28/05/2013

Crónicas de Phoenix, The Postal Service, Tame Impala, Deerhunter, Manel, Menomena, Bob Mould, Jessie Ware, Woods, Savages, Chris Cohen,...

(Aquí la crónica de la jornada del viernes). Un año más (y van…), el Primavera Sound llegó y se fue como un suspiro, dejando atrás decenas de conciertos, de horas vividas, de kilómetros recorridos, de solapaciones, de encuentros inesperados, de escenarios al lado del mar, de camareros portugueses, bufandas y chaquetas inesperadas y viajes en la noria. Pero, sobre todo, dejando atrás momentos irrepetibles. En el año en el que definitivamente el festival se ha consolidado, tanto por extensión física como por envergadura del cartel, como una de las citas más masivas no solo de España sino de Europa, el Primavera Sound 2013 ha registrado un lleno prácticamente total con alrededor de 50.000 personas por días en el Parc del Fòrum, lo cual indica sin cortapisas la popularidad del festival actualmente y el tirón del cartel. El que fue anunciado como #bestfestivalever probablemente no ha sido tal (¿es que acaso existe?), en parte debido a dolorosas cancelaciones como las de Rodriguez, Fiona Apple o Band of Horses (el día antes) y en parte también debido a que la masificación ya es absoluta e irreversible. Bien resuelta, sí (este año apenas había que esperar para pedir en las barras, los flujos de público estaban mejor controlados, y la sensación de agobio –salvo en algún momento puntual– no era desmedida), pero también contundente para todos los que hemos crecido en paralelo al festival. Pero en fin, esto es el Primavera Sound a estas alturas, y como a nosotros nos interesa la música, aquí tienen el primer repaso de tres, este de la jornada del jueves, firmada a dieciséis manos (Daniel Boluda, Víctor Trapero, Carlos Marlasca, Sonida Collective, Arnau Roma, Andreu Llos y Aleix Ibars) y con nada menos que 18 crónicas. Solo del jueves. Disfruten.

 

Wild Nothing

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Si ya existían dudas previas de cómo se desenvolverían Jack Tatum y los suyos sobre las tablas, desde luego su set en el Primavera no las resolvió a su favor. Tampoco es que el resto ayudase demasiado. En horario aún de modorra para su propuesta dreampopera, con el viento zarandeando el sonido para todos los lados y en un escenario que se les hizo demasiado grande. Venían presentado nuevo EP y no le dieron mucha cancha para centrarse en Nocturne, al que el exceso de pulcritud y perfección del estudio les pasó factura, encorsetados y demasiado planos. Es curioso, porque su engranaje funcionó bastante mejor cuando echaron mano de viejos hits (‘Summer Holiday‘ o ‘Golden Haze‘) que con sus nuevos trabajos. Una pena. (Sonida Collective)

 

POOLSIDE

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A priori, todo parecía acompañar para que Poolside se llevaran el gato al agua, nosotros acertáramos con nuestra recomendación y todos acabáramos tan contentos. A su disposición tenían un horario a media tarde y un escenario con el mar de fondo, el Ray-Ban, que encajaban perfectamente con su propuesta de hamaca, visera y piña colada. Pero los nubarrones cubrían gran parte del cielo cuando los californianos saltaron a escena y, para colmo, ellos no dieron pie con bola a base de confundir falsetto con vil desafinación y diversión con mamarrachería. Lo segundo puede arrancar alguna sonrisa si se hace con mesura, mientras que lo primero tiene más complicado conseguir el perdón. Finalmente, lo que iba camino de un naufragio asegurado se quedó en simple decepción gracias a una recta final más housera, uptempo e instrumental. Calladitos estuvieron más guapos. (Víctor)

 

