08/06/2012

Tras la cancelación de Björk, sin duda el reclamo principal de la noche del sábado del San Miguel Primavera Sound 2012, y la imposibilidad de […]

Tras la cancelación de Björk, sin duda el reclamo principal de la noche del sábado del San Miguel Primavera Sound 2012, y la imposibilidad de cubrir –por la cercanía del evento, era una utopía– el hueco con un nombre de dimensiones principales, los que pasaron a ocupar el lugar de la islandesa fueron St. Etienne. Esto –la ausencia de Björk, no la presencia de St. Etienne– provocó que el sábado fuera, con bastante diferencia perceptible, el día menos concurrido de los tres en el Parc del Fòrum. Si el jueves la retahíla de nombres hacía suficiente la venta de entradas de día (lean nuestra crónica aquí), el viernes fueron The Cure quienes se encargaron de congregar el mayor número de asistentes de todo el festival (aquí la crónica, también). Y el sábado, pese a dos conciertos marcados en letras gigantes como los de Beach House y Justice, no había demasiado más que llamara la atención de la audiencia de masas. Sí para nosotros, claro, porque al lado de apuestas como las de Sharon Van Etten, Chromatics o Father John Misty, queríamos ver cómo se desenvolvía en directo el hypeado The Weeknd, qué hacían Shellac en su enésima visita, o cómo recibía el público a dos valores seguros como Beach House y Justice. Con estas 13 crónicas (más una de regalo del concierto de caras B de Kings of Convenience el domingo en la sala Apolo), esta vez con la ayuda inestimable de Ana Bulnes, damos por concluida . Ahora ya solo nos queda la valoración final en forma de opinión, y alguna sorpresa más. Vamos allá.

 

Father John Misty

En Twitter: «Qué bonito canta Father. Mucho valiente en el Auditori. Slot con premio…«.

Cualquier expectativa de ver un concierto íntimo, serio y delicado, lo más lógico para los que siguieran la trayectoria de J. Tillman sin haber prestado atención a su primer disco como Father John Misty, se cayó en cuanto el terriblemente apuesto (había que decirlo) Josh salió al escenario. Dio una vuelta por él, se situó en el centro de espaldas e hizo un movimiento de caderas. “Si no tuviese una autoestima tan hinchada, este escenario me haría sentir insignificante”. Eso sentó las bases de lo que íbamos a ver: Josh Tillman ofreció un espectáculo de humor y música que dejó a muchos desconcertados y a casi todos enamorados. Porque sí, que tiene la autoestima por las nubes quedó bastante claro, pero también que su voz es simplemente perfecta aunque se esté riendo de sí mismo y que las canciones de Fear Fun desnudas funcionan a la perfección. (Ana; foto: Santiago Periel)

 

Sharon Van Etten

En Twitter: «Hola Sharon :)«.

A Sharon Van Etten le pusieron un día la etiqueta de chica folk y ya no hay quien se la quite de encima. Da igual que su último disco, Tramp, suene a The National (está producido por Aaron Dressner) y que toda esa contundencia se traslade al directo. Da igual que salga al escenario con guitarra eléctrica y una banda fantástica de guitarra, batería y chica que lo hace todo (Heather W. Broderick, bajo, teclados, coros…), que vista de negro y parezca que está enfadada. Quizá todos los que la vimos en el escenario San Miguel cambiemos de opinión durante unos días y sepamos que temas como ‘Serpents‘ o ‘Give Out‘ no se pueden cantar lloriqueando. Quizá por fin Sharon esté empezando a dejar claro que está tan cerca del folk como del rock y que no habría que perderla de vista. (Ana)

 

Lisabö

En Twitter: «Joder, qué buenos son Lisabö.»

