27/03/2013

Los dos primeros adelantos de su segundo disco nos ponen los dientes largos.

Nuestra relación con Mikal Cronin empezó casi de casualidad, cuando le incluimos prácticamente a ciegas entre nuestras recomendaciones para el Día de la Música 2012. Apenas le habíamos prestado atención hasta el momento, inconscientes de nosotros, pero la jugada nos salió redonda: nuestro hombre y sus tres secuaces ofrecieron un concierto de los de caerse de culo. Contundente, distorsionado, sudoroso y acelerado, mucho más de lo esperado. Aquel caluroso día de junio presentó en la capital las canciones contenidas en su debut homónimo, publicado hace casi dos años. Tiempo que el de San Francisco ha aprovechado para dar forma a un nuevo álbum, MCII, que, esta vez sí, seguiremos de cerca desde el preciso momento en el que vea la luz (allá por el 7 de mayo en los USA, una semana después en Europa). O, mejor dicho, desde ya mismo, que sus dos primeros adelantos lo merecen. Uno, ‘Shout It Out‘, es un trocito de verano escondido en 2 minutos y 55 segundos tan cercanos a Real Estate como a Weezer, un paseo por uno de esos soleados campus norteamericanos en los que el capitán del equipo de fútbol siempre se liga a la más guapa de las cheerleaders. Un estribillo ganador escoltado por unas pequeñas dosis de distorsión, unos coros à la Beach Boys y unas palmadas que despiden el tema en todo lo alto. Pero por poco tiempo: resulta casi imposible no volver a apretar el play tras unos pocos segundos. El otro, ‘Weight‘, son palabras aún mayores. Arranca despistando, amagando con erigirse en un baladón al piano. Pero no, que Cronin esté algo deprimido por haber descubierto alguna nueva cana en su cabellera (»I’m not ready for another day», canta primero; »I’m only getting older’‘, confiesa después) no quiere decir que vaya a renunciar a sus seis cuerdas y su pedalera. De hecho, hace frente a ese mar de dudas por el que navega la letra con la composición más ambiciosa y pulida de su carrera. ‘Shout It Out‘ y ‘Weight‘, dos motivos que nos hacen pensar que Mikal Cronin nunca más será simplemente el-amigo-de-Ty Segall. Que va a hacer un discazo. Que su hora, definitivamente, ha llegado.

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