05/03/2013

Crónica tardía pero especial del festival de culto de Castellón.

01. INTRO

El domingo 25 de julio de 1965, en el marco del legendario Newport Folk Festival, Bob Dylan tomaba una decisión histórica, y tras el set acústico que había ofrecido en solitario el día anterior, se presentaba ante la audiencia y la historia con una banda absolutamente amplificada y un set tenso y electrificado. La reacción del público fue airada y desde aquella noche de 1965 los abucheos se fueron sucediendo concierto tras concierto durante 1965 y 1966, culminando en el famoso incidente en el que el público del Manchester Free Trade Hall abuchearía al bardo de Minnesota durante el set eléctrico, con gritos de “Judas!”, a los que Dylan contestaría con un “Play it fucking loud” dirigido a su banda, y que sería el preámbulo a los acordes de una monumental e histórica interpretación de ‘Like A Rolling Stone‘, el inicio de uno de los grandes capítulos de la historia de la música.

02. TODO ES SONIDO

Esa dicotomía enfrentada se acabó convirtiendo en un híbrido fronterizo y oscilante de géneros, pues la música no es el tipo de expresión artística (ninguna lo es, de hecho) más idónea a la hora de ser noqueada. Como a aquel Bob Dylan, y tras lo visto en la edición de este 2013, a eventos como Tanned Tin tenemos que estarle eternamente agradecidos por su continua exploración de híbridos y promiscuidad de sonidos, pues justamente eso es lo que demostraron las performances programadas en el Teatre Principal y el Casino Antiguo de Castelló, entre el 7 y el 10 del pasado mes de febrero.

03. ESPECIES DE ESPACIOS

El Teatre Principal es un lugar acogedor en el que podías departir amigablemente con amigos y artistas sobre los conciertos que se iban sucediendo: el reducido tamaño de los bocadillos era una mera anécdota al lado de las tapas y platos a la brasa que ofrecía el fabuloso y hospitalario Bar Restaurante Eleazar, lugar de encuentro ya clásico para los asistentes al festival y que perfectamente podría ser un escenario encantador para alguno de los saraos de pequeño formato, una de las joyas de la corona que tan bien le sientan al Tanned Tin, como por ejemplo los sucesivos interludios protagonizados por Matt Elliot y de forma accidental por Nico Roig que se programaron a lo largo de los tres días de festival en el piso superior del Teatre.

Matt Elliot utilizaría sus sucesivos y diarios 15/20 minutos de performance para llenar de loops y capas acústicas esa planta superior, haciendo de esos miniconciertos una de las más destacables experiencias sensoriales del festival, además de aparecer como el comodín que sustituiría a Keiji Haino, aunque esa historia la dejaremos para el final, como gran acontecimiento que fue. Por su parte Nico Roig hizo doblete, primero también como comodín al sustituir la noche del sábado al propio Elliot, quien pasaba al escenario principal por el affaire japonés. Tímido y sensible, acompañado por su guitarra acústica y una silla que también parecía instrumento. Nico Roig mimó a los presentes, tanto allí como luego acompañando a la guitarra a Pau Vallvé, en la presentación de De bosc, actuación que tuvo lugar en las matinales programadas en el Casino Antiguo, un lugar extravagante, algo así como una extraña casa de muñecas salida del atrezzo de una película de Stanley Kubrick. Aunque con una visibilidad algo problemática para el público y un jolgorio excesivo para los artistas, que provenía de la sala colindante, no menos cierto es que alguno de los protagonistas logró sacar provecho de esa conjunción de elementos: el público se quedó con ganas de más Vallvé, y acabó agotando todos los discos que se pusieron a la venta de De bosc (efectivamente, en un concierto la buena música vende).

En ese mismo escenario también ofrecieron miniactuaciones abiertas y aptas para todos los públicos las cantautoras Simone White y Emma Tricca, que con su folk lánguido y locuazmente desenchufado, acompañado por el tintineo cristalino del alcohol que se servía al lado, de algún que otro estornudo o de los juegos de los niños presentes en la sala, nos devolvían nuevamente a los tiempos de Joan Baez o Joni Mitchell.

