29/01/2013

Y avanzamos en exclusiva una canción de su "difícil" segundo disco, 'El hambre, el enfado y la respuesta'.

Hoy, cinco años después de su debut y muchos más desde la formación del grupo, se publica el segundo disco de Egon Soda. El difícil segundo disco de Egon Soda. Difícil por dos motivos: porque han tardado cinco años en hacerlo –aunque esto no sea estrictamente cierto–, y porque es un disco doble –de 20 canciones– en tiempos de singles de 3 minutos y medio y si te he visto no me acuerdo. El hambre, el enfado y la respuesta (Naïve) es un álbum de explosión, casi de liberación, a cada escucha un peldaño más opuesto al implosivo Egon Soda, ese debut que nos noqueó en 2008 hasta el punto de que lo coronamos como mejor álbum estatal de ese año, y que sigue conservando la emoción, el lirismo, la intensidad. Nos sigue maravillando. Pero El hambre, el enfado y la respuesta es otra cosa. Siguen siendo los cuatro amigos de siempre (Ferran Pontón –guitarra, que escribe las letras y las canciones–, el omnipresente Ricky Falkner –bajo y voz–, Xavi Molero –batería– y Pablo Garrido –guitarra–), pero esta vez con la imprescindible colaboración de Charlie Bautista, que ha contribuido notoriamente a la diversidad musical que se respira en este segundo álbum. Es un disco inmenso en todos los sentidos, de los que conviene degustar con paciencia por aquello de tener que asimilar veinte canciones de golpe, pero que ya de entrada nos atrapa con ganchos infalibles como ‘Un mundo de zurdos‘, ‘Nueva internacional‘, o esa rotunda ‘Vals de pequeña mecánica‘. Un álbum, en definitiva, que invita a acomodarse entre sus canciones, a explorar los nuevos terrenos en los que se han adentrado Egon Soda por el puro placer de hacerlo (el toque country de ‘Giuletta 2000‘, el aroma blues de ‘Nocturno del sarmiento‘, o la aflamencada ‘Volverás a región‘). No es de extrañar que el grupo viviera su gestación como una fiesta: lo grabaron en directo, invitando a sus amigos a compartir la experiencia en 10 intensos días durante el verano de 2011. Y lo presentarán oficialmente el 14 de marzo en la sala El Sol de Madrid, y el 16 de marzo en la sala Music Hall de Barcelona.

Y aunque seguramente Egon Soda sean uno de los grupos más longevos que siguen en activo de la escena de Barcelona y más allá, uno tiene la sensación de que ahora les llega el momento de darse a conocer, con más de quince años de trayectoria a sus espaldas y hasta un debut publicado hace cinco años por el extinto sello Cydonia. La historia de Egon Soda parece difícil, puede hasta tener un punto de mística, de leyenda local (apenas dieron dos conciertos de presentación de su debut, tres sus miembros han tocado en bandas como Standstill, Love of Lesbian, The New Raemon o Sanpedro, y sin embargo el cuarto solo se dedica musicalmente a Egon Soda), pero en realidad es muy sencilla: son cuatro amigos del colegio que empezaron a tocar entonces y, al contrario que la inmensa mayoría, todavía siguen juntos. Con los inevitables altibajos de actividad, pero siempre en estado latente, siempre ahí. A finales de los 90, empiezan a tocar. En 2008, sacan su primer disco. Hoy publican su segundo álbum, el disco doble El hambre, el enfado y la respuesta. (Se puede comprar aquí.) Y entre medio, siguen haciendo las cosas que cualquier grupo de amigos y de seres humanos suelen hacer. Así que nos sentamos durante un rato con Ferran Pontón y Ricky Falkner en una coctelería de Barcelona para que nos hablaran de todo lo que está y lo que no está en este segundo disco. Y para celebrar que son uno de nuestros grupos favoritos desde los albores de indiespot, estrenamos en exclusiva una canción del segundo CD del álbum, la vital ‘Corominacuos y oropéndolas‘. Un verdadero placer.

¿Qué os transmite el disco cuando lo escucháis ahora, una vez terminado y publicado?

Ricky Falkner: “La manera en que lo grabamos está tan marcada en este disco que, a mí al menos, me traslada directamente al verano de 2011. Alquilamos una casa-estudio durante diez días, invitamos a un montón de amigos, y el ambiente de fiesta que se creó marcó muchísimo el aroma del disco. No teníamos ninguna presión porque el disco no era para nadie, en ese momento nadie lo iba a publicar. Así que lo grabamos por gusto, y nos lo pasamos muy bien, no solo nosotros sino todos los que vinieron”.