L’HEREU ESCAMPA

Aunque sobre el papel lo que sigue debería ser un contrasentido, lo cierto es que a la práctica los grupos locales lo tienen crudo en un festival del calibre del Primavera Sound. Esto jode pero es así: a los guiris se la repampinfla el producto patrio (sí, Manel y Antònia Font también) y a nosotros, los aborígenes, nos puede eso de que a los de casa les podemos ver siempre que queremos mientras que las bandas foráneas “a ver cuándo vuelven… si es que vuelven”. No es de extrañar, pues, que nada más asomarse a un Pitchfork que a esas horas aún despertaba, L’Hereu Escampa se encontraran con una concurrencia trufada de fieles y amigos pero más bien escasa. Ante tal panorama, el incipiente dúo de Manlleu tuvo clara la fórmula para no diluirse en un mar de cemento: volumen a nivel revienta tímpanos y actitud como para comerse el panel fotovoltaico que les cobijaba. El resto lo pusieron sus canciones, primero las ya consolidadas como ‘Consol, Condol’ y luego las del flamante Llamp de Déu, álbum largo de debut de la banda y un notable paso adelante en lo que a melodías y estructuras se refiere. ‘La font’, ‘Margarides’ con ese comienzo casi slowcore o la final y apasionante ‘La feram’ convencieron e hicieron que, envalentonados público y banda, ni por un momento nadie se acordara de Wild Nothing. Todavía están un pelín verdes, sí, pero si no se desvían del camino Guillem y Carles pronto harán bueno el tópico de que L’Hereu Escampa son los No Age o los Japandroids catalanes. (Arnau)

 

Woods

WOO

Ya habíamos avisado de que lo de Woods iba a molar, por esa facilidad para hacer canciones de pop folk soleado y convertirlas en piezas de psicodelia y garaje en mayúsculas. Una vez confirmado con nuestros propios ojos, la pregunta es por qué no tienen un espacio más relevante en el grueso del cartel. Y eso que se la jugaron apostando por ‘Cali In A Cup‘ y la barbaridad que es ‘Bend Beyond‘ en directo para empezar, sin paños calientes. Ni con esas perdieron fuelle en un concierto al que no faltó, por cierto, Jota de Los Planetas. Sólo un pero: se echó de menos un teclado que llenase aquello del todo. Por lo demás, impecable. Ratos para la vena más folk y ratos de pura épica desbocada (lo de ‘Size Meets The Sound‘ fue gordo) con un Jeremy Earl pletórico y unas guitarras que sonaban como cuchillos. Es que son muy buenos. (Sonida Collective)

 

SAVAGES

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La empresa a la que se enfrentaron Savages fue de las que harían encogerse y salir por patas a más de uno. Esto es, defender sobre las tablas un debut de aúpa, condensar toda la rabia y el nervio del mundo en apenas tres cuartos de hora de show. Pues bien, las londinenses lo lograron con creces, al menos mientras las circunstancias se lo permitieron. Y es que, tras un inicio afilado y arrollador en el que se encadenaron ‘Shut Up‘, ‘City’s Full‘ y ‘I Am Here‘, se vieron obligadas a echar el freno por culpa de unos problemas técnicos que dejaron fuera de juego a su guitarra. Bajón total cuando el concierto ya estaba situado en la rampa de despegue definitivo. Fueron sólo dos o tres minutos que transcurrieron entre improvisaciones batería-bajo y caras de circunstancias de una Jehnny Beth que por unos momentos no pareció tan feroz, pero se hicieron eternos y a punto estuvieron de cargarse lo que el cuarteto había empezado a construir a martillazo limpio. Y decimos »a punto» porque Savages se crecieron ante la adversidad demostrando saber estar y madurez, el público supo reconocérselo y unas y otros terminaron entregados a ese final a piñón con ‘She Will‘ y ‘Husbands‘. Hype testado y acreditado. (Víctor)

 

