10/12/2012

Crónicas de Los Planetas, Swans, The Vaccines, TOY, Ariel Pink...

Intentaremos no dejarnos llevar por la tristeza de saber que la de este año, la de hace escasos días, ha sido la última edición del Primavera Club en Barcelona y Madrid. Al menos de momento. El festival anunció ayer, solo un día después de su conclusión, que el año que viene se trasladará a Guimaraes y Burdeos, dejando las dos ciudades sin el hermano pequeño del Primavera Sound. Decimos que lo intentaremos dejar a un lado para hablar de los (pocos, por motivos diversos) grupos que hemos podido ver en la edición de este año. Para hablar de música, aunque parece que durante las últimas semanas haya quedado relegada al último lugar. Pero antes tampoco podemos evitar decir que, sea por los motivos que sea (en gran parte por los problemas de última hora de la sala Apolo y el Mercat de les Flors, pero también por la elección del Sant Jordi Club), esta edición del Primavera Club en Barcelona ha sido la más desangelada que hemos vivido. A un cartel que ya de por sí estaba un peldaño por debajo de otros años se le ha sumado los mil y un factores externos, que han hecho que el Sant Jordi Club se haya quedado grande para la mayoría de grupos que lo han pisado, que ha relegado los showcases a la sala Sidecar, y que ha hecho difícil compaginar los conciertos en el centro de la ciudad con los de la montaña mágica. Con todo, el espíritu de ir de una sala a otra se ha perdido, lo cual nos entristece casi más que el hecho de que el festival haga las maletas y se vaya con la fiesta a otra parte.

Y 600 kms más allá, la cosa todavía ha sido peor: la edición madrileña del Primavera Club 2012 ya nació dejando al personal con la mosca detrás de la oreja. Un día menos de festival y la mitad de conciertos que en su hermano barcelonés… a cambio del mismo precio. 45 € que, desgraciadamente, duelen más a toro pasado. Es así porque las malas noticias se han ido sucediendo, siempre en evidente perjuicio de los asistentes. Los mismos asistentes que consiguieron que se anunciara el ansiado sold out y que han visto como el cartel se quedaba sin uno de sus principales reclamos (Cat Power) o como, por orden del Ayuntamiento de Madrid, uno de los espacios destinados a albergar varios conciertos (la Nave de Terneras) decía adiós a la práctica totalidad de su aforo. Todo eso, que no es moco de pavo, hubiera quedado en una desagradable anécdota si hubiéramos vivido un fin de semana de grandes momentos musicales. Sin embargo, éstos escasearon. Sí, de acuerdo, lo de Swans fue toda una experiencia, Los Planetas triunfaron y The Vaccines cumplieron perfectamente con su papel de agitadores, pero si por algo pasará a la historia la última edición del Primavera Club en Madríd será por el frío, los largos minutos de espera y la psicosis post-Madrid Arena, traducida en un sinfín de cacheos y la obligación de presentar el DNI antes de acceder a cada nave. Triste y desangelada despedida para un festival que se merecía mucho más. Y ahora, hecha la introducción de rigor, hablemos de aquellos conciertos que han destacado pese a todo en el Primavera Club 2012.

SWANS (Barcelona)

Con Swans, por poco que te despistes, acabas perdiendo la noción del tiempo. Michael Gira ha hecho con The Seer un disco que te arrastra a las profundidades del ser humano, a las sonoridades más tenebrosas y a los rincones más infernales. Y eso es lo que pretenden –y logran– en la puesta en escena de su espectáculo, aunque para ello prácticamente no recurran a su nuevo disco y apenas cedan espacio a la improvisación en un concierto de más de dos horas con sus inevitables altibajos. Porque si bien la exhibición de fuerza del sexteto (contando a Gira) fue abrumadora, con una perfección técnica y sonora tremenda, puede que las expectativas generadas de estar ante uno de esos conciertos que ‘hay que vivir‘ mermara un poco la sorpresa en este caso. Sí, Swans son acojonantes en directo. Michael Gira es un director de orquesta poderoso y que da hasta miedo. El bajista sufre desde la primera canción. El hombre de las cavernas encargado de las percusiones y los bongs es la imagen viva de la música que actualmente hacen. Y te acaban arrastrando y llevando a su inframundo, con momentos colosales como esa ‘The Seer‘ que podría no haber acabado nunca. Pero ni fue la revelación mística que algunos auguraban, ni hubiera pasado nada de haber durado media hora menos. Y Michael Gira se fue bastante cabreado porque, según él, le habían hecho terminar el concierto antes de tiempo, y porque el técnico de luces no le hizo ni caso durante todo el concierto.

