26/03/2012

No se crean que es tan fácil encontrar información sobre Julia Holter. La artista angelina tiene una web parca, a una columna, que más parece un blog […]

No se crean que es tan fácil encontrar información sobre Julia Holter. La artista angelina tiene una web parca, a una columna, que más parece un blog personal que una dirección profesional. En Wikipedia no saben nada de ella y ni las bios de su cuenta de Facebook («whispers through windows everyday for you / whether you can hear them or not») o Twitter («yes») no despejan muchas más incógnitas. Escarbando por ahí leemos que tiene una sólida formación en música clásica, que le interesan los manuscritos medievales y que ha estudiado armonías vocales con el maestro indio Pashupati nath Mishra. Dificilmente se puede molar más. Esto último -lo del maestro indio, no lo de molar-, lo confirma la web de su discográfica, RVNG («it’s Revenge without the E’s, folks»), que cita las virtudes pop del álbum y pone en la mesa nombres como Laurie Anderson o Arthur Russel. «Cada canción alberga una historia distinta, tiene una aproximación única, pero todas están unidas por el magnetismo de los manuscritos medievales y el deseo de Julia Holter de ‘salir de su cuerpo’ para encontrar lo que no puede definir», alegan. Casi nada.

Lo cierto es que Ekstasis, el segundo LP de Julia Holter -el anterior, Tragedy, es de 2011-, va camino de ser uno de los growers más claros del año, uno de esos discos que va creciendo poco a poco, escucha a escucha. Efectivamente, sus canciones tienen ese aura medieval tan propio de nuestra querida Joanna Newsom, pero suman: introducen baterías que suenan a Beach House (‘Our Sorrows‘) y se desarrollan casi invariablemente sobre colchones atmosféricos ligeros como plumas y que, sin embargo, son densos en capas a más no poder. En ‘In the Same Room’, el clavicordio se mezcla con una base programada en un extraño momento pop; en ‘Godess Eyes I’, las capas y capas de voz sobre piano desnudo que reinaban en ‘Godess Eyes II’ se robotizan de una forma burda pero efectiva, computarizándose en un bucle pesado. Y lo mejor es que la mezcla no resulta un pastiche, y a pesar de su complejidad interna, una vez interiorizada, es accesible, agradable y a ratos mágica.

Esta que tienen arriba, ‘Moni, Mon Amie’, es una de las puertas del álbum. Desnuda en este magnífico video de Yours Truly, en el disco comienza también con ese aura gaseosa, ingrávida, pero al poco, gota a gota, se va llenando de una majestuosidad como de catedral fría. Con el tiempo, todo el álbum se revela lleno de piezas notables, delicadas y necesitadas de pausa. Así es la que abre el trabajo ‘Marienbad‘, hipnótica en su mar de capas vocales («como 30, sé que no es profesional, debería usar sólo 5»), desconcertante en su estructura enrevesada; o la que cierra, ‘This Is Eksatasis‘ (8:54), que recorre todos los paisajes del álbum: desde el pop experimental hasta el jazz pasando por esos aromas medievales y hasta, se intuye, sí, hindús. Escuchando esa última, resulta bastante impresionante que el disco lo haya grabado ella sola en su casa. Suponemos que tocando todo lo que suena. Una nueva cima para el do it yourself.

Julia Holter, ya lo saben, es uno de los nombres confirmados para el muy prometedor y ya más que decente cartel del Día de la Música de Madrid. Aquí abajo les dejamos, por último, un concierto de 20 minutos que dio hace unas semanas en Washington en el que podrán ver cómo son sus directos (cortesía de NPR) y más abajo una buena tira de videos para que echen un rato si quieren. Están, por este orden, ‘Marienbad’, ‘Für Felix’ y ‘In The Same Room’, este último recién salido del horno.

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