Ferran Pontón: “Fue una experiencia muy comunal. Todos los que tenían que estar, estuvieron. La grabación tiene mucho de crónica de esos días: son canciones que preparamos muy pocos días antes porque queríamos que saliera la magia del directo. Y lo que más percibes es lo bien que nos lo pasamos, en comparación con el primer disco, que trabajamos muchísimo a nivel de producción. En el nuevo disco lo que hay es calor humano y cariño, algo muy directo que en el primero no teníamos”.

Ricky: “Había mucha tranquilidad. De hecho, cuando veo los vídeos que la gente de Tots Sants nos grabó en el estudio nos veo tocando con mucha soltura, todo muy natural. Y claro, tener este ambiente mientras grabas un disco es un privilegio”.

Ferran: “Y personalmente hay un elemento que me gusta destacar, y es la participación de Charlie Bautista, al que no conocíamos prácticamente pero invitamos a la grabación, y nos hicimos amigos desde el primer momento”.

Ricky: “Incluso él tenía sus dudas antes de venir. Pero ahora reconoce que a los veinte minutos y después del primer Dry Martini, ya formaba parte de la familia”.

¿Qué aportaron esos amigos al resultado final del disco?

Ricky: “Teníamos a Olga, que cocinaba casi siempre para todos. Pero si luego uno tenía que ir a comprar whisky y patatas iba, el otro iba a por tabaco, otros estaban haciendo la siesta en el control y cuando se despertaban entraba uno a grabar una pandereta… en realidad solo se trataba de estar ahí juntos”.

Ferran: “Sin ir más lejos, una de las aportaciones de Ricky Lavado (batería de Standstill, entre otros –ndr) no fue solo tocar en el disco, que también, sino pasearse en toalla durante tres días por ahí, cantando Shakira (risas)”.

¿Por qué decidisteis grabar así?

Ferran: “Desde el principio teníamos muy claro que queríamos grabar este segundo disco en directo todos juntos. Y el lugar, que conocíamos un poco, cumplía perfectamente lo que queríamos”.

¿Qué pasó desde que grabasteis, en el verano de 2011, hasta que el disco se ha publicado finalmente, en enero de 2013?

Ferran: “Al ser tan largo, no pudimos acabar los veinte temas en el estudio, así que hicimos una segunda grabación en otoño, por lo que el disco se acabó de grabar del todo en noviembre de 2011”.

Ricky: “Y de ahí pasó mucho tiempo hasta que contactamos con Naïve, que en realidad fueron los primeros a los que nos dirigimos. Y dijeron que sí, así que todo salió bien. Pero realmente cuando grabamos el disco nadie tenía claro qué pasaría con él. También era un disco doble y pensábamos que no lo iba a querer nadie (risas)”.

¿Cómo fueron los cinco años entre que salió el primer disco y empezasteis a grabar el segundo? Porque muchos conciertos no disteis…

Ferran: “Nosotros nos vemos siempre, porque somos amigos desde el colegio, pero como grupo funcionamos por proyectos: si no hay nada a la vista, no ensayamos. Cuando sale una cosa, nos organizamos y la hacemos. Pero seguramente después de que el primer disco saliera no supimos o no quisimos moverlo por donde tendríamos que haberlo hecho”.

Ricky: “Ramon (Rodríguez, de The New Raemon, y también responsable del desaparecido sello Cydonia, que publicó el debut de Egon Soda –ndr.) nos sacó el debut, que ya fue un gesto por el simple hecho de coger un grupo que nadie quería. Y fue muy guay, pero una vez grabado no pasó nada después, nosotros nunca llegamos a tener un management, y todos nos fuimos ocupando en otras cosas… Hasta que Ferran dio un golpe sobre la mesa. Vino un día y dijo: ‘Tíos, ya voy por el tema veinte. O grabamos o será un disco interminable’. Y así fue”.

Ferran: “Mirado con cierta perspectiva, todo lo que no hacemos con Egon Soda es muy importante para el grupo. Todo lo que dejamos de hacer porque estamos haciendo otras cosas acaba teniendo un efecto positivo para el grupo, porque no nos apretamos, ni nos marcamos objetivos, cada uno tiene su camino. Parece un no-método, pero funciona muy bien”.

¿En qué momento decidisteis hacer un disco doble?

