20/12/2012

Seis (en realidad ocho) discos que no han entrado en las listas y merecen una recomendación.

El año pasado ya lo incluimos a última hora después de las amenazas de dimisiones en el clásico mail colectivo de discusión sobre los discos del año. La frase «esto tendría que haber entrado, joder» se repite cada tres o cuatro correos, y la solución de emergencia fue… hacer una lista más. Cada redactor y/o colaborador de indiespot escoge un álbum que no ha sido incluido en las listas de mejores discos del año (aquí la de estatales; mañana llegará la de internacionales) y por el que sienten un amor incomprendido por el resto de la redacción (o del mundo). Hay algunos que en vez de uno escogen dos, otros que recuperan joyas sepultadas por la avalancha de novedades, y hasta la aparición sorpresa (incluso para nosotros) de uno de los pilares fundamentales del mainstream actual. Todo esto y mucho más en las seis menciones de honor que siguen aquí debajo.

 

Goat – World Music / How To Dress Well – Total Loss

(Daniel)

Dos discos que han entrado y salido de la lista varias veces. El primero, de Goat, una orgía perroflaútica de rock y psicodelia que combina momentos apoteósicos como ‘Let it Bleed‘ (crimen que no haya cabido entre las 75 canciones del año) con momentos dificilmente digeribles, como la segunda mitad de ‘Disco Fever‘ (la primera mola todo). Al final, a poquitos, el engendro te conquista. ‘Goathead‘ y ‘Goatman‘ molan la hostia, ‘Run To Your Mama‘ podría ser una maqueta en cassete de tUnE-Yards y acaba, en su frenesí africanista felakutiano, generando hasta adicción… En fin, mención de honor, por original, por libérrimo y por rarete y para que Fuffu no nos quite del feed. (En Spotify).

El segundo, de How To Dress Well, es todo lo contrario, la precisión al milímetro, la cobertura total de todo el espectro de frecuencias. Un disco que, a pesar de ser irregular en conjunto, es también mucho más que ‘& It Was You‘ (esta sí, en la lista). Contiene momentos de una belleza brutal, como el instrumental que sigue precisamente a ese tema o la totalidad de la gélida ‘Cold Nites‘. Quizás a ambos discos les une una frase que contiene el segundo: «the only bad part about flying is having to come back to the fucking world». (En Spotify)

 

Chris Cohen – Overgrown Path

(Arnau)

El agua del hervidor empieza a temblar con las primeras notas de ‘Monad’. Incertidumbre. Parece que amenaza tormenta, pero es un visto y no visto. Las nubes se van cual espejismo al oír la apacible línea de guitarra y enseguida llegamos al claro, un lugar bañado por una cálida luz blanca en el que impera la bonhomía y todo se mueve despacio, como desperezándose. Es agradable, muy agradable el mundo que el batería multinstrumentalista Chris Cohen (colaborador, entre otros, de Haunted Graffiti, Deerhoof, Cass McCombs…) se ha inventado sin apenas ayuda (lo toca y lo hace casi todo) en Overgrown Path, una suerte de pantuflas musicales que cumple una de las máximas del calzado: si bien de entrada parece anodino, incómodamente plano, el uso repetido nos revela sus cualidades hasta convertirlo en imprescindible. Y es entonces cuando resplandecen hasta los pasajes más lánguidos (hermosas ‘Solitude’, ‘Inside a Seashell’ u ‘Open Theme’), de cuya embriagadora modorra nos rescatan siempre que es necesario ‘Caller No.99’ (impagable arreglo de steel drum en este tema que parece interpretado por un Erlend Øye a la bartola arropado por suaves melodías tameimpalescas), ‘Roller Coaster’ o la sensacional ‘Optimist High’. Mejor que un domingo de sofá y manta en casa, este disco es una de esas pequeñas cosas que, sin darnos cuenta, nos conforta el alma. Algo así como un té con leche a primera hora de la mañana. Una delicia. (En Spotify)

 

Patrick Watson – Adventures In Your Own Backyard

(Aleix)

La puta vida moderna. Compra, lee, mira Facebook, no te pierdas en Twitter, razona, pásatelo bien (es una orden), no te quedes atrás. No te pierdas ni un minuto, ni un titular, ni una imagen. Trabaja (si puedes) para vivir, pero luego acuérdate de vivir. Come sano, no te metas en problemas pero no apartes la vista de los problemas de otros, haz deporte, sienta la cabeza, paga las facturas, acuérdate de tus amigos, lávate los dientes, llama a tu madre y a tu abuela, que siempre te llaman ellas. Joder. Entiendo que agote. Nos agota a todos. Por eso existe Patrick Watson: para recordarnos que todo puede ser más fácil. Para llevarnos a otro lugar, a un remanso de paz, a una burbuja, a un velero flotando a la deriva en medio del océano. No hay tierra a la vista. Y no pasa nada. Adventures In Your Own Backyard son cincuenta minutos para mí. Para reivindicar la calma, para coger fuerzas, para regenerar la inspiración. Para no explotar. Pero Watson no nos coge de la mano y nos lleva por su camino: este disco es una puerta, una invitación, un secreto buscando ser descubierto. Por eso empieza como sin querer, desperezándose (‘Lighthouse‘), y se va de puntillas (‘Swimming Pools‘). Como una excepción entre tanto caos. Entre medio, coge velocidad de crucero con energía (‘Blackwind‘, ‘Into Giants‘), pero también se toma sus pausas (‘Words In The Fire‘ y ‘Noisy Sunday‘, qué maravillas), te deja a tu aire en pasajes oníricos como la instrumental ‘The Things You Do‘, o se viste de bosque en ‘The Quiet Crowd‘ (que podría haber firmado la mismísima Joanna Newsom). Los coros finales de ‘Strange Crooked Road‘, los cálidos vientos de ‘Adventures In Your Own Backyard‘, los rasgados de guitarra de ‘Step Out For A While‘,… Adventures In Your Own Backyard son cincuenta minutos de música para sobrevivir. Un balón de oxígeno tan necesario, a veces, como respirar. «Just close your eyes / ‘cause everybody needs to step out for a while«. (En Spotify).