Ruido celestial. Es lo que prometían los de Irún y es lo que, aunque fueran las siete de la tarde, nos dieron. Un ruido visceral, surgido de las entrañas, con apenas atisbo de melodía o de concesión alguna. Un ruido constante, que casi no entiende de divisiones entre canciones –dura, dura, y dua– y que tenía como excusa el lanzamiento de su –como siempre, imprescindible– nuevo disco, Animalia lotsatuen putzua. Dos baterías, una muralla sónica y gritos que parecen lamentos que llaman a la rebelión. Un ruido que vino acompañado de una consigna social, la de rebelarnos ante «tanto hijo de puta» suelto que nos ha llevado a la situación actual. Después de tal descarga de adrenalina, de tanta pulsión contenida, de tanta mala leche vertida a través de la música, uno salía de allí con ganas de agarrar al banquero de turno y… en fin. Y eso es muy bueno, porque significa que Lisabö llegan. (Aleix)

 

Kings of Convenience

En Twitter: «Kings of Convenience bien, pero el escenario se les está quedando un poco grande.»

Lo que a priori parecía un concierto perfecto para las 8 y media de la tarde, en pleno atardecer y con esa magia que desprenden los slots a media tarde en el Primavera Sound, Kings of Convenience se encargaron de cargárselo en una hora. Por los dos lados: primero, por una mitad inicial de concierto que pecó de sobria, con solo Erlend y Eirik en el escenario y un repertorio demasiado lánguido, reposado y casi insulso muy basado en su último disco (‘My Ship Isn’t Pretty‘, ‘Renegade‘… hasta ‘Mrs. Cold‘ sonó decafeinada). Y después, por una segunda mitad de concierto pasada de rosca, con el acompañamiento habitual de la banda (con batería, esta vez) y unos Kings of Convenience que por momentos parecían más cercanos a The Whitest Boy Alive (grupo paralelo de Erlend) que a los propios Kings of Convenience. Cuando lo que hubiéramos deseado hubiera sido un concierto en el punto medio, donde realmente Kings of Convenience juegan bien sus bazas y se mueven bien con esas deliciosas piezas de folk sensible; no uno que nos aburriera al principio (ellos son capaces de más) y nos hiciera bailar después (para eso, ya tenemos a The Whitest Boy Alive). Pese a todo, con canciones como ‘Misread‘, ‘I’d Rather Dance With You‘ o ‘24-25‘, pues qué quieren, cualquier se les resiste. (Aleix; foto: Èric Pàmies)

 

Atlas Sound

Un tema (curiosamente una sencilla versión del clásico de Hank Williams ‘Your Cheatin’ Heart‘) es lo que tardó Bradford Cox en confesarse: «Quiero dar las gracias al Primavera Sound por permitirme regresar año tras año. Aquí me siento como en casa y, para mi, estar en Barcelona durante todo el festival es como estar de vacaciones cerca del mar. Me encanta». Más o menos con estas palabras vino a contarnos el único e inclasificable hombre que hay detrás de Atlas Sound lo mucho que le gusta visitarnos con asiduidad (en la pasada edición estuvo comandando a su genial banda Deerhunter). Y es que el larguirucho Bradford se siente a gusto por estos lares porque, entre otras muchas cosas, goza de una absoluta libertad de movimientos. Vamos, que hace lo que le da la gana. Si bien es sabido que sus actuaciones en solitario (esta vez sólo trajo su guitarra acústica, una harmónica y una considerable pedalera de efectos; ni rastro de los músicos de acompañamiento exhibidos en parte de su reciente gira) suelen ser una caja de sorpresas, la del sábado 2 de junio destacó por su normalidad. El de Atlanta se mostró afable y relajado y, por suerte o por desgracia, no hubo ningún conato de «Sharonagate«. Hubo, eso sí, mucha psicodelia, demasiada para nuestro gusto. ‘Shelia‘, ‘Modern Aquatic Nightsongs‘ y demás canciones sonaron excesivamente dispersas, víctimas de infinitos loops atronadores. Por no hablar de ‘Te Amo‘, amputada por constantes problemas técnicos que le hicieron la vida a imposible a Cox y que acabaron de desconectarnos de un concierto irregular que nunca despegó (o que no supimos entender). Si al menos hubiera tocado ‘My Angel is Broken’… En fin. (Arnau)

 

Beach House

En Twitter: «Beach House, también como siempre, maravillosos.»