TOY (Madrid)

Se acercaban peligrosamente las 18:30h cuando una considerable hilera de asistentes esperaba pacientemente a que alguien se decidiera a abrir las puertas de la Nave 16. A esas horas, en pleno diciembre y con el Manzanares a escasos metros de distancia, el frío comenzaba a dejarse notar. Lo cierto es que allí el riesgo de pulmonía era bastante mayor que el riesgo de avalancha en la célebre Nave de Terneras, pero ni las tiritonas ni las narices rojas lograron ablandar a un servicio de seguridad afanado en verificar vaya usted a saber qué. Al fin, tras el ritual de cacheos, todos los presentes irrumpimos en el oscuro recinto, más por la labor de tomar un chocolate con churros que de hacer uso del patrocinador principal del festival. El anticongelante musical venía de la mano de TOY, uno de los hypes de la temporada en tierras británicas. Llegaban a Madrid para presentar su aplaudido debut, un disco lóbrego, caleidoscópico y brumoso al que la acústica reverberante de la Nave 16 le sentó la mar de bien. ¿Simple azar o habilidad del quinteto para usar en su favor lo que para la mayoría sería un grave contratiempo? Reservemos el beneficio de la duda para un grupo que, a la postre, ha terminado figurando entre los triunfadores del fin de semana. Ya desde la primera canción (‘Colours Running Out‘, también encargada de abrir su disco) sonaron potentes y compactos, dejando claro que apostar por el ruido no significa necesariamente dar la espalda a las buenas melodías. Los cinco luciendo vestuario casi corporativo, muy estáticos y con el pelo cubriendo gran parte de sus caras, tal y como mandan los cánones del género. A las primeras de cambio también se deshicieron de ‘Left Myself Behind‘, ese te-ma-zo (incomprensiblemente) no incluido en el álbum, mientras que para la recta final dejaron la apresurada ‘Motoring‘ y la electrizante y arrolladora ‘Kopter‘. Vítores y aplausos, los aciertos en estudio tuvieron un brillante reflejo sobre las tablas.

DEERHOOF (Madrid)

Por un momento, dio la impresión de que Deerhoof iban a conseguir que no echáramos de menos a Cat Power. La ilusión apenas duró unos minutos, aproximadamente los quince primeros. En ese breve transcurso de tiempo pudo verse a una banda simpática y entregada al 100%, especialmente su batería-pulpo y su hiperactiva y diminuta vocalista (con razón es amiga de Ninja de The Go! Team, otra saltimbanqui nata), que entretenía y contagiaba con sus mutantes ¿canciones?. Sin embargo, el efecto inicial se desvaneció a una velocidad de récord. Y es que lo que comenzó como una genial marcianada devino en una especie de jam session plana e insípida hasta el hastío en la que era imposible entrar. Ni rastro de su excitante batidora de estilos, tanto metal o funk como bossa o math rock terminaron sepultados bajo un manto alarmantemente homogéneo. Ellos parecían estar comodísimos dentro de sus anárquicas composiciones, pero uno no tuvo otra opción que desconectar para evitar el colapso. Quizás por eso juraría que ‘Qui Dorm, Només Somnia‘ fue cantada en cualquier idioma menos en catalán…

THE VACCINES (Madrid)