Como queriendo calcar a aquel Newport Folk Festival, la acústica mutó la mañana siguiente, última del festival, a lo que no iban a ser meras propinas que finiquitaran el Tanned Tin: Eric Cheneaux nos regaló 25 minutos de jazz-folk experimental, peculiar y extraño, que casó a la perfección con lo que justamente antes había ofrecido Fernando Junquera, miembro de la Orquesta del Caballo Ganador, con su excelente proyecto en solitario Negro, y que claramente resultó uno de los mejores conciertos del fin de semana, dejando absorto al personal, basculando desde la desnudez minimalista de sus punteos aparentemente incidentales hasta llenar todo el espacio del Casino de mil y una circularidades. Toda una exhibición espacial y sonora que no escapó al interés del mismísimo Chris Brokaw, que se quedó con ganas de llevarse el disco y quién sabe si, vista la animada charla que apartados de miradas inquisitivas mantuvieron en el hall, imaginando una futura colaboración con Junquera.

04. TEATRE QUÀNTIC DE CASTELLÓ

Ese formato miniaturizado también funciona en lo que es el centro neurálgico del Festival, un Teatre Principal de Castelló cómodo y de buena acústica, que apenas ofrecía dificultad para lograr un buen asiento en el que disfrutar de los conciertos: allí, el elemento musical primaba sobre cualquier otro, pues no hay pases de moda en el Tanned Tin: sólo música, música y más música. Los extremos volvían a tocarse sobre el escenario: austeridad vs. explosión de sonido. En tiempos como los actuales podemos afirmar, en terminología hippie sesentera, que el folk es más barato que el rock. Girar en solitario y sin banda se ha convertido para muchos artistas en una necesidad para que los malditos números cuadren, algo que tampoco le viene mal al presupuesto de un festival. De la necesidad también nace la creatividad, por lo que esa vuelta a la indagación del sonido acústico no debe ser entendida como un paso evolutivo atrás, sino una suma de múltiples posibilidades: la belleza del pop acústico y delicado de Neil Halstead,

cada vez más focalizado en su voz, y presentando los temas de Palindrome Hunches, contrasta no tanto con sus trabajos en Mojave 3, pero sí con el pasado, en forma de muros shoegazers de Slowdive, una perenne convivencia cuántica de estados en la que también se cruzaron los sobrios y crecientes Nacho Umbert y Raül Refree con sus historias de personajes anónimos o no, si contamos el estreno de un tema en el que se narra el affaire de su madre con una estrella de Hollywood, quienes finalizaron al piano con una magistral ‘Colorete y Quitasueño’ que hubiera hecho las delicias de Pascal Comelade, o la extravagancia naif y conceptual de los japoneses Maher Shalal Has Baz, multiorquesta de juguete con un recorrido de temas breves de ejecución caótica en los que Tori Kudo (director, solista y clown) ponía punto final en el momento más inesperado, practicando el funambulismo por el borde del escenario o cayendo torpemente sobre él: toda una experiencia.

En la jornada del jueves tuvo lugar la que sería primera de las dos apariciones en el festival de Lee Ranaldo, ésta en formato acústico. Flanqueado por unas guitarras preciosas (que al final del festival serían subastadas) y sentado en una silla que no lograría calmar su innata vocación rockera de peculiares afinaciones, su set fue parco en minutos (algo que se repitió a lo largo del festival) pero los temas de Between The Times And The Tides sonaron crudos y bellos (‘Off The Wall‘ o ‘Fire Island (Phases)‘ son hits). Hacia la mitad del show la aparición sorpresa de Steve Shelley con sus ritmos percusivos nada ortodoxos, con un cajón flamenco, supuso una nota de color atípica

, un cruce mestizo de culturas que se encargaron de profundizar a la perfección el grupo de blues tuareg Tamikrest, quienes entusiasmaron con los temas de sus discos Adagh y Toumastin, la psicodelia ácida de oriente y occidente fusionándose en plena catarsis del público.

05. CONTRASTES Y CASTELLÓ

Castelló es una metáfora en obras, una ciudad sin memoria de cajeros con billetes de 50€, de Casinos en el Grau ubicados en antiguos cobertizos para mercancías, de muchas naranjas en el suelo, de suburbios laberínticos, del cauce sinuosos de las aguas residuales en sectores de casas bajas, de estrechas calles al margen del recuerdo condenadas a la confusión eterna de Google maps, lugares, al fin, donde poder encontrar lo veraz en forma de arròs negre, en el suculento Rincón del Marinero. Esos arrabales se esconden en zona de nadie, sin saber si es un languidecer o una presencia serena, como los susurros al piano de la más que jovencísima cantautora sueca Amanda Mair, la broma folk algo aburrida de Peter J Brant y Ben & Bruno, las escuetas actuaciones de Julie Doiron o Grupo Salvaje, o la irritante tranquilidad con la que Nick Talbot atacó los temas de Gravenhurst, con una obsesiva tendencia a la perfección sonora, afinando hasta el límite las cuerdas de una guitarra que tampoco lo necesitaba. Incluso así, ‘Saints, ‘Circadian’, o la supernova eléctrica final que supuso ‘Black Holes in the Sand’, sonaron espléndidas.