Era difícil que Beach House igualaran el místico concierto que dieron en el Primavera Sound 2010, con un escenario ATP hasta los topes y tocando el ya clásico Teen Dream de principio a final. Era difícil, pero Beach House estuvieron a punto de lograrlo pese a hallarse esta vez en un escenario mastodóntico ante una audiencia diez veces más numerosa. Es probable que, aunque no tanto, las nuevas canciones del grupo de Victoria Legrand y Alex Scally hayan crecido a un ritmo similar: ahora intentan abarcar más, intentan llegar más hondo, pretenden volar más alto. Y todo ello sin perder ni un ápice de la autenticidad que ha hecho de este dúo (en directo trío, con el acompañamiento del batería) uno de los grupos más respetados y queridos de la actualidad. Lo de Beach House en el San Miguel Primavera Sound 2012 fue una sucesión de canciones grandes como la vida, de monumentos al dream pop que cortan la respiración. Se olvidaron de sus discos anteriores, repasaron casi al completo su reciente Bloom (‘Wild‘, ‘Lazuli‘, ‘The Hours‘, ‘New Year‘ o ‘Wishes‘ sonaron a trozos de cielo) y rescataron lo básico –hay quien dice que muy poco– de Teen Dream (‘Zebra‘, ‘Norway‘, una explosiva y apoteósica ‘10 Mile Stereo‘), con una final ‘Irene‘ que supo a gloria y casi nos hizo olvidar a ‘Take Care‘. Casi. Victoria movió su melena al viento como siempre, grababa su propia para hacerse ella misma los coros, Alex se contorneaba en su guitarra, la oscuridad se adueñaba del cielo, y el cosmos estrellado era el fondo perfecto para un escenario oscuro e iluminado únicamente en los momentos justos. Y nosotros éramos felices. Si esto es repetir fórmula, que la repitan tantas veces como quieran. (Aleix; foto: Damià Bosch)

 

Josh T. Pearson

¿Más espectáculos de humor en el Auditori? Es lo último que cabría esperar de un tipo que el año pasado firmó uno de los discos más tristes de la década, Last Of The Country Gentlemen, pero es lo que nos encontramos los que, inocentes, fuimos a verlo. Todo empezó con la delicadeza esperada de esas canciones largas, ejecutadas con perfección a la guitarra, y la voz melancólica de Josh T. Pearson. Pero entonces alguien le pidió un chiste y se abrió la caja de Pandora. El desconcierto se extendió por todo el Auditori en forma de risas flojas y al propio Pearson le costaba a veces pasar de contar chistes sobre cabras a ponerse serio y entonar sus lamentos. Eso sí, siempre lo conseguía: las risas paraban y el público asistía en silencio a uno de los conciertos más emocionantes del festival. (Ana)

 

Shellac

La tradición festivalera dictamina que en un buen Primavera nunca debe faltar Gabi Ruiz con algún mal rollo, un concierto con problemas de sonido y, por supuesto, otra estupendo show del trío liderado por Steve Albini. Y es que acudir a un concierto anual de Shellac es como ir al teatro a ver a Faemino y Cansado: no se cansan de repetir los mismos chistes pero es que nadie los cuenta como ellos. El sonido que definió toda una década (bajos inflados, guitarras asesinas) pero llevado a su punto más crudo, honesto y resolutivo en una actuación impecable, como es costumbre. Tan habitual como que caiga la intratable ‘Prayer to God’, el momento pájaro de ‘Wingwalker’ o los espasmos eléctricos de ’Crow’. Aunque la palma en esta ocasión se la llevara una excelsa versión de ‘End of the Radio’. Van apagando velas y siguen dando lecciones sin pretenderlo de lo que debe ser un concierto de verdad. Larga vida a Shellac. (David)

 

