06/12/2012

Presentamos a los autores de una de las joyas de este 2012, a medio camino entre Foals y Wild Beasts.

Es tremendamente complicado vivir hoy del indie pop. Las modas son a cuál más volátil, y si ayer nos derretíamos con el chillwave, hoy lo hacemos con el jangle pop y mañana será con las primeras caras bonitas que revivan ese género que se perdió en una cinta. Y llegará Pitchfork cualquier gurú ingenioso, le pondrá un nombre cool y nos lo creeremos. Porque el moderno al uso es, sin ninguna duda, el más influenciable de todos los seres que habitan el universo. Entonces pasa lo que pasa. Que los géneros mueren, reviven y vuelven a morir en bucles eternos y que el indie pop que nos chiflaba hace tres o cuatro años, HOY –a saber mañana– ya no está de moda. Renovarse o morir. Pongamos dos ejemplos, cada uno en su extremo, para que sea más fácil. Mumford & Sons ya no molan, enfangados en esa copia de Sigh No More que es Babel. Y claro, nuestros gustos han cambiado y seremos influenciables, pero no tontos. Pero Foals… ¡ah! Estos sí que nos molan. Siempre nos sorprenden con algo nuevo, e incluso nos hacemos los despistados si nos cuelan un estribillo casi hardcore como el de ‘Inhaler‘. Y ya veréis qué gracia cuando vuelvan Phoenix con lo mismo de siempre y les peguemos la patada. Así que, bueno… Una vez repasado todo ésto, continuamos.

The Cads son unos tipos inteligentes y se hicieron un Foals antes de lanzar siquiera su primer disco. Su primer EP, Spark Up In Style, ya nos hizo bastante gracia por aquí y, de hecho, incluimos ese temazo que es ‘Club Of Rome’ en uno de nuestros top semanales. Los de Ipswich eran un grupo aún en busca de una personalidad pero ya mostraban tremendas dotes de talento para fabricar pop infeccioso, teen, matemático. Algo vería en ellos el divertido Darwin Deez para invitarles a girar por Alemania hace un par de veranos. Y resulta curioso que eso haya marcado su carrera a la postre: The Cads son más conocidos en el país germano, donde ya realizan sus propias giras, que en las islas que les vieron nacer.

Dos años después, su álbum debut ha pasado injustamente desapercibido en los medios británicos. Y volvemos a las primeras líneas. Es jodido ganarse el pan si los amos del cotarro te hacen el vacío. Nosotros no vamos a ser tan estúpidos, por una vez. Lessons:Illustrated tiene todas las papeletas para convertirse en uno de los discos más infravalorados del año mientras el, nos permitan, insípido Beacon de Two Door Cinema Club copa portadas y festivales. Y es que The Cads han crecido hasta situarse en una línea interesantísima. Ahí sigue el pop de pegadizos estribillos que recitaban en sus inicios (‘Arbiter‘) y esos punteos fabricados para ser coreados por una marabunta de gente hasta arriba de cerveza (‘Hinterland‘). Pero en Lessons:Illustrated hay muchísimo más que eso. ‘Arbiter‘ –y esos coros– podría ser la conjunción perfecta entre The Drums y The Maccabees, ‘Sonar‘ es puro talento estructural y melódico, carta de un math pop arriesgado, y ‘New Seed‘ es la perfecta muestra de que también saben montárselo a lo Wild Beasts o Local Natives, más juguetones con las atmósferas hasta llegar al éxtasis final.

Y sí, es probable que The Cads no sean el grupo más original ni talentoso del momento. Sin embargo, su peculiar trato y visión del pop a lo largo de nueve canciones los hace total e imprescindiblemente adictivos. Y, lo mejor, es que ya han dado muestra de saber rehacerse y dar un paso adelante sin traicionarse a sí mismos. Así que, olvídemonos un poco de las modas y recibámosles con los brazos bien abiertos.

 

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