30/05/2013

Nick Cave, Crystal Castles, My Bloody Valentine, Hot Chip, Los Planetas, Wu-Tang Clan...

Y llegó la crónica del sábado. Y exactamente igual que a la última jornada del festival, llegamos a la última tanda de la crónica (aquí la del jueves, y aquí la del viernes) con la inspiración en números rojos y muchas ganas de cerrar el Primavera Sound 2013 de una vez. Hoy hace justamente una semana que pisábamos el Parc del Fòrum, y seguía resfriados cautivados por las decenas de conciertos que vivimos en la edición más masiva del festival. Aquí van 20 más para terminar por todo lo alto.

 

PANTHA DU PRINCE & THE BELL LABORATORY

Como ya es habitual, el Auditori Rockdelux nos ha regalado un año más uno de los directos más mágicos del festival. Un concierto de los que perduran años en la memoria y que no te cansarías de explicar a los amigos que no tuvieron energías para levantarse de la cama y llegar al recinto a tiempo (aunque después del cierre de Daphni el día anterior puede llegar a ser comprensible). Los conciertos de los sábados a las 16h en el Auditori se caracterizan precisamente por ser de estos conciertos difíciles de olvidar. El cansancio y la resaca se hacen notar, pero a quien madruga Dios le ayuda, y en el Primavera esto no es una excepción. Pantha Du Prince nos sorprendió con su espectacular nuevo show acompañado de The Bell Laboratory, una formación especial de seis músicos que también participaron en la grabación de último álbum Elements of Light, publicado el pasado mes de enero. El ambicioso proyecto del productor alemán es una sinfonía de música electrónica, campanas, carillones y percusión perfectamente combinados para ofrecernos una experiencia única. Con un instrumento de tres toneladas compuesto de ni más ni menos que 50 campanas, la cosa prometía no dejarnos indiferentes. Empezaron desgranando su disco Elements of Light meticulosamente, con momentos álgidos como el subidón final de ‘Spectral Split‘, pieza de 17 minutos clave en el disco. Las campanas y los carillones parecían fundirse con las bases electrónicas de Hendrick y la combinación cogía una fuerza brutal, gracias en parte a la magnífica sonoridad del Auditori. Y cuando todo parecía haber terminado vino lo que fue la despedida perfecta: el xilófono empezó a tocar las primeras notas de ‘Lay in a Shimmer‘ (de su aclamado álbum Black Noise) perfectamente adaptada a la nueva formación, dándole una fuerza y un directo arrolladores que culminaron con ‘Satellite Snyper‘, del mismo disco, para hacer levantar al personal y despedirse por la puerta grande. (Andreu)

 

NILS FRAHM

Después de lo vivido con Pantha Du Prince, su compatriota Nils Frahm tenía el reto de, como mínimo, mantener el listón a la altura. Y vaya si lo consiguió. Con una puesta en escena más bien minimalista pero muy acertada, iluminado por unos pocos focos a pie de pista, el alemán demostró que, pese a su juventud, no le faltan recursos ni nivel para ser reconocido como uno de los grandes compositores y pianistas de este siglo. Pese a la improvisación y a la experimentación con la electrónica, no faltaron canciones conocidas como ‘Said And Done‘ de su aclamado The Bells, o la bonita ‘Familiar‘. Tras una hora justa de concierto y con contadas y breves pausas, Nils se despidió emocionado provocando una aclamación colectiva más que merecida y dejando paso al tercer plato del triplete de genios alemanes de la tarde en el Auditori. (Andreu)

 

