21/12/2012

50 discos para recordar este 2012 siempre.

El parto habitual. Muchas horas escribiendo, editando, repasando, discutiendo. Todo para llegar a los 50 mejores discos internacionales de este 2012 extraño, convulso, trágico hasta cierto punto. Incluso en lo musical: si algo percibimos es una avalancha de álbumes que superan con creces el notable alto, pero pocos alcanzan la excelencia definitiva, el sobresaliente absoluto. Eso, o que cada año nos volvemos más viejos exigentes. Al final, estos 50 discos internacionales, que llegan después de los 30 estatales, las 75 canciones, y las 6 menciones de honor, pretenden resumir un año de música de la mejor manera que hemos sabido, con grupos que han pasado día sí y día también por este blog y también con verdaderos desconocidos hasta ahora que precisamente en estas listas tienen su oportunidad de oro. Y todo para encumbrar finalmente un álbum que cree en el conjunto, en la experiencia, en el todo como argumento indivisible para un álbum de música. Pasen, vean, lean, escuchen, descubran, disfruten, y alucinen con el día entero de música que les hemos dejado preparado en la lista de Spotify que agrupa estos 50 discos además de las menciones de honor. Que nosotros nos vamos de fin de semana.

 

50. Sleigh Bells – Reign of Terror

Se nota que Alexis Krauss ha participado directamente en la composición de Reign of Terror, el segundo disco de Sleigh Bells, tras aquella sorpresa que supuso en 2010 el incisivo Treats. Asentados en la doctrina ‘guitarrazos + chica mala cantando’, Reign of Terror es un segundo disco de rigor: más depurado, más accesible, pero manteniendo la esencia. Así se explican medios tiempos como ‘End Of The Line‘ o ‘Road To Hell‘ al lado de trallazos-hits como ‘Comeback Kid‘ y ‘Born To Lose‘ y de arrebatos instintivos como ‘Demons‘ o la sobrada de ‘True Shred Guitar‘. El próximo paso quizá los domestique demasiado, pero ahora mismo están en el equilibrio perfecto entre credibilidad y el disfrute del oyente. (En Spotify)

49. Pond –Beard Wives Denim

Desde los primeros segundos, con ese bramido, esa guitarra y esa explosión precedida de grito tarzanesco, Pond nos meten en la granja donde grabaron este Beard Wives Denim. ‘Fantastic Explosion of Time’ dibuja a la perfección las líneas de esta psicodelia libérrima, diseñada para el divertimento. Hedonista, alejada de las aspiraciones, por otro lado agradecisísimas, de Tame Impala, banda hermana. Estos son los otros. Los otros chavales de Perth. Y saben facturar pelotazos como ‘Elegant Design’, ‘Moth Wings’ o ‘Leisure Pony’ (estás dos últimas, una detrás de otra, placa-placa) y temazos chiclosos como ‘Sorry I Was on The Sky’ o la preciosa ‘You Broke My Cool’. Al final queda un álbum con bastante más poso que el que promete en primera escucha. Hay futuro. Mucho ojo. (En Spotify)

48. Miike Snow – Happy To You

Quizá erróneamente encasillados por culpa de aquel hit que era ‘Animal‘, el trío de productores suecos que se esconde detrás de Miike Snow tenía el listón terriblemente alto de cara a su segundo asalto. Y ciertamente Happy To You no es un disco excelente en conjunto, pero sí meritorio en muchos aspectos: por ejemplo, la colorista ‘Enter The Jokers Lair‘, que abre el álbum, refleja que este disco no pretende explotar, sino mantener al oyente en una dulce tensión constante. Tres claras muestras de ello son las deliciosas ‘The Wave‘, ‘Pretender‘ y ‘Devil’s Work‘, reposadas todas ellas pero constantemente en el punto previo al clímax sin llegar nunca a él. O la lúgubre ‘Black Tin Box‘, donde canta la musa Lykke Li. Y luego, va y escogen ‘Paddling Out‘, uno de los hits bailables del año, para cerrar el disco en todo lo alto, esta vez sí explotando del todo. Solo por eso merece ser salvado de la quema. (En Spotify)