The Vaccines se han convertido en un grupo grande prácticamente de la noche a la mañana. Es algo que se nota en chorradas detalles aparentemente pequeños, como el número de operarios que se encargan de todos los detalles previos, la sintonía que anuncia su irrupción en el escenario, las veces que Freddie Cowan cambia de guitarra durante la actuación (¿cuántas fueron? ¿7,8,9?) o la retahíla de piropos que dedican a la ciudad de turno y sus gentes. Ser escogidos para cerrar la primera jornada de la edición madrileña del Primavera Club no es más que una consecuencia de su nuevo estatus, ese que no les impide moverse sin desentonar en mundos a priori antagonistas como NME y Pitchfork o FIB y Primavera Sound. Eso, reconozcámoslo desde ya, tiene mérito. Como su ascenso a la fama, su concierto en la Nave 16 del Matadero fue trepidante y veloz, desprovisto de casi cualquier momento para el reposo. Ya habíamos tenido muchos durante las horas anteriores, así que bienvenido fue. Bienvenido y coreado, tan coreado como para que la voz de Justin Young tuviera problemas para asomar la cabeza durante el comienzo del repertorio. Tampoco fue un drama: todos nos sabíamos al dedillo los estribillos de ‘No Hope‘, ‘Wreckin’ Bar (Ra Ra Ra)‘ y ‘Tiger Blood‘, las tres primeras canciones de un setlist sorprendentemente centrado en What Did You Expect From The Vaccines? y no en el más reciente Come of Age. Es de agradecer, ya que el debut se come con patatas al segundo de la saga, más pausado y, las cosas como son, aburrido. Mucho más. De uno y otro fueron desfilando la espídica ‘Teenage Icon‘, una celebradísima ‘Post Break-Up Sex‘, la solemne ‘All In White‘, la sesentera ‘I Always Knew‘ o la final ‘Norgaard‘. Todas ejecutadas por cuatro londinenses sobrados de actitud, que agitan la melena, ponen su mejor pose (el amigo Young tiene estudiadísima la de rockero dejao) y parecen creer que forman parte de la mejor banda del mundo. Tampoco es eso, pero en su liga hay pocos que puedan aguantarles un cara a cara.

SR. CHINARRO (Barcelona)

No es que ver a Antonio Luque una vez más fuera uno de los mayores reclamos de este Primavera Club 2012, pero la distancia entre recintos y el frío polar que asomaba en Barcelona el fin de semana hizo que una buena opción fuera resguardarse en el Sant Jordi Club durante toda la noche, para comprobar qué era eso de La Alineación de Los Planetas que tan bien nos habían vendido. Y el propio Luque fue el encargado de sincerarse: «Mira que somos colegas de Los Planetas, y no hemos preparado nada especial. Estamos acomodados, como los funcionarios«. Nadie podría haberlo dicho mejor, porque más allá de una sucesión de buenos conciertos de grupos puntales del indie estatal, todos ellos amigos de Los Planetas, la noche no tuvo mucho más. Chinarro con su pop costumbrista cada vez mejor moldeado, avanzando canciones de su próximo disco y huyendo de sus propios hits (apenas ‘El rayo verde‘ de la trilogía que le encumbró), y con sus habituales salidas de tono: «Catalanes, podéis bailar, eso no os hará menos cool». Genio y figura.

LOS PLANETAS (Barcelona)

En frío, Los Planetas son unos tramposos. Nos ilusionaron con la milonga de La Alineación de Los Planetas, con la promesa de que iban a tocar más de 2 horas, con el amago de rescatar canciones olvidadas… y al final, lo único cierto en todo ello fue la duración del concierto. Dos horas muy generosas de un grupo que pasa, eso sí, por un momento de forma excepcional: ni un pero al sonido, portentoso y engrasado (y eso que el concierto empezó torcido, cuando a la tercera canción Banin tuvo problemas con su guitarra y sus pedales), ni a las proyecciones (hipnóticas y como un guante para las canciones), pero ni una pizca de riesgo o de concesión a su larga trayectoria. Que después de acaparar una jornada entera del Primavera Club con tus grupos amigos la única colaboración materializada sea la de La Bien Querida en ‘No sé cómo te atreves‘ (¡solo faltaría!) es trampa. Como también lo es que el setlist del concierto, por mucho que dure dos horas, sea un pastiche de las canciones que has ido tocando en las últimas dos o tres giras. No sabemos si por vagos o por algún motivo escondido, las únicas sorpresas del concierto fueron ‘La Guerra de las Galaxias‘ y para algunos la colosal ‘Toxicosmos‘, aunque esta ya había frecuentado alguno de sus conciertos de estos últimos años. El resto, lo esperado: un apabullante repaso a sus dos últimos discos, que muestran un grupo rejuvenecido e intratable (‘Señora de las alturas‘, ‘La llave de oro‘, ‘Reunión en la cumbre‘, ‘La verdulera‘, ‘Si me diste la espalda‘…), y la ristra de hits generacionales que, en este caso, llegaron casi encadenados y hasta el infinito (‘Devuélveme la pasta‘, ‘Corrientes circulares en el tiempo‘, ‘El artista madridista‘, ‘Canción del fin del mundo‘, ‘David y Claudia‘,…). Y sí, ‘Santos que yo te pinte‘, ‘Segundo premio‘ o ‘De viaje‘ fueron más catárticas que nunca, el karaoke fue masivo en ‘Un buen día‘ y ‘Pesadilla en el parque de atracciones‘ y terminar con ‘Los poetas‘ fue un golpe sobre la mesa (aunque realmente esperábamos ‘La copa de Europa‘). Y sí, sin el humo vendido previamente, el del viernes en el Sant Jordi Club posiblemente sea el mejor concierto de Los Planetas que hayamos vivido. Pero precisamente por ello no podemos sino pensar, en frío, que un poco de trampa sí que hicieron.