MOUNT EERIE

Por mucho que lo intentamos, resulta imposible empezar a valorar el concierto de Mount Eerie en el nuevo escenario ATP sin acordarse del sonido. Del sonido proveniente del vecino escenario Heineken, queremos decir, un inesperado y lamentable invitado que empezó como anécdota y acabó convirtiéndose en un suplicio tanto para el público como para los de Phil Elverum“That sucks”, espetó resignadamente el norteamericano cuando las voces de Adam Green y Binki Shapiro que traía el viento comenzaron a hacerse insoportables. Y es que, sin querer sonar quejicas, la delicada a la par que tenebrosa propuesta de Mount Eerie pierde todo su magnetismo cuando no se puede disfrutar en condiciones. Lo avisaban los más fans y ahora lo podemos corroborar: faltó silencio, faltó oscuridad y faltó la posteriormente celebrada luna llena para alcanzar ese punto casi hipnótico entre la belleza fantasmagórica y el acojone en el que habitan temas como ‘Clear Moon’ o ‘The Place I Live’, donde después de mantenerte sumergido en un mar de niebla durante más de cinco minutos un susurro en forma de “I come out from under” reconforta como un rayo de sol en el más crudo de los inviernos. Cuanto a la interpretación y el repertorio, centrado en los dos lanzamientos de la banda en 2012 (Clear Moon y Ocean Roar), poco que objetar salvo que echamos de menos la presencia de una batería que acabara de darle empaque al asunto, sobre todo en los espectaculares momentos de ruido con hasta dos bajos. Los coros de las tres chicas que completaban el cuarteto fueron una delicia, eso sí, aunque no consiguieron quitar el sabor agridulce de una actuación que un Elverum contrariado resumió como un “placer extraño”. Pues eso. (Arnau)

 

ADAM GREEN & BINKI SHAPIRO

“¿Qué grupo de los 60’s se ha reunido para tocar en el Primavera Sound?”, podría pensar algún despistado al escuchar la música que provenía del Escenario Heineken a eso de las 18:35h. Los autores de aquellas melodías no eran unas viejas glorias, sino Adam Green, Binki Shapiro y sus músicos. Sobre el papel, venían a presentar el primer álbum que lanzan como dueto, formado por canciones que, efectivamente, parecen haberse compuesto hace más de cinco décadas. Canciones delicadas y prácticamente acústicas que sobre las tablas lucieron más eléctricas y robustas. La teoría dice que han sido creadas entre los dos, que son fruto de un proceso colaborativo, pero la práctica dice otra cosa: Adam Green es el estandarte del proyecto, el líder absoluto, y la guapa Shapiro no pasa de secundaria con galones. Algo hasta cierto punto lógico que tiene sus pros y sus contras. Por un lado, la distribución de roles da la oportunidad de escuchar entrañables temas de la carrera en solitario de Green como ‘Cigarette Burns Forever‘, ‘Friends of Mine‘ o ‘Dance With Me‘. Por el otro, la personalidad aglutinadora y carismática de él (practicó su castellano todo lo que quiso, hizo crowd surfing, presentó a la banda y bailó con nulo sentido del ridículo) priva de disfrutar más de la deliciosa voz de ella. A pesar de eso, rato de lo más agradable para seguir desperezando la jornada de clausura. (Víctor)

 

Apparat

La dolorosa baja de Sixto Rodríguez permitió que el auditorio del Primavera estuviera más lleno de lo previsible la tarde del sábado. Es probable que si el protagonista de Searching for Sugar Man hubiera podido acudir a la cita, muchos hubieran renunciado a presenciar en directo el experimento de Apparat. El productor alemán interpretaba al completo su último disco, Krieg Und Frieden, la música de la adaptación teatral de Guerra y Paz de su compatriota Sebastian Hartmann. Más que un concierto, podríamos decir que lo que compartió Apparat con su público fue una experiencia sonora. El minimalismo instrumental a bases de sutiles fluctuaciones surtió efecto. Aunque en algunos puntos la música tuviera un efecto narcotizante, la ruptura de esa aparente apatía actuaba como antídoto. Así ocurrió con ‘Lighton’, el primer tema vocal. Un momento de intensidad del que después habría que descender, aunque en una habitación esa bajada es más efectiva que en un directo. La perfección sonora con la que se interpretó Krieg Und Friedmen y el silencio sepulcral en el interior del recinto adquirieron su completo sentido con el clímax final de ‘K&F Thema’, ‘Austerlitz’ y ‘A Violent Sky,’ tres piezas con el que finalmente los músicos ajustaron cuentas con las entrañas de los allí presentes. (Carlos)

 

