26/06/2012

Segundo y último día de festival (lean la crónica del primero) y jornada en la que se juntaban cuatro de las cinco apuestas que pusimos […]

Segundo y último día de festival (lean la crónica del primero) y jornada en la que se juntaban cuatro de las cinco apuestas que pusimos encima de la mesa antes de la cita. Y oigan, está mal que lo digamos, pero dimos bastante en el clavo. Parte de mérito para el blog -otrora conocido como proto-oráculo del indie-, pero mérito sobre todo para los diseñadores de este cartel sin apenas decepciones. Y ojo, que de esas hay hasta en las mejores familias. En este formato, sería hasta medio normal que, una vez fichadas las estrellas y asegurado el aforo, uno pusiese sólo el empeño imprescindible en esos otros artistas que rellenan las zonas bajas del poster y acaban tocando a la hora de la siesta, pero no es el caso del Día de la Música, que este año ha demostrado con esos acierta y, de paso, evangeliza. Sí, seremos sinceros, no se nos caen los anillos: hasta que aparecieron confirmados no teníamos apenas noticias de gente como Mikal Cronin o James Vincent McMorrow. Y ya ven, los primeros dieron un bolo que les ha valido la foto de honor de este modesto post y el segundo dejó una de esas actuaciones que no quieres que se acaben nunca. El resto, aquí debajo.

James Vincent McMorrow

Llegamos con prisa y sofoco a nuestra primera cita del sábado… y la voz de este hombre de la foto nos bajó las pulsaciones en segundos. McMorrow emociona, de eso nos dimos cuenta rápido. La tarea de destacar entre los trovadores barbudos de folk anglosajón era complicada, y lo consiguió. Hay mucho mercado en ese mundo y caer en el lado de lo obvio es cuestión de cuatro trucos mal entendidos. Y la verdad, todo sea dicho, es que Early in the Morning no es For Emma, for Ever Ago, pero en directo sus canciones cautivaron casi como si estuviesen a esa altura.  ‘Higher Love’ fue descomunal, ‘We Don’t Eat‘, igual, grandiosa, ‘If I Had A Boat‘, ‘This Old Machine‘… Las tocó solo, unas a la guitarra, otras al piano, siempre al borde de ese falsete justinverniano, con el público en el bolsillo, con sentido del humor. Acompañó todo: la hora, la temperatura, la gente… Y nos costó dejarle ir, aunque en los silencios espesos de sus canciones ya se colaba al fina el estruendo de Fanfarlo. Ahora, se fue con la ovación de los que triunfan. Muy bueno. (Texto y foto: Boluda).

Fanfarlo

El asfixiante calor (disculpen que estemos algo pesaditos con este tema, pero es que sudamos lo que no está escrito durante el fin de semana) hizo que las dudas me asaltaran de camino al Matadero. ¿Cuántos valientes presenciarían en directo la presentación del excelente segundo disco de Fanfarlo? Pues bastantes, sobre todo teniendo en cuenta que el quinteto actuaba a las 17:45h sobre el cemento del Escenario Radio3. Un sofocón que mereció la pena, sin duda. Fue así porque Fanfarlo sonaron prácticamente mejor que nadie en todo el festival: nítidos, radiantes, equilibrados, elegantes. Los coros, perfectos; los vientos, tocados de forma acertadísima y ante nuestras narices (algo que siempre gusta); la desgarbada Cathy Lucas, magistral al teclado, al violín y a todo lo que se le pusiera a tiro. A todo esto, que no es precisamente moco de pavo, hay que sumar el hecho de que canciones como ‘Shiny Things‘, ‘The Walls Are Coming Down‘ o ‘Tunguska‘ irradian felicidad y comunión por los cuatro costados, algo que contagió a todo el recinto durante más de 50 minutos. En definitiva, notable muy alto para ellos y sonrisa de oreja a oreja para nosotros. (Víctor; foto: DDM12)

