21/06/2012

(Lean la primera parte de la crónica aquí). Esos momentos inesperados No hay nada como empezar un festival al ralentí, dejándose llevar a ver qué […]

(Lean la primera parte de la crónica aquí).

Esos momentos inesperados

No hay nada como empezar un festival al ralentí, dejándose llevar a ver qué pasa, y toparse a las primeras de cambio con uno de esos momentos que a uno le marcan el fin de semana. En la primera actuación del SónarComplex –que ha ganado una barbaridad volviendo a la Capella dels Àngels– nos topamos con el español Koloumek, que se sacó de la manga una nostálgica y divertidísima sesión retrogamer ideal para los amantes de las composiciones de la época de los 8 y 16 bits de artistas como Yuzo Koshiro (Streets of Rage, The Revenge of Shinobi) o el inigualable Koji Kondo, el mítico creador de la música de los dos grandes iconos de los videojuegos: Mario Bros y The Legend of Zelda. Algunos comenzamos a amar los sonidos electrónicos gracias a pasarnos horas enteras pegando palos a villanos digitalizados, así que la inclusión de un show tan peculiar en el Sónar era de lo más acertado. Mezclando imagen y música fueron fichando clásicos como Megaman, Golden Axe o el injustamente olvidado Krusty’s Fun House, además de aquellas peticiones de los presentes echas vía Twitter. Un amor por lo retro auténtico, no eso que dicen hacer (y con bien tino, ojo) gente como Crystal Castles.

Otra que nos dejó de vuelta y media fue la sesión de Nightwave. Abandonada desde un principio al desenfreno pistero, lo que no esperábamos es que encima fuera una DJ de altura y se desenvolviese tan bien con los vinilos (sí, ¡vinilos!). Y que no tuviese reparos en pinchar cualquier cosa que ardiese al llegar a los pies de un SónarDome abarrotado. House adusto,  funk ochentero,  dubstep (por supuesto) y 15 minutos de ghettotech detroitniano que pusieron del revés a un  público que no paró de bailar y vitorearla, hasta tal punto que la eslovena no pudo reprimir las lágrimas. Momentazo.

Y The Suicide of Western Culture, con un directo orgánico potente y serio, demostraron el porqué de su eco internacional. Acompañados siempre de sus capuchas y unas lámparas vintage, se dedicaron a ir cocinando a fuego lento unas composiciones que siempre acaban en un clímax de post-rock sintético que fue muy bien apreciado por los asistentes. Uno pensaba que iba a ver a otro intento curioso de decencia old school y se encontró con uno de los mejores lives del festival. Una forma rotunda de finiquitar los fastos del SónarDía en el Hall.

Dos de los hypes más esperados del festival sobrevivieron a la presión. El héroe local John Talabot presentó su live ante un público expectante, a una hora totalmente diferente a la que le tocó en el reciente San Miguel Primavera Sound. Acompañado de nuevo por Pional, su ejercicio de deconstrucción y reconstrucción de las canciones de su aclamado ƒin  constató que, más allá de haberse ganado el favor de buena parte de la prensa internacional, aquí hay un trabajo de horas y horas. Y talento, por supuesto, pero si el éxito de John Talabot algo certifica es el triunfo de alguien que lleva años picando piedra. Seguramente menos que Jónsi Orlando Higginbottom, el nombre que hay debajo de las plumas de Totally Enormous Extinct Dinosaurs (TEED, vaya). Sus singles llevan meses volviendo loco al personal con su suerte de renovación pop del house, algo que el reciente Trouble solo ha venido a confirmar. Y su puesta en escena, con las plumas y un par de bailarinas como acompañantes prescindibles pero efectivas, enfatiza la vertiente más bailable y fiestera –algo previsible–, algo que el intermitente sonido del SónarVillage (el escenario principal del SónarDía) se encargó de lastrar notablemente. En fin, ya volverá.

La vuelta (¿improvisada?) del SónarCar este año, anunciada pocas horas antes de que el festival abriera las puertas de su versión nocturna, fue otra sorprendente noticia. Primero porque es un escenario con un potencial latente a considerar, y segundo por el cambio de orientación a la hora de programarlo, rescatando a gente que ya había actuado en el Sónar de día para aquellos que se le colapsan los horarios y deben ir sacrificando impunemente. Menos vistoso que el montaje del año pasado (con la montaña rusa que despistaba a los que pasaban creyendo que era una atracción de uso público) pero más efectivo, un poco más de espacio entre el escenario y los autos de choque ya hubiera sido la hostia porque a todas horas estaba atestado. Aun así, unos autos de choque sin que suene el Mad Mix 5 o el Máquina Total de turno no son autos de choque de verdad.

No fue la única sorpresa de última hora que se marcaron la gente de Advanced Music, ya que el jueves invitaron a pinchar a Richie Hawtin en el Mercat de la Boqueria (experiencia que el canadiense ya había puesto en práctica anteriormente con su pandilla de Minus). Brutal ver a la muchedumbre agolpada alrededor de la mesa del genio del techno como si fuera una parada que se hubiera vuelto loca con las ofertas.