Tame Impala

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Acudimos a ver a los de Perth con la incógnita de si responderían como un grupo grande al aplauso casi unánime que despertó su Lonerism. Si se limitarían a tocar el disco o habría más. Si el supuestamente chico raro Kevin Parker sería, efectivamente, un tipo introvertido y tímido. Si el cambio de miembros les había afectado. En resumidas cuentas: si Tame Impala se merecían el apodo de psicodelia para estadios y dejaban de ser, para siempre, un grupo para críticos y puretas. Pues bien: una hora les bastó para demostrar que juegan en una división superior al resto. Así de radical. Tocados por una varita mágica. Abrieron con la radiante ‘Solitude Is Bliss‘ y aquello ya fue un no parar. Primero, porque empiezan a tener un arsenal alarmante de hits y todos los clavaron. Y, después, porque van más allá, arriesgan y se meten en jams instrumentales medio improvisadas de dos minutos para firmar un concierto completísimo y espléndido. Tan pronto están en lo alto como caen a pasajes experimentales, de guitarras lánguidas y atmosféricas que parecen ir a su bola, para volver al estribillo después de un giro imposible. Al mando, un Kevin Parker que ve la música de otra manera que los mortales, excelso en las voces, con ganas de bailar y que no dejó de pasárselo bien con su grupo y con el público. Mención aparte para un batería que bordó todos los breaks, que no fueron pocos y fáciles, que marcó y viró la cadencia y llevó al grupo en volandas. Tame Impala sonaron fuertes, masivos y espaciales en un escenario Heineken que se atragantó a muchos otros grupos. Cayeron la coreadísima ‘Feels Like We Only Go Backwards‘, ‘Elephant‘ o ‘Apocalypse Dreams‘ y aquello se convirtió en un recital para mirar embobados y aplaudir muy fuerte hasta el cierre, tremendo, con ‘Half Full Glass Of Wine‘. ¿Triunfadores del festival? (Sonida Collective)

 

Manel

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Con incertidumbre llegaba los catalanes Manel a su primer paso por el Primavera Sound. No solo por el hecho de ser uno de los pocos grupos que, cantando en catalán, actuaban a una hora casi punta (las 20:30h en el Ray-Ban, solapándose con nada menos que Tame Impala) sino porque ese concierto representaba la primera presentación oficial de Atletes, baixin de l’escenari, su tercer disco, que debatimos ampliamente con ellos en su momento, y que veía al cuarteto despojarse de colaboradores y facturar su trabajo más básico y crudo. Y así es precisamente como se mostraron ante un nutrido (aunque no multitudinario) público, con una puesta en escena más contundente que nunca, que se centró en su nuevo disco en la primera parte, para luego pasar a desgranar hits como ‘Al mar!‘ o una portentosa ‘Benvolgut‘, y cerrar con el que ya es el nuevo himno de Manel, la eufórica ‘Teresa Rampell‘ y su «que ve l’amor!«. El público acabó coreando gritos de independencia, y ellos demostraron que de tablas y calidad van sobrados para actuar en una hora y un escenario así. (Aleix)

 

Chris Cohen

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Era una de las incógnitas de la noche. Uno de esos conciertos que puede ser perfectamente un mojonazo de cuidado. La presentación de un disco delicioso, de los que requiere tiempo, mimo y oportunidades. Un concierto que debería haber sido el concierto-premio del Auditori a las 16h pero que acabó programado en el escenario del ruido a las nueve y media. Chris Cohen, sentado a la batería, no hizo truco alguno. No quiso suplir la carencia de intensidad de sus canciones, no alargó partes instrumentales, no inventó absolutamente nada. Simplemente se subió, se sentó y tocó las canciones de Overgrown Path con una sensibilidad y una delicadeza hipnóticas. Una lección de sencillez y de confianza en uno mismo, con esa forma de casi jazz que es un susurro. Fue una de las mayores sorpresas de todo el festival. ‘Solitude‘ y ‘Optimist High‘ son joyas de las que quedan. Grande. (Daniel)

 

Dinosaur Jr.

