20/03/2012

Era la tercera o la cuarta vez que intentaba empezar la canción. «Espera, espera: tengo que ponerme triste». Pero nada, la risa le volvía como […]

Era la tercera o la cuarta vez que intentaba empezar la canción. «Espera, espera: tengo que ponerme triste». Pero nada, la risa le volvía como una tos y el comienzo quedaba aplazado de nuevo. «Mierda, la prensa va a matarme. ¡Eh! Si sois de la prensa… YES, I’m being unprofessional: WHO GIVES A FUCK!?». Traducción libre. Todo esto fue antes del show del globo que ven en la foto de portada. «I’m sure he’s french», dijo refiriéndose al globo y justo antes de hacer de ventrílocuo. Para entonces, a más de uno la dolía ya la tripa de reír, como si más que al concierto de un adalid del folk más frágil de Seattle, de un artista doloroso con un catálogo de canciones potencialmente desarmantes, hubiese ido a ver a un monologuista con mala hostia. Cortesía del ciclo SON Estrella Galicia, que, todo sea dicho, se está luciendo.

Esa tarde, nosotros íbamos a charlar a Damien Jurado. Bueno, teníamos la esperanza de poder hacerlo, pero la agenda es la agenda y nosotros no somos Radio 3, así que las preguntas se quedaron en la libreta. Pero para prepararlas nos leímos unas cuantas entrevistas y lo que dibujaban muchas de las respuestas del americano era un cierto hartazgo. Que si pinto porque para mí la música es un trabajo y necesito descansar; que que si fuese por mí no haría giras porque tocar en directo me aleja de mi casa y no tiene mucho sentido, que si… Los primeros compases del concierto vinieron a confirmar esa actitud. Jurado salió al escenario del Teatro Lara, hasta la bandera, descalzo y con una guitarra acústica. Se sentó, dio las buenas noches y presentó el menú. «Voy a tocar un par de canciones ahora yo solo. Luego invitaré a unos amigos y tocaremos el disco (Maraqopa), entero, de principio a fin. Es una obra en su conjunto, no tiene sentido no hacerlo así. Luego haremos algunas canciones más y nos iremos. Eso es a lo que han venido. ¿Les parece?». Sí, claro, Damien.

Y ahí empezó una primera mitad de concierto más bien decepcionante. La segunda canción, ‘Sheets‘, una de las que te agarra las tripas, no tuvo tales poderes en directo, tocada con el sentimiento justo para que no fuese un asunto puramente funcionarial. Esa es una da las destacadas de Caught In The Trees, el último álbum pre-Richard Swift de su discografía. Y es que cada vez parece más claro que en la carrera de Damien Jurado habrá que hablar de un antes y un después de su actual productor. «Grabar Caught in the Trees fue una pesadilla. En cambio, Saint Bartlett lo grabamos en tres días; Maraqopa lo hemos grabamos en tres días», reconocía Jurado en una entrevista hace pocas semanas.

La banda de Damien Jurado no es nada del otro mundo. No piensen en un Bonnie ‘Prince’ Billy rodeado de musicazos, no: la banda de Damien Jurado son, más que probablemente, amiguetes de Damien Jurado que cumplen, pero no deslumbran. Se salva, con nota, el guitarrista, que tuvo que abordar en solitario la maraña psicodélica de ese temazo que es ‘Nothing Is The News‘, con resultados bastante aparentes. Aun así, inevitablemente, la canción perdió parte de su magia y sirvió para inaugurar una interpretación del álbum pretendidamente fiel, muy buena en un par de momentos, correcta en conjunto, pero también más falta de emoción de lo que cabía esperar.

Es francamente complicado (habría que ser muy malo), que canciones como ‘Life Away From The Garden‘, ‘Working Titles‘ o ‘Museum Of Flight‘ pierdan su poder hipnótico, pero ciertamente sobre las tablas hubo poco valor añadido respecto al álbum. Son tan buenas que no necesitan alardes para brillar, pero este que escribe, personalmente, se conmovió lo justo a pesar de tenerlas en un pedestal. Funcionaron mejor otras, como ‘Reel To Reel‘ o la propia ‘Maraqopa‘, que sin ser tan magistrales como las otras tres, sonaron delicadas y algo más sentidas.

Cuando sonaban las últimas notas del álbum, uno tenía ya la crónica escrita en la cabeza. La tesis era esta: efectivamente a Damien Jurado no le gusta girar, así que, como tiene que hacerlo, ha metido a unos colegas en el avión y se ha ido por ahí a tocar el disco de principio a fin, bien sin más, aderezándolo con un par de perlitas de su discografía para que no le caigan muchos palos. Pero resultó no ser el caso.