THE SEA AND CAKE

Podría decirse que el escenario ATP era el de las malas pulgas y los sonidos extremos. Y es que a través de sus altavoces se escucharon gritos, alaridos, asesinas bases electrónicas, guitarrazos de ascendencia heavy… Tres jornadas para tímpanos curtidos en mil batallas, aunque hubo alguna salvedad, algún momento para la amabilidad y la distensión. Uno de ellos tuvo a los incombustibles The Sea and Cake como protagonistas. Cuatro tipos afables que poco o nada tienen que demostrar a estas alturas. Quizás por eso se deshicieron de ‘On and On‘ y ‘Harps‘, los dos clarísimos ganchos de su más reciente álbum, a las primeras de cambio para pasar a tocar lo que les vino en gana y darse un homenaje de melodías cristalinas, divagaciones jazzísticas y algún conato de distorsión. Como buenos noventeros, dieron una lección de clase sin menearse del sitio ni un centímetro. (Víctor)

 

MELODY’S ECHO CHAMBER

La lamentada baja de Rodríguez como mínimo ofreció la oportunidad de ver a bandas como The Sea and Cake, Apparat o Melody’s Echo Chamber, que de otra forma se hubieran visto sepultadas por el revival del sugar man. Así que, un poco por inercia (el escenario Pitchfork a las 7 de la tarde apetece), uno se plantó en las primeras filas de Melody’s Echo Chamber, dispuesto a comprobar si esta francesa apadrinada por Kevin Parker de Tame Impala tenía algo en ella más allá de su cautivadora belleza afrancesada y un notable disco de debut homónimo publicado el año pasado. Y la balanza acabó inclinándose por el sí, aunque vaciló un poco. Melody Prochet se mueve con magnetismo encima del escenario, y se rodea de una banda robusta que hace que sus canciones cobren nueva fuerza (empezó con la mágica ‘I Follow You‘, y poco a poco fueron cayendo el resto), aunque el círculo no se cierra porque el apartado vocal de la chica flaquea bastante en directo. Le falta confianza y afinación –suponemos que poco a poco lo irá consiguiendo– pero tiene la suerte de saber rodearse muy bien y de ser capaz de liderar con acierto una de aquellas bandas que no cambiará la vida de nadie pero a veces apetecen mucho. (Aleix)

 

Mac DeMarco

Genio y figura… hasta la sepultura. Y nunca mejor dicho. ¿Qué íbamos a esperar de un tipo que le escribe una canción a su marca de tabaco favorita? Pues nada bueno, en el mejor de los sentidos. Mac DeMarco es un personaje al que la vida le parece lo suficientemente corta como para vivir agobiado. Por eso facturó el año pasado un disco divertidísimo, de punteos dulzones y pop soleado. Y por eso salió al escenario Pitchfork a pasar un buen rato con sus amigos tocando sus canciones. El que esperase ver allí el concierto de su vida, algo trascendente, estaba equivocado. Pero joder, es que su buen rollo se contagia. Al final todo se reduce a él: el chaval sabe cómo tener al público comiendo de su mano, tirándose al suelo, diciendo alguna que otra chorrada por el micro, gritando, poniendo caras, haciendo cantar a la masa. Ganándose al personal. Y es por eso por lo que su show crece sobremanera, más allá de lo estrictamente musical. Aunque ahí también lo borda. Con la sonrisa puesta, el canadiense fue desgranando todas las perlas de su debut de manera solvente. Inquieto en el halo funk que desprende ‘Freaking Out The Neighbourhood‘ (qué riff, ¡qué riff!), romanticón en ‘My Kind Of Woman‘ o la tremenda ‘Ode To Viceroy‘ (“Oh honey, i’ll smoke you ‘til i’m dying”), incluso atreviéndose a rescatar ‘Rock N’ Roll Night Club‘ de su primer EP. Todo para acabar de la mejor forma posible: con la caricaturesca y semiacústica ‘Still Together‘, en la que Mac DeMarco se tiró a hacer crowdsurfing, rescató a un muchacho de las garras de seguridad, cantó con él, bajó a besar a su novia a la primera fila y acabó lanzando cigarrillos al público. ¿Por qué todos los jugones sonríen igual? (Sonida Collective)

 