Ricky: “Fue una simple cuestión de acumulación de temas. Ferran tenía veinte canciones, lo discutimos un tiempo, y al final decidimos grabarlos todos. Ferran no los sabía separar unos de otros, no podía seleccionar: había pasado tres años escribiendo sobre un montón de cosas que le habían pasado, y no podía discriminar una de la otra”.

Ferran: “Cuando tienes tantas canciones, pasa una cosa muy divertida, y es que te relajas más con todas. La cantidad de material te permite no ser tan frío y duro con cada una de ellas, y relajarte, sabes que hay tanto trabajo que solo lo puedes hacer con cariño y calma. Hubo un momento en que vi muy claro que esta era el manera. Además tenía un punto divertido porque el primero fue ‘El difícil primer disco de Egon Soda’, y este iba a ser ‘El difícil segundo disco de Egon Soda’”.

¿Hasta qué punto las canciones de Egon Soda son solo de Ferran?

Ferran: “Ellos participan en todo. Las letras sí que las escribo yo, aunque siempre digo que cuando las canta Ricky cobran un nuevo sentido. Pero en cuanto a la música… yo traigo una cosa y el resultado no tiene nada que ver”.

Ricky: “Sí tiene que ver, él trae algo que nos permite empezar a jugar. A veces se aleja más, y a veces se aleja menos. Pero todo funciona de manera muy natural, nadie dicta nada”.

Aparte de la libertad que os ha dado el hecho de poder trabajar con tantas canciones, ¿qué otras diferencias le veis a los temas de este segundo disco respecto a los del primero? De entrada parece más luminoso…

Ricky: “Sí, es algo que comenta la gente y ahora me doy cuenta de que es verdad. Ahora si escucho el primero todo es más lento y pesado… El primer disco tenía la herencia del momento en que lo grabamos, y también de los diez años que llevábamos tocando. Era un mejunje extraño. Los últimos temas que hicimos para ese disco, como ‘Lear’, ya apuntaban hacia este lugar que es ‘casa’ para nosotros: un lenguaje más rockero y menos británico que hace que el encorsetamiento de la canción sea más elástico. Esta vez nos hemos limitado por nada: si teníamos que hacer una horterada flamenca, la hemos hecho; como no pensábamos en si se iba a publicar o no, nos hemos permitido hacer cualquier cosa”.

Ferran: “Está muy bien el hecho de grabar sin saber qué va a pasar con el disco, porque solo estás pensando en que funcione la canción y en pasártelo bien mientras la tocas. Y es curioso porque yo creo que El hambre… tiene una parte muy luminosa, pero también es un disco más enfadado, en el sentido de las letras… Tiene más rabia, es más agresivo. Pero es una rabia que se convierte en algo positivo. Y eso sí que lo veo un cambio muy claro. Y por eso creo que, pese a que es un disco muy largo y que nos ha costado sacarlo, no es un disco de difícil escucha: tiene canciones que entran muy bien y que a nosotros nos ha sido muy fácil tocar”.

¿Cómo habéis compaginado esa rabia en las letras con una grabación que, como venís explicando, ha sido relajada y divertida? Incluso en el título del disco hacéis referencia a “el enfado”…

Ferran: “Lo del título vino por un comentario de Ricky Lavado, que en un momento dado de la grabación me dijo: ‘Qué enfadado estás’ (risas). Y es algo que yo no había percibido pero que luego, al analizar las letras, sí que vi más claramente, y seguramente tenga más que ver con esos años a los que nos referíamos antes: todo lo que no haces en referencia a la banda pero que afecta directamente a la banda. Hubo cosas personales mías a la hora de escribir las letras, y la situación del mundo en la que vivimos, que afecta aunque no seas una persona que hace música estrictamente política. Afecta cada día, cuando vas al súper, cuando echan a un colega del curro,… todo esto se te va metiendo por algún lado, y acaba saliendo por otro. Y volviendo al título, “el hambre” hace referencia a nuestra ansia por tocar y por hacer cosas; ha sido como comprimir la pistola, y de repente disparar”.

Ricky: “Es curioso lo del enfado porque, yo que leo mucho las letras, veo hay muchas partes del disco que son muy reivindicativas. Están escritas de una manera enfadada, pero siempre apuntan a algo positivo. Como de autoafirmación, pero no solo del escritor, sino incluso del grupo. A veces me doy cuenta de que nos está echando la mierda en la cara a todos… pero en un buen sentido, como diciendo “igual somos unos mierdas, pero dentro de cien años estaremos ahí”. Siempre tiene una lectura positiva”.

¿Qué significado tiene para vosotros que la primera canción que escribisteis del disco, ‘Siempre hay alguien en el bosque’, haya acabado cerrándolo?

