23/11/2012

Mágico concierto de Natasha Khan, presentando su fantástico The Haunted Man.

La hora larga de espera que tuvimos que vivir entre la llegada al Teatre Arteria Paral·lel y el inicio del concierto de Bat For Lashes estaba justificada: la promotora del concierto tuvo que cambiarlo de recinto el mismo día, por el cierre repentino y provisional de la sala Apolo, donde inicialmente estaba previsto. Por suerte, eso sí, la solución adoptada fue eficaz: el Arteria Paral·lel, un teatro (sin sillas en esta ocasión) a un minuto escaso del Apolo. Y hay que decir que los últimos minutos de la espera además fueron amenizados por unos teloneros, los británicos Race Horses, que habiendo visto cancelada su actuación esa noche por el asunto del cambio de sala y de horarios, decidieron coger el toro por los cuernos y colocarse entre el público para, mientras entrábamos al recinto, ofrecer un breve concierto acústico de apenas tres canciones. Más allá del arpa y de la espectacular voz de su cantante, nos ganaron de inmediato por el gesto, y han despertado automáticamente nuestra curiosidad por escuchar su flamante segundo disco, Furniture.

Terminado este bonito interludio, y mientras aguardábamos la salida de la dulce Natasha Khan al escenario, la noticia de que el Ayuntamiento cerraba la sala Apolo temporalmente llegó a nuestros teléfonos móviles. Todavía estupefactos, y Natasha Khan saltó al escenario. Ajena a todo (aunque no al cambio de recinto, que se encargó de remarcar pronto para agradecer al público la comprensión) y mucho más seductora de lo que esperábamos, Bat For Lashes nos conquistó con su embrujo desde la primera nota de ‘Lilies‘, la canción que abre su fantástico The Haunted Man, y que también inauguró la noche. Y eso que no era fácil. Arropada por una banda en segunda línea que reproducía a la perfección los sonidos etéreos y en ocasiones tribales de sus tres discos hasta la fecha, Khan se reafirmó ayer por la noche como una artista de talento infinito, de carisma indeleble y coqueta hasta decir basta.

La noche, por algún extraño embrujo, pasó como un suspiro. Y eso que fueron 15 las canciones que Khan interpretó en el improvisado escenario del Arteria Paral·lel, que dicho sea de paso fue un digno substituto de la bonita sala Apolo. Pese a un sonido un pelín bajo (suponemos que por las características del local), todo terminó de cuajar hasta un punto que nadie esperaba. Especialmente, claro, Natasha. La británica demostró tener tablas de estrella, además de una ejecución vocal casi increíble: no hubo ni una nota fuera de tono, todas las canciones fueron interpretadas con la intensidad, sutileza y perfección con la que lucen en el disco. Si acaso todavía mejor; tal es el magnetismo de esta chica británica a la que tanto comparaban con Björk en sus inicios.

Ahora, dicha comparación parece innecesaria. Aunque todavía recuerde a la islandesa en algunos momentos puntuales (especialmente por la voz y el lirismo), Bat For Lashes se ha decantado por un camino más pop, más convencional en cierta manera, y también mucho más estable y emocionante. Tras los cinco sinuosos minutos de ‘Lilies‘ y eso de «thank God I’m alive» que ya nos dejó sobrecogidos a la primera de turno, Natasha atacó dos canciones queridas por el público: ‘What’s A Girls To Do?‘ y ‘Glass‘. En ellas ya vimos lo que sería la tónica general de la noche: pese a la serenidad de las canciones, Khan estuvo cálida y cercana al público, siempre sonriente, siempre contorneándose al ritmo de las percusiones, y siempre con alguna ocupación extra: que si unas percusiones electrónicas, que si el theremin, que si una maraca, que si el piano…

Y con todo, ni una nota desafinada, ni un movimiento fuera de tiempo ni de lugar. Perfección formal, en contenido y continente que tuvo cotas simplemente excelsas en canciones como ‘All Your Gold‘ (menudo hit) o una ‘Pearl’s Dream‘ casi hasta bailable. Pero sin duda el momento clave llegó con ‘Laura‘, el primer single de The Haunted Man, colocada especialmente en mitad del concierto: solo acompañada del piano, Natasha Khan ofreció una interpretación espectacular y sentida de la canción en todos los aspectos (musicales y extra-musicales), evidenciando que estamos ante una de las canciones más preciosas del año, y que bien podría ser una respuesta alternativa al ‘Someone Like You‘ de Adele. La onírica ‘Lumen‘ alargó la magia hasta encarar una recta final in crescendo con ‘Prescilla‘, ‘Sleep Alone‘ y la mencionada ‘Pearl’s Dream‘. Para el bis, también perfectamente calculado, Khan dejó la imagen de la noche: ‘The Haunted Man‘ y ella sosteniendo un viejo transistor por el que sonaban los coros. Momentazo que solo podía rubricar la celebradísima ‘Daniel‘, su canción más popular hasta la fecha y que sirvió de perfecto fin de fiesta, con Natasha saltando en el escenario y sonriendo como si fuera la primera vez que se subía al escenario, pero llevara toda la vida haciéndolo. Y durante poco más de una hora, gracias a ella, nos olvidamos de dónde estábamos, de lo que pasaba al otro lado de la calle, y de que el mundo estaba ahí fuera.

Fotos: Irene Guardiola.

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