 

Cosas en las que puedo estar muy equivocado

Cuando uno dice y todo el mundo le contradice o: a) es una fiera que sabe ver lo que otros ni tan siquiera consiguen vislumbrar; o b) quizá es que realmente no supo entenderlo. Uno, que falla más que una escopeta de balines en cuanto a lo de hallar el talento musical, se posiciona en el segundo grupo, así que admitiré todos los peros a cualquiera de estas afirmaciones:

1) La sesión de DJ Harvey fue más plana que el movimiento de una tabla de surf en una piscina de plástico. Sí, es un icono del house y en sus alabadas fiestas seguro que da el todo por el todo, pero la sensación de monotonía pudo con uno. Eso sí, bailar se bailó. Y la realidad no hace justicia a la foto de la promo, el pavo está cascadete.

2) La unión de Alva Noto y Byetone, rebautizados como Diamond Version, fue algo decepcionante, bastante por debajo de otras actuaciones de ellos mismos en este festival. Y el momento Fluorescente Hero de Atsuhiro Ito comienza a volverse cansino, además de estar metido con calzador. Quizá va siendo hora de pensar que unos visuales chulos son algo más que explotar las formas geométricas de cualquier programa de diseño, explotar los códigos binarios o introducir frases supuestamente trascendentales.

3) Friendly Fires, que se dejaron la piel sobre el escenario, palidecen cosa mala con unos Cut Copy o unos The Rapture, y me niego ya a mentar a unos LCD Soundsystem. Eso les queda muy grande, aunque hay que reconocer que saben cómo animar al personal y montar una fiesta comparable a la de unos !!! algo más pop. No van sobrados de hits, pero ‘Paris’ o ‘Hawaiian Air’ funcionan, y la entrega encima del escenario suple el resto de carencias.

4) Simian Mobile Disco se mostraron lineales pero hedonistas, que es como decir informal pero arreglà, que es como decir que fueron totalmente anodinos.

5) A Jack Beats se les fue la mano en una sesión en que había depositadas muchas expectativas (detrás hay uno de los filigraneros Scratch Perverts). Apretaron el acelerador a fondo desde el segundo uno de su actuación y hubo mucho bombo pero poco scratch, poca novedad pero, eso sí, mucha clase. Suerte que una magnífica Annie Mac devolvió el sentido de la cordura horaria al desmadre de un showcase de la BBC que fue de largo lo más bailable de la noche del viernes.

6) Lo de Cornelius y su propuesta de J-Pop no pasaba de curioso, no más (eso es algo bueno que tiene el Sónar, que todo tiene cabida).

7) Darkside me pareció un tostón de baile inteligente de cuidado, se le llame blues contemporáneo o neocualquiercosa, y eso que detrás del proyecto andaba el niño mimado de la electrónica actual, Nicolas Jaar (y con razones de sobra, Space Is Only Noise sigue siendo una de las grandes conquistas musicales de los últimos años).

8) Modeselektor se curraron uno de los lives del festival pero las críticas han sido dispares. Monkeytown, su último trabajo, es otra vuelta de tuerca a su techno rollizo, seco y abierto de miras, carnaza ideal para su directo punzante e inclemente con temazos como ‘Grillwalker’ o ‘Pretentious Friends’. Además, remataron la faena con un ‘Kill Bill Vol. 4’ que a siete años vista sigue siendo un trallazo. No creo que se pueda pedir más.

9) Deadmau5 volvía al SónarClub ya siendo un artista totalmente consagrado dentro de la escena musical de baile más comercial y no falló. Ataviado con su casco ratonero desde su altar y con un curradísimo apartado visual en el que se notaba que se había dejado una morterada, fue desgranando uno a uno esa ración de singles como ‘Aural Psynapse, el remix de Tommy Trash de ‘The Veldt y, por supuesto, ‘Ghosts & Stuff’, que le ha llevado a que hasta un SónarClub se le quede pequeño. Un puntazo, aunque hubo que ir saltando sus casi dos horas de concierto para no perderse el resto de actuaciones.

10) Y The Roots mejoran inmensamente en directo algunas canciones que en disco suenan rutinarias, porque para mí compositivamente no alcanzan ‘el no va más’ que demuestran sobre las tablas.

 

Reflexiones a bote pronto

El bombo tiene el mismo efecto para los fiesteros que los cerebros para los zombies: es sentir en el aire uno y girar instintivamente para ir en su captura. De eso saben y mucho los de Red Bull Music Academy, que se encargaron de la programación del SónarDome. Combinaron el gancho de varias sesiones con que motivarse al baile para después tener al público rendido ante unos cuantos de los lives más sabrosos del festival, como el del pelocho Jesse Boykins III y su soul ecléctico o los jovencísimos Club Cheval que dejaron a más de uno con la boca abierta.

Sálvate con dubstep. Cualquier DJ que quisiera rematar la faena tras una sesión empática o salvar los muebles tras otra que no hubiera levantado el ánimo del público recurría a su ración recomendada de dubstep: siempre en pequeñas dosis que no pasen de 10-15 minutos. Jack Beats, Nightwave, Annie Mac, Pretty Lights o un Brenmar que no paró quieto (Technotronic, M.I.A., Daft Punk y Gwen Stefanie pasaron por sus manos) no perdieron la oportunidad de dar la puntilla a sus actuaciones tirando del ritmo de moda. Hasta unos raperos de cajón como Die Antwoord no pudieron resistirse a finiquitar su directo aprovechando otra espectacular base de DJ Hi-Tek.

Pregunta final: ¿Por qué Fatboy Slim se empeña en desgraciar todas sus canciones eliminando su estructura y metiéndole un bombo infernal y facilón? Tío, te estás pasando de hooligan.

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