The Babies

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We are The Babies and we travel real far / to play our shitty songs on our shitty guitars“, tuiteaban en su cuenta oficial los americanos hace poco. Y ya es mala suerte. Efectivamente, The Babies venían desde lejos para visitar por primera vez nuestro país y se encontraron con que gran parte de su set coincidía con el mayor reclamo nacional del festival: Los Planetas. Esto es, público nativo escaso y concierto con bien de espacio para bailar. Los de Brooklyn salvaron la papeleta con canciones en mayúsculas y tablas sobre el escenario. Un dato: servidor llevaba un tiempo sin ponerse su último trabajo y acabó coreando todas. Y es que, a lo tonto, a la unión de Kevin Morby (Woods) y Cassey Ramone (Vivian Girls) le empiezan a faltar dedos de la mano para contar temas redondos. Pildoritas de pop acelerado y guitarrero de tres minutos, con las voces perfectamente compenetradas (aunque mejor, en general, cuando canta él), sonando contundentes y con actitud, entre la hiperactividad del de Woods y los movimientos sensuales de la Vivian. Cayeron ‘Moonlight Mile‘ (uno de los hits incontestables del año pasado al que se le dio poca bola), ‘Slow Walking‘, ‘Get Lost‘ o ‘Mess Me Around‘, infecciosas, juntitas, sin dejar mucho tiempo para respirar. Nada que objetar. (Sonida Collective)

 

WU-TANG CLAN

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Un buen amigo, mucho más experto en la materia de lo que servidor lo será nunca, me dijo una vez que en los conciertos de hip-hop no hay término medio: o rompen en fiestón total o derivan en un soporífero espectáculo. Teoría bastante atinada que, como todas, tiene sus excepciones. Sin ir más lejos, el paso de Wu-Tang Clan por el Primavera Sound fue una de ellas. No fue ni mucho menos como para echarse una siesta, pero el emblemático combo sólo consiguió reverdercer viejos laureles en momentos muy puntuales. Las malas lenguas dirán que vinieron a hacer caja, a cumplir con el trámite sin demasiado lucimiento. Vaya usted a saber, aunque que dos puntales clave del clan, Raekwon y Method Man, no se animaran a venir hasta Barcelona hace que las sospechas se disparen. Seis fueron los MC’s que, secundados únicamente por un DJ y sus bases, comparecieron ante un público numerosísimo que en su mayoría parecía llegado desde más allá de los Pirineos. Seis gallitos comandados por RZA que ofrecieron un show excesivamente tribunero y populista: no escatimaron en clásicos de su discografía, pero tampoco en trucos facilones de los que terminan por cansar (piropos a Barcelona, botellas de champagne descorchadas sin cesar, fragmento del ‘Come Together‘ de los Beatles, instrucciones de todo tipo para mantener entretenido al gentío…). Mucho ruido y pocas nueces. (Víctor)

 

Thee Oh Sees

– “¿Qué tal Thee Oh Sees?” – “Voy en manga corta”. Este no es un diálogo absurdo, es una cosa real: acabar en manga corta el sábado a esas horas (casi las 11 de la noche) era de estar muy borracho o de haberlo dado todo (o ambas) con estos torbellinos de San Francisco que no nos dejaron mal recomendándoles. Sonaron como un tiro en el ATP y tocaron ante un público que tenía ganitas de cera. Por lo menos en las primeras filas, donde se armó el pogo esperado y donde no dejaron de volar cuerpos sobre nuestras cabezas. Thee Oh Sees presentaban su último trabajo, Floating Coffin, pero su setlist tuvo bastante sitio para temas de sus anteriores trabajos. Cayó la rabiosa ‘The Dream’, garaje puro de sonido oxidado y punteo retorcido, y otros hits antiguos como ‘Dead Energy’; de las pocas que reconocí entre saltos y desparrame. En un momento de éxtasis, uno de los cuerpos voladores cayó al otro lado del foso, con la consiguiente hostia. El personal de seguridad, que había pedido que parase el crowdsurfing, no debió tratar al infortunado con demasiado cariño, así que John Dweyr intervino. “STOP!!”, gritó a su banda, que se detuvo en seco. “Trátale bien, joder, que se acaba de caer de cabeza”, le dijo al de seguridad, y amagó con no seguir tocando si no se cumplía la orden. Al final del tema, volvió a encararse con el guardián del foso llamándole, juraría, “big ass dude”, y recriminándole de nuevo su actitud. El defensor del pueblo, ojo. Más allá de eso, musicalmente estuvieron impecables, no de dejaron absolutamente nada, puro derroche de energía. Las nuevas –’Toe Cutter – Thumb Buster’, ‘The Floatting Coffin’, ‘I Come From the Mountain’ (HIT!), o ‘Minotaur’, con la que cerraron– funcionaron a la perfección en esa tormenta casi sin reposo. Grandes. (Daniel)

