26/02/2013

Entrevistamos a Julio de la Rosa.

La combinación de foto y titular podría dar a entender que el tipo es un polemista gratuito que siente que está por encima del bien y del mal. Y no. Otro asunto es que esté ya de vuelta de muchas cosas y que su carrera musical en solitario no sea su única actividad profesional. Julio de la Rosa está en un momento pletórico artísticamente hablando. La Herida Universal fue un disco sobresaliente que por aquí acabó entre los cinco mejores de la cosecha patria de aquel año. Esperábamos mucho de su continuación, como dejamos claro en aquel post de principios de año, y Pequeños Trastornos Sin Importancia no nos ha defraudado en absoluto. Es más, con las escuchas se nos antoja incluso superior a su antecesor. Tiene seis canciones menos, pero dura lo mismo. La culpa la tienen cortes que jamás bajan de los tres minutos y un par de piezas que pasan de los seis. De la Rosa mantiene su tono grave, canallesco, burlón y en algunos temas lo suyo es puro teatro. Las letras, afiladas, llenas de cuchillazos, imágenes y giros redondos, hablan del amor, de la falta de amor, del rencor, el hastío y demás daños colaterales del sentir. Canciones de amor en la primera capa, retratos de trastornados en las subsiguientes. «El amor es un trastorno», nos dice en esta entrevista (electrónica). Encontrarán además detalles sobre el álbum, declaraciones políticas sin miramientos, respuestas más cortas que las preguntas y otras extensísimas y generosas como esta primera sobre el porqué de la portada. Abróchense.

Se ha generado cierta polémica por la portada del disco, que precisamente ha coincidido con el debatido artículo de El Diagonal sobre ‘el machismo gafapasta’. ¿Qué piensas de todo ello, la polémica de la portada era algo que esperabas o hasta cierto punto buscabas? ¿Crees que en efecto hay un machismo ‘escondido’ en la escena musical «indie»?
JULIO DE LA ROSA: No es que yo no sea machista, es que voy más allá del feminismo y simpatizo incluso con las ideas hembristas, aunque me puedan llegar a hacer daño. La actitud hembrista me parece muy comprensible, como me lo parece la actitud que en su día tuvieron los panteras negras. Machismo hay en todas partes. Pero creo que porque mueran tropecientas personas al día a punta de pistola no hay por qué prohibir su representación. Nos quedaríamos sin la denuncia, sí, pero especialmente, nos quedaríamos sin grandísimas obras de arte. El problema está en los ojos del que mira. Porque esta portada no habla de la dominación-sumisión de la mujer, como puede llegar a pensar quien la ve polémica. Esta portada es un chiste que habla de otra cosa. Mi nuevo disco habla de relaciones trastornadas. Detrás de cada canción hay un trastorno de personalidad. La foto de la portada de este disco plantea, con esa cosa llamada ‘sentido del humor’, lo que para mí es una pregunta importante: ¿qué es un trastorno? ¿Cuándo se puede empezar a considerar un comportamiento como trastornado? ¿A partir de qué punto? Para ello juego con cuatro posibles trastornos. Y digo ‘posibles’. Tenemos a una chica que se cree un perro, y ladra. Un chico que, enamorado, la lleva de una correa, como a un perro, para satisfacerla. Tenemos también el posible trastorno del gato, que ve fantasmas: confunde a una chica con un perro y, además, se asusta. Podría ser un trastorno muy pernicioso, ése. Pero el posible trastorno que me resulta más interesante es el de la persona que mira la foto. La gente cada vez está menos acostumbrada a pensar. Vamos demasiado rápido. Mirar y juzgar son dos gestos no separados por más de diez segundos. Parte de culpa es de las redes sociales. Es muy desesperanzador. Esta imagen era la más adecuada para transmitir el contenido del disco, y no me preocupó el hecho de que pudiera provocar, ya que, si esto sucedía, me gustaba pensar que la gente se tomaría esta provocación no en la acepción de irritar, sino en la de mover a pensar. Afortunadamente, creo que la mayoría de la gente lo ha entendido todo e incluso se ha reído mucho, como era la intención. Nadie se escandaliza habitualmente al ver el horror, la tortura, etc, en el cine o en el arte contemporáneo, pero parece que la iconografía del pop y del rock es tan pobre a este respecto que algo que ni siquiera es eso ya escandaliza. Todo el que se escandalice ante esta portada está hecho de la misma piel que aquellos que encarcelaron a aquel dibujante de caricaturas de Mahoma.