Chromatics

Kill For Love sigue creciendo. Escucha a escucha, paso a paso, confirmándose como uno de los mejores discos de 2012. Teníamos muchas ganas de ver a Johnny Jewel y los suyos en directo. Con la noche recién caída, el cielo negro y el miedo fundado de que el escenario Pitchfork les arruinase el show. Y lo de Chromatics fue grande. Consiguieron superponerse a la maldición del escenario y a la competencia –poco feroz– de Saint Etienne para dar un concierto que tuvo momentos mágicos, como sus canciones. Moviéndose constantemente entre el dream pop electrizado y lujoso de temas como ‘Back From the Grave‘ y la electrónica contenida y elegantísima de otros como ‘Tick Of The Clock‘. En la primera brilló Ruth Radelet, vocalista mimetizada con la banda, escoltada a su izquierda, camisa roja, por Johnny Jewel, verdadero arquitecto de maravillas del calibre de ‘These Streets Will Never Look The Same‘. Introducida hacia la mitad del set, fue directamente uno de los momentos del festival. La guitarra rasgada, el piano lúgubre detrás, ese rumor de vinilo, la tremenda delicadeza de todo, esa bajada hacia la mitad y una segunda parte verdaderamente sublime. No le hace falta romper, es una canción que te levanta el vello sólo añadiendo detalles. En directo fue sobrecogedora. Y todavía quedaba el órdago, la versión de Neil Young, sin estridencias: «is better to burn out than to fade away». Como reconoció el jefe un escéptico después, en un palabra: «Grandes«. (Daniel; foto: Dani Cantó)

 

The Weeknd

En Twitter: «The Weeknd sobreviven al error técnico y al riesgo de pecar de moñas. Finalazo. Apunta a que lo va a petar.»

Uno se escribe algunas palabras así claves para escribir luego las crónicas. Dos o tres adjetivos, para retener algo. Mis apuntes de este concierto se resumen en una palabra: «putadón«. Había ganas de ver cómo se traducían en directo las composiciones del jovencísimo canadiense Abel Tesfaye. El chico se plantó en el Pitchfork con una banda, que después demostraría ser más que solvente, y abrió a lo grande con ‘High For This‘, de su House Of Balloons. Un disco de esos que ha surtido más de un tema en esas listas de ‘canciones para follar’ que tenéis todos, guarrotes. Pues bien: gatillazo padre. En el segundo estribillo, cuando ya estábamos erectos perdidos con esos bajos poderosos, esos flashes agresivos, a punto de twittear que esto apuntaba a la sorpresa del festival, zas: bajada de tensión y a la mierda. Y no, no fue un susto momentáneo como en el caso de Death Cab For Cutie: The Weeknd acabaron el tema a capella y no pudieron empezar el siguiente. Un técnico nos dio las buenas noches y se disculpó en catalán por las molestias. Al poco el bolo recomenzó, fláccido y con la autoestima herida. Tesfaye, voluntarioso, trató de meterle viagra al asunto apoyándose, lo dicho, en una banda notable, pero aquello no volvió nunca a ser lo que pudo haber sido. Aun así, no compartimos las crónicas del desastre que leemos por ahí. Es cierto que hacia la mitad del concierto, la cosa se puso un poco moñas, pero, con todo, The Weeknd sobrevivieron y dieron un concierto con grandes momentos, sobre todo con ‘Wicked Games‘, coros incluidos. Nos fuimos con la sensación de que, si vuelve, lo hará a lo grande. (Daniel; foto: Dani Cantó)

 

Justice

En Twitter: «Justice partiendo la pana. Do the dance!«.

A Gaspard Augé y Xavier de Rosnay les tocaba afrontar un buen dilema: reivindicar en directo decididamente Audio, Video, Disco y así acallar las críticas y tibia acogida que tuvo su nueva propuesta, o tirar por lo fácil y recuperar la retahíla de hits que viven dentro de Cross y que los ha convertido en el grupo más grande/famoso del panorama electrónico (hasta que cierto par de robots decidan dar señales de vida con su nuevo álbum). Al final el dúo nacido en las entrañas de Ed Banger tomaron el camino del medio, sin renegar de su pasado pero sin esquivar el envite de un segundo disco que está llamado a convertirse con el paso del tiempo en su particular Discovery. Porque si algo tiene su obsesivo homenaje al progressive rock es que gana y mucho en directo. Tanto como para permitirse el lujo de acabar con la canción homónima como bis final. Aunque ya para ese momento a la gente le entraba de todo. Rendidos al poderío visual de una puesta escena impresionante coronada con esa cruz iluminada que es emblema de los dos arietes franceses, el público no dejó de corear y saltar con una propuesta mucho más afinada que en la época de su debut, en la que se apostaba por el medley como fórmula para insertar el máximo número de canciones durante la hora corta que duró el concierto. Si ‘Genesis’ ya avanzaba por dónde iban a ir los tiros (esta noche toca desenfreno), ‘Civilization’ era el trampolín para la euforia, y ‘Canon’ más ‘D.A.N.C.E.’ se ganaba el premio a la mejor pareja de baile, la gloria se la acabó llevando un ‘Phantom Pt. 2’ que está confeccionada cuidadosamente para reventar audiencias. Se echó de menos una versión extendida de ‘Waters of Nazareth’ o algo más que un base a capela del ‘We Are Your Friends’, pero, vamos, eso ya sería pecar de quisquillosos a unas horas de la noche en que estamos más por desfilar por el camino a la perdición que por hacer una visita al buzón de reclamaciones. (David)

