30/07/2013

Un poco menos salvaje pero con mejores canciones que en su última visita. Conciertazo.

En la hora escasa que duró el concierto, Mikal Cronin perdió por lo menos cuatro cuerdas de su guitarra. Las tres primeras desaparecieron en los cuatro primeros temas. Amputadas a tirones despiadados por este chaval de San Francisco. Mikal Cronin tiene alma de niño bueno, de chico sensible. No hay habría más que darle una acústica y bajarle el tempo a sus canciones para descubrir que es un buenazo, que lo suyo es dulzura de paseo marítimo, melodía de granizado de limón. Pero con tres pedales y una eléctrica de 12 cuerdas, Cronin es un salvaje. Uno capaz de traducir la armonía en ruido y el dulce azúcar en sudor de baile. Los californianos ya nos dejaron atónitos el año pasado en su paso por el Día la Música. Lo hicieron con un concierto desprovisto de coros y acústicas. Todo fuerza y actitud. Desde entonces, la banda ha publicado su segundo álbum de estudio, MCII, un artefacto en el que logran esa alquimia perfecta entre el pop y el garaje. Sucio pero dulce, melódico pero fiero. Esta vez, de nuevo en verano,  Mikal nos visitó la noche de un lunes casi víspera de agosto. Sobre el escenario, ni pianos, ni flautas, ni violines, tres elementos que son protagonistas en algunos de sus nuevos temas. La estrategia parecía clara: menos matiz, menos arreglo, más caña… y a campeonar. Abrieron con ‘Is it Alright’, ‘Situation’ ‘Apathy’, las tres del primer álbum. Y a la tercera uno ya estaba irremediablemente convencido y entregado a la causa, gritando aquello de «I doooon’t waaaant apathyyyy…» En directo Mikal Cronin es pura vida. Imperfecto, áspero, divertidísimo. Sus canciones tienen una luz que ciega, un alma libre que contagia. Dibujan a la perfección ese estereotipo angelino de hedonismo, sol y playa. ‘Am I Wrong’ es una canción para bajar las ventanillas del coche y que te pegue denso el aire en la cara. Son de una alegría que contagia. Busquen a alguien en esta foto que quede libre de pecado.

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Con todo -sería la falta de sorpresa, el lunes, o el extra de melosidad de sus nuevos temas-, Mikal y los suyos no consiguieron encender el pogo. Vinieron un puntito menos salvajes que en su última visita, pero presentando también mejores canciones. Quemados los hits de su primer trabajo, llegó el momento de los nuevos himnos. Pasada la media hora enlazaron la veraniega ‘Shout It Out’ y la catártica ‘See it My Way’, que están sin duda alguna entre lo mejor de su género este año. La segunda, con su punteo liberador y su estribillo perfecto, fue probablemente la cumbre del concierto. Descomunal. Cronin presentaba cada tema de MCII avisando de que era nuevo, como preparado para una respuesta fría, pero resultaba evidente que allí la mayoría conocía estos que los de su debut. Lo demostraron, por ejemplo, berreando los «just a little bit» de ‘Change’, o acompañando los coros de ‘Weight’, poniendo una sonrisa fugaz en la boca de este colega de Ty Segall que casi mola más volando solo.

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Al final el set list quedó equilibrado entre los álbumes. Antes del bis sonaron la nostálgica ‘Again and Again’ y la rugosa ‘Gone’, donde lucieron su lado más gamberro. Tremendo ese momento en el que retoman tras el parón, con Cronin encorvado hasta tocar el suelo con la melena, con su otro guitarrista desbocado haciendo molinos con el pelo. El concierto, como sus discos, como la ejecución de sus canciones, fue urgente pero nutritivo, breve pero intenso. Cronin paró sólo para afinar, para amputar cuerdas, para disculparse por los problemas técnicos de rigor y agradecernos la presencia y el entusiasmo. Al bis salieron sin mucho reclamo y solventaron con ‘Whole Wide World’, el tema más mítico de Wreckless Eric, escrito en 1977. Ahí se dejaron llevar por complejo y hubo hasta duelo de solos con tapping incluido. Poca broma.

Fotos: Daniel Boluda.

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