 

Dan Deacon

Lo bueno de Dan Deacon es que casi nada se parece a Dan Deacon. Si uno se esfuerza puede buscar algún parecido tangencial, pero nadie hace esto que hace él. Y por descontado, en este cartel, no había ningún otro directo/gymkana con competición de baile y monólogo humorístico incluido. Deacon empezó invocando los poderes de la luna. “Moon, we want you!“, le gritó al satélite, y con la ayuda del público, mágicamente, el disco blanco emergió tras las nubes negras. Éxtasis. El de Baltimore hace lo que le da la gana. Puede abrir a su público en canal como Moisés con las aguas del mar Rojo. Puede crear un círculo y un túnel y hacer que los bailarines compitan, que las mitades compitan. Su directo es hedonismo puro, euforia en vena, gominolas y speed. El escenario se le quedó pequeño a su show/comunión y uno no podía dejar de pensar que esto, a esa hora, en el Ray Ban hubiese sido histórico. En el Pitchfork, con la voz tan distorsionada como baja, casi inaudible, fue acojonante. Acompañado por dos bateristas –uno de ellos, el de la derecha, un verdadero animal–, Daeacon nos tuvo una hora saltando, bailando y riendo. Le sobró lo de ponernos de rodillas, que estábamos ya molidos, pero solo eso. Todo subido en su caja mágica de ritmos y locura armónica. Que la gente entre en trance con temas tan complejos como ‘USA II: The Great Américan Desert’ o la descomunal ‘Guilford Avenue Bridge’, por citar dos de las que cayeron de América, su último largo, no está al alcance de todos. Inmenso. Otra oportunidad para recomendarle. Vean el video(Daniel)

 

Nick Cave & The Bad Seeds

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Comentábamos hace unos meses aquello de Dylan, Young, Springsteen….y Nick Cave. Todos en un pedestal acompañados de sus bandas. Y no hay nada más que ver al australiano y los suyos subidos sobre un escenario para comprobar que tal afirmación no es ninguna exageración. Todo apuntaba a que el último disco de la banda, el sobresaliente Push the Sky Away, obligaría a un concierto de madurez, muy alejado a lo que ofreció como Grinderman hace un par de años. Un concepto que se antojó imposible para el grupo de quincuagenarios. Los primeros acordes de ‘We No Who U R’ y eran simplemente el descenso a las catacumbas, el lugar que Cave y los suyos estremecen hasta volverlo incluso doliente, algo que ya se encargaron de hacer con ‘Jubilee Street’ y que repetirían en ‘From Her To Eternity’. El cantante rechaza la ternura de Thomas Mars y antes de ponerse a sacar lustre a su delicadeza ante un grupo de devotas prefiere restregar su entrepierna frente a alguna afortunada. La profesionalidad de Damon Albarn ya está demostrada así que solo queda azotar a su séquito, que lo celebra como un ejercicio de sadomasoquismo puro. Cada mirada, cada gesto es una invitación a permanecer en el averno soñado, apoyado también por el siempre soberbio Warren Ellis. Tiraron de clásicos como ‘The Weeping Son’ o ‘The Mercy Seat’, hablaba el reverendo a los que durante cerca de hora y media fueron sus súbditos, el simulacro de un ejército de las tinieblas. Sonó la calma de ‘Push The Sky Away’ y el maestro de ceremonias desapareció entre miradas que se preguntaban si lo que había pasado allí había sido algo terrenal. (Carlos)

 

