24/02/2013

Los daneses repasan su infravalorada discografía mostrando su cara más ruidosa.

Uno se dirigía hacia la Sala Arena (o Marco Aldany, o como demonios se llame ahora) con serias dudas acerca del tirón que tendría entre el público la enésima visita de The Raveonettes a la capital. Precisamente por eso, por ser la enésima. Aunque también por el no demasiado popular precio de las entradas, el tempranero horario (teniendo en cuenta que hablamos de un sábado) y el frío helador. Pues bien, nada pudo con la entregada y nutrida legión de fans del dúo danés. No es que se viviera un lleno absoluto, pero una conversación cogida al vuelo entre dos miembros de seguridad del recinto evidenciaba que la noche se saldó con una más que buena entrada: »hemos estado algo más de 600 personas». 600 personas poco madrugadoras, para ser más exactos. De hecho, menos de un centenar de cabezas se arremolinaban en torno al escenario cuando, a eso de las 20:30, asomó la anunciada telonera. Una tal Lowell, canadiense, rubísima, apadrinada por Apparatjik (súpergrupo formado por miembros de Coldplay, A-ha o Mew) y completamente desconocida por estos lares para más señas, que dejó algunos prometedores detalles. Acompañada de un batería de escaso protagonismo, recordó a Feist en los momentos más lánguidos, a una versión menos grandilocuente de Florence + the Machine cuando se empeñó en lucir una destacada capacidad pulmonar y a Lykke Li cuando se soltó la melena (metafóricamente, había poco que soltar). Tres referencias que, al menos sobre el papel, nunca pueden esconder algo malo. Demostró tener una habilidad especial para grabar su propia voz y loopearla a modo de coros low cost e incluso nos dejó comprobar que en su diminuto repertorio ya guarda algún hit en potencia. ¿Qué más se le puede pedir a una telonera?

Tras ella, llegó el momento de dar los últimos retoques a la puesta en escena con las habituales canciones enlatadas sonando de fondo. ¿Saben cuál fue la última que brotó de los altavoces? ‘Misread‘ de Kings of Convenience. Tan frágil y deliciosa melodía siempre es un buen presagio, pero poco o nada tuvo que ver con los siguientes noventa minutos que nos regalaron The Raveonettes. Porque, a pesar de que en 2009 tocaran la gloria sacando a pasear su vertiente más cristalina en el excelente In and Out of Control y en su reciente Observator se disfracen alguna vez de Real Estate, Sune Rose Wagner y Sharin Foo siempre serán unos ruidosos. Empedernidos y más que diagnosticados, no tienen problema en recordárnoslo sobre las tablas.

Así lo hicieron anoche desde la calma tensa de la inicial ‘Hallucinations‘. Con una solvencia aplastante, sin aspavientos. Disparando temas cortitos y al pie que esconden más electricidad que el árbol genealógico de Pikachu. Veinte fueron los que desfilaron por el escenario de la Sala Arena para dejar mudos a todos aquellos que tienen su mayor afición en el palique durante los conciertos. Y es que The Raveonettes quisieron asegurarse de que el único discurso que se oyera entre esas cuatro paredes fuera el de su música. Atronaron y distorsionaron consiguiendo que cada pieza estuviera en su sitio, logrando no sonar emborronados en casi ningún momento. Algo que, joder, tiene un mérito terrible. También lo tiene conseguir que todas las etapas de su infravalorada discografía tuvieran su correspondiente protagonismo a lo largo del setlist. El obviado Raven in the Grave, de 2011, tendría algo que decir ante esto (sus autores sólo se acordaron de él para rescatar la fúnebre ‘Apparitions‘), pero lo cierto es que el dúo convertido en trío para la ocasión supo picotear de forma sabia entre todos sus trabajos. Con especial deferencia hacia el benjamín de la casa, el excelente Observator, claro.

Las joyas de éste, de Observator, fueron haciendo acto de presencia: ‘She Owns the Streets’ apareció pronto, a continuación de la citada ‘Hallucinations‘, mientras que la preciosa ‘Curse the Night‘ lo hizo en sexto lugar (para entonces ya habíamos tenido tiempo de recordar uno de los primeros éxitos del grupo, ‘Dead Sound‘). La luminosa ‘The Enemy‘ y una ‘Observations‘ interpretada de forma sentida por Wagner se sucedieron poco después, justo antes de una aclamadísima ‘Love in a Trashcan‘. Una vez cruzado el ecuador de la actuación llegó un pequeño respiro para los tímpanos: el batería se perdió entre bambalinas, Sharin Foo se colgó una guitarra acústica y las frágiles ‘Young and Old‘ y ‘Love Can Destroy Everything‘ caminaron plácidamente de la mano. Y ahí se acabaron definitivamente las contemplaciones, también los homenajes a Observator. Momento para meter ruido de verdad con una garagera y sucia tripleta extraída de Whit It On, su EP debut, y con ese afiladísimo paseo por Portland que es ‘Aly, Walk With Me‘. Aún quedó tiempo para un bis de tres canciones finiquitado por una desatada y frenética ‘Cops On Our Tail‘. Ya en la cama, con los oídos todavía recuperándose, caí en la cuenta de que no había echado de menos a la maravillosa ‘Last Dance‘. Ni un poquito siquiera. Signo inequívoco de que la enésima visita de The Raveonettes a la capital había sido todo un éxito.

 

Foto: Esther Checa (@esther_checa)

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