25/06/2012

Vaya caloramen hemos pasado, amigos y amigas, en el Día de la Música 2012. Pero lo hemos pasado bien. Hemos pillado un poco de moreno […]

Vaya caloramen hemos pasado, amigos y amigas, en el Día de la Música 2012. Pero lo hemos pasado bien. Hemos pillado un poco de moreno de nuca que ahora tendremos que ir a maquillar a la piscina, pero todo sea por la música. Llegamos el viernes al Matadero de Madrid pronto y con esa profecía meteorológica rondando: ola de calor. Y es que este ha sido con mucho el fin de semana más sofocante de lo que llevamos de año. Bienvenido seas, solsticio. Primero y principal: cervezas, aguas, redbules a 2,5€, copas y minis 7,5€; un poco carete, pero tolerable. Este año, sin el patrocinio de Heineken, el precio del abono se había casi triplicado (de 24€ a 66€), pero la verdad es que la afluencia de público fue, creemos, casi idéntica a la del año pasado. Sólo se notaba aglomeración cuando tocaban los grandes, lo cual es una bendición. El diseño del cartel, lo hemos dicho ya mil veces, es una gozada: propone un concierto de masas por jornada, lo que garantiza afluencia decente, y hace que el resto de conciertos puedan verse más que cómodamente. A destacar otras mejoras: el sonido del escenario Spotify (que hasta olía normal), la posibilidad de evitar el concierto de los cabezas de cartel si a uno le daba por ahí, y el hecho de que se celebre viernes y sábado y no sábado y domingo. Todavía queda gente en España que trabaja y madruga el lunes. En el debe, una cosa muy fundamental: el chocho lío de los horarios. Los conciertos se adelantaron varios minutos, se cambiaron unos por otros y uno tenía un caos importante… La respuesta: «está en la web«. Ya, pero yo no vivo mirando la web cada tres minutos, me fio del horario impreso que me acaban de dar, y tal. Dicho lo cual, al lío.

Sr Chinarro

En sandalias, luciendo su ya habitual look à la náufrago, aquejado de un importante resfriado (aquí puede estar la explicación) y secundado por una más que solvente banda. Así compareció Antonio Luque cuando pasaban escasos minutos de las cinco de la tarde. Por suerte, el Escenario Rockdelux era un espacio oscuro y refrigerado en el que se estaba la mar de a gusto. Por estas mismas razones podría pensarse que el público que lo llenaba únicamente pretendía resguardarse del abrasador calor (algo con lo que el propio Luque bromeó al comienzo del set). Pero no, allí había muchos fans y se hicieron notar tanto en los clásicos del sevillano (sirvan como ejemplo una celebradísima ‘Del Montón’ y la final ‘Los Ángeles’) como en las frescas novedades (la acelerada ‘Hot Mothers’ y ‘Todo Acerca del Cariño’, entrañable y tierna, tienen visos de convertirse en favoritas del personal dentro de sus actuaciones). Todos ellos, veteranos y noveles, sonaron de forma brillante. Un concierto relajado, cálido y cercano que entró de lujo en tan taurino horario. (Victor)

Pegasvs

En lo que a estética se refiere, el Escenario UFI parecía idóneo para Pegasvs. Y es que los aires de hangar del recinto (con esos conductos de ventilación a la vista de todos) casaban perfectamente con los machacones ritmos motorik del dúo. Sin embargo, la acústica no estuvo en absoluto a la altura. Porque una cosa es que el proyecto de Sergio Pérez y Luciana Della Villa no sea precisamente un ejemplo de hi-fi y otra muy diferente es que, por culpa de la excesiva reverberación del UFI, apenas puedan distinguirse unas canciones de otras (-¿Es ‘Brillar‘? -Parece ‘Atlántico‘ -Ah, no, es ‘Hasta el Horizonte‘). A esto último tampoco ayudó que la voz de Luciana, sepultada entre sintetizadores y cajas de ritmos, fuera prácticamente inaudible. Por lo tanto, y para disgusto de los que andamos enganchados a su debut, relativa decepción. (Victor; Foto: Día de la Música)

