29/04/2013

Gran concierto de una de las bandas nacionales dispuestas a marcar 2013. Y sí, lo nuevo mola.

Están siendo largos, bastante largos, los días de espera. El tercer álbum de los gallegos, Victoria Mística, apunta altísimo, pero no termina de salir. Suponemos que es cuestión de semanas, pero de momento tenemos que conformarnos con los adelantos que hay y la no breve lista de youtubes inaudibles que circulan por la red. La del sábado era pues una cita obligada para todos los que babeamos con el nuevo material de Triángulo de Amor Bizarro y para todos los que valoramos estas tormentas en salas, más que en escenarios abiertos en festivales de verano. Aunque allí, qué duda cabe, la propuesta también funciona. Entramos al Ocho y Medio cuando ya rugían las guitarras de ‘La Malicia de las Especies Protegidas’, bofetón de ruido para ir abriendo boca. El cancionero de Triángulo se divide con cierta nitidez entre estas canciones densas, rugosas y de digestión pesada; y los hits. La cera y el fuego. Una combinación que hace que sus discos tengan siempre al menos un par de temas de adicción pura, himnos generacionales, carne de DJ, pólvora festivalera; y después una serie de temas menos inmediatos pero que, comprada la fórmula, acaban creciendo a cada escucha, a cada linea descifrada. En el concierto el asunto mezcla incluso mejor. No hay concesiones, apenas hay palabras más allá de los agradecimientos de rigor. Allí manda la distorsión, la energía a chorro. ‘El Himno de la Bala’ pasándose por encima como una ola. ‘Amigos del Género Humano’ encendiendo el pogo de los más fieles, explotando en calidad de himno desgañitador. La sala, de las tirando a grandes, estuvo casi llena y sonó como debía. En los laterales regular, pero en el centro y las primeras filas, a un volúmen acorde a la intensidad de estas bestias.

Hecha la introducción vinieron las novedades. Debieron de sonar media decena de temas nuevos. Entre ellos, el ya conocido ‘Robo tu Tiempo‘, con esos sintes industriales, esa batería infernal, las sierras y todo su arsenal disonante. Domado todo por el cantar retorcido de Rodrigo. El tipo hasta se permitió el lujo de parar a la banda a mitad del tema para dejar que el público exigiese la “¡¡guillotina!!” que clama este tema aún no editado. Volvió a retorcerse después con ‘Ellas se Burlaron de mi Magia’, otra apisonadora que, según contó Isa en una de las contadas veces que habló, compusieron a unas horas de un bolo en esa misma sala. El tema es como una guerra. Uno entra en trance con ese juego de “no quiero, esperar, no quiero, esperar, no quiero, esperar…” que destila más violencia que impaciencia. El concierto sólo bajó las pulsaciones en ‘Estrella Azul de España’ y, menos, en ‘El Fantasma de la Transición’. Todo lo demás, caña. Probablemente el momento más pop de la noche fue la presentación de ‘Estrellas Místicas’, nuevo single que lleva sólo unas semanas en la red y ya suena a clásico con su “sonríe, hostia, sonríe”. El disco después sonará como suene, pero ninguna de las nuevas presentadas el sábado bajó el nivel. Mantienen la velocidad, la furia, y ese gancho pop que parece magia entre tanto ruído. Ni que decir hay que la sala se cayó con la abanderada de esa alquimia. ‘De la Monarquía a la Criptocracia’, 2.754 escuchas después, sigue siendo un hit tan incombustible como sus creadores. Los de Boiro se despidieron con ‘El Crimen: Cómo Ocurre y Cómo Remediarlo’, colapsando sobre sí mismos en un tornado de hostias y guitarrazos. Final de verdad, único. Sin bises. Los deberes estaban hechos.

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