24/06/2012

Annie Clark es de otro planeta. Es lo primero que a uno se le pasa por la cabeza cuando la ve salir al escenario, con […]

Annie Clark es de otro planeta. Es lo primero que a uno se le pasa por la cabeza cuando la ve salir al escenario, con su inseparable guitarra y sus clásicos shorts, dando pasitos de bailarina de ballet, de muñeca de porcelana que acaba de cobrar vida. Que la música de St. Vincent se basa en los contrastes es una obviedad, pero menos obvia es su progresión como artista: al contrario que la inmensa mayoría de grupos –y diametralmente opuesta al 95% de chicas que se cuelgan una guitarra–, la evolución de Annie ha ido de fácil a difícil, de accesible a exigente. En vez de abrir su propuesta a un público cada vez mayor, cada disco de St. Vincent ha sido más arriesgado y ruidoso. De Marry Me al colosal Strange Mercydisco del año 2011 para indiespot– hay tres mundos, y es por eso que Annie Clark llena el escenario por sí sola, con el bagaje de una artista que con tres discos ha explorado y ha acabado aportando un universo propio de dulzura y ruido. Como cuando después de hacer crowdsurfing durante absolutamente toda ‘KROKODIL‘ –la nueva y gamberra canción que publicó para el pasado Record Store Day–, después de desgañitarse cantándola, de revolcarse por el suelo del escenario y dejar boquiabierto al personal, volvió al micro para esgrimir un tímido «thank you» con la voz de un angelito que no ha roto un plato en su vida. Así.

Por eso, el hecho de que sorprendiera empezando con ‘Marrow‘, de su segundo disco Actor, fue una suerte de declaración de intenciones. Es esta una de las canciones más furiosas y lánguidas del segundo disco, la que mejor anticipaba seguramente lo que después llegaría con Strange Mercy. Y así la despachó Clark, envuelta entre brumas, secundada por un grupo solvente y marcadamente electrónico (dos miembros a los teclados y programaciones, y un batería), siempre jugando con el contraste, con su voz aguda y en todo momento afinada, con su cadencia melódica, y con su guitarra escupiendo ramalazos sonoros a menudo a contrapié. A partir de ahí pasaron muchas cosas (desgranó la mayor parte de Strange Mercy, así como una buena selección de temas de Actor y un paso testimonial por Marry Me, con la final ‘Your Lips Are Red‘), pero siempre jugando con el blanco y el negro, con la distorsión y la dureza, con los gestos estrambóticos de Clark acompañando el vendaval. Brilló ‘Actor Out Of Work‘ como brillan en directo todos los temas de Strange Mercy (mención especial a ese receso que es ‘Champagne Year‘, siempre celestial), provocó un apocalipsis sonoro con el cinematográfico final de la espectacular ‘Black Rainbow‘, para a continuación irse al lado opuesto con la brillante ‘Cruel‘, bombo mediante durante toda la canción y con ese riff que sin duda es lo más característico de la canción.

Y luego, en la recta final, Annie Clark condensó la esencia de St. Vincent en cinco canciones directas a la yugular. Después de la no menos emotiva ‘Year Of The Tiger‘, que cierra con melancólico acierto Strange Mercy, tuvimos premio: una ‘Northern Lights‘ apoteósica que nos había faltado en su anterior visita al Primavera Club 2011. Pero incluso un final tan explosivo como este se vio empequeñecido por la ya habitual versión de ‘She Is Beyond Good And Evil‘ de The Pop Group –con anécdota pre-canción repetida de su anterior paso, por cierto– y que dice mucho de lo que Annie Clark quiere para St. Vincent: sin duda actualmente está mucho más cerca del post-punk de vanguardia de The Pop Group que de la mayoría de sus compañeros de generación. Algo que quedó bien patente con ‘KROKODIL‘, descarga directa de adrenalina que ve a Annie volcándose en un crowsdurfing tan desbocado y sin miedo como hacía tiempo que no veíamos. Annie se pone de pie sostenida por el público, canta, grita, se retuerce, y cuando se cansa… se tira y vuelve a rodar por encima de las manos que la llevan de un sitio a otro, sin dejarla caer en ningún momento. Un final que nadie en su sano juicio esperaría al ver una foto promocional de St. Vincent, pero que una vez entrados en el juego de vaivenes que propone Clark, tiene toda su lógica. Tanto que las dos canciones de bis sonaron a cierto trámite, con dos piezas queridas como ‘Strange Mercy‘ y la mentada ‘Your Lips Are Read‘ (del primero), en la que Annie se exhibió una vez más a la guitarra. Daba igual, porque un público extasiado todavía estaba en shock por la descarga sonora a la que St. Vincent lo había sometido a lo largo de una hora larga.

Lo dicho: de otro planeta. Marry us, Annie.

Fotos: Christian Bertrand (menos la última, tomada en pleno crowsurfing con un iPhone cualquiera).

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