Lee Fields & The Expressions

Tocar en una banda de soul es como ir a un colegio de pago: tienes que llevar uniforme. Esto mola visualmente, y hasta puede que uno como músico se sienta más parte de la banda (como del colegio) con su camisa blanca, pantalón negro chaqueta negra. Ahora, cuando te colocan cara al sol (ojo) a las 18:15 a 38ºC, puede uno de pronto desear haber escogido el surf rock. Llegamos a Lee Fields justo cuando salía la banda por el fondo del escenario. Como mandan los cánones, tras una introducción instrumental, el saxofonista se inclinó ante su micro para presentar y dar entrada al bueno de Lee Fields, un hombre de 62 que dice «love» cara tres o cuatro palabras. La vedad es que fue imposible sobreponerse a la solana y, aunque tanto Lee como su banda sonaron correctos, no hubo éxtasis nivel Charls Bradley en el Primavera Club. Probablemente no se les pueda poner un ‘pero’ a ellos, pero la verdad es que ni siquiera temazos como ‘Faithful Man‘, que abre su último trabajo, titulado igual, hicieron que mereciera la pena aguantar el ardor de pies, así que nos fuimos a coger sitio para esta de abajo. (Foto y texto: Boluda).

St Vincent

Annie Clark es un nódulo, una terminación nerviosa, una neurona. Sobre un escenario de la sensación de que hace lo que quiere con su guitarra -alardeando por espasmos-, hace lo que quiere con la voz, virando violenta en el margen infinito que media la ternura sadista de ‘Dilettante‘ y la rabia feroz de ‘KROKODIL‘. En un repertorio de 45 minutos Annie Clark te destroza. Toca ‘Chloe In The Afternoon’, ‘Cheerleader‘, ‘Cruel‘, ‘Actor‘, ‘Year Of The Tiger‘, ‘Surgeon‘, con el solazo, y cuando llegas a esa versión vitaminada de ‘Nothern Lights‘, intensa, alagartada, dura, estás rendido. Annie hace lo que quiere también con su cuerpo y con su banda, mucho más contundente que en su última venida por aquí (se nota la gira). El concierto del viernes fue incluso mejor que aquel del Primavera Club sobre todo gracias a ese final. En el Matadero la densidad de público no era alta. Molestando un poco, uno podría abrirse paso hasta la primera fila… y este pensó que Annie no se tiraría, que bajaría al foso y provocaría desde ahí. Pero ja. La tejana se quitó la petaca, el retorno, agarró el cable y se regaló. Loca, poseída, sin miedo ninguno. Estuvo a punto de caer varias veces, de desaparecer por los márgenes del público, pero al final, hacia la mitad, en un momento mágico, consiguió mantenerse de rodillas sobre la masa, sostenida entre otras por estas manos que escriben, gritando endemoniada eso de «Iiiiiiiiii, neeeeeed your biiiiiiite!!!!!!!»… DIOSA, en serio. (Foto y texto: Boluda).

Twin Shadow

El Sol madrileño aún apretaba, y de qué manera, cuando Twin Shadow y su banda aparecieron en la explanada del Matadero. A pesar del sofocante ambiente, el amigo George Lewis Jr., algo así como un híbrido entre Lenny Kravitz (por actitud), Morrissey (por voz) y un dependiente de H&M (por atuendo), no perdió la sonrisa en ningún momento y tiró de raíces dominicanas para conectar con el sufrido respetable. Algo que siempre es de agradecer, y más si viene acompañado de una atinada parcela musical. Las elegantes y detallistas composiciones de su ópera prima (Forget, de 2010) se dejaron  la delicadeza y la ensoñación por el camino para exhibir su cara más bailable y funk. Todo un acierto. Y, para colmo, canciones tan redondas como ‘Slow‘ o ‘Shooting Holes‘ estuvieron reforzadas por ese irrebatible hit titulado ‘Five Seconds’, primer adelanto de su segundo trabajo. El temazo en cuestión, tercer corte del setlist, sonó como un tiro y su adictivo estribillo («Five seconds to your heart / Straight to your heart / I can’t get to your heart / There’s no way to get iron») no abandonó al que aquí escribe en toda la jornada. Uno de los triunfadores del día. (Victor; Foto: Boluda)