Julia Holter

Llegamos al UFI para ver a Mikal Cronin y la encontramos a ella. Ya, estaba en la web, vale, sí, ya. A lo mejor fue que nos sentamos ya un poco encabronados, o que había demasiada luz, o que ella parecía recién llegada de la playa y no se la veía muy implicada en el asunto, pero este que escribe no conectó. La americana presentaba uno de los discos más interesantes, sofisticados y complejos de lo que va de año, pero el asunto funcionó más bien regular. No me pregunten por qué: ella cantó bien, tocó bien, pero sólo brilló con sus mejores canciones, ‘Marienbad‘ y ‘Moni Mon Amie’. Aunque incluso estas las interpretó con una corrección tan infinita como poco cautivadora. Sólo ‘Goddess Eyes II’ consiguió arrancarme un aplauso de sorpresa. Cuando terminó, se colgó el bolso del hombro y se fue como si no hubiese estado nunca. Nos caerán palos por esto, pero oigan, a este que escribe… sin más. Habrá que verla en sala. (Texto y foto: Boluda).

Spoon

Inmortales amigos del rock, Spoon son muy buenos… pero también son muy previsibles y eso en directo juega en su contra. Si uno es fan y se las sabe, disfruta; pero al que llegue allí de nuevas quizás pueda parecerle poco impresionante ese rock contenido de batería de hormigón, piano sonido piano y distorsión fina. Todo suena perfecto, como tiene que sonar, como suena en sus discos –notables cuando menos–, pero casi nada suena excepcional. Spoon se subieron al RTVE en plena canícula e hicieron lo que saben hacer: rock arenoso del que no queda. Y lo hicieron pegándose un generoso paseo por su discografía de los últimos 10 años, excelsa como pocas, desde Kill The Moonlight (‘The Way We Get By‘) a su última entrega Transference (‘Written in Reverse‘) del que inexplicablemente se dejaron la tremenda ‘Got Nuffin‘, una de las mejores canciones de su catálogo. Sí cayeron otras de esa lista, como ‘The Underdog‘, en la que el blanquísimo Britt Daniel nos combinó a hacer las ausentes trompetas con la boca. Por aquí, fans como pocos del Gimme Fiction, gozamos con ‘I Turn My Camera On‘ y, sobre todo, con ‘My Mathematical Mind‘, temarral, pero al final nos fuimos con la sensación de que un poquito más de picante les vendría muy bien. (Texto y foto: Boluda).

Mikal Cronin

Nos había salido tan bien lo de McMorrow y está tan mal eso de recomendar y luego pasar de tu propia recomendación, que renunciamos al pájaro en mano de Mercury Rev y nos fuimos a volar con el bueno de Mikal Cronin. Esperábamos encontrarnos en el UFI, lógicamente, lo que hay en su álbum homónimo: una colección de canciones entre el rock y el surf con un cierto espíritu sesentero y lo-fi. Y bueno, lo que nos encontramos fue un concierto tremendo. Para empezar ciao a las flautas y ciao a las guitarras acústicas: Mikal Cronin salieron, se comportaron y sonaron como una banda de garage; furiosos, feroces y contundentes; como si se hubiesen caído en el caldero cafeínico de unos Japandroids, reconocibles e irreconocibles al mismo tiempo. Del sesenteo de coros vintage, casi ni rastro; de la distorsión y la garra de canciones como ‘Gone‘, todo y más. A la segunda o la tercera, a Cronin se le rompió una de las 12 cuerdas de su eléctrica, pero ni lo comentó. A la mitad, el pogo en el UFI era considerable y creciente, y ya en el último tercio del concierto uno estaba sencillamente boquiabierto ante el alarde de fuerza, energía y mala hostia de estos cuatro chavales de San Francisco. Actitud, actitud, actitud. Temas como ‘Apathy‘ se convirtieron en trallazos incontenibles de felicidad y distorsión; temas presuntamente melosos como ‘Again And Again‘ o la preciosa ‘You Gotta Have Someone’ -¿Yuck?- brillaron redoblados de energía, llenos de una verdad extraña, como si hubiesen sido compuestos ese mismo día a la hora de comer. Al final, con el público entregado y ojiplático, hubo caos, pogo y una última ración de vitalidad sin condimentos. Abajo el video. Impagable. (Texto y foto: Boluda)