Ferran: “Tiene que ver con la canción, que no salía de ninguna manera. Le dimos vueltas y vueltas, la convertimos en mil cosas diferentes, y no había manera. Y cuando la liberamos, alguien dijo que tenía un rollo latino, sureño, y entonces salió fácil. Y realmente, como suena en el disco solo se tocó cuando se grabó. Tiene ese punto de instantáneo que a mí me gusta mucho. Pensé que era muy curioso que la primera canción que había hecho para el disco, que había nacido de forma muy cuadriculada y hasta oscura, se hubiera convertido en algo tan distinto y abierto. Era un muy buen ejemplo de cómo evolucionó el sonido de la banda hacia un lugar con mucho más aire, que descansa más en el suelo y es más divertido para nosotros”.

La canción que hoy estrenamos, ‘Corominacuos y oropéndolas’ (del segundo CD), es otra de las ‘luminosas’ del disco. ¿Cómo la explicarías?

Ferran: «Un corominacuo es un pájaro acuático inexistente que mi padre nos dibujaba a mi hermano y a mí para entretenernos. Era su cénit en lo que a desarrollo artístico plástico sobre servilleta se refiere. Era una suerte de «Rockefeller» que hundía sus patas en el agua. Oropéndola es el nombre castellano de un pájaro y nombre de persona muy común en Catalunya: l’Oriol. De alguna manera estas dos aves significan el vínculo con una figura paterna. Una especie de voz de la conciencia que te dice al oído: «la estás cagando otra vez. ¿Y ahora qué?». Es en el fondo una historia de amor con un interrogante: ¿es ahora tan bueno como antes? Musicalmente a mí me transporta a los años hippies en la costa oeste americana, probablemente gracias a la guitarra de doce cuerdas y la percusión».

Con el tiempo se os ha colgado el cartel de grupo de culto, que da pocos conciertos, ha grabado solo dos discos en 15 años… ¿Os sentís cómodos con la etiqueta?

Ferran: “A mí no me molesta, porque da una cierta tranquilidad”.

Ricky: “Creo que hay pocos grupos que hayan durado tantos años habiendo sacado solo un disco, o ni eso. Entiendo que se diga que Egon Soda es un grupo de culto. ¡Es que lo es! Durante años, hacíamos un bolo cada dos años… ¡y era un bolo histórico, claro!”.

Ferran: “Pero no es de culto en el sentido de que hemos rechazado miles de ofertas de multinacionales… No es nuestro caso (risas)”.

Ricky: “A partir de ahora, veremos. Tenemos la oportunidad de hacer algo. Tenemos muchas ganas de que este disco suene, de hacer cosas con él…”.

De hecho, no deja de entrañar cierta contradicción el que hayáis grabado el disco en directo cuando sois un grupo que ha hecho tan pocos conciertos en toda su historia.

Ricky: “Sí, en realidad no hemos hecho muchos conciertos pero hemos tocado como hijos de puta durante veinte años. Y nos conocemos muy bien, y sabemos que podemos hacerlo muy bien. Y, en realidad, si quieres grabar un disco doble bien, por pistas y con capas, nuestro presupuesto no hubiera servido ni para la mitad. Y no lo hubiésemos acabado nunca…”.

Ferran: “Y de todas maneras, en Egon Soda, como en cualquier banda, hay contradicciones. Hace cinco años el cuerpo pedía otras cosas. Y ahora nos pide mucha marcha: estamos muy animados”.

A nivel personal, ¿qué significa Egon Soda para vosotros? Desde fuera da la sensación de que es, sin que suene despectivo, más un hobby…

Ricky: “Es difícil de explicar… todo lo que ha pasado ha sido producto del momento en el que nos hemos encontrado. A veces nos hemos puesto más vagos y no hemos hecho nada, pero también ha habido años en los que no pasaba nada a nuestro alrededor y nosotros hacíamos canciones a cascoporro. Lo único que es Egon Soda para todos es ‘casa’. El día que Egon Soda haga la llamada al aire, todo el mundo acudirá”.

Ferran: “Pero también sucede porque solo funciona así. Es un pez que se muerde la cola. Acaba funcionando así por cosas que no controlas, pero al final eso acaba llevando a una dinámica que funciona, que tiene sus ritmos propios”.

Ricky:Egon Soda todavía existe porque todo el mundo ha puesto de su parte. A todo el mundo le ha apetecido siempre que llegara el día de reunirse en el local y hacer canciones para nadie”.

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