26/02/2013

Emotiva regresión a las eternas canciones de Pedro The Lion.

Creo que conocí a Pedro The Lion gracias a The Unfinished Sympathy. Debió de ser en un artículo de alguna revista impresa, cuando las webs de música todavía no estaban tan extendidas (no soy tan viejo, es que realmente hace cuatro días era así), y en aquel momento The Unfinished Sympathy me gustaban tanto que a la que mencionaban el nombre de algún grupo o artista, me lanzaba a descubrirlos. Y Pedro The Lion no me defraudó, especialmente, muy especialmente, por un disco como It’s Hard To Find A Friend, que se coló rápidamente en los recovecos de mi cabeza gracias a esa pasmosa facilidad para tejer melodías tan bonitas como hirientes. Control y Winners Never Quit también eran maravillosos, pero It’s Hard… tenía algo especial. Por eso cuando David Bazan, que durante muchos años fue la persona detrás de Pedro The Lion, dio un concierto en el BAM 2008, antes de The Long Winters, parecía que iba a tratarse de una deuda zanjada. Pero lejos de eso, aquel concierto –al aire libre, en un escenario inmenso de fiesta mayor, y con Bazan solamente con su guitarra acústica– dejó un sabor agridulce que solo se reparó cuando, la noche del sábado 23 de febrero de 2013, David Bazan salió de la pequeña puerta del pequeño escenario de la sala BeCool de Barcelona, con su guitarra tamaño pequeño colgando. Cinco años después, el sueño se cumplía definitivamente, esta vez de verdad, porque desde los primeros acordes de ‘Wolves At The Door‘, viendo a Bazan cantar con los ojos cerrados a un palmo de distancia, aquello colmó las expectativas que llevaban años escondidas en algún rincón.

No era, de entrada, la gira de reunión de Pedro The Lion que muchos hubiéramos querido. Como el propio David Bazan se encargó de aclarar en la entrevista previa que tuvimos el honor de hacerle, ‘solo’ se trataba de una gira europea en solitario que, con el fin de obtener algo más de repercusión, iba a recuperar algunas canciones del repertorio de Pedro The Lion, aprovechando una reciente gira similar (con banda completa) por Estados Unidos y la reedición de los discos en formato vinilo. Era David Bazan en solitario y en acústico, por lo que las piezas de cadencia slowcore se convertían aquí en joyas de orfebrería folk, arropadas por los acordes a veces precisos, a veces torpes de esa pequeña guitarra, y sobre todo por la estremecedora voz de Bazan. Una voz que pilla desprevenido, que te susurra, te coge amablemente de la mano durante la mayor parte del tiempo y de repente se rompe. Todo ello cogía todavía más sentido en acústico, formato en el que las canciones (especialmente las antiguas) cobraban nueva vida y que podría llegar a emocionar incluso a cualquiera que no hubiera escuchado jamás canción alguna firmada por el de Seattle.

Pero si a esa capacidad innata de transmitir con tan poco le sumamos el arsenal de canciones eternas que David Bazan nos regaló, la noche adquiere tintes casi místicos. Pocas se quedaron fuera: ‘Options‘, ‘Hard To Be‘, ‘When They Really Know You They Will Run‘, ‘Big Trucks‘, y ‘Bands With Managers‘ retumbaron en una sala BeCool que, pese a estar a media entrada, permaneció en absoluto silencio, atento al músico rechoncho que cantaba en los ojos cerrados. Una sentida versión de ‘Hallellujah‘ («una canción de Leonard Cohen, no de Jeff Buckley… que en paz descanse«, se encargó de detallar Bazan) y la cover de ‘April The 14th Part 1‘ de Gillian Welch (del disco Time (The Revelator) que Bazan proclamó como un álbum que cualquier al que le guste sus canciones debería tener; «en formato físico, no en streaming«) fueron las sorpresas de la noche, junto a la nueva canción brindada en el bis, y que estará en el nuevo disco que editará a finales de este año.

Para el olimpo de los recuerdos, la espectacular interpretación de ‘Strange Negotiations‘ (mil veces mejor que la original), y una eterna ‘Priests And Paramedics‘ en la que fue francamente difícil contener las lágrimas mientras aullaba lo de «you’re going to die / we’re all going to die«. Cuentan que en el concierto de Madrid explicó el origen de la canción. Por lo visto, su tío era paramédico –trabajaba en una ambulancia–, y había un yonki al que tenían que estar reviviendo cada dos por tres. El tipo se puso a cocinar anfetas, «but he didn’t know how, so it exploted, he was an idiot» («pero no sabía cómo hacerlo, así que explotó, era un imbécil), y cuando su tío llegó con la ambulancia se lo encontró en la últimas, inconsciente. En la ambulancia despertó, y preguntaba eso: «Am I gonna die?«. Y se supone que los de la ambulancia no deben decir nada en esos casos. O en todo caso decirle que sí, que se va a poner bien y todo eso. Pero el tío de Bazan lo vio muy claro, estaba claro que el tipo iba a morir, y le dijo: «sí tio, vas a morir, te quedan 5 o 10 minutos, así que si crees en Dios o algo… es el momento«.

Luego David Bazan añadió que ese fue el origen del tema, aunque obviamente la canción no cuenta esa historia. Ovación final, y deuda definitivamente saldada.

Fotos: Daniel Boluda

Publicidad
Publicidad