Breton

El Escenario Spotify, ese espacio en el que siempre parecían ser las 03:00 AM, acogió el estreno en España de los pujantes Breton. Una puesta de largo que tenía casi todo en contra, ya que coincidía con el final de Mercury Rev, el maxi-concierto de Love of Lesbian y, atención, el España – Francia de la Eurocopa. Con todo y con eso, varios puñados de fisgones (¿alguno habría leído nuestras recomendaciones?) se acercaron para comprobar en directo las bondades de su interesante debut, Other People’s Problems. Y con lo que allí se toparon fue con cinco mocosos decididos y entregados que convencieron de pleno. A medio camino entre los Foals de Total Life Forever y el sonido Bristol, y acompañados por unos turbadores visuales, estos londinenses dispararon sus furiosos temas (‘Edward the Confessor’ sonó desgarradamente brutal) entre una lluvia de samples, guitarrazos y contundentes percusiones: un conglomerado rocoso y afilado que hizo menear la cabeza de todos los presentes. Futuro de lo más prometedor el suyo. (Víctor; foto: DDM12)

Mäximo Park

Por alguna extraña razón que a muchos se nos escapa, en pleno 2012 Maxïmo Park continúan apareciendo en la parte más alta de los carteles festivaleros, y siguen destapándose como un importante reclamo para el gran público. Ciertamente es un hecho innegable, pero seamos serios: su momento pasó hace años, aparentemente no están dispuestos a renovarse (o eso se desprende de su reciente The National Health) y, lo que es peor, ya ni siquiera parecen contar con un directo entretenido. Porque sí, el concierto de Maxïmo Park en el Día dela Música fue, probablemente, el más aburrido del fin de semana. Y no únicamente por la evidente falta de chicha musical (sólo ‘Graffiti’ fue capaz de sacarnos una sonrisilla nostálgica), sino por la irritante actitud de ese frontman llamado Paul Smith. Mucha posturita, mucha mueca, mucho juego con el micrófono y mucha rebeldía impostada… para nada. Un soporífero despropósito de cabo a rabo. (Víctor; foto: Boluda)

Apparat

Como en el caso de Bear in Heaven, con Apparat nos toca confesar que disfrutamos de su presencia sólo un rato. Por los  motivos ya comentados, no nos dolió nada tener que dejar el show de Mäximo Park a medias, pero sí que nos costó mucho huir apresuradamente de aquí al bolo de Metronomy. Y es que el alemán se estaba marcando en el Spotify, formato banda, un concierto que empezó muy bien, siguió mejor, y –supimos luego– aparentemente terminó rozando el techo de este festival. Acompañaba la hora, bien entrada la noche ya; el sonido, oscuro, denso, equilibrado; y el público numerosísimo, probablemente el concierto con más asistencia en ese escenario (lo que demuestra el acierto de contraprogramar con calidad a los cabezas de cartel). Pero sobre todo acompañaron las canciones. Qué grande parecía tocado desde ahí arriba The Devil’s Walk, desde la delicadeza folk de ‘Your House is My World’ a la belleza portentosa de una de las mejores canciones del año pasado, ‘Black Water’. En fin, no podemos contarles el final porque nos arrancamos de allí sin dejarle crecer lo que creció… error. (Texto y foto: Boluda)

Metronomy

A un servidor le hubiera gustado mucho, muchísimo, escribir una crónica 100% positiva del concierto de Metronomy en el Día de la Música. Entre otras cosas porque el pasado año no me despegué del fantástico The English Riviera, un disco sofisticado y entretenido como pocos en los últimos tiempos. Quizás precisamente por eso, por las altas expectativas, la actuación del cuarteto resultó algo fría y, a ratos, falta de fuerza. No es que sonaran mal, ni mucho menos: derrochan clase (Anna Prior es un espectáculo a la batería), se les nota mucho rodaje y apenas tienen que recurrir a sonidos enlatados. Y todo eso está muy bien, sin duda. Lo curioso es que su set no fue el festín bailongo que se esperaba, y de ahí el ligero chasco. De hecho, los mayores momentos de delirio (y el mayor desgaste de suelas) no llegaron con las populares ‘The Bay‘ y ‘The Look‘, sino con algunos pasajes instrumentales de lo más intensos y con una extensa ‘The End of You Too‘ que creció y creció de forma espectacular. Algún que otro buen momento, sí, pero a ellos hay que exigirles más. Por lo tanto, y aunque duela decirlo, un cierre de festival agridulce, un coitus interruptus, un sí… pero no. (Víctor, foto Boluda).

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