29/01/2013

Escurridizos, a contracorriente, y misteriosamente cautivadores.

Recientemente, los miembros de Sónida Collective manteníamos una ilustrada conversación acerca de la (no) genalidad de los dos últimos siglos. El punto de partida era bien claro: en los años recientes, son pocos los personajes elevados a la categoría de genios en diferentes y variados campos. Quizá existan visos de idolatración, de un culto al personaje que normalmente atiende más a la irracionalidad que a la unanimidad, pero que termina por ser de papel, volátil marioneta de la fiebre consumista. Hasta este punto, el análisis es fruto de una realidad cada vez más presente. El debate se abría en referencia a las causas. ¿Es que carecemos de una visión retrospectiva del ahora por ser, precisamente, demasiado cercano como para analizarlo debidamente? ¿O es que, simplemente, el frenesí del siglo XXI impide el correcto desarrollo de una mente prodigiosa? ¿Los genios nacen o se hacen? Y, en ese caso, ¿puede alguien formarse de manera brillante entre Instagram, Facebook, Twitter y una era en la que si cierras los ojos durante un minuto estás perdido? Por último, y quizá más importante, ¿hay alguien dispuesto a pagar ese coste de oportunidad a cambio de un reconocimiento absolutamente incierto y tardío?

En el mundo de la música, sucede exactamente lo mismo. Nuestro compañero Víctor recientemente apostaba diez de los grandes a que grupos con los que ahora mojamos la ropa interior serán olvidados en diez años. Totalmente cierto. No sólo vemos la apuesta sino que doblamos. Son muy pocos los que sobreviven a la radical y despiadada lucha de lanzamientos. O publicas mucho y bien en periodos cortos de tiempo o, directamente, la industria y su menú de degustación te aniquilarán, dispuestos a servir en bandeja mil nombres distintos.

Por eso, los mancunianos Money son un grupo al que profesamos respeto y admiración por saltarse a la torera todo lo establecido y dedicar más tiempo a pensar que a tuitear. No hay más que pegar un repaso a su página de Facebook para saber que Jamie Lee, cabecilla del movimiento, es poco menos que un geniecillo atemporal por explotar. Poemas que narran la muerte de todo lo existente, reflexiones sobre el paraíso, sobre Dios, de carácter trascendental y estético. Está claro que puede ser, perfectamente, otra estrategia comercial a lo WU LYF, que Money sean otro ejemplo de pretenciosidad. De hecho, han operado bajo los nombres de Youth, Meké Meneté o Books durante su corta andadura. Sin embargo, no lo parece. Se respira otra inteligencia, un estado natural, no en búsqueda del hype efímero sino del poso temporal. O de, al menos, lanzar un mensaje con calado en forma de música.

Un sonido que abruma, eriza la piel y obliga a la reflexión. ‘SO LONG (GODISDEAD)‘, su último single, es una de las canciones que más nos ha turbado en tiempo. Entre falsetes preciosos, atmósferas oscuras y una enorme carga sentimental, Lee y los suyos recitan la historia de un Dios que murió joven y nunca pudo bajar a la tierra («It’s a shame that God is dead / it’s a shame that he could come down»). Cinco minutos y veintiocho segundos deliciosos en los que el corte nunca acaba de explotar, manteniéndonos tensos, expectantes. Igual que en la eterna ‘Goodnight London’, un mano a mano entre piano y voz, o ‘The Sea‘, desgarrador destino final de la triada sin título que lanzaron en la recomendable Sways Records el pasado año.

De todos modos, Money no son un grupo que se encasille. Sus cambios de identidad vinieron motivados por la simple intención de poder disfrutar de varias vertientes compositivas. Sirvan como ejemplo ‘Who’s Going To Love You Now?’, más comercial, tropical, abierta y contundente, o la tensa ‘Letter To Yesterday‘, cercana al post punk que se practicaba años ha en su tierra natal. Un trabajo innegable que va más allá del del típico grupo de amigos que se calza unas guitarras y lanza un disco con tres riffs alborotados y pose cool. Un proyecto trascendente, serio, de obligado y purificador paseo espiritual. Un grupo que no tiene ningún problema en aparecer en sus portadas como Dios les trajo al mundo (en un movimiento que fue catalogado por la NME como «el más controvertido de los últimos años«). Probablemente, en diez años tampoco nos acordemos de quiénes eran. Pero ellos hacen todo lo posible por revertirlo.

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