12/06/2013

Primera parte de nuestra habitual previa al festival de electrónica de electrónica más respetado de Barcelona (y parte del mundo).

Veinte ediciones, seis traslados, más de un millar de artistas y algunos intentos de lecciones sobre qué diantre significa eso de música avanzada (que cada uno saque sus conclusiones: para mí es simplemente todo aquella a la que se le se dedique un mínimo de cariño y tenga pulsión experimental y electrónica, aunque también me vale esa que te secuestra en una pista). Esto es en resumidas cuentas lo que nos ha deparado el Sónar desde su nacimiento un ya lejano 1994 (recuerden: muere Kurt Cobain, Los Simpson aún molaban y Maragall seguía gobernando Barcelona… puro y lejano siglo XX), un evento que se formó en un contexto ideal: permisivo en cuanto a la creación de eventos y virgen en cuanto a la recepción musical de propuestas únicas, originales y valientes (la dictadura de la radiofórmula causaba estragos). Y que llega a 2013 siendo un coloso con tentáculos en casi todos los continentes y un centro neurálgico cada vez más amplio y dinámico, con una ambición aún mayor (ya no es sólo música sino todo aquello que esté vinculado a los avances tecnológicos) y con unas ganas terribles de celebrar la buena salud del panorama electrónico.

¿Preparado para aguantar a ese guiri pesado que chapurrea cuatro tópicos amigables mientras se balancea de lado a lado? ¿Al que te come la oreja con las bondades de Luciano? ¿A flipar con algún artista que no comprendes pero que por una extraña razón te mantiene pegado a su directo? ¿A debates encendidos sobre si eso es una genialidad o una tomadura de pelo? ¿A darle la oportunidad a ese que se pasea por el Village con una maqueta que va a asombrar al mundo? ¿A disfrutar de ese ‘chorizo de mi pueblo’ que incompresiblemente tiene un aspecto irresistible cuando cierra las puertas la Fira Gran Vía? Y, sobre todo, ¿estás preparado para escuchar, tragar y asimilar 30 remezclas distintas de ‘Get Lucky‘?. Con ustedes, Sónar 2013.

La electrónica salta el charco… y  a Diplo no se le escapa ni una

diplo

Que el EDM es un fenómeno de masas en Estados Unidos, ese país en el que por pedir una bolsa de pipas con acento te pinchan el teléfono, es una evidencia que invade de iconografía cualquier tumblr medio a base de adoración adolescente o bilis purista (aquí un magnífico reportaje sobre su auge y efectos). Que el trap se ha erigido en el nuevo subgénero salvable para aquellos que no soportan el drop de Skrillex y compañía (para qué vamos a negarlo, a muchos se les puede atragantar de tanto uso y abuso) es una afirmación quizá arriesgada pero no exenta de razón. Y que todo eso suceda en la nación dónde surgieron dos de las vertientes  más influyentes e ignoradas (allí) de la música electrónica, el techno de Detroit y el house de Chicago –dos corrientes que han alimentado al Sónar desde años inmemoriales– es algo que a la vez sorprende, entristece y, bueno, también genera cierta esperanza (ese nº1 de Daft Punk, más allá del valor de su disco, hace nada era impensable).

Y si hay que identificar con solo un par de nombres a los culpables de que por fin una nueva generación de norteamericanos abra los brazos a la música electrónica no podríamos obviar en ningún caso la figura de Diplo (el otro es Steve Aoki), que parecía que iba a ser recordado simplemente como el ex de ya sabemos quién y que se ha comido el mundo con su astuto plan de convertir géneros marginales y ninguneados en tendencias musicales globales. Si hay algo que no se le puede negar al de Tupelo es de tener un olfato bárbaro que le permite hallar en cualquier confín del mundo algún género musical marginal para convertirlo en el adalid de la modernidad. Sucedió con el favela funk, repitió con el moombaton, el reaggeton… y no ha parado desde entonces. Si a eso le añadimos el apoyo de una lista de amigos y/o colaboradores casi tan interminable (sí, más que para hacer un vídeo con los Canado o que Refree o Nile Rodgers punteé tu tema estrella) y una de enemigos que comienza a tener cierta envergadura por esa lengua viperina del que se sabe en la cresta de la ola (aunque luego se desdiga) podemos confirmar que el capo de Mad Decent tiene el don de la oportunidad y la ubicuidad bien asimilado. Una suerte y un curro recompensado con una noche de Sónar Club a sus pies.