Avisas en el libreto sobre las dos lecturas del álbum, la simple y la compleja. ¿Querías desde el principio que el álbum tuviese esa segunda capa, esa posibilidad de leerlo como una colección de trastornos? ¿O fue al tener ya unos cuántos temas cuando te diste cuenta que tenían eso en común y terminaste de hilarlo?
Fue con la primera canción que hice, creo. Al escribir la primera letra de una de las canciones me di cuenta de que estaba poniendo en el papel algunos síntomas de una relación en la que uno de los dos tenía un trastorno de personalidad, tema éste, el de los trastornos mentales, sobre el que había investigado algo recientemente. Decidí terminar esa canción sin permitirme salir de esa sintomatología y, una vez terminada, pensé que era posible, aunque un reto, hacer cada canción atendiendo a distintos tipos de trastornos. Me resulta un tema interesante en parte por el tabú que hay creado a su alrededor. Y, además de mis propios trastornos, he tenido cerca la locura muchas veces. Un familiar cercano está ya ‘al otro lado’, otro se suicidó, a un amigo conseguí sacarlo del siquiátrico, tuve hace tiempo una pareja que había sido maltratada de niña, otra que tenía diagnosticada ideas autolesivas, y las llevaba a cabo; etc. Digamos que es un tema que siempre me interesó, me gusta el lado excepcional de este tipo de personas, pese a que me haya traído algún que otro problema alguna vez. Pero estos son casos excepcionales. Todos estamos un poco trastornados, y no pasa nada. El pastel político socio-económico mundial actual está absolutamente trastornado. ¿Cómo no va a afectar eso a nuestras relaciones personales? Esta lucha mía es la de encontrar un equilibrio entre la locura y la cordura que nos permita vivir en sociedad al tiempo que el potencial de la persona no acabe mermado.

¿Podrías desarrollar mínimamente esa teoría de que muchas canciones de amor tienen su origen en trastornos mentales?
Baste un ejemplo. ‘With Or Without You’, de U2. ‘No puedo vivir ni contigo ni sin ti’, dice la canción. Y eso es lo que les sucede a los pasivo-agresivos y también a los esquizoides cuando se meten en una relación de pareja. La mayor parte de las canciones de amor y desamor hablan en realidad de trastornos mentales. Y sí, el amor es ya de por sí un trastorno, pero súmale otros y ya verás el resultado.

Sorprende que hayas elegido tres voces de esas que «gustan o no»: Bunbury, Miguel Rivera y Miren Iza. Da la sensación de que cada uno está muy en la canción que le corresponde, en el fragmento que le toca y siendo protagonistas lo justo. ¿A medida que ibas cerrando los temas te imaginabas qué voces querrías, como un casting de actores? ¿Cómo fue la selección?
Sí, fue un poco así. Yo tenía todas esas melodías grabadas por mí mismo, en las maquetas. La idea era quitar algunas de mis voces, porque mi propio timbre sonando cuatro veces al unísono se empastaba demasiado, además de sonar falso. Así que pensé que era el momento de llamar a amigos de la profesión a cantar para que me ayudaran a levantar el monstruo. Pensé primero en los actores, como dices: amigos y amigas cantantes que me gustaran mucho. Una vez me hice el listado de nombres, fui escuchando las canciones y pensando en quién quedaría bien cantando dónde. Esta línea de voz es un poco Maga: seguro que Miguel lo hace muy bien. Ésta otra, si la hiciera Enrique, quedaría muy vacilona y muy potente: como un tronco que sostiene todo el engranaje de melodías del clímax de la canción. Quién mejor que Miren para hablar de escombros, con ese tono tan hiriente, pero tan dulce, que tiene al cantar. Así que fui llamándoles, y probando, y la mayoría de las veces funcionó tal cual. Otras, por supuesto, tuve que rectificar y cambiar de sitio al invitado, pero no porque lo hiciera mal, sino porque, al tenerlo al lado, descubría su voz y se me ocurría otro lugar, otra melodía, otra canción donde podía encajar mejor aún.