47. Marc DeMarco – 2

“Take it easy, hermano. Relájate, no pasa nada”, parece decir con esa pose burlona el chaval de paletas separadas, gorra de ciclista y ancha camisa de cuadros que muestra la portada de 2. Suena la encantadoramente sencilla ‘Cooking Up Something Good’ y le damos la razón a Mac DeMarco: “oh, and life moves this slowly”, el secreto está en la parsimonia. A diferencia de en su debut de este mismo año, el canadiense ya no quiere ser David Bowie. Ahora le van las canciones dulces y reposadas, esas que te acompañan a cualquier hora del día y que de tan iguales son diferentes. Lo celebramos, pues el amigo las borda a partir de constantes punteos de guitarra made in Pavement, que le van al pelo a temas como ‘Freaking Out The Neighborhood’ y que convierten en memorables los cigarrillos de ‘Ode To Viceroy’ y la declaración de amor adolescente de ‘My Kind Of Woman’, melancólica y sincera como pocas. ¿Buscan algo fresco, ligero y cargado de buen rollo para estas Navidades? No busquen más, 2 es su regalo. (En Spotify)

46. The Shins – Port of Morrow

Los cinco larguísimos años de silencio de The Shins le sirvieron a James Mercer para muchas cosas. Entre ellas, ser padre, formar Broken Bells (su muy disfrutable proyecto junto a Danger Mouse) y decidir que ya era hora de que The Shins volvieran, aunque no tal y como los conocimos en su irregular Wincing the Night Away de 2007. Dejando meridianamente claro que The Shins tiene bastante más de proyecto personal que de banda al uso, Mercer apretó el botón de reset y renovó al 100% la nómina de músicos que le secundan. Una pequeña revolución que, por suerte, no tuvo grandes consecuencias en su concepción de la música. El suspiro de alivio aún puede oírse si afinamos el oído: Port of Morrow es, a grandes rasgos, el álbum con el que todos habíamos deseado toparnos en el ansiado regreso de The Shins. Finísimas letras, un delicioso aroma nostálgico que impregna cada rincón y una producción un tanto pomposa y tendente a lo épico que en un primer momento descoloca y, finalmente, emociona a todo aquel que no intente hacerse el duro. Dicho esto, ¿son los mejores Shins de la historia? No, probablemente. ¿Eso es algo comprensible y hasta disculpable teniendo en cuenta sus dos maravillosos trabajos? Sí, sinceramente. ¿Port of Morrow tiene más canciones brillantes que la práctica totalidad de discos editados en 2012? Sí, rotundamente. (En Spotify)

45. Jessie Ware – Devotion

Tarde o temprano tenía que llegar: la confluencia de la nueva generación de electrónica «emocional» con el R&B de ascendencia casi mainstream. Y es que con Jessie Ware vienen a la cabeza divas del R&B de épocas pretéritas (Sade, Adele,…), nombres que jamás hubiéramos creído ver mencionados en esta página. Pero al mismo tiempo Jessie Ware está vinculada a artistas electrónicos como SBTRKT. Y qué demonios, Devotion es un discazo de pop elegante, con momentazos como ‘Wildest Moments‘, ‘Night Light‘ o ‘110%‘ difíciles de igualar. (En Spotify)

44. Thee Oh Sees – Putrifiers II

Cuando hasta la fecha uno escuchaba un álbum de los ultra prolíficos Thee Oh Sees sabía que iba a tiro hecho, que se iba a encontrar con la estupenda pero inamovible receta de la abuela: rock de garaje lo-fi, mezclado con un puñadito de locura y aderezado con una pizca de psicodelia. Y Putrifiers II sigue la tradición… hasta el segundo tema. Porque sí, la inicial ‘Wax Face’ arranca con el clásico gritito con eco y es un trallazo, pero a partir de ahí llega la contención y el baile de máscaras de los californianos. Así, saludamos el pop maleable de unos Beatles post India en ‘Hang a Picture’, nos hartamos de cantar “ba ba bas” en la sesentera ‘Flood’s New Light’ y sospechamos que es Bradford Cox y no John Dwyer quien se esconde detrás de la sosegada ‘Will We Be Scared?’. Y entre tanto transformismo el contrapunto de ‘Lupine Dominus’, un enorme ejercicio de bajo y sintetizadores para certificar la vitalidad de una banda que cambia para seguir siendo ella misma. Sí señor. (En Spotify)

43. Wild Nothing – Nocturne

La verdad es que antes de coger Nocturne por primera vez tuve que hacer memoria: “¿estos son los de ‘Summer Holiday’, no?”. Efectivamente. Hace un par de años aquella fue la puerta de entrada a un debut, Gemini, que en su día sonó bien pero que la verdad, ha quedado un poco en el olvido. Más despúes de ver a los susodichos en directo y descubrir que eran sonaban como una banda bastante del montón. ¿Qué hacen aquí, pues? Reconquistarnos. Con todos los prejuicios del mundo, y quizás un poco saturados de este dream pop adolescente, abordamos Nocturne con poco entusiasmo. Pero ha acabado calando. Wild Nothing suenan aquí más preciosos, mejor y más ambiciosos. No hay orquestación cargante ni fuera de sitio. La sensibilidad de ‘Shadow’, la primera, recorre todo el conjunto. La que da título al álbum, ‘Nocturne’, suena en su inicio casi como un tema de Antonio Vega, ochentera y melódica. Jack Tatum canta más convencido, su voz sobresale más y expresa más. Ahí esta Only Heather’, acelerada, un tema para la banda sonora de un verano salino y sexual. Uno piensa que así les hubiese gustado sonar desde el principio. Hay madera. A ver si han mejorado el directo. (En Spotify)