Comenzando por el asalto del grupo que más satisfacciones comerciales le está dando, Major Lazer (viernes, 02:00h, ), que después de haberse deshecho de Switch –la otra mitad intelectual del grupo (ahí, haciendo amigos)– vienen dispuestos a arrasar con el lustroso, excesivo y epatante Free the Universe, un segundo disco que salva el listón como reválida tanto artística como comercial de su debut Guns Don’t Kill People… Lazers Do. Catorce raciones de esa marmita de géneros apócrifos que nunca se vuelve indigesto: dancehall, ghetto, bass music, dubstep, trap. Y todo preparado para un directo orientado exclusivamente al exceso y la juerga nocturna que, coñe, estamos de celebración y habrá que bailar un poco. Y si a eso le añadimos que el propio Diplo cerrará la noche del viernes en su faceta de DJ (viernes, 05:30h), últimamente mucho más abocado a la pista por la vía rápida del hitazo que a hacer un discurso homogéneo y con ambiciones, la noche será casi monopolizada por él. El hombre que estuvo detrás de los primeros logros de M.I.A. definitivamente es el que mueve los hilos de la música electrónica comercial.

Uno de sus ahijados, Baauer (00:45h), ha tenido el drama de ser conocido por ser el autor de Harlem Shake, para muchos el vídeo de hacer el idiota más que un hallazgo sonoro. No quiero ni imaginarme la que se va a liar en el momento que la pinche… si es que la pincha; sería un esquinazo de muy señor mío que no lo hiciera (aunque tranquilos, que a su jefe seguro que no se le olvida). Aunque Baauer no tendría de qué arrepentirse, su legado sonoro se mueve en las mismas coordenadas de su tema estrella y sería muy injusto que su carrera quedara marcada simplemente por un fenómeno youtuber, cuando temas como ‘Dum Dum‘ o sus magníficas remezclas a No Doubt o Disclosure (estupenda reinterpretación de ‘Me & You’) brillan por sí mismas.

skrillex

Pero si hay un nombre que ha levantado cierta polvareda (a ver, tampoco mucha, la gran mayoría de los que pisan el festival hace tiempo que asumen que el Sónar necesita este tipo de actuaciones, primero para no ser ajeno a cualquier tipo de boom vinculado a la electrónica por muy comercial o discutiblemente apreciable que sea y, segundo, como vía para atraer a más y nuevos seguidores y asegurar la supervivencia) ese es, sin duda, el de Skrillex (04:15h). Hubo una época en que hubieras dicho que The Chemical Brothers no era un grupo apto para el Sónar, y ahora el certamen barcelonés no se entiende en su totalidad sin su doble aterrizaje en el Sónar Club. Pues algo parecido pasa con Skrillex (y con Luciano, que repite año sí, año también y no pasa casi nada). Más allá de los sarpullidos que genera en unos o la devoción que despierta en otros, yo aplaudo que en un festival tan inmenso e inabarcable me den la oportunidad de poder escuchar incluso aquello en lo que parto con prejuicios. Quién sabe, quizá acabo rendido a los drops retorcidos yexhultantes de ‘Scary Monsters…’, ‘Rock & Roll’, o a su colaboración con los restos de The Doors  ‘Breakn’ a Sweat’, una muesca de una colección de temas que ha calado tanto que una generación de jóvenes estadounidenses (y muchos de fuera, más de los que creemos) ha comenzado a descolgar su poster de Jay-Z para rendirse a la estética que pregonan gente como el chico del peinado chistoso, Deadmau5 o incluso Nero. Y como a Diplo no se le escapa ni una, ya ha arrimado el ascua a su vera con Jack U, el proyecto a medias que tiene con Skrillex y del que damos por hecho que algo sonará esa misma noche. Vendrá después de la actuación de los icónicos Kraftwerk (22:45h) lo que podría ser despachado con frases lapidarias tipo el pasado da el testigo al presente y rollos así, pero prefiero esperarme un lustro para hacerme la misma pregunta con los mismos protagonistas.

Y para rematar una noche dedicada a lo que se cuece en el país de las barras y las estrellas tendremos el refuerzo de Alvin Risk (3.15), que sigue la estela de Skrillex aunque mucho más escorado a los breaks y al techno. El brillante EP Infinity así lo confirma, publicado en Dim Mak… o lo que es lo mismo, en casa de Aoki.

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