Phosphorescent

Es curioso ver como dos bandas que ofrecen propuestas cercanas pueden distanciarse tanto a la hora de interpretarlas. El año pasado The War on Drugs acudía al Primavera Sound a ofrecer un concierto para presentar su estupendo Slave Ambient que finalmente resultó excesivamente plano. Ese rock intimista de estratos es también lo que ofrece Phosphorescent, uno de los últimos en incorporarse al cartel por las diferentes ausencias, y que venía bajo el brazo con el estupendo Muchacho, El pistoletazo de salida lo daba la slide guitar de ‘Terror in the Canyons’, y también marcaba la pauta de lo que iba a ser el resto de la actuación, sin duda una de las más emotivas de los tres días de festival. La voz de Matthew Houck y de la maquinaria que maneja a su antojo con el nombre de Phosphorescent resultó ser simplemente una maravilla para los oídos. A las canciones de su último trabajo se unieron ‘A Picture of Our Torn Up Praise’, ‘Los Angeles’ o la deliciosa ‘Tell Me Baby’, cuyo paisaje instrumental podía haberse alargado eternamente para el deleite general. Si a todo eso añadimos la dimensión de su última e imprescindible ‘Song for Zula’ llegaremos a la conclusión de que uno de los momentos mágicos ocurrió pasada la madrugada del sábado. (Carlos)

 

LOS PLANETAS

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Los Planetas son, ya lo sabemos, capaces de lo mejor y de lo peor. Por eso cuando el Primavera Sound anunció que su concierto en esta edición del festival sería interpretando el mítico Una semana en del motor de un autobús al completo, la reacción fue bipolar de inmediato. ¡Qué gran idea! ¿Pero estarán a la altura? ¡Disco de toda una generación! ¿Ensayarán lo suficiente? Es esa desconfianza que Los Planetas han introducido en nosotros a base de conciertos y más conciertos que se limitan a demostrar su amor actual (y majestuoso, eso sí) por el flamenco, así como su paso por los grandes éxitos de siempre con el piloto automático. Y que dejaba en un lugar suspendido su sitio a la hora de afrontar su disco de pop máximo. Pues bien… no fue para tanto. Por desgracia. A partir del ya célebre “1, 2, 3, y…” de Jota antes de la primera explosión de ‘Segundo premio‘, Los Planetas se dedicaron a desgranar, en orden estricto, Una semana en el motor de un autobús. Pero hicieron poco más que tocar las canciones con cierta inercia, como si las hubieran estado tocando cada noche del último año. Al final, si el concierto resultó memorable o emotivo fue por nuestro propio esfuerzo, el de un público al cual este disco ha marcado como muy pocos, ávido de escuchar en directo perlas como ‘Desaparecer‘, ‘Ciencia ficción‘ o esa ‘Línea 1‘ que coreamos con todas nuestras fuerzas. Incluso el estallido de ‘La Copa de Europa‘ supo a poco, y eso que muchos pensamos que se trata del mejor tema del disco, y grabado resulta evocador y expansivo y catártico como el que más. También supuso una cierta decepción comprobar que tras las notas finales de la canción que cierra el disco, Los Planetas se retiraran del escenario (otros protagonistas de un Don’t Look Back de estas características, como Sonic Youth o Built to Spill, regalaron un bis con 3 o 4 clásicos más). La sensación fue, una vez más con ellos, que habían cumplido, pero no habían molestado en más. Y es una pena, porque más predisposición por parte del público era imposible que tuvieran. (Y justo antes del concierto y a través de las pantallas, el caramelo de anunciar a Neutral Milk Hotel como primer cabeza de cartel del Primavera Sound 2014. Qué pena que la indiferencia o el desconocimiento fuera la reacción mayoritaria entre el público). (Aleix)

 

