15/11/2012

14-N. Jornada para las reivindicaciones y para que The xx, tres chavales perfectamente normales con pinta de todo menos de estrellas del rock, llenaran La […]

14-N. Jornada para las reivindicaciones y para que The xx, tres chavales perfectamente normales con pinta de todo menos de estrellas del rock, llenaran La Riviera por segundo día consecutivo. A diferencia de lo que ocurrió en la pasada edición del Primavera Sound, el trío compareció en Madrid ya con su segundo disco, el taciturno y espartano Coexist, en la calle. Un público de lo más heterogéneo les esperaba con los brazos abiertos y ellos sorprendieron ofreciendo una inteligente lectura de su delicado y minucioso cancionero: saben que su popularidad se ha disparado en los últimos tiempos y que son capaces de llenar grandes recintos en los que resulta quimérico recrear al detalle los silencios y matices que inundan sus temas. Sobre todo cuando enfrente se encuentra un público dispuesto a corear a pleno pulmón eso de »maybe I had said something that was wrong, can I make it better with the light turned off» o aquello de »they would be as in love with you as I am».

Eso fue justo lo que pasó anoche en La Riviera, pero The xx sortearon todos los obstáculos sonando más potentes que nunca. Para lograrlo, y aunque suene contradictorio, apostaron por la austeridad musical más absoluta, sacrificando muchas de sus características líneas de guitarra/bajo y otorgándole un papel eminentemente principal a los beats. De ellos se encarga Jamie Smith, un genio que no levantó la cabeza de su trinchera de aparatos desde la inicial (y erizavellos) ‘Angels‘, cantada prácticamente a capella por Romy Madley-Croft. A partir de ahí, Romy y Oliver Sim compartieron protagonismo al micrófono. Ella, tímida a más no poder, intentando esconderse tras su flequillo; él, el más carismático de los tres, acariciando su bajo. Los dos demostraron tener mucha más capacidad vocal de la que podría parecer.

Así, apoyándose en unos juegos de luces tan simples como efectivos, fueron interpretando todas sus joyas. ‘Heart Skipped a Beat‘ anticipó que la vena clubber de Jamie iba a estar muy presente durante toda la velada, ‘Fiction‘ hizo que Oliver sacara el frontman que lleva dentro y la celebradísima ‘Crystalised‘, el primer exitazo de su carrera, fascinó apareciendo en el cuarto lugar del setlist. ‘Fantasy‘ nació brumosa y cavernosa para más tarde transformarse en ‘Basic Space‘ y ‘Missing‘ nos puso un nudo en la garganta mientras Oliver repetía amargamente que su corazón está latiendo de forma diferente. Turno para el genial cambio de ritmo de ‘Reunion‘ y, siguiendo el mismo orden del tracklist de Coexist, para el pulso electrónico de ‘Sunset‘. ‘Night Time‘ parecía un buen momento para tomarse un descanso, pero nadie contaba con un final estruendoso e intenso, casi shoegaze. Ojos como platos y ‘Swept Away‘ entra en escena para brindarnos el momento más pistero del concierto y después fundirse con la maravillosa ‘Shelter‘. Con el adorable xilófono de ‘VCR‘ se hizo la luz (literalmente, los focos llenaro el escenario de un blanco casi místico) y llegó una recta final en la que cayeron ‘Islands‘, una minimalista ‘Chained‘ (¿quizás demasiado?) y la preciosa ‘Infinity‘. Y, sin mediar palabra, los tres desaparecieron, como si allí no hubiera ocurrido nada.

Sólo unos cuantos despistados reclamaron un bis que, a decir verdad, no era necesario: en una hora escasa ya habían desgranado de forma magistral su breve pero inmenso repertorio y habían dejado bien claro que en un futuro no podrá explicarse la música del siglo XXI sin mencionarles. Aún así, volvieron entre aplausos para regalar la instrumental ‘Intro‘ en versión acelerada, una apoteósica ‘Tides‘ y esa ‘Stars‘ que cerraba su debut y en la que Oliver promete que no puede darlo todo en la primera cita. Anoche, en cambio, él y sus dos compañeros sí se entregaron al 100% para conseguir un triunfo inapelable. De notable muuuy alto.

Tal y como ha hecho recientemente al otro lado del charco, John Talabot, estupendamente escoltado por su secuaz Pional, fue el encargado de abrir fuego. Lo suyo tiene mérito. Y no sólo por haber encandilado a los mismísimos The xx o por haber entregado uno de los mejores discos del año (olvídense de fronteras, hablo a nivel universal), sino por algo igual de complicado: haber construido un live de electrónica en el que el respetable no mira con cara de »que me devuelvan mi dinero». Imposible sentirse timado mientras el dúo de productores canta a la par, toquetea milyun botones, agita las baquetas y dispara con quirúrgica precisión una infinidad de samples. Así, sin parar quietos ni un segundo, firmaron un perfecto calentamiento en el que no faltaron ni los grandes momentos de ƒIN (la enorme ‘Destiny‘, la hipnótica ‘So Will Be Now…‘, la inquietante ‘Oro y Sangre‘) ni alguna mirada al pasado reciente (‘Sunshine‘ y su remezcla para el ‘Cheaters‘ de Teengirl Fantasy incluidas).

Fotos: Mariano Regidor

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