42. Twin Shadow – Confess

”Podría haber sido mucho peor, pero cada vez que te caes de una moto es muy impactante. Ir 10 millas por hora más rápido, esa es la diferencia entre la vida y la muerte. Tuvimos suerte”. George Lewis Jr., más conocido por aquí como Twin Shadow, es el autor de semejante frase. En ella reflexiona acerca de un accidente de tráfico ya lejano en el que se vio envuelto junto a un buen amigo. ¿Saben aquello de la luz al final del túnel y tu vida pasando ante ti en forma de diapositivas? Pues algo así debió ser. Según ha relatado el propio Lewis, el traumático episodio está aparentemente superado, pero a nuestro hombre le ha servido como inspiración para su segundo LP, Confess, y para plantearse numerosos interrogantes de índole vital. Entre otras muchas cosas, este dominicano afincado en Brooklyn quiso saber si su música era necesaria para el resto de la humanidad. Y la respuesta debió ser afirmativa, ya que Confess es una ataque de ego importante donde él plasma vivencias autobiográficas, él se autoproduce y él planta su propia cara en la portada. Él apuesta por un disco más directo, acelerado y musculoso que su liviano predecesor y él sale vencedor del envite. Para ello se ayuda de contundentes percusiones y afiladas guitarras y opta por un envoltorio sonoro que bien podría ser tachado de radioformulero (en el mejor sentido de la palabra, que lo tiene). El más gráfico ejemplo de la nueva armadura escogida por Lewis es ese hit incontestable llamado ‘Five Seconds‘, pero ahí están también la solemne ‘Golden Light‘, la intensa y desgarrada ‘Run My Heart‘ o la muy Smiths ‘The One‘. Son, sin duda, cuatro de los grandes momentos de la ambiciosa confirmación de Twin Shadow. (En Spotify)

41. Leonard Cohen – Old Ideas

A falta de la perspectiva que sólo el tiempo otorga, un nuevo álbum de Leonard Cohen a estas alturas debe considerarse un pequeño gran milagro. Por muchas razones: porque hace apenas un lustro el canadiense andaba semi retirado, porque a sus 78 años podría ser su abuelo, porque llevaba ocho sin sacar material nuevo y veinte sin un éxito razonable (The Future, 1992)… Pero sobre todo porque Old Ideas es tan jodidamente bueno que no necesita justificación alguna. Construido a partir de una instrumentación rica y sutil, conserva clásicos elementos cohenianos como los coros femeninos (celestiales en ‘Come Healing’) o el órgano Hammond B3, estelar cada vez que entra en escena. Además, recupera momentos en los que sólo la desnudez de la guitarra española acompaña la ahora voz de ultratumba del maestro, descaradamente protagonista en la bellísima ‘Show Me The Place’ y la bluesy ‘The Darkness’. Y todo, claro, hilvanado por letras que son poemas cargados de sabiduría, cinismo y realidad, claves también de este milagroso e histórico “manual para vivir con la derrota”. Dúranos mucho, Leonard. Queremos seguir bailando. (En Spotify)

40. Jake Bugg – Jake Bugg

Estamos de acuerdo. No es Bob Dylan, pero tampoco se trata de los pueriles The Kooks, con todo el respeto al buen feeling que transmiten. Es un chico que ni siquiera llega a la veintena que ha irrumpido con un disco repleto de maravillosas canciones. Con su debut homónimo, Jake Bugg regresa al pasado con temas marcadamente beatlianos, como ‘Two Fingers’, con el folk de raíces de ‘Simple As This’, y con guiños a coetáneos como The Tallest Man On Earth o Damien Rice. Desde luego no es un disco para aquellos que buscan vanguardias a toda costa, pero seguramente si Jake Bugg hubiera nacido hace unas cuantas décadas, medio mundo estaría hablando de un tipo con enorme talento. Un trabajo inmenso. (En Spotify)