Mac DeMarco (Barcelona)

Y al fin, tras dos días extraños en los que ni valores seguros como Swans o Los Planetas habían conseguido acabar de levantar los alicaídos ánimos, el jovencísimo Mac DeMarco obró el milagro. Ironías del destino, el Primavera Club recuperó la esencia perdida por la inhóspita montaña mágica de Barcelona en su antítesis: el pequeño y céntrico sótano que es la sala Monasterio, con el techo a tocar de poco más de cien cabezas y mucho dióxido de carbono en el ambiente. Allí, en un minúsculo escenario y con el público pegado, el canadiense nos regaló la media hora larga más distendida, simpática y entrañable del festival a base de desfachatez (¿o era carisma?) y, evidentemente, un puñado de buenos temas que, si algo, mejoran en directo. DeMarco dejó claro nada más empezar con una vigorizada ‘I’m a Man’ que el glam de tintes oscuros mostrado en Rock and Roll Night Club (el primero de sus dos lanzamientos hasta la fecha; ambos en 2012) ya es historia y que la línea a seguir es la que impera en el muy recomendable 2. Así pues, abundaron los medios tiempos que pueblan dicho álbum, los que van y vienen mecidos por la luz de una deliciosa guitarra a medio camino entre Real Estate y el Ariel Pink más comedido y certero, temas a los que Mac viste con una voz que flirtea hábilmente con la desgana para, de vez en cuando, rasgarse hasta asemejarse a la del (llámenme loco) Julian Casablancas stroke. Y con el espíritu recuperado por la frescura de ‘Cooking Up Something Good’ y la grácil nostalgia de ‘Ode to Viceroy’ y ‘My Kind of Woman’ llegamos casi al final. Entonces, DeMarco se transformó en crooner y, como si ya supiera lo que se nos vendría encima el domingo, soltó eso de «I’ve had my share, it’s just not fair that we should be together» en medio de la bonita ‘Still Together’. Fue, sin quererlo, el epitafio perfecto para el Primavera Club, al que echaremos mucho de menos por conciertos como éste.

Ariel Pink’s Haunted Graffiti (Barcelona)

Íbamos avisados de lo que nos podíamos encontrar con Ariel Pink. Un tipo excéntrico, joven, con licencia para liarla encima del escenario pero, eso sí, dos notables discos recientes como avales (Before Today y el reciente Mature Themes). Pop a veces ochentero, a veces electrónico, siempre lo-fi, y sobre todo altamente imprevisible. De entrada, la cosa no empezó bien: un volumen atronador (casi peor que el de Swans, y en el caso de Ariel Pink muy poco justificado) nos hacía rescatar los tapones que la organización dio para el concierto del bueno de Michael Gira, pero la inmediata opción por los temas más accesibles de Mature Things (‘Kinski Assassin‘, ‘Mature Themes‘ u ‘Only In My Dreams‘) hizo que nos relajáramos un poco. Pink, tan excéntrico como podíamos esperar, se paseaba por el escenario como si estuviera en su casa, ataviado de accesorios no menos llamativos. Con ‘Round And Round‘, hit de Before Today, casi pensábamos que la cosa ya estaba encarrilada del todo, pero… ay, amigos. Entonces llegó la segunda parte del concierto, con los sonidos densos, los chirríos, las pregrabaciones y Pink pasando de cantar y dedicándose a dar grititos y a hacer ruido… Y, nos perdonarán los fans, el concierto quedó arruinado. No todo vale, Ariel.

Fotos: Christian Bertrand (menos la de Los Planetas)

Foto Los Planetas: Mariano Regidor

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