19/09/2013

Curioso proyecto conceptual de un chico de 23 años de Brooklyn, con ecos de Dirty Projectors o The National.

Les reconoceré que tengo este post en borradores desde hace ya varios días. Normalmente estos ‘conozcan a…’ son más una cuestión de impulsos, un descubrimiento, muchas veces casual, un entusiasmo casi inmediato y una necesidad de compartir. (Qué bonico, ¿eh?). En esta casa los hay más cautos y los hay más impetuosos, y para estos posts de apuesta este que escribe es más de los segundos (motivo por el cual, a veces, me la pego). Pero este disco me tiene desconcertado. El proyecto San Fermin, afincado en Brooklyn, ese antipático nombre bajo el que se esconde el muchacho de la foto, Ellis Ludwig-Leone, apareció por primera vez hace unos meses con una canción despampanante que por aquí pasó desapercibida (‘Sonsick‘). Ha pasado el verano, y el disco –homómimo, para hacer más complicado el googleo– acaba de salir. Y tras una escucha rápida no hemos podido evitar profundizar: esto se parece a pocas cosas. Primer punto a favor.

A ver, en realidad se parece a muchas cosas y algunas están incluso excesivamente claras: Dirty Projectors y The National son los dos referentes más obvios. Sufjan Stevens y Beirut también estarían en la lista. Se parecen las canciones, pero no el proyecto o la forma en la que está concebido el disco. San Fermin es una suerte de ópera en la que dos personajes, un hombre y una mujer, tienen algo así como un diálogo sobre sus diatribas amorosas. Además de la contagiosa ‘Sonsick‘, el álbum contiene otros 16 cortes que intercalan pop de cámara, rock orquestado, folk y pasajes de música clásica contemporánea.

En la grabación del álbum han participado un total de 22 músicos, entre ellos, parte de Bon Iver. En directo, San Fermin se han apañado hasta ahora con la mitad, aunque en actuaciones recientes, el número parece haberse quedado definitivamente en ocho. El jefe de todo el tinglado es el mencionado Ellis Ludwig-Leone, un chaval de 23 años, licenciado en composición por la Universidad de Yale y asistente durante los últimos tiempos del compositor Nico Muhly, que combina su carrera en solitario con sus trabajos como arreglista en discos de gente como Bonnie ‘Prince’ Billy, Sam Amidon, Grizzly Bear, Jónsi o Anthony and the Johnsons. Vamos, que viene de un mundo bastante académico el chico. Y eso se proyecta claramente en las canciones, todas ricas, efectivas, limadas al detalle. Escuchan si no esta ‘Daedalus (What We Have)‘.

En la banda, Ellis ejerce de pianista, pero no canta. En el álbum, las voces las ponen Allen Tate (responsable de ese tono The National, pues es un claro émulo de Matt Berninger) y la pareja que forman Holly Laessig y Jess Wolfe (de Lucius, y culpables de que canciones como ‘Sonsick‘ suenen tan Dirty Projectors). Ellis no nos canta pues. Y además lo que escuchamos son historias de personajes. Las letras están escritas por él, pero como un guión para esos personajes inventados. Todos estos detalles (22 músicos, tres cantantes ‘profesionales’, historias contadas desde personajes, canciones interdependientes dentro de un álbum más o menos conceptual…) convierten al proyecto en algo tremendamente ambicioso. Y en algo también… extraño. Porque estamos más acostumbrados a la primera persona, a no hablar de currículums ni mencionar universidades y maestros, y de pronto hacerlo no suena nada indie, ¿o qué?

La calidad es indiscutible. Por desgracia, San Fermin no está disponible (al menos de momento) en Spotify y, aisladas, las canciones que hay en su cuenta de Soundcloud y/o su perfil de Youtube no hacen justicia a un disco capaz de transitar el camino entre el estribillo de ‘Sonsick‘, que podría caber en Kiss FM, y la abstracción instrumental de pasajes como ‘At Night, True Love’ o ‘In Waiting’, donde Ellis parece guiñarle un ojo a sus mentores de Yale.

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