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La de Dinousaur Jr. podría considerarse una de las apuestas seguras del Primavera Sound. Era su tercera actuación en el festival y los estadounidenses no fallaron. Entre los motivos puede estar su más de cuarto de siglo en la picota y aún haciendo trabajos de la talla de su último I Bet On Sky. Lejos de intentar contentar a sus últimos seguidores con sus más recientes hits, optaron por mostrar currículum, comenzando con ‘The Lung’ y siguiendo por ‘No Bones’, uno de los imprescindibles de la década de los 80. Un concierto de guitarras afiladas, sin pretensiones y con intensidad, donde se mostraron imperiales tanto al ejecutar himnos recientes como ‘Watch the Corners’ como al versionar el ‘Just Like Heaven’ de sus coetáneos The Cure. Es probable que si J. Mascis y los suyos se lo propusieran, pudiesen empaparse con ese aura de misticismo que con merecimiento tienen otras bandas. Pero sus reivindicaciones son otras bien diferentes. Y solo hay que dejar que suene ‘Start Choppin’ o ‘Feel The Pain’ para entender que cualquier tipo de parafernalia está de más y que aquí solo importa la música. (Carlos)

 

JESSIE WARE

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Poco antes de las 22:00, la (nutrida) colonia británica presente en el festival apenas daba señales de vida a lo largo y ancho del recinto. Toda parecía concentrarse en un mismo punto: el escenario Pitchfork, donde había cita con Jessie Ware y sus pendientes tamaño noria. Quien esperara toparse con una estirada y altiva aprendiz de Sade, se llevó una grata sorpresa: Ware, enfundada en un vaporoso vestido negro que dejó poco a la imaginación cuando bajaron las temperaturas, estuvo parlanchina (sin llegar a ser cargante) y encantadora, tiró de elegancia y chulería a partes iguales para brillar y trató a su banda con un cariño casi fraternal. Daba gusto verla paseándose por el escenario con aires de diva contemporánea, ciertamente. Y luego estuvieron sus canciones, claro, luminosas y sofisticadas aunque el volumen del Pitchfork flaqueara algo en la primera jornada. La encargada de abrir fuego fue la que da título a su glamouroso debut, ‘Devotion‘. En adelante, un carrusel irresistible en el que no faltaron la pistera ‘Imagine It Was Us‘, la tierna ‘Valentine‘ (con su batería sustituyendo con solvencia a Sampha) y dos hits finales, ‘Wildest Moments‘ y ‘Running‘. (Víctor)

 

Bob Mould

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Fuimos a Bob Mould atraídos por los hits de su último trabajo, con el que reconocemos que hemos entrado, tarde, a su discografía. En formato trío y con un sonido mejorable, Mould se comportó como el terremoto que prometían sus canciones. La competencia con Deerhunter y The Postal Service vació la explanada del ATP de curiosos: aquello era territorio fan. Media de edad superior a los 30 en las primeras filas y muchas ganas de lo que Mould dio: un concierto de greatest hits, incluyendo en el setlist dosis generosas de su paso por Husker Dü y Sugar (esa ‘A Good Idea‘ lo petó). Los fans de toda la vida lo gozaron. A nosotros, neófitos, nos arregló la noche con las consabidas ‘The Descent’, ‘Keep Believing’ y ‘Star Machine’. No llegó a lección magistral, pero mereció la pena. (Daniel)

 