39. Matthew E White – Big Inner

En Indiespot siempre nos han gustado las barbotas y las pelambreras. Creemos que cuando se mezclan con la música (indie; heavies abstenerse) son indicativas de algo especial, así que les seguimos la pista. Y aunque muchas veces la intuición no nos lleve demasiado lejos, descubrimientos como el de Matthew E. White y su debut compensan y reafirman nuestra filia por el vello facial y capilar. Deliciosamente complejo, Big Inner es un disco de sensibilidad jazz pensado para ser sentido antes que entendido. ¿Cómo lo explico? ‘One Of These Days’, ligera como una nube, es cerrar los ojos y parar la oreja para ir descubriendo la atenuada big band que la conduce. La cinematográfica ‘Hot Toddies’, una vieja fotografía de color sepia que se va desintegrando hasta fundirse con el triunfal inicio de ‘Brazos’. Y la poliédrica ‘Big Love’ es una fenomenal locura capaz de derivar en una jam entre soul y funk que nunca se sale de madre: palmas, vientos, coros gospel, piano… y White cantando bajito, casi susurrando cual Justin Vernon de raíces sureñas y sin falsete. Clase no, lo siguiente. (En Spotify)

38. Godspeed You! Black Emperor – Allelujah! Don’t Bend! Ascend!

¡Aleluya! Eso es lo que gritamos al enterarnos de que GY!BE sacaban disco después de diez años cuasi desaparecidos del mapa. Nunca es tarde para escudriñar los caminos del drone, el post-rock y la experimentación. Aunque en esta ocasión estén más comedidos (tanto en duración como en pajas mentales), Allelujah! Don’t Bend! Ascend! es una veta de oro, un diamante en bruto. Con su suciedad, sus recovecos endemoniados y su infinita riqueza interior. Disco de esos de escuchar con los ojos cerrados, saboreando cada explosión. Cómo se va construyendo la arrolladora ‘Mladic’ es puro goce. ¡Loor! (En Spotify)

37. Tennis – Young & Old

El segundo trabajo de TennisYoung & Old, es como ese amigo de toda la vida que todos tenemos. Ese al que a menudo olvidamos cuando irrumpe en nuestras vidads alguna nueva amistad más lujosa, más llamativa, más seductora. Ese al que siempre regresas cuando la susodicha nueva amistad deviene en sonora decepción, en algo carente de fondo e interés. En ese momento, cuando el brillo de la novedad se ha esfumado sin dejar rastro, siempre nos quedarán discos como Young & Old, incondicionalmente comprensivos, eternamente acogedores y encantadores. Young & Old es todo eso y mucho más. Es un claro paso hacia adelante efectuado por el matrimonio Riley-Moore, escoltados en esta segunda entrega por Patrick Carney en las labores de producción. ¿Se contagiarían los dos tortolitos de Denver de la fiereza del encargado de las baquetas en The Black Keys? Ni mucho menos, todo lo contrario: hablamos de un álbum infinitamente más dulce que su predecesor, en el que no hay ni rastro de lo-fi (o casi) y sí mucho aroma sixties y Motown. Con el cambio, Tennis ganan una voz como la de Alaina y nosotros ganamos un buen puñado de canciones bonitas, risueñas y soleadas. Escojan una de ellas, la que quieran, colóquenle un lustroso lazo y regálensela a un ser querido aprovechando las fechas navideñas. Quedarán como Dios. (En Spotify)

36. Dinosaur JR – I Bet On Sky

Es entrañable constatar que una de las bandas más venerables del indie universal sigue sacando discos tan buenos como en los lejanos ochenta. Uno pone I bet on sky, de Dinosaur Jr., y siente que el frescor no ha desaparecido, y mejor aún, que se ha profesionalizado definitivamente. Las guitarras están perfectamente equilibradas entre melodía y distorsión, sonando como una bestia domesticada, y el repertorio es nutritivo y equilibrado: desde la melancolía de ‘Stick a toe in’ hasta el aire de college rock que tiene ‘I know it oh so well’. Ah, y pequeño lector hipster: si no sabes lo que es un solo de guitarra, escucha ‘See it on your side’. (En Spotify)

35. Hospitality – Hospitality

El subconsciente humano, puñetero él, tiende a menospreciar estos discos de aspecto cándido e ingenuo, aparentemente inofensivos. Error de bulto, especialmente en casos como el del debut de Hospitality. Echar un vistazo a su portada ya significa comenzar a conocer el contenido del homónimo estreno de los neoyorkinos: un álbum nostálgico y familiar, muy capaz de captar la espontaneidad y frescura del momento. A que esto se consiga ayuda sobremanera Amber Papini, su dicharachera vocalista, que canta como si estuviera en la ducha, como si estuviera regando las flores de su jardín. Genio y figura. Aparenta estar encantada con la idea de formar parte de un grupo, parece pasárselo en grande y eso se contagia. Nadie como ella para interpretar entrañables píldoras pop como la soleada ‘Eight Avenue‘, la fugaz ‘The Right Profession‘ o la apresurada ‘All Day Today‘, tres ejemplos de lo que se puede encontrar en un cancionero absolutamente necesario en los desquiciados y malencarados tiempos que corren. (En Spotify)

