el que giró la velada. Si bien cayeron cinco de los doce temas que lo forman, a la hora de la verdad Shout Out Louds recurrieron a sus dos primeros álbumes para poner a prueba nuestra memoria. Y aunque 2003 y 2007 (años en los que Howl Howl Gaff Gaff y Our III Wills vieron la luz) ya quedan lejos, ‘Parents Living Room‘, una coreadísima  ‘Impossible‘, ‘Very Loud‘ o ‘Tonight I Have to Leave It‘ se llevaron una acogida digna del éxito del momento. Esta última, interpretada por el barbudo Olenius en mitad de la pista, hizo las veces de falsa despedida. Finalmente, no un bis, sino dos. El primero, eufórico, puso el foco en ‘Walls‘ y ‘Please Please Please‘; el de propina, recibido con mecheros en alto y ya únicamente con la mitad de la banda sobre las tablas, estuvo protagonizado por la bonita y desnuda ‘Go Sadness‘. Un dato irrefutable resume el buen rato vivido: apenas se echaron en falta dos maravillas como ‘Illusions‘ y ‘Hermila‘. ¿Hace falta decir algo más?

Fotos: Theyedropper

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