Triangulo de amor bizarro

En cambio, actuaciones también en solitario como la de Chris Brokaw, presentando los temas de su último trabajo Gambler’s Ecstasy o rescatando temas del maravilloso Incredible Love, llenaron totalmente el escenario de electricidad, recordando mucho a la gira que se marcó Neil Young presentando sin banda Le Noise, y quizás anticipando lo que ahora ya es oficial: la próxima reunión de Come para celebrar el vigésimo aniversario de Acuarela. Por su parte a Triángulo de Amor Bizarro parece haberle sentado muy bien tanto la colaboración con Sonic Boom, como las imágenes de los films de Alejandro Jodorowsky El Topo o La Montaña Sagrada: más etéreos y espaciales, instrumentales y pacientes, lograron que el sonido comulgara con la surrealista liturgia del cineasta, en una apuesta más arriesgada y explorativa, al igual que el dúo berlinés Schnaak, que logró que su ruidismo asimétrico y gamberro animara ya a altas horas de la noche al público del festival con una sesión de rock microconsolero. También Tigercats, pero desde otro extremo, lograron mover los traseros de la gente con su pop luminoso, desenfadado y pegadizo, de reminiscencias a la Velvet Underground, The Modern Lovers o Hefner. Muy buenos conciertos, pero

06. VIOLENCIA SONORA

Pero si de animar al personal se trataba, cuatro grupos se llevaron la palma: los murcianos Schwarz, metronímicos, violentos, más oscuros que nunca, golpearon los pabellones auditivos de los presentes con los temas de su último trabajo, Alquimística: germánicos e imponentes, el kraut volvió a revolotear en una sala que parecía querer vestirse de bigotes setenteros y camisetas de cuello corto para seguir el ritmo orquestado.

Por su parte, la Lee Ranaldo Band electrificó y amplió lo ya ofrecido el jueves, con un set en el que también se presentó un nuevo tema

y donde las canciones del LP crecieron hasta la extorsión sónica, como le ocurrió a la candidez acústica de ‘Hammer Blows‘, deconstruida hasta la extenuación. A pesar de figurar en el setlist ‘Genetic‘, un tema de Sonic Youth, ésta no fue interpretada, pero sí sendos homenajes a The Byrds (‘Everybody’s Been Burned‘) o a Neil Young, con la extraordinaria ‘Revolution Blues‘, dando fin a uno de los grandes conciertos del festival, quizás no el mejor, simplemente porque los conciertos que Lisabö están ofreciendo desde la publicación de Animalia Lotsatuen Putzua ya no son adjetivables, son sólo estrellas novas implosionando, contrayéndose, logrando que escenario, pasillos y asientos del Teatre parecieran una nueva galaxia en llamas naciendo del subterráneo sonido de los de Irún. Inconmesurables e históricos.

07. BONUS TRACK: KEIJI HAINO WAS HERE

Pero al nivel de actuación legendaria en este festival sólo puede situarse la de Keiji Haino, el guitarrorista japonés que ofreció una sorprendente y conceptual actuación a distancia, estudiando el jueves los aledaños del festival (Teatre, hotel, calles limítrofes…), imaginando la composición escondido de las masas

, y dejando Castelló el mismo sábado para ofrecer una performance psíquica y lobotómica desde un lugar desconocido. Quizás fue una actuación en exceso deudora de aquel Silence de John Cage, pero no por ello fue menos interesante. La escapada de Keiji Haino sólo debiéramos explicarla en términos filosóficos y espirituales, y jamás en términos matéricos, a pesar de que algunos nos quedáramos con más ganas de su presencia física, siempre violenta (musicalmente hablando).

Pero dejando la psicomúsica a un lado, no hay dudas: el mejor chismorreo de todos es que Tanned Tin es un festival cuántico y metafísicamente necesario en nuestra escena independiente. O adjetívese como guste: un festival obligatorio en nuestra cultura de vino y rosas.

Fotos: Tanned Tin (menos la de Keiji Haino, que es de Sergisonic)

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