34. Ty Segall – Twins

Ty Segall es un cabrón hiperactivo. Sentimos empezar con un insulto pero no hay otro calificativo posible para un tipo al que le da por sacar tres discos en menos de seis meses. Tres muy buenos discos, entiéndase, por lo que toca joderse y escoger. Descartada la colaboración con White Fence por poco escuchada, nos decantamos por Twins (aunque no nos ignoren Slaughterhouse y metan ‘Tell Me What’s Inside Your Heart’ en sus reproductores, por favor). ¿Motivos? Pocos y bien claros: es un tiro y a nosotros nos va la marcha. No esperen, pues, otra cosa que rock and roll garajero y sin concesiones por parte del trigésimo cuarto mejor álbum de 2012, que entra a matar con unas guitarras que raspan más que la barba de la tía abuela del pueblo (‘Thank God For Sinners’) y sigue emulando a unos Beatles febriles en ‘You’re The Doctor’. ‘Ghost’ juraríamos que es un dueto entre JEFF The Brotherhood y Wavves, y la que de verdad nos flipa es ‘Handglams’, melódica al principio y una motosierra después del cambio. Nada mal para un álbum de género parido en dos meses, ¿no creen?. Lo dicho, Ty Segall, eres un cabrón.

33. Cat Power – Sun

¿El disco de sintetizadores de Cat Power? Una vez superada la sorpresa inicial, uno agarra la bombona de oxígeno, se zambulle en Sun y comprende que el brusco golpe de timón está más que justificado: como todos alguna vez, su autora, Chan Marshall, decidió dar un vuelco a su vida, romper con prácticamente todo lo anterior. Y se colocó un par de apósitos en el corazón, se deshizo de su larga cabellera, abandonó el que hasta ese momento pensaba que era su hogar y publicó un álbum nada fiel a su discografía, un valiente cambio de rumbo que otorga la voz cantante a elementos como el autotune, los samples, las cajas de ritmos, los sintes y demás requiebros sintéticos. Todos ellos pueblan un trabajo que, a pesar de estar salpicado por una ruptura un tanto traumática, se eleva sin rastro de dudas, decidido, henchido, enérgico, como dispuesto a alcanzar al astro que le da nombre. Y a fe que lo consigue. Pero Marshall no es de las que se derrite con la altas temperaturas, está acostumbrada a soportar el sufrimiento y a salir reforzada de él para entregar maravillas de la honestidad, la garra y el mérito de Sun. (En Spotify)

32. Grimes – Visions

A pesar del desorbitado hype que se ha cernido sobre la figura de Claire Boucher con Visions, el disco de Grimes se ha erigido finalmente como uno de los que mejor resumen sonoramente el año. Esa mezcla mágica entre experimentación y concesión pop, entre la magia de Cocteau Twins y la rareza estética de Die Antwoord, entre la dulzura de la voz aniñada de Boucher, los beats con ecos de witch house y los bajos gordos (‘Oblivion‘). Precisamente ‘Oblivion‘, una de las canciones del año, es el mejor punto de entrada para un disco menos dócil de lo que aparenta, que engloba además del proyecto musical de Claire Boucher, una suerte de ideario estético, perormático y visual que no hace sino enfatizar la figura de Grimes como pieza relevante del resumen global de este año. Y a base de escuchas y de hits ocultos como ‘Genesis‘, ‘Be A Body‘ o ‘Vowels = Space And Time‘, Visions acaba pasando de una excentricidad a un delicioso lugar común. (En Spotify)

31. DIIV – Oshin

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste un disco donde las guitarras pudieran hablar? Oshin es uno de ellos, un vestigio que nos recuerda que, si se quiere, la música pura puede convertirse en vehículo de expresión, en lengua atemporal. En este disco todo suena acuático, los ecos proceden de lo más hondo de la tierra, y a la vez las ascensiones melódicas son una escalera directa al cielo. Las voces, sepultadas bajo capas de guitarras líquidas, se transmutan en un instrumento más. ‘How Long Have You Known?‘, las dos partes de ‘Druun‘, ‘Home‘… Nos gotean los colmillos sólo de pensar en su brillante futuro. (En Spotify)

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