THE DRONES

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Tan a gustito se estaba en el escenario Vice, a resguardo de las inclemencias meteorológicas y lejos de las multitudes como si hubiéramos vuelto al 2007, que aún sin conocerles a fondo le dedicamos la antepenúltima hora del sábado a los australianos The Drones. Y que abrieran fuego con la tremenda ‘I See Seaweed’ (quizás la mejor canción que, por ahora, servidor les ha escuchado) fue, además de un auténtico subidón, una recompensa a la apuesta. El estallido que hay a los 2 minutos y 21 segundos de tema, cuando entra la banda en forma de furiosa caballería, casi justificó un concierto que siguió en lo más alto a lomos de ‘How To See Through Fog’, (un pelín) más reposada pero igual de penetrante. A todo eso, el vocalista y guitarrista Gareth Liddiard ya había tenido tiempo de arrojar una botella (medio llena) de agua a alguien del público antes de gritarle, no sin una perturbadora cara de loco, un estruendoso “Fuck you!” que provocó un glups generalizado. La cosa apuntaba a noche grande pero para nosotros no lo acabó de ser por, admitámoslo, no tener controlados los cuatro álbumes anteriores a Havilah. Cuesta conectar con el rock áspero, exigente y en ocasiones psicodélico de The Drones cuando uno no conoce los recovecos de sus composiciones, y eso fue lo que nos pasó en los antiguos, que se nos indigestaron. Afortunadamente, la visceral ‘The Minotaur’ acudió al rescate y su material más reciente siguió brillando hasta convencernos de que no sólo tienen un directazo sino que I See Seaweed es uno de esos discos que nadie debería pasar por alto en este 2013. Recomendadísimos. (Arnau)

 

CRYSTAL CASTLES

Para bien o para mal, acudir a un concierto de Crystal Castles se ha convertido en una especie de aleatoria e imprevisible lotería. Antecedentes hay de todos los colores: desastrosos, malos, regulares, buenos y apoteósicos. El último, su decepcionante y emborronado directo del pasado mes de febrero en Razzmatazz. Glups, mal rollo. Uno se plantó frente al escenario Ray-Ban con la misma sensación que debe tener el que se enfrenta a un bombo repleto de números dando vueltas: la confianza está ahí, pero es evidente que la combinación ganadora puede terminar por no salir. Cuando sale, eso sí, hay premio suficiente como para repartir entre todos. Así fue el sábado. Desde el primer segundo, el subversivo dúo salió a arrollar, dejando bien claro que su destructora y apocalíptica propuesta no tiene que estar obligatoriamente reñida con un sonido decente y ordenado. Incluso su actitud fue intachable. No se escondieron tras densas nubes de humo o insanos juegos de luces, dieron la cara y se aseguraron de que toda alma viviente que estuviera por allí terminara entregada a sus terroristas descargas. Hasta el impasible Ethan Kath, siempre a cubierto tras sus maquinitas, llegó a pedir palmas en un par de ocasiones y la perturbada de Alice Glass cantó mejor que nunca. Todo perfecto. Apenas habían transcurrido cinco minutos de actuación y ella ya estaba sumergida entre el público al ritmo de ‘Baptism‘. De repente, un mensaje de WhatsApp llegado desde las gradas del Ray-Ban confirmaba lo que se estaba viviendo en las primeras filas: ”Crystal Castles lo rompen hoy”. Y vaya si lo rompieron. De cabo a rabo, desde ese comienzo centrado en su último trabajo (‘Plague‘, ‘Wrath of God‘, ‘Telepath‘) hasta ese arrollador final en el que ‘Celestica‘, una irreconocible ‘Vanished‘, ‘Untrust Us‘, ‘Sad Eyes‘ y ‘Not in Love‘ se sucedieron sin solución de continuidad. Nuestras más sinceras felicitaciones a los técnicos y operarios que lograron que el escenario no se viniera abajo entre tanto bombazo sonoro. (Víctor)

 