¿Cómo ha sido el proceso de grabación? El álbum transmite una frescura como de grabado en directo, pero supongo que eso es casi imposible dada la cantidad de gente y elementos.
Sí, nada que ver. Pero mi manera de hacer las cosas es cada vez más expresionista, por decirlo de algún modo pretenciosamente interesante, ja. Una vez consigues el gran gesto, a tomar por culo. Cuando te produces a ti mismo tienes que ter muy claro lo que quieres, y perseguirlo, porque si no corres el riesgo de perderte en el camino, de tanto probar. Al primero que llamé fue a Jorge Fuertes, el batería: compañero de piso en mis inicios en Madrid, baterista en algunos de mis discos y vecino de abajo. Le pregunté si le apetecía tocar sin usar los pies, y sin usar el chaston, ni los platos. Y entonces, ¿qué me queda?-, me dijo. El bombo en horizontal, tocado con la mano derecha con una maza, más una caja y una timbal base. Tres piezas. Así lo hicimos, y creo que lo que consiguió Jorge es vital para el correcto funcionamiento de todo el disco. No quería que sonara al típico disco de rock, y al eliminar el chaston en todo el disco, de repente aparece un aire que creo es crucial para dejar espacio a las distintas melodías de voz, y también a las percusiones. Ésa era la intención. Una vez grabé las baterías, me las llevé en un disco duro a mi estudio casero y me puse a grabar todo lo demás, a llamar a amigos para que tocaran y luego llamar a amigos para que cantaran. Una vez todo grabado, volví al estudio donde grabé las baterías, El Lado Izquierdo, de Dany Richter, y lo mezclamos.

Tengo la sensación de que la percusión ha ganado peso en los temas. Han desaparecido por ejemplo elementos como los acordeones, que utilizaste en otro tiempo. ¿Con qué tienen que ver estos cambios en la instrumentación?
Supongo que son cosas coyunturales. Antes de hacer este disco estuve haciendo la banda sonora de la película Grupo 7, donde usé todo tipo de percusiones no demasiado habituales, como eso de aporrear un steel drum justo por el sitio que no hay que hacerlo, etc. Yo ya había usado percusiones en muchos de mis discos, pero creía haber encontrado una combinación percusiva interesante en esta película: este Steel drum, unas pailas, un jangu. Sólo con esto ya sucedía algo nuevo, y a partir de esa combinación podía introducir o quitar elementos. Así que decidí integrarlo en el disco y ver qué pasaba. Mi uso de instrumentos menos habituales en el rock, como el dubra veena, el santoor, el waterphone, el pianet, etc supongo que tiene ver con mi experiencia como compositor de bandas sonoras. Y en función de los ‘juguetes’ que tengo en el estudio, van saliendo unas cosas u otras, según el ánimo.