 

LFO

En plenos fastos por el veinte aniversario del seminal Frequencies, Mark Bell respondió a la invitación del Primavera con un ‘live’ en el que desató su vertiente más agresiva (‘Freak’ a 150 bpm, una barbaridad). Acompañado por unos estupendos visuales que pedían adorar al hipnosapo de las formas geométricas, fue disparando al poco público congregado a esas horas en el Mini clásicos de antes y después como ‘LFO’ o ‘Butterslut’. Y es que su techno inclemente merecía un lugar más recogido y cercano que ese escenario que está en las antípodas del meollo nocturno, pero aun así la mitad viviente del dúo inglés con residencia en Warp se marcó el mejor show de electrónica pura de todo el festival. (David)

 

DJ Coco

Un año más, llegada la hora de la recta final del último día del festival, los devotos de » » desfilamos hacia el escenario ATP para la ya clásica sesión de clausura de DJ Coco, momento más intocable incluso que el concierto anual de Shellac y alternativa en clave pop a la electrónica de fin de fiesta que acaparaba el resto de escenarios. Este año, sin embargo, el escenario ya estaba a rebentar desde incluso antes de que Coco saliera a escena, y la euforia no decayó en ningún momento a lo largo de las tres horas siguientes. Vimos salir el sol –este año sí, otra vez–, y era cuestión de mirar al grupo de al lado, a las gradas, o encima del escenario (como siempre, lleno de gente bailando) para ver únicamente caras sonrientes de euforia y satisfacción. Confetti, serpentinas, y los temazos clásicos: al lado de los The Black Keys (‘Lonely Boy‘), Arcade Fire (‘Ready To Start‘) o The Strokes (‘Someday‘) hubo lugar como cada año para clásicos como ‘Can’t Stop Believing‘ de Journey o ‘Since You’ve Been Gone‘ de, sí, Kelly Clarkson. Un desfase que, un año más, puso la guinda a tres días intensísimos rebosantes de emociones. (Aleix)

 

 

Kings of Convenience (B-Sides Show)

Históricamente, la jornada de clausura que se celebra el domingo es la más difícil de todas para el espectador. Uno empieza a estar saturado de tanto concierto y después del tute por el Parc del Fòrum durante tres larguísimos días estás hecho polvo: los pies duelen cosa mala, el sueño (o la falta de él) se cobra su venganza y el sofá de tu casa se descubre como el rincón más apetecible del universo. Cuesta horrores salir a la calle para ver a la enésima banda empuñar los instrumentos, excepto si tienes la oportunidad de ver a Kings of Convenience en una sala como La [2], donde caben 400 personas. Entonces todo cambia, se te pasan los males y te plantas en Nou de la Rambla en menos que canta un gallo a ver si hay suerte. Y tras apenas 45 minutos de cola (milagros inexplicables del Primavera) ahí estábamos, dentro, a punto de presenciar un show catalogado como de caras B que acabó siendo de-li-cio-so. Erlend y Eirik se encargaron de explicar que técnicamente no eran caras B, sino canciones que no suelen tocar en los conciertos (y otras que sí, pero que por cualquier motivo no habían tocado el día antes) en un ambiente distendido e íntimo. Así, fue el lugar para escuchar maravillas como ‘Riot On An Empty Street‘, ‘Winning a Battler Losing a War‘ o ‘Gold In The Air Of Summer‘, mientras el público cantaba, ellos sonreían (y pedían a los camareros si podían escender el aire acondicionado a medio conciertos) y el festival nos dejaba otros de tantos momentos inolvidables. Mejor, imposible. (Arnau; foto: Dani Cantó)

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