My Bloody Valentine

Y llegaba, por fin, la hora de vernos las caras con otro de los revivals más esperados del festival. Las circunstancias acompañaban en la previa: la noche se había llevado consigo al viento, el escenario Heineken estaba sonando bien en los conciertos grandes (que no en los pequeños) y los irlandeses venían con disco nuevo bajo el brazo. Un M B V que tardó 23 años en llegar y que despertó contradicciones en la crítica por puro continuismo. El propio grupo resolvió, en cierto modo, las dudas acerca de su importancia: le dedicaron dos canciones (‘New You‘, ‘Only Tomorrow‘) y se metieron de lleno a interpretar Loveless, con algún picotazo suelto del debut Isn’t Anything. Cuando ya parecía que nada podía fallar para que My Bloody Valentine saliesen a hombros del festival, el asunto se desmoronó. Para empezar, porque Crystal Castles les habían ganado la partida de público en el escenario Ray-Ban. El remate llegó con un sonido que trastocó por completo el concierto. Ellos salieron a piñón y con actitud, abriendo con ‘I Only Said‘ y ‘When You Sleep‘, clavando las distorsiones y creando un muro sonoro como pocos son capaces. Pero ahí no se escuchaba un ápice de las voces, enterradas profundamente entre el ruido, no sé si por capricho del grupo o por cuestiones técnicas. Craso error, en todo caso. A cruzar los dedos para que se resolviese y esperar. Negativo. Súplicas desoídas y concierto instrumental de unos My Bloody Valentine que iban quitándose ‘Only Shallow‘ o ‘To Here Knows When‘ sin que escuchásemos una sola sílaba de ellas. Poco que reprocharles a ellos, que no fallaron en los instrumentos, pero su concierto acabó por convertirse en un pastiche sonoro soporífero. Qué rabia. (Sonida Collective)

 

HOT CHIP

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Si usted tiene un festival, deje el cierre en manos de unos expertos como Hot Chip. Y desentiéndase. Baje a quemar suela de zapatilla entre el público y disfrute de la incomparable estampa. Porque que los londinenses sean sospechosos habituales de nuestros escenarios desde hace años no debe hacernos pasar por alto un detalle: ver a un grupo de tíos raros-raros (el que no tiene toda la pinta de nerd parece sencillamente un padre de familia numerosa) haciendo música por y para la pista de baile no tiene precio, aunque ya nos hayamos acostumbrado a sus visitas. Pero Hot Chip no te ganan precisamente por la vía del impacto visual, sino por la del encadenamiento de hits sin tregua. El sábado escogieron diez de su infalible arsenal, ni uno más ni uno menos. Los justos y necesarios para arrasar una vez más (y van…). No hubo ni un momento para recuperar resuello, ni tan siquiera para acordarse de esa futurista y adictiva balada que es ‘Look at Where We Are‘. Nadie se quejó, allí todos sabíamos a lo que íbamos y Alexis Taylor & Co. sabían lo que debían darnos: temazos a mansalva. Los seleccionaron de todos sus trabajos, con especial atención al más reciente In Our Heads, y los dispararon convenientemente maqueados para la ocasión. ‘And I Was a Boy From School‘, ‘One Life Stand‘, ‘Flutes‘, ‘Over and Over‘… Todos sonaron más robutos, más expansivos, más acelerados y más contundentes que en su versión de estudio. Sí, más. La guinda llegó de la mano de un cierre especialmente desparramado y ravero protagonizado por ‘Hold On‘, ‘I Feel Better‘ y la camiseta de Don Quijote y Sancho Panza (!) que descubrió el diminuto Taylor. Fiestón. (Víctor)

 

DJ COCO

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Sentimientos encontrados con el fin de fiesta de DJ Coco este año en el Primavera Sound. Aquí uno es fiel a la sesión de clausura del residente de Apolo desde tiempos inmemoriales, y aquello de ver salir el sol en el escenario del antiguo (snif) ATP rodeado de todos los amigos y conocidos con los que has compartido (o no) horas de festival al ritmo de hits ya clásicos que van desde Arcade Fire a Journey pasando por Kelly Clarkson era sin duda uno de los momentos mágicos del festival. Este año, sin embargo, el tema cambió con el salto al escenario Ray-Ban (otro marco idílico, sí, pero mucho mayor) y la casi nula competencia en cuanto a electrónica a esa hora. Vaya, que el cierre de DJ Coco dejó de ser el refugio para los amantes del pop para convertirse directamente en el fin de fiesta oficial del festival. Así que no faltó euforia, ni miles de personas bailando al arsenal de hits que despachó Abel Suarez (Metronomy, Django Django, Pulp, Beastie Boys, ‘Midnight City‘ de M83 en remix con momento confeti incluido… y Journey, claro), pero ni la duración de la sesión (una hora y cuarto justita, ¿por qué tan corta?) dejó contentos a la mayoría, ni la comunión del público fue tan especial como otros años. Pero, en fin, un año más lo pasamos bomba. (Aleix)

Fotos: Dani Cantó, Eric Pàmies.

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