Damien, como liberado por fin de esa obligación de tocar-el-disco-entero, se levantó de la silla de plástico, más ligero y risueño, y empezó a desgranar una inédita, ‘Horizons‘. Y… uf. El tema empieza abajo, con Damien cantando sobre un susurro acústico y un teclado con aromas de jazz. Empieza como una canción deliciosa, calmada, pulcra que, si acabase a los tres minutos de empezar, sería una pieza simplemente genial. Pero es justo ahí cuando pega un giro y se convierte en la cara B de ‘Nothing Is The News‘: otra orgía de guitarra eléctrica que sobre las tablas del Teatro Lara debió durar unos otros cinco o seis o siete minutos, arrastrada en los últimos en una jam en la que por fin Damien se comportaba como un músico que siente de verdad lo que está tocando. El tipo se giraba, miraba a su baterista, a su bajista, volvía al micro, cantaba, sonreía: se lo pasaba bien y lo transmitía. He aquí un camino. La ovación fue acorde al momento y sirvió, de paso, para despedir a la banda.

Damien entonces bajó de la tarima del escenario («some intimacy, I like conecting»), con su acústica y sin los zapatos, y se sentó en las escaleras que lo comunicaban con el patio de butacas. Y comenzó el show. Primero, el discurso profundo, casi a pie de escenario, con el foco sobre él, sin micrófono. «Hago música para mí, para mi mujer… Si os gusta, bien; si no… lo siento». Muy seguro de sí mismo, con el público en un silencio sepulcral, continuó: «Quiero seguir haciendo discos que me hagan avanzar, que supongan un reto para mi. Si no tengo retos me aburro. El mundo de la música es infinito, no hay nada que un músico puedo hacer». 

Después, las víctimas. La primera fue un tipo de la primera fila al que tenía a centímetros. «Perdona tío, ¿me huelen mucho los pies? ¿Comprendes lo que digo? ¿Me entiendes?». El sujeto en cuestión, que no debía ser angloparlante, le miraba nervioso al ser de súbito el centro de atención. «Me encanta esto. Ahora yo tengo el poder. Ahora no soy yo el que va a una gasolinera y no consigue que nadie le entienda», bromeó dirigiéndose al público. «¿Entiendes lo que te digo? Me huelen los pies porque estoy de gira», de nuevo la víctima, para carcajada general, la enésima. Y luego, un clic, y la risa se transformó en suspiro mientras sonaba una versión brutal de ‘Cloudy Shoes‘, sin micrófonos. Después, Damien, que se lo estaba pasando en grande, con el público en el bolsillo, pidió más luz y miró al patio de butacas en busca de una cara bonita. La encontró a los pocos segundos, terminó de bajar las escaleras, se fue al centro del pasillo y le cantó a la segunda víctima, esta si, angloparlante -y casada («yo también, mi mujer viene mañana, no hay problema»)-, una versión acústica de ‘Arkansas‘ («una canción de amor, pero triste») que arrancó otra ovación y terminó por remontar del todo un concierto que no había empezado bien y que, precisamente, iba camino de no tener ni media anécdota reseñable, ni una pizca de especificidad.

Después ocurrió lo del globo, regalo de una chica del público, lo del «unprofessional«, sonó ‘Diamond Sea‘, y Damien se fue para volver al bis con los zapatos en una mano y una Coca-Cola Light en la otra. Al verle regresar, alguien gritó «¡¡’Ohio’!!» y él, tras explicar, de nuevo de una forma desternillante, que esa joya que abre el magnífico Reharsals For Departure tiene su origen en una sobredosis postoperatoria de codeína, la tocó cerrando fuerte los ojos, como si fuese la primera vez, como si la canción no tuviese ya casi 15 años, como si la historia que cuenta hubiese ocurrido ayer. Maravillosa forma de cerrar un concierto imprevisible.

Antes de desaparecer definitivamente, Damien dio sentidamente las gracias y explicó por qué para en este país nuestro ocho veces: «No es Seattle pero casi… Me encanta España, la adoro, en ningún otro sitio recibo esta cantidad de amor, así que muchas gracias y hasta la próxima». Chapeau.

Damien Jurado toca hoy (20) en Cádiz, mañana (21) en Granda, pasado (22) en Murcia y el 23 cierra su gira española en Badalona.

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