JD McPherson

Ya se sabe: puestos a no inventar nada, lo que sea que hagas, hazlo bien. JD Mcpherson, acompañado por una banda de tipos que parecen recién sacados de Alcatraz, hace un rock and roll clásico, rudo y bailable a morir. Mientras la buena de Azaeilia Banks deleitaba al personal bajo la persistente solana, un nutrido grupo de descreídos movíamos las caderas con temazos clásicos como ‘Dimes For Nickels‘, ‘Scandalous‘ o el hit: ‘Northside Girl‘. El de Oklahoma tiene una voz poderosa, le encanta lo que hace y tiene una banda (contrabajo, saxo, batería y piano) que suena a piano bar. En ‘Fire Bug‘, con ese puntuto de rabia, uno no podía evitar aullar y dar palmas. Cuando eso pasa, el concierto mola, matemático. En fin, sesión irresistible y divertidísima de vuelo de falda. Grande. (Foto y texto: Boluda).

Azealia Banks

La expectación era más que palpable desde minutos antes de las 20:15. Casi hubiéramos jurado que, para muchos de los que se arremolinaban en torno al Escenario Radio3, Azealia Banks era el gran reclamo del día. Allí había curiosos, hipsters de libro y alguna mala pécora que esperaba presenciar un naufragio en directo. Pero no fue así, ni mucho menos. La cosa comenzó con una breve intro en la que el dj de turno hizo sonar el ‘Out of Space’, de The Prodigy, o el ‘Rich Girl’, de Gwen Stefani, un buen calentamiento. Y luego apareció ella, diminuta, ataviada con un escuetísimo short rojo y escoltada por dos hiperactivas bailarinas que nos regalaron más de un momento espectacular. Desde el primer momento se vio que la señorita Banks tenía la batalla prácticamente ganada desde el principio, lo que no debe restar méritos a lo que consiguió en apenas media hora. Casi sin despeinarse, combinando mala leche y sonrisa profident, la rapera de Harlem puso al Matadero en pie y logró que todos sacásemos el nigga que llevamos dentro. Para ello se valió de la furiosa ‘Fuck Up the Fun’, de una ‘1991’ que calificó como su tema favorito, de la raver ‘Liquorice’ (corte que despidió el setlist) y de una aclamadísima ‘212’ (lo más celebrado del fin de semana junto al primer gol de Xabi Alonso, con diferencia). Griten conmigo, alto y claro: Yes, believe the hype! (Víctor; Foto: Día de la Música)

Bear in Heaven

Desde la segunda fila del escenario Spotify tuve por fin la sensación de que lo que escuchaba estaba al límite del volumen, es decir, en el punto casi justo en el que te vibra el cuerpo y no te duelen los oídos.  Y les diremos la verdad, nos pasamos a ver a los de Brooklyn en el ratito que sacamos entre JD McPherson y James Blake, probablemente no el tiempo suficiente para hacer una crónica ni medio en condiciones del concierto, pero no nos resistimos a reseñarlo porque, incluso sin ser necesariamente muy fans, nos metimos de lleno en ese juego de capas de color, sintetizadores y disco, guiados al baile un Jon Philpot desatado, afinado y en modo diva. Consiguieron lo más difícil: mantener la intensidad sin renunciar al preciosismo. Así que, lo poco que vimos, muy bien. (Foto y texto: Boluda).