 

The Raveonettes – Observator

(Víctor)

Lo normal en este tipo de posts sería rescatar y recomendar un producto del underground del underground, una joya perdida que a servidor le hiciera quedar como un auténtico visionario. No es el caso. Tiempo para acordarse de Observator, el más reciente trabajo de los siempre infravalorados The Raveonettes. La razón es tan sencilla como impepinable: es el álbum que en más ocasiones he escuchado durante este año, la mayoría de ellas por puro placer, por la necesidad de llenar las horas del día con algo que realmente merezca la pena. »El último de The Raveonettes», he respondido yo prácticamente todas las veces que me he auto-preguntando »¿Qué disco me pongo?» durante los últimos meses. Un álbum melancólico y emotivo, una hermosa colección de canciones perfectamente equilibrada entre esa vertiente cristalina que explotaron en su fantástico In and Out of Control y sus omnipresentes filias shoegaze. Lo han vuelto a hacer por enésima vez, aunque pocos hayan querido darse cuenta. (En Spotify)

 

Daniel Rossen –Silent Hour/Golden Mile / Jane Joyd – Shy Little Jane presents…

(Álvaro)

Dos joyas innegables. La primera es Silent Hour/Golden Mile, el EP debut de Daniel Rossen, miembro de Grizzly Bear. En menos de veinticinco minutos, el guitarrista angelino despliega su fascinante mundo interior, de forma épica pero contenida, uniendo las tradicionales bases del folk-rock con las nuevas estructuras que practica, por ejemplo, su banda matriz. Fuera del caparazón de Grizzly, Rossen aparece como un excelente compositor y letrista, dispuesto para alumbrar una carrera en solitario que une, a partes iguales, alma y músculo, energía y contemplación. Escuchar ‘Return To Form‘ y ‘Saint Nothing‘ es prueba de ello. (En Spotify)

La segunda joya es Shy Little Jane presents: the dramatic tales of her animals, el segundo EP de Jane Joyd. “Fábula antropomórfica” que explica, a través de metáforas animales, el dolor humano. Haciendo comprensible lo incomprensible. Elba Fernández, alias de Jane Joyd, no escatima en recursos: hasta siete músicos le acompañan en el escenario. Un salto cualitativo enorme en comparación con su anterior entrega, Jane Joyd EP, más centrado en el pop folk sencillote de chica-con-guitarra, pseudogénero que Jane nunca ha llegado a entender. En Shy Litlle Jane… las canciones tienen pasajes instrumentales de notable calado, y donde antes había una obsesión por el sonido americana, la personal voz de Jane se acerca ahora al soul y la música negra. Lo dicho: salto cualitativo. Con pértiga. (En Spotify)

Bruce Springsteen – Wrecking Ball

(Carlos)

Hay cosas que inevitablemente molestan. A los que les gusta hablar de dinosaurios, acaban sucumbiendo a ellos, como ocurrió hace unos años en el Primavera Sound con Neil Young, cuando unos Phoenix en plena forma vieron como un abuelito pasaba por su lado como un bólido. Parece que las ventas, el éxito o lo longevo suponen un hándicap. Hay veces que la realidad es así, y si no que se lo digan a Matt Bellamy y los suyos tras el último engendro que han parido. Pero hace unos años se pudo ver un reportaje del FIB en el que se les preguntaba a grupos de lo más granado del panorama indie con qué artista les gustaría tocar. La respuesta de muchos fue la misma, la que también han dado de los enormes Arcade Fire: Bruce Springsteen. Resulta que el Boss, otra vez, ha vuelto de sus cenizas. Tras dos lamentables trabajos, Wrecking Ball devuelve al de Nueva Jersey al lugar que durante cuatro décadas ha ocupado merecidamente. Desde luego no es Born To Run, The River, Nebraska o The Rising, obras maestras que muchos pretenden sin éxito obviar. Pero el carácter rebelde (sí, de un millonario) ha vuelto a aparecer en canciones como ‘We Take Care Of Our Own‘, ‘Jack Of All Trades’, o la joya que da nombre al disco. Una fusión del rockero irredento con el hombre que buscaba sus raíces en We Shall Overcome: The Seeger Sessions. Sería tan injusto asegurar que Springsteen ha inventado algo nuevo como negar que ha elevado el rock a las cotas más altas, siendo el animal más salvaje que jamás ha pisado un escenario. Si hay algo que se ha quedado grabado este año, es un tipo de 63 años estremeciendo a 60.000 personas en el Bernabéu y rugiendo aquello de “And hard times come, and hard times go, and hard times come…”. Y mientras muchos grupos hablan del estrés en sus primeras giras, Springsteen y su monumental banda continúan haciendo historia en sus directos. Y, por supuesto, componiendo buena música. (En Spotify)

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