THE POSTAL SERVICE

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¿Cuántas bandas en el mundo con un único disco en cartera pueden presumir de aparecer en la parte más alta de un cartel festivalero? Pocas, muy pocas. ¿Y cuántas pueden decir a toro pasado que semejante honor y responsabilidad no les ha quedado grande? Menos aún, probablemente. Una de las que puede responder de forma afirmativa a ambas preguntas es The Postal Service, resucitados y reunificados para la ocasión. Ya sabemos de sobra qué les hizo colarse con letras XXL entre otros de los nombres gigantescos que se dieron cita en el Parc del Fòrum: estar liderados por quien están liderados y, sobre todo, ser autores de un álbum de época como Give Up. Un disco casi de culto del que se han despachado más de un millón de copias en una década, recordemos. A tenor de la expectación y el revuelo que podía palparse el jueves, apostaríamos a que muchos de esos compradores se arremolinaban en torno al escenario Heineken poco antes de las 23:00. Los menos expertos nunca adivinarían que The Postal Service es, en esencia, un dúo, ya que lo que allí vieron fue un cuarteto sorprendentemente engrasado que justificó de pleno su ¿momentánea? vuelta a la actividad. Ben Gibbard, hiperactivo y bailongo, no falló ni una nota; Jimmy Tamborello, parapetado tras su trinchera, manejó el cotarro en un segundo plano y hasta aportó algunos vocoderizados coros; Jenny Lewis, perfectamente compenetrada con Gibbard, ejerció prácticamente de co-vocalista; y Laura Burhenn, sonriente de principio a fin, demostró que no es ni mucho menos una novata a los teclados. Entre los cuatro resucitaron a un Give Up que ha envejecido regular, no nos engañemos. A estas alturas, sus bases electrónicas y su adn indietrónico parecen provenir casi del paleolítico musical, aunque precisamente ahí puede estar la clave para entender la reconfortante atmósfera de nostalgia que envolvió todo su set, algo irregular pero siempre enternecedor. Arrancó certero, con tres highlights de Give Up como ‘The District Sleeps Alone Tonight‘, ‘We Will Become Silhouettes‘ y ‘Sleeping In‘, hacia el ecuador estuvo cerca de perderse entre medios tiempos y llegó a su final remontando el vuelo con ayuda de la agitada ‘A Tattered Line of String‘ y, sobre todo, de una celebradísima ‘Such Great Heights‘ en la que Gibbard se acordó de su paso por la sala Razzmatazz de Barcelona en 2003 («uno de nuestros mejores conciertos«, afirmó). Tras ellas, ‘Brand New Colony‘ y sus infinitos »everything will change» bajaron la persiana definitivamente. Y, de repente, volvió a ser 2013. (Víctor)

 

Deerhunter

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Dejémonos de rodeos: Deerhunter han llegado a un punto en el que hacen lo que quieren, como quieren y cuando quieren, y siempre les sale a pedir de boca. Y ya puede dar igual que Bradford Cox salga a escena con un vestido minifaldero de leopardo, ridiculizando su figura desgarbada ante un Ray-Ban repleto pese a que jugaban contra The Postal Service. Para su nuevo disco han dejado de lado los desarrollos etéreos para meterse de lleno en un rock and roll enrabietado y fangoso, y en esas coordenadas se movieron durante todo el concierto. Sólo un par de concesiones al pop (la intro de ‘Cover Me (Slowly)‘ que desemboca en ‘Agoraphobia‘, y ‘The Missing‘) y mucho garaje enlatado, con Cox cada vez más metido en ese papel de nuevo ídolo punk que tan bien vestía su amigo Jay Reatard. Estridentes, con actitud, como un puñetazo en el estómago. Los de Atlanta incluyeron músculo y distorsión en sus interpretaciones del ‘Halcyon Digest‘, Lockett Pundt bordó la coreadísima ‘Desire Lines‘ y los temas de su último trabajo sonaron en plena forma (finalazo en ‘T.H.M.‘, jolgorio en ‘Back To The Middle‘). Una hora que se pasó volando y que acabó con una ‘Monomania‘ apoteósica y Cox cargando su guitarra en la espalda entre distorsiones y ruido. Mono-monomania, mono-monomania. Soberbio. (Daniel)

 