James Blake

James Blake y los suyos lo tuvieron casi todo en contra: el escenario, la hora, el contexto… La propuesta del rubio nace de la noche y es casi imperativamente para la noche, pero a las 21h, a estas alturas de junio, por aquí no se atisba aún la caída del sol. Por cierto, las 21, decíamos, y no las 21:15, como aseguraban los horarios que nos habían dado ese mismo día. No vimos ningún cartel avisando del adelanto de la hora y llegamos porque Twitter nos avisó. Mal. El caso es el que el concierto de Blake empezó sin mucho volúmen, con la delicadeza habitual y con una tertulia generalizada entre un público bastante numeroso. La primera mitad del concierto, con piezas de porcelana electrónica como ‘Unluck’ o ‘I Never Learn To Share’, resultó incluso aburrida por momentos. Era muy difícil entrar en ese mundo tenebroso desde ese otro de cañitas al sol donde nos encontrábamos. Blake, tímido, se fue creciendo a medida que el sol caía tras los muros de la Nave 16. Hacia la mitad consiguió callar y hasta mover al público con  ‘CMYK‘, preludió casi inmediato de una ‘Limit to Your Love’, alargada, retorcida, hipnótica e incontestablemente grande. Imposible no entrar ahí, a pesar de todo. Mejoró ostensiblemente la cosa con las intensas raciones de bajo que hubo en adelante, pero el concierto nunca terminó de cuajar y Blake se despidió, de nuevo solo al piano, de una actuación que no hizo honor a lo grande que es. (Foto y texto: Boluda).

Two Door Cinema Club

Vaya por delante que en el concierto de Two Door Cinema Club se bailó, aunque quizás no tanto como en el FIB 2010 o el SOS 4.8 2011. Semejante retahíla de estribillos irresistibles únicamente puede desencadenar en un show agitado y sudoroso, sólo faltaría. El trío norirlandés, cuarteto sobre las tablas, no parece sufrir de delirios de grandeza y no se complica la vida con extraños experimentos: brindan al público justo lo que quiere oír, nada más. Nada más… y nada menos. Además, se nota que Tourist History ha sido presentado hasta la saciedad, porque suenan compactos y muy muy cercanos a lo que ofrecen en estudio (alguna base electrónica les iría de perlas, eso sí). Inaugurada con la juguetona ‘Cigarettes in the Theatre‘ y clausurada con la apresurada ‘I Can Talk‘, la primera actuación de Two Door Cinema Club en Madrid sirvió para constatar un par de cosas: que se han convertido en un grupo de masas en apenas dos años (las primeras filas eran un hervidero de entregadísimas groupies) y que su ya anunciado segundo álbum no se va a alejar ni un ápice del camino marcado por su predecesor (los temas estrenados, como ‘Wake Up’ o ‘This Is Moon’, lucieron descaradamente continuistas). Muy entretenidos. (Víctor; Foto: Boluda)

La Casa Azul

El peculiar proyecto de Guille Milkyway, cada día menos tímido empuñando el micro, fue el encargado de cerrar la primera jornada del festival, algo que puede explicarse por dos razones de peso: 1) el público madrileño, en su gran mayoría, parece adorar a La Casa Azul (hace no mucho agotó dos noches consecutivas en una conocida sala de la ciudad) y 2) sus conciertos son algo así como un karaoke multicolor para toda la familia. Para parejas, para adolescentes, para grupos de treintañeras y para hombres hechos y derechos (que los había a puñados), pero no para aquellos que se sienten estafados en cuanto un grupo echa mano de las pregrabaciones y algunos »truquillos» similares. Así, con un sonido que no podía fallar por causas más que evidentes y unos visuales de lo más apropiados, fueron desfilando algunos de los grandes éxitos de la carrera de Milkyway: ‘Los chicos hoy saltarán a la pista’, ‘No más Myolastan’, ‘Como un fan’, ‘Esta noche sólo cantan para mí’… El predecible, pero efectivo, fin de fiesta llegó con una versión extendida y discotequera de ‘La Revolución Sexual‘. (Víctor; foto: Dia de la Música)

Publicidad
Publicidad