05/10/2013

Crónica del concierto que Deptford Goth ofreció el jueves en Madrid, tan austero como bonito.

Aún recuerdo la sonrisa XXL que se dibujó en mi cara cuando Daniel Woolhouse aka Deptford Goth se sumó al cartel del Día de la Música 2013. Un gesto dichoso que comenzó a torcerse al descubrir que el concierto sería al aire libre y a plena luz del día y que se esfumó por completo al poco de comenzar el mismo. Indudablemente, aquel no era ni el momento ni el lugar para Life After Defo, disco que poco o nada tiene que ver con el ambiente de jolgorio general que se vive en un festival. Es triste, desolador y confesional y, en realidad, no parece concebido para ser presentado en público. Su autor ha llegado a revelar que no lo ha escuchado en compañía de nadie, ni tan siquiera de sus padres. Algo hasta cierto punto comprensible: ¿acaso alguien se siente cómodo hablándole con transparencia a sus progenitores de las veces que le han roto el corazón? Y es que el impecable Life After Defo es todo un catálogo de magulladuras y cicatrices sentimentales que no se guarda prácticamente nada. Crudo, explícito. Es cierto que, de allá para cuando, se ve la luz al final del túnel, como en la ligeramente optimista canción que da título al trabajo. Pero principalmente está cantado desde lo más profundo del túnel, bastante lejos de cualquier salida.

El pasado jueves, Woolhouse no cantó en el interior de un túnel, aunque sí en un lugar oscuro e igualmente apropiado para su electrónica intimista y alicaída, el Teatro del Arte. Un coqueto teatrito situado en ese laberinto que puede resultar ser el multicolor barrio de Lavapiés. Un espacio que parece tomado 24/7  por manifestaciones culturales de todo tipo. Sin ir más lejos, el concierto, destinado a inaugurar la genial programación madrileña del ciclo 981Heritage, comenzó con cierto retraso porque el estreno de una obra acabó algo más tarde de la cuenta. Tocó esperar en la calle, pero no hubo quejas. Escasos minutos después habría recompensa para el centenar largo de personas que logró que se colgara el cartel de sold out.

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Como en la ya citada actuación del Día de la Música, sobre el escenario Deptford Goth no fue únicamente Daniel Woolhouse, sino también la cellista Rose Dagul, más conocida como Rhosyn. Cierto es que un par de coristas o una sección de cuerda algo más numerosa encajaría perfectamente con la propuesta del británico, pero eso le obligaría a tener que narrar sus personalísimas historias ante más gente. En el Teatro del Arte éramos pocos. En realidad, los justos y necesarios. Todos sentados y, por suerte, ¡callados!. Eso sí, el ambiente respetuoso y familiar no consiguió que Woolhouse nos sorprendiera soltándose con el micrófono entre canción y canción. Un puñado de thank yous y poco más. Sin mediar palabra arrancó con ‘Objects Objects‘ (una debilidad personal) y, en torno a una hora después, se marchó de igual forma brindando un escueto bis. Entre medias, decía, nula palabrería y una pulcra sucesión de temas de lagrimita que hablan por él. Woolhouse los interpretó sin despegar la mirada de sus teclados y samples, siempre pegado a ese registro de voz casi susurrado y nada forzado en el que tan cómodo se siente, alejado de cualquier exceso o floritura. Lo esperado, lo que buscábamos todos lo que andamos rendidos ante el precioso Life After Defo, de cuyo tracklist salió prácticamente el 90% de las piezas que formaron el repertorio del show, tan austero como bonito. Hubo tiempo para recuperar esa ‘No Man‘ tan r&b incluida en el EP que publicó en 2011, Youth II, pero la velada giró en torno al trabajo que debería valerle para colarse en muchos tops de 2013. ‘Life After Defo‘ y ‘Union‘ maravillaron en la primera mitad; ‘Feel Real‘, la desnudísima ‘Lions‘ y la preciosa ‘Bloody Lip‘ se encadenaron justo antes del bis para formar el gran momento del concierto. Aunque, a decir verdad, cualquier combinación posible hubiera desembocado en el mismo delicioso resultado. Seguro.

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