Grizzly Bear

Pasito a pasito entraron sigilosamente hasta convertirse en una de las bandas que justificaban aquello de #bestfestivalever en esta edición del Primavera Sound. Aunque puedan parecer más, son ya cuatro discos y un ascenso meteórico desde aquel Veckatimest de hace cuatro años. La actuación de Grizzly Bear no puede decirse que decepcionara, pero caminó entre el preciosismo y algunos momentos asépticos. Desde el comienzo de ‘Speak In Rounds’ quedaba claro que la banda podía ser más sugerente que explosiva. Quizá es el problema de intentar contentar al respetable con los canciones del último disco. Aunque, no nos engañemos, temas como ‘Yet Again’ sonaron maravillosos. Tan solo ‘Cheerleader’, de su anterior trabajo, se coló en la primera parte del concierto. Y después podemos considerar aquello de que no eran las composiciones más reconocibles, pero también es cierto que a Grizzly Bear se le supone capacidad suficiente para levantar el vuelo con temas como ‘Knife’ en el repertorio. Quedó la magia de las luces a medio gas, el intimismo declarado, o los momentos de mecheros al alza. Pero los de Brooklyn deben tener en cuenta para próximas ocasiones que sobre el escenario es necesario apelar con más fuerza a las emociones, aunque a elegancia y pericia instrumental no les gana nadie. (Carlos)

 

Menomena

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Es curioso lo de Menomena. O te enamora o te provoca una indiferencia importante. A nosotros huelga decir que lo primero. Para colmo, los americanos hacía años que no venían a España y servidor, que tiene Mines y Moms en su lista de mejores discos del último lustro, era debutante. Grizzly Bear volverán. Menomena quién sabe. Reconocida la subjetividad y explicado que aquello, tanto como un concierto, era un saldo de deuda musical, intransferible, hay que decir que mereció la pena. El gigantesco Daniel Seim y su no menos fornido colega Justin Harris, que te da una hostia y te desmonta, salieron al Vice en formación de cuatro. Empezaron con ‘Strong Man in The World’ y enseguida enlazaron ‘Plumage‘ y ‘Capsule‘, las que abren su último álbum, para encender definitivamente a todos fieles. La paradinha saxofónica de la primera fue uno de esos inesperados momentazos que uno se encuentra de pronto. Las roturas explosivas de ‘Heavy Is As Heavy Does’, tremendas. Y el momento del concierto fue cuando se fue la luz en pleno clímax de ‘TAOS‘ y, tras sorpresa de todos y una cuantas flexiones de cara a la galería del batería (Danny Seim), la retomaron sin perder un ápice de fuerza para acabar de forma triunfal. Falló acaso el setlist, en el que incluyeron temas algo menores, como ‘Five Little Rooms’, y del que se cayeron, incomprensiblemente, trallazos como ‘BOTE‘ o ‘Tithe‘. Cosas que no se explican, oiga. (Daniel)

 