Si no me equivoco, ‘La fiera dentro’ es el tema más largo que has hecho desde ‘Siempre Hay Algo Más’, en tiempos de El Hombre Burbuja. Háblanos de él, en cierto modo parece el eje de todo el trabajo.
Bueno, me di cuenta de que estaba haciendo un disco de excesos, y debía de llevarlo a sus últimas consecuencias. Esta canción pedía tiempo para que se desarrollase y, como a un árbol, a medida que crecía le iban saliendo nuevas ramas. Acabó casi en nueve minutos, pero es que no se podía hacer en menos. Lo probé y funcionaba peor. La idea con esta canción fue producirla de dos modos diametralmente distintos, quería que fueran dos canciones en una. El motivo es el texto, la letra de la canción. Pretendía meterme en el papel de alguien con un trastorno limítrofe de la personalidad. Este tipo de personas tienen una personalidad tan compleja que un día están queriéndose morir y al día siguiente amanecen frescos como una lechuga, así que pensé sería interesante romper la canción en dos bloques principales (y luego algunos menores, de paso). La primera mitad, enredada y desesperada. La segunda, alegre y muy pop. Como guinda del pastel pensé que hacía falta un climax final, de ahí que sea el momento en el que todo explota y las melodías de voz se entrelazan hasta llegar a un momento casi caótico. Y me refiero a las voces del disco, claro, pero también a la multitud de voces que tiene el protagonista en su cabeza. Como anécdota, comentar que éste ese tema que lleva cuarenta y cinco pistas de voces y hasta cinco melodías distintas de esas voces sonando al unísono.

El álbum vuelve a ser, en la superficie, una colección de temas de amor y desamor. Tal y como está el patio, ¿no te salen canciones que tengan que ver con otros asuntos? ¿Te interesa ese tipo de música más ‘política’ como oyente?
Este disco no podría haber salido en otro contexto socio-económico. Así que lo considero un disco bastante político, la verdad. Hasta tal punto es político, y no es una broma (que también, claro, pero date cuenta), que puedes incluso leer las canciones pensando en Rajoy, y cómo la llegada de este monstruo afecta al protagonista de la canción: ‘yo antes era un valle con lo habitual, verde y manantiales aire fresco equilibrio y paz… hasta que llegaste, espectacular, arrasando bosques, poco a poco pero sin piedad’. Y así gran parte del álbum. Yo hablo de amor, sí, y de relaciones trastornadas. Pero hablo de muchas más cosas que no tanta gente se da cuenta. Lo que no me interesa es cantar obviedades. Creo que cualquiera que escuche mi música se da cuenta de que soy de izquierdas, de que pienso que el estado nos está engañando continuamente y de que exijo en cada acorde una movilización social. Pero lo que no voy a hacer es que mi música pierda enteros por culpa de un puñado de políticos corruptos que no hacen bien su trabajo. La verdad es que me reí mucho cuando vi a todos los músicos del país haciendo ‘nueva canción protesta’ con motivo del 15M. Lo siento.

Es curioso cómo tus letras han ido alejándose de las metáforas elaboradas y de la tercera persona a una primera persona mucho más directa. ¿Eso significa perder el miedo a mostrarse uno mismo?
Bueno, la tercera persona ha sido siempre una cosa más puntual en mi discografía. Pero sí, a menudo uso la primera persona no ya en sentido autobiográfico, sino como la voz de un personaje. La cuestión es que no me importa que la gente confunda la persona y el personaje, cosa que suele suceder. Sé quién soy, y cómo soy. Lo que piensen los demás también está fuera de mi alcance.

¿Con qué formación vais a presentar el disco? En entrevistas anteriores he leído que lo de tocar en directo no es lo que más te gusta del proceso. ¿Cómo afrontas esta gira?
Llevaré una banda en la que cante todo el mundo, espero. Me gusta tocar en directo, pero no por obligación, ni hacer giras extensas. Haré lo que haya que hacer.

Una para nostálgicos: ¿El Hombre Burbuja resucitará algún día o está completamente descartado?
Nunca digas de esta agua no beberé. Pero no entra dentro mis planes más cercanos.

La última: recomiéndanos un disco para ponernos después de Pequeños Trastornos Sin Importancia, ¿Qué le iría bien?
El disco ése conjunto de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong. Maravilloso.

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