16/06/2012

Un par o tres de veces fueron las que Lana del Rey emitió un extraño sonido gutural, una suerte de mezcla entre gruñido y suspiro, […]

Un par o tres de veces fueron las que Lana del Rey emitió un extraño sonido gutural, una suerte de mezcla entre gruñido y suspiro, entre un ‘uf‘, un ‘wow‘, y un ‘oh‘. Liberaba así Lizzy Grant, suponemos, una parte de la presión que se ha ido posando sobre sus hombros, su voz y sus movimentos durante los últimos meses. La historia que precedía esta primera visita a Barcelona, a España y casi a Europa con motivo del Sónar 2012 es bien conocida por todos: un par de canciones (‘Blue Jeansy sobre todo ‘Video Games) que emergieron hace cosa de un año y enamoraron a medio mundo, la mecha que se va prendiendo, un sinfín de historias generadas a su alrededor que no vienen al caso, y un álbum debut esperadísimo, controvertido y, sí, irregular.

Todo eso debió de pasarle por la cabeza, como una película a alta velocidad, a Lizzy Grant cuando salió al escenario del Sónar 2012, ante miles de personas, en su primera actuación en un festival europeo. Y de ahí sus sonidos guturales, fruto de la presión, de la emoción, de la nerviosa felicidad. Ataviada como una diva de los años 50, arropada por un pianista, un guitarrista, un cuarteto de cuerda y una pantalla de vídeo detrás, Lana del Rey saltó a la palestra con una versión especial de ‘Blue Jeans‘, sin base de batería y con un enfoque totalmente orquestal que no abandonaría durante el resto del concierto. Primera sorpresa: todas las canciones suenan, instrumentalmente, como ‘Video Games‘: lánguidas, intensas, todavía más reposadas de lo que son en el disco. Primera advertencia: que funcione con ‘Video Games‘ –lo hace, y mucho– no significa que lo haga con el resto, especialmente si dichas canciones no habían sido compuestas así.

Entre agradecida, nerviosa y un poquito torpe (ese intervalo entre la primera canción y la segunda, con Lizzy colocando el micro con dificultad denota una –lógica, por otro lado– falta de tablas), Lana del Rey llegó al Sónar 2012 con un directo que hace una apuesta muy clara por su repertorio más onírico y reposado, en detrimento de su faceta más pop. Así lo remarcó la instrumentación, que deslució la emoción de ‘Born To Die‘ (tercera canción de la noche) por la mencionada ausencia de una base de batería, pero que por ejemplo encajó perfectamente en ‘Body Electric‘, un tema nueva que con valentía se lanzó a interpretar como segunda canción de la noche. Con un par.

A partir de ahí, la elección de las canciones que sonarían durante los escasos 45 minutos que Lana del Rey estuvo encima del escenario se basó, intuimos, en esta apuesta orquestal. Porque de lo contrario no podemos entender que sonaran ‘Without You‘, ‘Million Dollar Man‘ o ‘Carmen‘ y no lo hicieran ‘Radio‘, ‘Off To The Races‘ o ‘Diet Mtn Dew‘, todas ellas dentro de la mitad más disfrutable de Born To Die. Sí son comprensibles, por otro lado, los nervios de Lana del Rey: seguramente pueda contar con los dedos de unas pocas manos los conciertos que ha dado desde que saltó a la fama, y presentarse de repente ante un escenario como el SonarPub, con capacidad para miles de personas, es algo difícil de digerir. En ese sentido, la chica estuvo bien: aunque su voz sonaba ligeramente sepultada por la instrumentación –suponemos que, en parte, para evitar algún desastre–, sus registros vocales estuvieron dentro de lo esperado, con algún desmán en las partes más exigentes de ‘Carmen‘ o ‘Million Dollar Man‘ pero en general mucho mejor que en la ya célebre actuación en Saturday Night Live.

Y, de ahí, a ‘Video Games‘. Himno del pasado año, canción que hermana tanto a niñas histéricas que ven en Lana del Rey una nueva diva del pop mainstream como a los que jamás escucharían a Kylie, Gaga o Rihanna pero se sienten atraídos por esa bruma de misterio que desprende la canción. Entre un karaoke considerable, ‘Video Games‘ sonó… muy bien. Casi perfecta. Con la interpretación a la que nos tiene acostumbrados (casi idéntica a la que, por ejemplo, hizo en Buenas Noches y Buenafuente hace algunas semanas) y con explosión de júbilo final en la que Lizzy bajó a las primeras filas del público para repartir besos, constatando una vez más lo que habíamos presenciado durante todo el concierto: esto le llega demasiado pronto a Lana del Rey, porque por mucho que lleve las canciones ensayadas, hay cosas que se ganan con el tiempo, y ella todavía se encuentra en la cierta inocencia del principio de una carrera. Una celebrada ‘National Anthem‘ (en la que se llegó a poner una gorra con la bandera de Estados Unidos que le lanzaron desde el público, como antes había hecho con unas gafas de sol en forma de corazón) sirvió para cerrar una visita que los años venideros confirmarán como histórica o una simple anécdota, en función de lo que acabe siendo Lana del Rey. Por ahora, podemos confirmar que existe. O que va camino de hacerlo.

Fotos: Archivo Sónar

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