Phoenix

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Y llegaron Phoenix al Primavera Sound 2013. Y llegaron dispuestos a triunfar. Pese a un disco que ha tenido un recibimiento algo tibio aún con el hit ‘Entertainment‘, los franceses se han aposentado ya en la liga de los cabezas de cartel, y no parecen querer moverse de ella. Por eso arrancaron su paso por el Primavera Sound con un quinteto de temas de altura, soltando ‘Entretainment‘ de buenas a primeras (aunque a decir verdad sonó menos contundente que en su versión de estudio) y rápidamente lanzando un guante a Wolfgang Amadeus Phoenix con la estupenda ‘Lasso‘ y la colosal ‘Listzomania‘ (que enloqueció al personal) y siguiendo rápidamente para bingo como ‘Long Distance Call‘ (esta de It’s Never Been Like That) y ‘Too Young‘, que lógicamente pusieron todo patos arriba. Caray. No en vano fue un principio arrollador que hubiera resultado casi imposible de superar de no ser porque Phoenix son ante todo un grupo muy listo. Siempre coqueteando con el mainstream, saben poner el freno en el momento justo para no cruzar esa fina línea, y de ahí que la parte central del concierto fuera de tendencia más sosegada, con piezas casi ambientales como ‘Girlfriend‘ y la mezcla entre ‘Love Like A Sunset‘ y ‘Bankrupt‘ o medios tiempos refinados como ‘Trying To Be Cool‘ y ‘Fences‘. Con un sonido pulcro, un batería imparable y un Thomas Mars que parece que todavía tenga veinte años, Phoenix lograron deleitar tanto a sus fans de larga trayectoria como a los más recientes, gracias a que lo tenían todo milimetrado. Las proyecciones, espectaculares fotografías en blanco y negro o epilépticos destellos de color, formaban parte de esa estrategia perfectamente estudiada, que justo cuando amenzaba de cruzar la línea del tedio tras ‘The Real Thing‘, se encargaron de volver a encarrilar con esa joya oculta que es ‘Armistice‘ (que Mars ya cantó tocando al público), y ‘1901‘, que puso a saltar a las miles de almas que se amontonaban en el escenario Heineken. Una insólita versión en acústico de ‘Countdown‘, con Mars ya instalado en la valla del público, dio paso a un bis en el que Phoenix volvieron a bascular en el lado menos accesible de la balanza, con esa ‘Don’t‘ de Bankrupt! que terminó en estruendo absoluto, y una ‘Rome‘ que vio al hiperactivo cantante haciendo crowdsurfing durante un buen rato (un clásico de sus conciertos) y que dio pie a un cierre catártico en el que apareció, casi por casualidad, un J. Mascis (de Dinosaur Jr.) a la guitarra a quien, todo sea dicho, no se le sacó nada de jugo como colaboración. Una anécdota que sin embargo no empaño un concierto francamente redondo, siempre en su lugar. Ah, y por si fuera poco regalaron obras de arte. (Aleix)

 

Fuck Buttons

Entre tanto asunto digerible el jueves, acudir a ver a Fuck Buttons podría suponer un riesgo para gran parte del respetable. La oscura abstracción electrónica de los británicos puede suponer un remanso de frescura para algunos, pero también un castigo explícito para los que no les conocieran. Nada más lejos de la realidad. Andrew Hung y Benjamin John Power presentaron un particular universo de ineludible atracción. Si su música puede abrazarse con cierto escepticismo por parte de sus detractores, sus dos figuras entre sombras bajo las imágenes actúan como un martillo en el subconsciente y desencadenan un agujero negro en el que también tienen cabida las nuevas canciones del tercer álbum que verá la luz a finales de julio. Las pequeñas fluctuaciones de su vasto manto sonoro conmueven, tanto en la faceta más optimista de ‘Olympians’ como en las atmósferas espaciales de ‘Surf Solar’. Los casi diez últimos minutos de ‘Flight Of The Feathered Serpent’ fueron celestiales, el aperitivo idóneo para la hora en la que el sublime cacharreo comienza a sustituir a las motivaciones más tradicionales. (Carlos)

 

Toundra

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Toundra son objeto de polémica siempre en este blog, que se empeña en hablar poco o nada de ellos y cuando lo hace es para decir que no son para tanto como alguno los pinta. El jueves decidimos, pues, darle una oportunidad a su rock instrumental animados por el paso adelante de su último trabajo, que si bien no nos mata –a mí no, al menos– tiene algunos pasajes interesantes. Diremos que lo vimos primero de cerca y luego de lejos. Cansados y con la motivación justita. Pero, se pongan como se pongan, aquello era una cosa bastante poco sugerente. Música instrumental con poca narrativa. Parecía un concierto de rock jevorro sin vocalista. Rápidamente feroz, ejecutada bien sin más, con unas baterías inmaduras, llenas de golpes por todos lados. Supongo que es simplemente una cuestión de gustos y al que le tire el asunto disfrutará. Personalmente no conecto y lo poco que vi del directo del jueves no me ayudó en absoluto. (Daniel)

Fotos: Dani Cantó, Eric Pàmies, Xarlene, Santiago Periel, y Daniel Boluda.

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